lunes, 30 de agosto de 2010

momentazo #23: el hombre de negro



El 28 de marzo de 1974 Joan Manuel Serrat dio un recital memorable en L'Aliança del Poble Nou, Barcelona. La televisión pública era otra cosa por aquel entonces y, aunque controlada por el régimen, todavía era capaz de rendirse ante ejemplos de emoción epidérmica como esta interpretación de un artista mayúsculo en un momento insuperable artísticamente. Aquí tienen fragmentos impagables de un concierto grandioso en su elegancia sencilla y serena. Y si quieren verlo entero prueben aquí.



jueves, 19 de agosto de 2010

tótem #39: cine NEGRO




Título
: El tercer hombre / The Third Man
Director: Carol Reed
Guionista: Graham Greene (autor de la novela)
Año: 1949

Cuando Holly Martins, un escritor de tercera acabado, llega a Viena atendiendo a la llamada de su amigo Harry Lime poco podía imaginar lo que se le venía encima. Su amigo había muerto en extrañas circunstancias y la investigación que inicia el recién llegado lo iba a sumergir en una vorágine sin vuelta atrás en la que la búsqueda del/los asesino(s) de Lime iba a convertirse en la búsqueda de dicho amigo, una búsqueda en la que el hallazgo no iba a ser bienvenido precisamente sino que vendría a turbar y poner del revés el concepto que tenía sobre la persona de aquél que creía conocer. Este es el planteamiento de un argumento de relojería suiza extraído de la novela de Graham Greene del mismo título. Una base excelsa desde la que partir que no garantiza el éxito que finalmente obtuvo.

Por el camino y tras muchas vicisitudes, un paseo impagable por una Viena ocupada tras la 2ª Guerra Mundial, una ciudad destrozada pero imperial, con una belleza otoñal captada por la cámara de Reed para la posteridad. Rebuscar en sus escombros es darse de bruces con secretos inconfesables y pasados que es mejor no remover. Son los restos de una civilización, de una humanidad perdida, sin valores que iba a encaramarse sin pensar en el tren de la modernidad, el capitalismo salvaje y la burocracia febril. Por todo esto estamos ante una obra maestra. Sin olvidar detalles como el retrato kafkiano de la policía internacional con sus patrullas compuestas por un miembro de cada país ocupante. Ridículo como todo el sinsentido que podemos rastrear en nuestra historia. Eso sí, mientras tanto, no podemos dejar de tararear esa musiquilla mítica… ta-ra-rá, ta-rá, tarátará… mientras nos preguntamos qué hubiéramos hecho en el lugar de ese tercer hombre. La ambición ¿lo puede todo?

Curiosidades

- El tema central de la mítica banda sonora compuesto por Anton Karas solamente emplea un instrumento, una cítara de origen balcánico. Pocas veces se ha logrado tanto con tan poco.

- La película enlaza con la tradición expresionista alemana en su uso impactante y maravilloso de los encuadres en ángulos distorsionados y el empleo de la iluminación. Esto no fue siempre bien entendido en la época, de ahí que la recepción general hacia el film fuera más bien tibia. Nada que ver con la visión que tenemos en nuestros días, ya que es considerada con justicia una maravilla estética y narrativa.

miércoles, 18 de agosto de 2010

tótem #38 / momentazo #398: ese hálito celestial


Título: Grace
Artista: Jeff Buckley
Año: 1994
Productor: Jeff Buckley/Andy Wallace
Sello: Columbia
ROCK
ALTERNATIVO - rock celestial

Pasados los años, resulta casi imposible enfrentarse a este disco con objetividad. Y es que la única obra que Jeff Buckley editara en vida, su tótem sagrado, es su gran aportación al canon occidental, y a la vez, ha tenido una influencia nefasta.


