jueves, 30 de julio de 2009

the feelies: nervio eléctrico



Hasta la fecha, 4 discos. El primero en 1980. El último en 1991. Este es el legado de un grupo que tuvo que torear con contratiempos sonados. En primer lugar, en esos tiempos lejanos no era ningún triunfo estar obsesionado por la Velvet Underground y Lou Reed. Por otro lado, competir cara a cara con unos todopoderosos Talking Heads en la cima de sus habilidades o unos Television que, aunque lejos de sus mejores momentos, arrastraban un pasado glorioso, no era algo que envidiar.



Crazy Rhythms (80)

****1/2
PRUÉBALO





Ellos siempre han lidiado con esto con profesionalidad y un estilo que ha sido calificado como "idiota, nervioso y ruidoso". Sin duda la perfecta calificación para un grupo de canciones que coqueteaban con el pop de vanguardia, la melodía pegadiza y las cabalgadas eléctricas de rítmica primitiva marca Velvet. Ya sé que la influencia de esta banda se repite demasiado. No piensen que es un problema. La personalidad queda intacta y el sonido es propio. Fueron importantes, incluso diría que clásicos. Y como tales, no tuvieron éxito en su época. Como tantas veces ha ocurrido, su debut, Crazy Rhythms (80) no tuvo ninguna repercusión. Hoy es considerado un clásico incontestable.

The Good Earth (86)

****

PRUÉBALO





De su escueta discografía hay mucho magro. Destacaría los tres primeros discos. Joyas de rock que puede recordar a las bandas ya mencionadas pero también a los primeros R.E.M. (Peter Buck es fan confeso del grupo e incluso produjo su segundo disco).


Only Life (88)

****1/2

PRUÉBALO

lunes, 27 de julio de 2009

istanbul: de aksaray a kabataş

Istanbul, el epítome de la megalópolis hecha carne, sudor, aromas y contrastes sin fin. Después de sobrevivir al choque implacable de vendedores de todo tipo de mercancías acosando al extranjero hasta la extenuación, ofreciendo ofertas "irrenunciables", tirando de él hacia el interior de sus locales, después de esto digo, se puede empezar a gozar de una ciudad incomparable. Por su ambiente vibrante y por su historia milenaria, por sus mezquitas y monumentos, por su caos circulatorio. Los nervios de punta y el cerebro en continua estimulación.


El recuento de sus joyas y momentos impagables sería interminable. Por supuesto que nada como empezar con una visita a la plaza situada entre Santa Sofía y la Mezquita Azul. Resulta impresionante situarse en Ayasofya Meydani al anochecer mientras los muecín llaman al rezo. Un escalofrío recorre tu cuerpo mientras las voces se elevan y se entrecruzan como estableciendo un diálogo de llamada - respuesta que quita el aliento.

Después hay que adentrarse en el interior de ambas joyas arquitectónicas, y claro, llegan las comparaciones. Que si me gusta más la decoración interior de la Mezquita Azul, que si apabulla el tratar de alcanzar con la vista la altura imposible de la cúpula de Santa Sofía... Que no, que solo se trata de disfrutar de dos lugares únicos y sin comparación posible, aunque he de decir que el peso de casi 1500 años que cae sobre el visitante a Santa Sofía es indescriptible.


























Como indescriptibe resulta el vecino palacio Topkapı, residencia de los sultanes de belleza exquisita y acogedora. Un palacio situado en una colina privilegiada, tal vez la que más, que mira a dos mares y que se beneficia de las brisas, los aires y la visión de unas aguas que embrujan.














De otra pasta está hecho el palacio de Dolmabahçe, de un estilo claramente europeo, construido en el siglo XIX. Fue residencia de sultanes y de Atatürk, padre de la patria turca, culpable de muchas de las reformas que diferencian a Turquía del resto de países de la órbita islámica. El establecimiento de un estado laico y el uso del alfabeto latino son solo dos de las más destacadas. Cualquiera se mete con él. Por cierto es delito hacerlo.





Después de tanta visita, nada como relajarse con el humo de un buen nargile. Las pipas de agua son la excusa perfecta para relacionarse y pasar las horas muertas. Esto para los turcos. Para el turista ocasional sirven para expansionarse y hacer el tonto. Algo que se nos da bastante bien.

