lunes, 31 de enero de 2011

gigantes #9: el hombre que sabía demasiado

Esta nueva entrada dedicada a esos titanes de la música que han sido capaces de moldearla como si tuviera la ductilidad de la arcilla está dedicada a un personaje poco usual. Hal Willner no puede considerarse un creador según una definición pura del término. No estamos ante un compositor. Tampoco es un intérprete. Se trata de un productor, pero no de uno al uso. A la labor de este artista por derecho propio habría que añadirle calificativos como compilador, instigador y mecenas de proyectos dominados por un denominador común: un amor por el trabajo bien hecho y un gusto exquisitos.

Además de supervisor musical del archifamoso Saturday Night Live desde 1981 a 1990 y productor de artistazos como Lou Reed, Marianne Faithfull o Bill Frisell, Willner ha destacado por la supervisión de álbumes tributo que han dado un giro al género convirtiéndolo en algo respetable y hasta embriagador. Todos cuentan con el denominador común de la ambición y la humildad de su mirada al artista homenajeado. Auténticos tratados del buen gusto en los que no hay motivaciones que superen el objetivo artístico. Una dedicación sincera y entregada. Una vida por y para la música.

3 básicos

Lost in the Stars: The Music of Kurt Weill (1985) ***1/2
El homenaje al enorme compositor alemán se salda con un triunfo de jazz, música de entreguerras y pop. Un gran disco de versiones que descubren al mercado anglosajón la lírica urbana y atemporal de un autor teatral imprescindible en la cultura europea y universal.

Una copla: "September Song" (Lou Reed)

Weird Nightmare: Meditations on Mingus (1992) ***1/2
El jazz se presta para hacer con él lo que se quiera y el de Charles Mingus más. Por eso aquí había cierto peligro de dispersión y marcianada. Si a lo libre le das más libertad se llega a lo libérrimo o a lo innecesariamente insustancial. Por suerte las intervenciones en este disco suman entre ellos conformando un todo de una coherencia que ya querrían muchas bandas para sí.

Una copla: "Oh Lord, Don't Let Them Drop That Atomic Bomb on Me" (Keith Richards / Bernard Fowler / Greg Cohen / Chuck Leavell / Charlie Watts / Bobby Keyes / The Uptown Horns) - por decir una...

Rogue's Gallery: Pirate Ballads, Sea Songs, and Chanteys (2006) ***1/2
Un gran disco doble que transita un terreno casi virgen. Las canciones piratas y marineras no han sido explotadas por la industria precisamente. Esa valentía es la que le da un punto extra de interés. Y no defrauda a pesar de que en la producción hubiera elementos de Piratas del Caribe II. El disco salió siguiendo la estela de la película como elemento de promoción mutua. No importó. Aquí hay pellizco y entraña viva. La de unas canciones tan pegadas a la tierra como al mar durante siglos.

Una copla: "Mingulay Boat Song" (Richard Thompson)

Su mejor canción ????

No podemos rellenar este apartado con un "artista" como este. No compone, no interpreta. Su labor es la de organizar, impulsar, agradecer y dar a conocer. Por eso me decanto por este fragmento de una obra dedicada a un grande. La película Words of Advice: William S. Burroughs On the Road (2007). No la produce, solo interviene en una entrevista, y sin embargo se me antoja perfecta para explicar la buena mano de este hombre.


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viernes, 28 de enero de 2011

perVERSIONES #16: frenesí

La canción que nos ocupa siempre va a estar unida para mucha gente a La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987). La relación entre la película y este frenético "Surfin' Bird" es algo instalado en la memoria colectiva para la eternidad. En el film disfrutamos del original del 63 interpretado por The Trashmen. La canción, además, ha tenido unas cuantas versiones. Dos de las más conocidas son las perpetradas por los increíbles Ramones, por un lado, y por los extraordinarios The Cramps, por otro. La primera es del 77 y la segunda del 79.