Allá por 1994 el grunge de primera generación daba sus últimos estertores con la muerte de Kurt Cobain. La nueva hornada de rockerillos se limitaba a copiar a sus adorados Soundgarden, Pearl Jam o Alice in Chains. Revivalistas de revivalistas. Poquito que llevarse a la oreja, pues. Ahí tuvo que surgir un volcán que se hacía llamar Jeff y tenía ganas de demostrar que era mucho más que el hijo de Tim Buckley. Con su padre compartía el don de una voz de oro (que diría Mr. Cohen) y un certero gusto compositivo. Con la camarilla grunge, una adoración clara por Led Zeppelin. No obstante, Jeff aportaba algo más. Algo que nadie podía esperar en un misterioso chico blanco: la entrega interpretativa siempre al límite. Ese vivir las canciones como sus idolatrados Nusrat Fateh Ali Khan y Edith Piaf. Ese decir las cosas de verdad como su admirada Nina Simone. Ese escribirlas con versos de plata como el maestro Leonard Cohen. En definitiva, una sensibilidad que se alejaba de aquello a lo que nos tenían acostumbrados el resto de grupos.

Ahí tuvo que surgir un volcán que se hacía llamar Jeff y tenía ganas de demostrar que era mucho más que el hijo de Tim Buckley (con) una sensibilidad que se alejaba de aquello a lo que nos tenían acostumbrados el resto de grupos


Como era lógico, muchos tomaron buena nota. Así surgieron Radiohead primero, y Coldplay o Muse después, los cuales, entre otras influencias, bebían del vino de lilas del californiano. Como decía al principio, la influencia fue nefasta. Porque claro, al no poder imitar la pirotecnia instrumental de temas como "Mojo Pin" o "Grace", los que podían se quedaron con las piruetas vocales. Los que no, con ese poso melancólico que Buckley sabía dejar en el alma con sus octavas. Esa sensación de felicidad incompleta que era capaz de conjurar con su voz. Con todo, el resultado de dicha influencia en esas bandas se orientaba hacia el pop. Y ya se sabe, pop + tendencias épicas = peligro de frivolidad.


Tampoco debemos crucificar a Buckley por dicha influencia. Igual que Nietzsche no tuvo la culpa del Holocausto. Cuando se crea una obra de arte tan inmaculado, se suele tener repercusión, y no todo el mundo acierta a interpretarla o digerirla. Tarea tan ardua como expresar con palabras los sentimientos que canciones como el dúo inicial ya mencionado, las preciosas interpretaciones de "Lilac Wine" o "Hallelujah", el inigualable alud sentimental de "Lover, You Should've Come Over", el poderoso rock de "Eternal Life", o el misticismo sin mácula de "Dream Brother", pueden despertar en el oyente.


Yo lo tengo muy claro. Este es el disco que hay que tener de Jeff Buckley. Posiblemente el que hay que tener de los 90. Su aportación a la Torre de la Canción, que puede envejecer tranquilamente al lado de las viejas glorias. Al lado del Trout Mask Replica (Captain Beefheart (69)), del Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band (The Beatles (67)). Al lado de tu corazón cansado.

Curiosidades

- Es bien sabido que Buckley murió ahogado a la edad de 31 años siguiendo la trágica herencia familiar (su padre Tim también murió joven). Este fue el único disco que pudo completar. Aunque esto puede jugar en su contra a la hora de valorarlo objetivamente (o a su favor, según se mire), cualquier escucha desprejuiciada y limpia acabará con la rendición absoluta de la mayoría de oyentes. No veo que su muerte haya ayudado a su encumbramiento. Es que es muy bueno, eso es todo.

- El éxito del álbum unido al aura de malditismo que rodeó la desaparición de Buckley alimentó a una legión de fans incondicionales que sería el caldo de cultivo perfecto para ediciones cuando menos dudosas de su material póstumo. La mayor parte del mismo y salvando algún directo es no solo prescindible sino paupérrimo. Había que hacer caja...

lunes, 16 de agosto de 2010

momentazo #22: la música de Dios

Milos Forman cogió la pieza teatral de Peter Shaffer para crear un pedazo de arte más incómodo y perdurable de lo esperado. No se trata de un biopic al uso. Tampoco hay una voluntad de historicismo fiel. A poco que investiguen se darán cuenta que todo el mundo coincide en describir la película como "basada levemente en las vidas de sus protagonistas". Amadeus ****1/2 (84) más que tratar de la vida de Mozart, trata de la visión obsesiva, envidiosa y admirada de ese "archienemigo" que fue Antonio Salieri. Las comillas están puestas a conciencia. No existen pruebas que ratifiquen ni esa rivalidad ni mucho menos el hecho de que causara la muerte de Mozart.

