lunes, 28 de febrero de 2011

momentazo #39: noise rock de combustión lenta



Dirty ****
(Sonic Youth, 92). Esto se suponía que iba a ser la reconversión definitiva de Sonic Youth en nuevos profetas del grunge. Resulta curioso que una banda que sirvió de inspiración para muchas de las bandas adscritas (voluntariamente o no) a esa corriente de los primeros noventa fuera a "rebajarse" a viajar en el furgón de cola de ese tren. Siempre han admitido su devoción por Nirvana y han sacado un split con Mudhoney, vale, pero es que ¡ellos eran Sonic Youth! No se trataba de unos mindundis cualquiera, sino la banda que había puesto patas el arriba el rock en los 80. Y eso se tenía que notar.

En esta zambullida de cabeza en el rock no percibo intereses económicos. Este grupo no paraba de reinventarse, de innovar, de buscar ese otro ángulo desde donde exprimir el ruido. Y este disco es un experimento hacia el rock & roll intenso, que no convencional. Un rock de cara amable y corazón duro. Un rock de rompe y rasga con las guitarras exprimidas con furia y la batería sonando como nunca. Y quizás un disco con poca unidad y mucha dispersión. No puedo explicar los motivos, pero no me suena a álbum cohesionado sino a colección dispersa. Lo que pasa es que el repertorio apabulla. No se me ocurre ninguna obra de los neoyorquinos que presente credenciales tan impresionantes. Temazo tras temazo arman uno de sus momentos más inspirados e irrepetibles. Y eso no hay forma de vilipendiarlo…

supertrax #38: country + rock = pop eterno



"Looking Out My Back Door" (Creedence Clearwater Revival, 70) es la grandeza del silbido hecho canción. No hay silbidos en la canción y sin embargo es lo que te pide. Silbar el riff principal, los adornos de la eléctrica de ese genio superdotado que es John Fogerty, silbar mientras te envuelves con esa voz rugosa y cálida a la vez. El sonido de un negro encerrado en el cuerpo de un blanco que lucha por salir en cada canción, en cada acorde, en cada fraseo. Es solo un ejemplo del caudal inmenso de la banda sureña. Sencilla y extática.

jueves, 24 de febrero de 2011

trick or trick? #18: hogar insulso hogar



Dream of Life **1/2 (Patti Smith, 88). Nueve años tardó la Smith en volver tras la edición de su magnífico cuarteto discográfico inicial. Nueve años en los que tuvo tiempo para ser madre, conocer el amor eterno y dedicarse a una vida doméstica que, como suele suceder, limó sus aspiraciones artísticas y castró su incontinencia poética y eléctrica. O eso es lo que deduzco con este blandito Dream of Life.

Habría que señalar dos cosas (y solo dos) en este disco. La primera, "People Have the Power". La segunda viene unos 30 minutos después y es la nana celestial, "The Jackson Song". En medio, el más descorazonador desierto que podría ofrecer el genio (antes) indómito de esta artistaza. "Up There Down There" es una guerra de guitarras que pelean inútilemente por alcanzar el nirvana. "Paths That Cross" puede entrar en según qué días pero la verdad es que es melosa hasta decir basta. "Dream of Life" es un corazón de álbum que no llega ni a cara B de single. "Where Duty Calls" naufraga entre teclados épicos pseudoarábigos. Lo mejor del tema es que ya anuncia futuros disparos de crítica sociopolítica u homenaje que a través de un minutaje extenso explosionan en torrentes de poesía intensa y caliente. No es el caso de este pero sí lo sería de las futuras "About a Boy", "Gung Ho", "Strange Messengers" o "Radio Baghdad". "Going Under" casi nos engaña con una sencillez que se transforma en simpleza. "Looking For You" en cambio deja un buen sabor de boca con sus intenciones de pop inflamado muy en la línea del himno que abre el disco. Menos mal que cierra con la maravillosa nana dedicada a su hijo de la que hemos hablado antes. Y menos mal que el disco abre con un trallazo como "People Have the Power". Sin duda dos de los momentos clave de su canon.

Aún así, esto último no es suficiente para salvar a un disco en el que falla la producción y las canciones. Un disco que nos muestra a una Smith desentrenada y perdida. Como si después de estos nueve años se hubiera olvidado de rockear. La llama no pudo avivarse con este disco y eso significó volver al ostracismo y a sus labores. Habría que esperar ocho años más para volver a saber de Patti discográfricamente hablando. Claro que eso es otra historia. En estos momentos quedaba seriamente tocada. Sin embargo hay algo en la belleza simplona de esta obra que ya nos avisa de que para nada estaba hundida. Y lo iba a demostrar.

lunes, 21 de febrero de 2011

supertrax #37: cazador blanco...



"Rock 'n' Roll Nigger" (Patti Smith, 1978). El himno underground para los desheredados. El ungüento sanador para los leprosos de una sociedad hambrienta e insaciable. Patti nos lo recuerda a ritmo de rock visceral y sin concesiones: "Jimi Hendrix fue un negrata, Jesucristo y la abuela también. Jackson Pollock fue un negrata. ¡Negrata, negrata, negrata...!". La identificación extrema con una palabra que como la artista señala en las notas interiores de Easter (78) "no fue inventada para un color sino que fue hecha para la plaga". Nos toca a nosotros redefinirla para englobar a todos esos "mutantes y recién nacidos sin pestañas". Sea lo que sea todo esto... Quiero estar de su lado.

domingo, 20 de febrero de 2011

tótem #47: caballos, caballos, caballos...