Aunque claro, si hablamos de relajarse, pocas cosas habrá en el mundo como un hamam. Y dentro de ellos, pocos tan famosos como los baños Çemberlitaş. Una experiencia imprescindible si vas a Estambul, aunque la primera impresión es que te echan cubos de agua como si lavaran a un coche. Mientras, tu colega se descojona a voz en grito para sorpresa y gozo del personal y propio. Tras el escándalo organizado llega el momento del masaje con óleos perfumados. Un instante para la eternidad que cuesta cerca de 50 €. Hay que vivirlo.


Estambul es una ciudad partida por el agua. El mar se adentra en sus entrañas y la divide de manera irremisible. Está la división entre la zona europea y la asiática, pero la europea a su vez está dividida también por el famoso cuerno de oro. Esta extensión de agua debe su nombre a los reflejos dorados que provoca la luz solar al atardecer. Ningún sitio para percibir esto como la torre de Gálata. Este dominio genovés servía de torre de vigilancia. Ahora se puede subir a ella por un ascensor y dominar la ciudad en una panorámica de 360º que quita el hipo. Y para rematarlo, una cenita a sus pies.

















Siguiendo con el tema marítimo, no podemos olvidarnos del Bósforo. Este mítico estrecho hace de frontera entre Asia y Europa y ha estado muy presente en la mitología clásica. No se puede uno resistir a cruzarlo en uno de los transbordadores para ir a la orilla asiática o para alcanzar las Islas de los Príncipes (Adalar), zona de veraneo que saca su nombre de los miembros de la nobleza otomana que eran exiliados allí. Para evitar que dieran problemas, a veces se les sacaban los ojos, de ahí el sangriento nombre de Adalar = islas rojas.












Y ya sé que me olvido muchas cosas... Una cenita marinera en Kumkapı, el Gran Bazar (Kapalıçarşı), las cisternas y alguna que otra cosa en la que no caigo ahora. Es imposible resumir séis días intensos en una de las ciudades más vibrantes del globo en solo unas lineas. La idea principal, como casi siempre... Hay que ir para entender todo este rollo.

lunes, 13 de julio de 2009

¡atiende, pájaro! #9


Tony Ladilla era un tipo peculiar. No era amigo de pollinás. Así que cuando se encontró con su amigo Beodo Illgner tuvo que tragar saliva y poner su mejor cara para acercarse y decirle, "¿Te gustó el de los Smiths?". "Sí, tío ¡están de puta madre!", contestó Beodo. "Me lo suponía. Entonces deberías probar a The Fall". Beodo Illgner no cabía en sí de gozo. "Se les parecen, ¿no?". Tony se relamía con la respuesta, la cual soltó como de manera casual. "Pues....................... ¡no! ¡ni en el blanco los ojos!". "Entonces... No lo entiendo", Beodo casi sollozaba de dolor. "¿Por qué deberían gustarme entonces?". "Precisamente por eso", explicó pacientemente Tony, "¿quién iba a querer escuchar algo que se parezca a los Smiths si..... YA ESTÁN PARA ESO LOS SMITHS?"

De género tonto, Johnny...

Ah, se me olvidaba... PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTTTTTT... ¡YEAH!

domingo, 12 de julio de 2009

tótem #16: "la lógica de los sueños"


Título: El proceso (Der Prozess)
Autor: Franz Kafka
Año: 1914 (publicada póstumamente en 1925)

Es famosa la cita de Hermann Hesse sobre Kafka, "etéreo como un sueño y exacto como un logaritmo". Otra definición que se convierte en un triunfo absoluto describiendo una obra que encuentra su expresión más pura y definitiva en esta novela, tal vez, la mejor del escritor. La metamorfosis puede ser la obra más representativa pero El proceso representa la culminación de las ideas, miedos, afirmaciones y odios del artista. Además, La metamorfosis es un relato corto más que una novela.