Dicho esto se puede afirmar que la película es enorme y merece todos los premios y loas recibidas. La recreación de Mozart resulta fantástica y parece claro que ese sinvergüenza, algo escatológico y de risa febril y estúpida tenía más que ver con la forma en que lo veía el narrador de la historia (el propio Salieri) que con su personalidad real. O no. De todas formas, digamos que no es lo que esperamos del retrato de uno de los músicos más geniales, el que más quizás, que haya existido.

Salieri nos va desgranando una historia de anhelo inalcanzable, de venganza ciega contra una persona, contra un enviado de un Dios que le ha dado la espalda a pesar de su entrega absoluta al arte. Pero el odio no va solo sino que se acompaña de una admiración y una curiosidad obsesiva, una sorpresa que no hace más que crecer con cada nueva ópera del rival con cada sinfonía y que culmina con ese "Réquiem" donde un Mozart a las puertas de la agonía dicta a Salieri esas líneas inmortales ante la estupefacción del maestro italiano al que le cuesta seguir el caudal ilimitado de ideas del austriaco. La obra no se terminó. Sí muchas otras. Esas que inundan las imágenes como si fueran un personaje más dejando a un lado la idea de música descriptiva o decorativa para imponerse sobre todo lo demás y ser la explicación, el motivo y la razón para un hombre, su enemigo más íntimo y un público entregado. Hoy y siempre.

jueves, 12 de agosto de 2010

supertrax #13: ¡arde Venecia!



Para el 13 había que elegir algo especial. Algo como este tema furioso y tórrido que sube y sube a lomos de un riff robado de mala manera del "Communication Breakdown" de Led Zeppelin. Los australianos The Saints crearon a partir de esa materia prima una canción que deja KO. "Nights in Venice" no deja claro si se trata de la ciudad italiana, de la playa de Los Angeles o qué. Solo golpean una y otra vez con una electricidad torrencial que a la altura de ese "hit me like a deathray baby from above woooooooooooooow!!!!!!!!!" destroza cualquier amperímetro y te deja revolcándote en tu sudor y pidiendo más. Pura energía sexual de propulsión atómica. ¡Grandioso!

lunes, 9 de agosto de 2010

supertrax #12: la bomba de neutrones



"El ventilador" del gran Gato Pérez, el goce absoluto elevado a la enésima potencia. Es sencilla, es directa y no se entretiene en arabescos tontos. Lo que nos cuenta está claro, es básico, es hasta gracioso. Simplemente describe una técnica de toque popular entre los rumberos. Y lo hace como si fuera el descubrimiento de la pólvora con sentencias del calibre de "Traemos en la guitarra la bomba de neutrones, el artefacto más peligroso, que mete ruido por los salones", o ese irresistible "Este truco tan ingenioso y de fácil ejecución, seguro que no conoce ni el mismísimo James Bond. Todas las grandes potencias ¡ay! pretenden averiguar, hasta el Pacto de Varsovia, el Pentágono y la OTAN." Pues sí amigo, una auténtica bomba.

viernes, 6 de agosto de 2010

tótem #37: hymne à l'amour


Título: Songs for Swingin' Lovers
Artista: Frank Sinatra
Año: 1956
Productor: Voyle Gilmore
Sello: Capitol

  1. "You Make Me Feel So Young" (Mack Gordon, Josef Myrow) - 2:57
  2. "It Happened in Monterey" (Billy Rose, Mabel Wayne) - 2:36
  3. "You're Getting to Be a Habit with Me" (Al Dubin, Harry Warren) - 2:19
  4. "You Brought a New Kind of Love to Me" (Irving Kahal, Pierre Norman, Sammy Fain) - 2:48
  5. "Too Marvelous for Words" (Johnny Mercer, Richard A. Whiting) - 2:29
  6. "Old Devil Moon" (E.Y. Harburg, Burton Lane) - 3:56
  7. "Pennies from Heaven" (Arthur Johnston, Johnny Burke) - 2:44
  8. "Love Is Here to Stay" (George Gershwin, Ira Gershwin) - 2:42
  9. "I've Got You Under My Skin" (Cole Porter) - 3:43
  10. "I Thought About You" (Mercer, Jimmy Van Heusen) - 2:30
  11. "We'll Be Together Again" (Frankie Laine, Carl T. Fischer) - 4:26
  12. "Makin' Whoopee" (Gus Kahn, Walter Donaldson), - 3:06
  13. "Swingin' Down the Lane" (Kahn, Isham Jones) - 2:54
  14. "Anything Goes" (Porter) - 2:43
  15. "How About You?" (Ralph Freed, Lane) - 2:45
JAZZ
SWING