Habría que señalar que pocas veces un tema ajeno se ha ajustado tan bien a la idiosincrasia de una banda. La fiebre, la urgencia y la locura casi psicótica de la canción la hacen fundirse perfectamente en las manos y bocas de una gente que parece haber nacido para interpretarla. Como un guante.

martes, 25 de enero de 2011

momentazo #37: tesoros entre el polvo

Columbia sigue emperrada con expoliar hasta el último suspiro grabado por un Bob Dylan que a estas alturas es uno de sus artistas más rentables. Ahora les toca el turno a las demos que el bardo grabara entre 1962 y 1964, esto es entre antes de editar su segundo disco y el cuarto. En The Bootleg Series Vol. 9: The Witmark Demos: 1962-1964 ***1/2 (2010) el material es lo que se podía esperar. Poderoso y en buena medida… innecesario. Aquí encontramos desde clásicos que incluyó en alguno de esos cuatro discos en versiones más parcas si cabe hasta descartes más o menos conocidos. Este segundo grupo lo podemos dividir entre aquellos temas que aparecieron en esa joya llamada The Bootleg Series Vols. 1-3: Rare & Unreleased 1961-1991 (91) y otros más inencontrables (si es que eso, a estas alturas, existe en la obra dylaniana). El verdadero interés está en estos últimos. No veo la necesidad de acercarse a versiones primerizas de temas como "Man On the Street", "Only a Hobo" o "Quit Your Low Down Ways" cuando no aportan nada que supere a las tomas incluidas en el primer bootleg series. Por el mismo motivo, tampoco pasa nada por perderse la demo de "Blowin' In the Wind" o "Mr. Tambourine Man". El magro está en "The Death of Emmett Till", "Farewell", "Hero Blues", "John Brown" o "Guess I'm Doing Fine" por mencionar unas pocas. Lo que no quiere decir que no se pueda volver a disfrutar con unas músicas que no por conocidas van a cansarnos. Y qué decir del interés morboso y voyeur de deleitarnos ante unas tomas primerizas que pueden llegar a encandilar porque no olvidemos que se estaba registrando una voz y unas manos en pleno proceso de creación de unos versos y una música destinados a la inmortalidad. Nada, que me la han vuelto a colar. Y además, quiero otro.

lunes, 24 de enero de 2011

trick or trick? #17: distopía y pantagruel

2112 **1/2 (Rush, 76). En una hipotética tormenta de ideas tras la escucha de este disco se me escapan cosas como rock cósmico, Robert Plant hipertrofiado, George Orwell de saldo, rollo progresivo en formato escueto, música retorcida según un patrón clásico… No eran Rush fáciles de catalogar, ni cómodos, ni de fácil digestión, ni por supuesto abiertamente prestigiosos. Alguno por ahí dirá que el ser canadienses influye en esta heterodoxia.

La gente normalmente queda subyugada ante el poder de "2112", la canción. Yo le veo más méritos en el capítulo de la ejecución que en el de la calidad melódica/lírica/emotiva. Incluso encuentro más motivos de "regocijo" en la cara B. En cualquier caso el valor de esta banda empieza y acaba en este disco. Es el sello indiscutible que marca su carrera y sentencia para la eternidad sus crímenes. A saber, se intoxican con la bebida de Led Zeppelin y vomitan algo parecido a Iron Maiden con Jeff Buckley al micro.

Ni sí ni no, sino todo lo contrario, el veredicto no es cosa sencilla. Yo, por si acaso, para no pillarme los dedos dejaré que sean otros los que griten eso de "¡a Barrabás, a Barrabás!". Lo que no deja de ser otra forma de lavarse las manos.

supertrax #32: estaba ciego... ahora puedo ver



"Movin' On Up", la bomba de estallido retardado que abre el rotundo Screamadelica (Primal Scream, 91). Un pelotazo de rock, soul y electrónica al servicio del baile cadencioso y jadeante. Ningún ser en sus cabales debería ser capaz de resistirse a la altura del tercer "my light shines on". Eso, si es que ha sobrevivido al rasgueo de guitarra acústica inicial. Y cuando después del estribillo mencionado entra la guitarra eléctrica con esos licks tan deliciosos y ¡ESE SOLO!... Mejor paro ya, que me salgo.

sábado, 22 de enero de 2011

trick or trick? #16: "novísimos"


Estos cuatro ínclitos, sospechosos de crímenes terribles contra la humanidad, se enfrentan a lo que para ellos debe ser el proyecto definitivo: dar forma a lo informe, bañar el malditismo en música más o menos libre, y de paso darse ellos un baño de lleno en ese malditismo que todos sabemos que les encanta. Otra cosa es que les quede natural. Ni Carlos Ann ni Bunbury pueden ser llamados el colmo de la modestia ni de la naturalidad. Y eso añadido a la poesía irredenta, cruel y hermética de un Panero que merece todo mi respeto, no hace más que ahondar en un exceso que no le hace ningún bien al poeta. Se entiende que él no lo vea (demasiado tiene encima), sobre todo cuando todos sabemos lo que halagan unos admiradores rendidos ante tu obra.