El proceso cuenta la historia de Josef K. cuando una mañana se encuentra con la noticia de una acusación que cae sobre él y el subsiguiente juicio que le aguarda. Desde ese momento la vida del protagonista se centra en buscar los motivos y la defensa contra esa causa. La cosa se antoja imposible cuando no parece haber forma de averiguar qué se le imputa. Josef K. se enzarza en una lucha contra lo absurdo de un sistema, de una existencia, de una espera interminable en apariencia. Después de un año de silencioso, casi inexistente pero inexorable proceso, K. ve caer el "peso" de esa ley absurda pero matemática sobre su cabeza con la ejecución de la sentencia.

El proceso impresiona por sus numerosas capas, por la negrura de la concepción kafkiana de la vida, el amor, la burocracia y los mecanismos sociales, por un pesimismo que cae a plomo y duele. Con su maestría para ese realismo mágico nos introduce en una pesadilla de la que no sabemos si queremos salir o adentrarnos más. Para una cosa u otra devoramos sus páginas con avidez sabiendo en todo momento cuál va a ser su final. Eso, por una vez, es lo de menos.

Curiosidades

- La obra quedó inacabada a la muerte de Kafka, aunque sí que tiene final. Son numerosos los capítulos que dejó sin terminar y que no se incluyeron en la obra final por el editor, Max Brod.

- Precisamente Brod es el máximo responsable de que el grueso de la obra de Kafka haya llegado hasta nosotros. Es sabido que las peticiones del escritor poco antes de morir eran que quemaran todos sus escritos. Por suerte Brod hizo caso omiso publicando un puñado de obras inmortales.

- Una obra tan prestigiosa como La peste de Albert Camus se considera hoy día un homenaje velado a este libro.

- Se han hecho varias adaptaciones para el cine siendo la más interesante la dirigida por Orson Welles en 1963 con Anthony Perkins en el papel de Josef K.

sábado, 11 de julio de 2009

09/07/09: morente & lagartija nick - axerquía - córdoba


La noche se presentaba jubilosa y no defraudó. Con puntualidad casi inglesa (10 minutos de retraso), Don Enrique Morente apareció sobre el escenario acompañado de un grupo de palmeros, cantaores, bailaores todoterreno. Formando un semicírculo se conjuraron a algún dios antiguo con sus letanías flamencas y arcanas. La ceremonia salió bien porque lo que siguió tiene difícil descripción con humildes e insulsas palabras. Podríamos dejarlo en que poco a poco nos fue introduciendo en un mundo único a través de cantes flamencos que no puedo clasificar dentro de los palos clásicos que tocados por su cante se quedan en un algo que está más allá de catálogos y de normas. El público esperaba impaciente Omega pero poco importaba porque el buen rollo y las ganas de empaparse en lo que quisiera ofrecer el maestro flotaban en el ambiente. Vamos, que hambre que espera hartura no es hambre ninguna, y si mientras, se nos obsequiaba con jamón, queso y buen vino, pues cómo se podría quejar uno.

Así se produjo la espera paciente y sublime que no vaticinaba el estallido de júbilo que se produjo cuando el escenario se llenó con un cuadro flamenco al completo y entró Lagartija Nick a agarrar su armamento. Fue entonces el momento de levantarse de las gradas de dura piedra para abalanzarse hacia el escenario. Era como si una voz inaudible guiara a una audiencia entregada antes de empezar. A partir de ahí, el acabose. Morente ejerció de perfecto cicerone por los vericuetos más duros de Omega y Lagartija no defraudó con un sonido monstruoso de guitarras hirientes y, sobre todo, una batería que lo engullía todo con ritmos de luto o debacles percutivas que amenazaban con echar el teatro abajo. Erik Jiménez (también de Los Planetas) estuvo colosal, entregándose al máximo y rompiendo alguna que otra baqueta.

Por desgracia también habría que señalar algún que otro problemilla con el sonido que deslució una "Vuelta de paseo" que se prometía apoteósica y quedó en menos por este motivo. Nada importante. Enseguida se retomó el vuelo y Morente demostró lo relajado y a gusto que se sentía regalándonos unos bises extraordinarios en los que parecía que no se querría marchar nunca. Así se fue apagando el concierto entre homenajes a Michael Jackson, aportaciones de Estrella Morente e intento de baile incluído del propio Enrique. Un momento de comunión único y una experiencia inolvidable. A pesar de los pesares, a ver quién supera esto.

miércoles, 8 de julio de 2009

tótem #15: ¡asesinados por el cielo!