In the Wee Small Hours (55) ya era genial. Una obra maestra que ponía el listón demasiado alto para cualquiera. ¿Cualquiera? No para Sinatra. El momento dulce que atravesaba "La Voz" queda refrendado con su disco definitivo, el que estaba llamado a subirse al podio de sus más de 300 discos.

No es "La Voz" por casualidad. Tampoco por potencia. Es por algo que nadie más ha tenido. Esta voz te hace sentir cosas, la puedes notar flotando en el aire, tiene una personalidad inalcanzable, es hermosa por sí misma y, en definitiva, es inexplicable

Sólo al dejarse acariciar por estas orquestaciones que abrazan la voz y la abrigan sin asfixiarla, dejando que respire y vuele libre, se podrá entender la grandeza de estos temas. Una grandeza que es resultado de una suma incomparable e irrepetible. La suma más obvia estaría compuesta por los arreglos exquisitos de un Nelson Riddle mayestático y por la interpretación de un Sinatra en la cima de sus habilidades.


Parece mucho y en realidad lo es pero esto solo no explica que estemos hablando de uno de los discos más grandes que se hayan hecho. Sería injusto no mencionar la producción inmaculada de Voyle Gilmore en la que lo pulido y lo angelical se cargan cualquier rastro de ñoñez. Es simplemente el sonido perfecto para realzar y subrayar sin hacerse notar en un álbum que empieza a ser genial desde la misma selección de canciones, un repertorio en el que Sinatra demuestra un gusto infinito y desborda por su sensibilidad y su inteligencia. No solo son bonitas, son las justas y necesarias en ese momento, y el vehículo perfecto para que el fraseo infinito del maestro paladee las palabras y las suelte con ritmo marcado, fluido o elástico en una muestra de dominio tan avasallador que hace innecesarios al resto de cantantes.


No es "La Voz" por casualidad. Tampoco por potencia. Es por algo que nadie más ha tenido. Esta voz te hace sentir cosas, la puedes notar flotando en el aire, tiene una personalidad inalcanzable, es hermosa por sí misma y, en definitiva, es inexplicable. Baste notar ese "I've Got You Under My Skin" que explica y sintetiza todo el álbum en ese crescendo que sube y sube y sube intentando alcanzar una voz que lo deja atrás a cada paso sin esfuerzo. Y en el intento de alcanzarla nos deja una de las partes instrumentales fundamentales en la historia de la música, una interpretación para la historia. Trompetas y voz en busca de la apoteosis perfecta.

Curiosidades

- La portada original es la que se muestra arriba, con Sinatra mirando en dirección opuesta a los amantes. En 1957 se cambió por otra en la que el crooner miraba sonriente a la pareja. Esa es la que se ha mantenido en la mayoría de reediciones en CD.

Resultado de imagen de swingin lovers- "I think the album’s quintessence can be found in Sinatra’s rendition of “I’ve Got You Under My Skin”, a song that had been written more than 20 years prior by Cole Porter (in fact, there are so many of these reworkings of songs that were old-timey even then that it’s easy to think of Sinatra approach as analogous to a pop-punk band today taking on a Michael Jackson song). As Sinatra moves in on the original melody, the band buoys him up just enough. But he just keeps letting it build just a little bit—on through the bridge and into the second chorus. Then suddenly the band comes in and blows the doors off for the instrumental break, especially the unhinged trombone solo (allegedly recorded over the wrong chords just to give it that off kilter feel). And that’s when Sinatra takes the gloves off." (Eric Klinger)