El resultado es lo que se esperaba ante tamaño proyecto que además, por si fuera poco, es doble. La mística coprófaga, el ateísmo sanguinario tratan de elevarse al infinito mediante voces malotas y ritmos de piano arpegiado, algo de rock improvisado y tecno duro y simplón. Ni los recitados calan, ni la música, apenas trabajada, emociona. Esto es un fruto (que trata de ser) podrido adornado y ampliado de una manera megalomaníaca y excesiva. Así no hay quien se fije en la poesía, la cual parecía ser el eje central, y ha pasado a ser un algo accesorio. La excusa perfecta para el "lucimiento" de unos "artistas" dudosos que demuestran que no deben salirse de lo suyo. Sus fans lo agradecerán. Y nosotros también.

PD: Al menos me han despertado la curiosidad por la figura de este poeta olvidado, extraño, violento… y embriagado(r).

viernes, 21 de enero de 2011

supertrax #31: rosa negra



Ben E. King y su clásico del 61, "Spanish Harlem". Pura delicatessen pop escrita por Leiber & Spector que asalta nuestro humilde blog para asolar nuestros corazones palpitantes de soul. No me extenderé en glosar las múltiples maravillas que esconde esta gema eterna. Yendo al grano, destacaré el glorioso empleo de la marimba, la voz ultraterrena del artistazo que la canta, esa entrada grandiosa de las cuerdas y el relevo que entregan a la perfección a un solo de trompeta sencillo y rompecorazones. Lo siento no he podido resumir más el pellizco y el beso calentito que supone este temazo tan increíble que parece casi mentira. On your knees!!!

miércoles, 19 de enero de 2011

supertrax #30: la noche me confunde



Vale, los Arctic Monkeys apestan a pelotazo desinflable por todos los costados. Aún así, no me va a importar que no tengan una carrera como la de Tom Waits cuando han sido capaces de ofrecer un primer disco impepinable con temazos como este estratosférico "When the Sun Goes Down" (2006). Calma chicha para introducir un duelo guitarras-batería que juegan a una persecución vertiginosa que pocos oyentes podrán resistir sentados.

lunes, 17 de enero de 2011

perVERSIONES #15: el viaje



Está claro. Los planetas son un grupo con personalidad. Por eso no extraña la maravilla que impregna a esta versión de Family. "El mapa" encuentra una nueva vida acomodado en la procesión lenta y plañidera a la que la someten los de Granada. Una niebla pesada cae sobre versos del calibre de,

"pesan más que mi equipaje
el dolor y la tristeza
el porqué de este viaje"

para perdernos por senderos ignotos, por rutas prohibidas. Y soñar.

sábado, 15 de enero de 2011

momentazo #36 & trick or trick? #15: la pena y la nada


El tiempo de las cerezas  (Bunbury & Vegas, 2006).

"No es bueno, pero tampoco es lo mejor", parafraseando (y retorciendo) el título de una canción del álbum. Eso es lo que podríamos afirmar tras escucharlo. La pregunta que me viene a la mente es "¿para qué?". De acuerdo que las canciones van encajando con una lógica casi matemática. Ambos cantantes se van pasando el testigo alternativamente en un intento por superarse entre ellos. Sin embargo, para empezar, en este toma y daca me quedo con Nacho (no podía ser de otra manera). No solo entrega buenos temas, sino que parece hacerlo sin esfuerzo, amoldado en su trono sobre la torre de la canción. Lo de Bunbury es otra cosa. Parece estirarse para llegar a la meta y suena forzado, afectado y empalagoso. Hace un uso excesivo de las frases hechas de nuestro idioma y paladea las sílabas de manera morbosa e innecesariamente marcada. El mejor ejemplo, "Welcome to callejón sin salida”, infumable. Eso no le impide entregar alguna que otra canción valiosa ("Puta desagradecida", "El rumbo de tus sueños") en las que combina historias de despecho con un estilo más comedido y prudente que, eso sí, en ningún caso compite con el de Vegas, que juega en otra liga.