Título: Omega
Artista: Morente & Lagartija Nick
Año: 1996

1 Omega
2 Pequeño Vals Vienés
3 El Pastor Bobo
4 Manhattan
5 La Aurora De Nueva York
6 Sacerdotes
7 Niña ahogada en el pozo
8 Adán
9 Vuelta de paseo
10 Vals en las ramas
11 Aleluya
12 Norma y paraíso de los negros
13 Ciudad sin sueño

FOLK / POESÍA / ROCK
FLAMENCO / ALTERNATIVO - flamenco thrash

Hay artistas que se quedan en un rincón reviviendo continuamente un pasado más o menos glorioso y ARTISTAS que miran hacia delante continuamente en una búsqueda insaciable. Estos últimos escasean y como buscadores de una verdad intangible se dan más de un coscorrón. Enrique Morente es uno de esos visionarios que entiende la música como una materia viva y cambiante. Como algo que no puede encerrarse entre prejuicios y miedos. Su carrera siempre había sido un romper continuo con lo anterior, una provocación para muchos, una afirmación continua para otros tantos. Omega no es sino un punto de inflexión absoluto en su carrera y en la historia de la música en castellano. La ambición que proyectaba no era para tomar a broma y, sinceramente, se prestaba a salir mal por muchos motivos. El principal era una tendencia clara hacia la épica y la dispersión. Vamos, aunque peguen, no se me antoja fácil unir a Federico García Lorca y Leonard Cohen bajo el paraguas del flamenco. Y para más inri, por si esto no fuera suficientemente osado, se alía con Lagartija Nick para teñir los palos de un rock casi thrash que auguraba interés… Y muchas dudas.

A veces ocurre, y hablamos de triunfo absoluto entonces, que los ARTISTAS se sobreponen a todas las dificultades y vencen los augurios a base de creatividad, talento o sangre. De todo esto se valió este grupo de granaínos para empastar unos estilos antagónicos que conviven y respiran como sin esfuerzo en un trabajo capital como se han visto pocos en este país. No puede sonar exagerado, no al menos después de atravesar "Omega" la canción, el dichoso y negro pórtico que se erige en el impresionante acceso al álbum. Sus once minutos nos sacuden entre magmas eléctricos, poesía apasionante y crescendos sedientos de sangre. Un tour de force que sirve de presentación perfecta para la dulzura portuaria de "Pequeño Vals Vienés". Morente derrite los versos de Lorca en la versión de Cohen en un maridaje triple digno del autor de Beautiful Losers (66). A pesar de todo este paisaje abyecto para el purista no crean que esto es algo diferente del flamenco. Esto sigue siendo flamenco por actitud y rajo. De eso se encargan los temas más "tradicionales" del disco. Tradicionales por decir algo porque todos tienen el sello morentiano, el giro que los diferencia de cualquier otra cosa. Eso que hace que a los que no escuchan flamenco les parezca muy puro y a los fanáticos del género una marcianada. Pues ni una cosa ni otra. No me gustan los extremismos. Y eso que Omega se sitúa en un extremo desde su mismo título. ¿El final de una etapa? Principio, final, nacimiento, muerte… ¡Tremebundo!

Curiosidades

- "Omega es la visión de Enrique Morente sobre “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca." - (libreto interior del disco)

- "Incluso antes de salir el disco, la flamencología empezó a criticarme muy enérgicamente y a agredirme como si estuviéramos haciendo algo malo (...) Fue un posicionamiento, un pronunciamiento musical, un golpe de estado artístico a lo que se hacía en esos momentos." (Enrique Morente)

- "El poema en trece versos ya contiene el grito y el ruido, aparte de ser una premonición sobre la propia muerte de Lorca, pero Morente enseguida visualizó cómo adaptarlo a nuestro caos." (Antonio Arias, Lagartija Nick, sobre la canción "Omega")

- "Los poemas explosionaban en nuestras manos y nos arrastraban por el camino de la intuición." (Antonio Arias)