Lo mejor sería que cada uno hubiera entregado su disco de 10 canciones para evitar la contaminación, aunque siempre podremos hacernos nuestro CD o pulsar el bendito botón de track forward (uno de los mejores inventos de la civilización). Si navegamos solo por las pistas impares del primer CD y las pares del segundo nos encontraremos con lo que podía haber sido un disco notable del asturiano. No tiene la hondura de "Desaparezca aquí" (2005), aunque se recrea en la temática ominosa de este y entrega al menos dos perlas para enmarcar, “Días extraños” y “La pena o la nada”. La primera abre el disco con un arpegio circular a lo “Everybody’s Talkin’” (Harry Nilsson) y la segunda es un pozo de llanto de una melancolía que duele. Muy Vegas las dos, pero hay más: secuestra la guitarra del Marc Ribot que tocó en esos discos de Tom Waits (los mejores) para “Secretos y mentiras” y vuelve a entregar en todas sus aportaciones una sugerente colección de negros versos en los que conviven el cinismo, la resignación, la muerte y el amor y sus heridas. Versos como, “Gente nace y gente muere cada día / los demás nos limitamos a esperar/ y jugamos a secretos y mentiras / y después nos lamentamos / ¡que viva el ser humano!” o esos que dicen, “Taché los días del calendario en los que nos hicimos daño y quedaron tres”. Heridas que tratan de sanar con aromas a Leonard Cohen, “Vino a hablarme un ángel (...) y al marchar dejó escrito en el aire: la verdad está en la canción”, versos sobrevolados por el fantasma de “Tower of Song” o “A Singer Must Die” del canadiense. Luego está ese sometimiento a Bambino transformando su “Bravo” en una tormenta de electricidad temblorosa que conmueve en su desolación. O ese “La fin”, canción triste como las más tristes que haya escuchado.

Lo de Bunbury tampoco es que esté tan mal. De hecho está mejor de lo que esperaba, pero ese empeño por sobreactuar no le hace bien a unas composiciones que merecerían otro trato. Quizás en la voz de otro podríamos apreciar mejor su valía. De todas formas hay momentos acertados, pero versos como "Always la llorona cambalache", dejando a un lado su significado (?), son cacofónicos por naturaleza. Y eso hay que verlo. Claro que luego nos suelta eso de "Todo lo que en el mundo he amado es una canción, un teatro y a ti" o "el rumbo de tus sueños coincide con mis pesadillas" y tenemos que aplaudirle, aunque nos pese.

Y volviendo al comienzo, creo que no hemos respondido a la gran pregunta: ¿para qué? No creo que ninguno de los dos pudiera darme una razón convincente para la gestación de este proyecto. Si el fin de este ying-yang es la composición en común de “Látex” me parece un objetivo bastante pobre la verdad. Si, en cambio, es el poder cantar temas del otro como los ejemplos que cierran ambos volúmenes, es una escasa aportación. Escuchando cómo Bunbury maltrata “Días extraños”, habría que decir que afortunadamente. En cambio, Nacho eleva a las alturas “El rumbo de tus sueños” y detalles como ese son los que salvan al disco y lo hacen disfrutable. El producto está aquí. De cada uno depende lo que hagamos con él. Y ya sé que se me ha notado mucho mi inclinación pero nunca he pretendido ocultarlo, porque yo también, entre el dolor y la nada elijo el dolor.

lunes, 10 de enero de 2011

supertrax #29: el hombre-ángel



Resulta emotivo para mí rememorar la sensación que viví cuando asistí al estreno de Carretera perdida (David Lynch, 97). Por la facilidad en la que me perdí entre sus pliegues y me hundí en ese sueño malsano que nos proponía el genio norteamericano. Y entre toda la marea de negrura el momento que recuerdo con más claridad es la entrada de este "I'm Deranged" escrito a dos manos entre David Bowie y Brian Eno e interpretado por el primero. Aparece con los títulos de crédito para quedarse en tu mente para siempre. Música cinemática, ambiente de seda fría y voz aterciopelada, cálida en claro contraste con toda la gelidez que la rodea. Un asedio tremebundo pero terriblemente evocador.

viernes, 7 de enero de 2011

perVERSIONES #14: vigilando hasta la eternidad



"All Along the Watchtower" de Bob Dylan (67). Uno de esos temas a los que toda banda que se precie se enfrenta tarde o temprano. Es sencillita, es efectiva y se presta a hacerle lo que se quiera. Bien lo supo un Jimi Hendrix (arriba) en estado de gracia que tuvo la osadía de robarle la canción al bardo de Minnesota en su Electric Ladyland (68). La hizo absolutamente suya electrificando una poesía indómita que en su boca y sus manos se convertiría en uno de esos momentos imprescindibles de la historia del rock.

Y ya que estamos, mencionaremos también a otro coloso en esto de las seis cuerdas. Neil Young hizo lo propio y retomó el tema donde lo había dejado Hendrix en una versión incluida en su disco en directo, Road Rock (2000), para aplicarle su personalidad y entregar otro documento vibrante en este continuo histórico. El testigo está ahí. A ver quién se atreve a recogerlo.

martes, 4 de enero de 2011

momentazo #35: el toro en la bruma

Weird Nightmare: Meditations on Mingus (VV. AA., 1992).

Curiosa y magnética celebración de Charles Mingus. O más bien del fantasma de Charles Mingus. Este espectro es el que sobrevuela esta heterodoxa reinterpretación de sus temas que en más de una ocasión se ciñe simplemente a la atmósfera nebulosa de la portada y del jazz de este titán de la música norteamericana. Lo que más me llamó del disco, aparte de que lo firmara un instigador del gusto de Hal Willner, fue el impresionante elenco de guitarristas que colaboran en él. No todos vienen del jazz y eso sin duda sumaba enteros para mi gusto. Marc Ribot, Gary Lucas, Robert Quine, Vernon Reid o Keith Richards podrán ser discutidos en muchas cosas pero nunca en su personalidad. Si los unimos a una banda extraordinaria dirigida por Greg Cohen y Bill Frisell y les añadimos las colaboraciones estelares de gente como Chuck D (Public Enemy), Diamanda Galás, Elvis Costello o Henry Rollins al micro, podemos confiar en que aquí va a haber grandeza.


Y la hay, efectivamente. Este ambicioso proyecto resulta exitoso por abordar el canon oficial de Mingus de una forma poco canónica, por saber utilizar unas composiciones grandiosas en beneficio del arte libérrimo que siempre predicó el contrabajista. Hal Willner reunió un ejército impecable que supo hacer gotear su personalidad para alterar una música que se muestra viva, cambiante y en continua expansión. Las piezas en el disco parecen fluir sin esfuerzo. Esto es sencillamente el mejor homenaje posible para un músico genial. Un regalo y un complemento a su discografía abultada y esencial. Ya lo decía el propio Mingus:

“Creativity is more than just being different. Anybody can play weird; that's easy. What's hard is to be as simple as Bach. Making the simple, awesomely simple, that's creativity.”

lunes, 3 de enero de 2011

perVERSIONES #13: el acorde secreto

Me siento generoso. No puede haber otra explicación ante el tesoro que ofrezco. Ya sé que esto debe ser conocido por la mayor parte de la humanidad (no es nada oculto precisamente), pero eso no me impide hablar de una de las piezas más cautivadoras de la historia de la música. Y lo hago de rodillas.


Se trata del "Hallelujah" del genial Leonard Cohen. La canción ha sufrido los ataques de los versioneadores en cantidades industriales. Simplemente mencionaré tres momentos a tener en cuenta. No digo que sean los mejores, pero sin duda sí que están entre ellos.

El primero es de 1991 para un álbum tributo al canadiense y el que se atreve es John Cale con la simple ayuda de un piano. Resultado recoleto y cálido.

Posteriormente, en 1995, Jeff Buckley osó hacer la canción suya en una interpretación inflamada y solemne que ha quedado como una de las mejores versiones que recuerdo de ningún tema. Es sencillamente sobrecogedora.

Y por último mencionaremos el acercamiento de Rufus Wainwright que podemos encontrar en la BSO de Shrek (sí, no es un error). Cogiendo la idea de Cale, también acompaña sus octavas superdotadas de un piano para un resultado igualmente embriagador que homenajea a partes iguales a su adorado Buckley y al maestro Cohen en un ejercicio de justicia histórica y amor ilimitado.

De nada.

supertrax #28: ¿por qué no puedo f#XX@r?



No quiero dejar de pararme en este temazo acojonante que es "Add It Up" de los Violent Femmes. Incluido en su obra maestra del 82, es toda una explosión de adrenalina controlada a ritmo automovilístico. Una canción visceral y artera que está además preñada de ese humor extraño que siempre ha emparentado el grupo con Jonathan Richman y otras luminarias del rock alternativo norteamericano. Picante plat du jour.