Título: Horses
Artista: Patti Smith
Año: 1975
Productor: John Cale
Sello: Arista

A1 Gloria 5:54
- In Excelsis Deo
- Gloria (Version)
A2 Redondo Beach 3:24
A3 Birdland 9:16
A4 Free Money 3:47

B1 Kimberly 4:26

B2 Break It Up 4:05
B3 Land 9:36
- Horses
- Land of a Thousand Dances
- La Mer (De)
B4 Elegie 2:42

¿Cómo venzo el pavor de la página en blanco mientras me enfrento a la osadía de glosar las glorias de un monumento como Horses? Sencillamente no se puede porque ni siquiera cuando acabe voy a sentir que he hecho justicia a una obra casi sobrehumana. Y aún así me tiro al barro y con un "que sea lo que dios quiera" confío al menos en aliviar el ardor que me recorre en estos momentos. Un ardor que se repite con cada escucha de un disco irrepetible. Un disco que derrocha insolencia. Desde esa portada en la que la Smith se enfrenta con su mirada, con su porte andrógino a un mundo hecho, legislado y dominado por hombres. Porque si el mundo pertenece al macho, en el rock mucho más. No es baladí por tanto el afirmar que Horses abrió más de una grieta en un status quo helado y preservado así desde tiempo inmemorial.

Muchas veces se ha llamado a Patti Smith, "la sacerdotisa del punk", y este disco es el principal culpable de ello. Desde el mismo comienzo con esa versión de "Gloria" memorable y esas palabras "jesus died for somebody's sins but not mine" la liturgia comienza con un pie en el asfalto y un dedo en las estrellas. Y lo mejor es que eso es solo el comienzo de una obra variada y preñada de palabras irrefrenables, sabias, excelsas. "Redondo Beach" nos sacude con su sol negro y su historia de suicidios a la orilla del mar a ritmo de reggae. "Birdland" se hincha y se eleva entre versos escapistas y voladores. Nueve minutos y pico de rock libre y atmosférico que no llega a explosionar. Te deja al borde del éxtasis que acaba de materializar el rock and roll al galope de "Free Money". "Kimberly" ofrece una melodía liviana pero llena de poesía como su letra. "Break It Up" destella por la guitarra de Tom Verlaine (Television), un detalle que la levanta del suelo y la arrima a la eternidad. Aún así, solo es un pórtico vistoso que da entrada a la maravillosa y catártica cima del disco. "Land" es una suite de otros nueve minutos en la que se nos desgrana la historia de la violación de Johnny. Lo escabroso se nos muestra a través de los ojos de una persona traumatizada, un herido que busca protección en un viaje por el subconsciente para intentar escapar. Al final solo puede hacerlo con la ayuda de un cuchillo. No piensen que esto nos lo cuenta la Smith de una manera directa. No, la historia se deduce después de una lectura atenta y analítica de una letra llena de caballos, escaleras y mariposas y en la que se entrelaza de manera casi obscena la superficialidad de "Land of a Thousand Dances" (Chris Kenner). Sí, parece que Patti nos quería mostrar una forma diferente de "hacer el watusi". Después de tanta electricidad llega el final, un remanso que sirve para aliviar los últimos coletazos de tensión. "Elegie" se erige en el perfecto panegírico para Johnny, para el disco y para todos los que quedaron en el camino.

Horses es un disco irrepetible porque hoy no se dan las circunstancias para ello. Bueno, por eso y porque encontrar hoy en día alguien con el talento de la Patti Smith del 75 es una utopía. El disco surgió como respuesta a un momento histórico turbio en el que los cambios sociales se empezaban a reclamar. La cultura para las élites iba a sufrir un puñetazo con el surgimiento del punk. Y de esto último tuvo mucha culpa una mujer que se metió donde nadie la llamaba. Una mujer armada con los salivazos malditos de Rimbaud, la actitud emprendedora y bohemia del Bob Dylan eléctrico, el ritmo entrecortado de los mejores Stones y el aura mítica de Jim Morrison. Una mujer que nos mira desde la portada, con esa foto increíble de Robert Mapplethorpe, con esa insolencia de la que hablábamos. Con la insolencia del que sabe que lo tiene y quiere entregarlo. Y así lleva casi cuatro décadas. Derrochando amor.

Curiosidades

- Que esto era algo más que el escupitajo directo del punk queda claro con el abanico de influencias que maneja la Smith. Desde Arthur Rimbaud hasta el psicoanalista austriaco Wilhelm Reich (protagonista de "Birdland" a través de los ojos de su hijo), todos tienen cabida en el disco.

- Aparte del trabajo sudoroso y primitivo de la Patti Smith Band el disco también se beneficia de la participación de Tom Verlaine (Television) y Allen Lanier (Blue Oÿster Cult) en las guitarras de algunos temas. Sin olvidar la producción cruda y directa de John Cale. Sin duda, como se vería en momentos posteriores, la conjunción de astros creó este momento irrepetible.

viernes, 18 de febrero de 2011

supertrax #36: angelico, angelico... búscame un sitico



Curtis Lee & the Halos interpretan "Pretty Little Angel Eyes", un temazo de doo-wop desbocado donde la fotogenia del cantante se asimila a la de la música. Pop que celebra y eleva el fenómeno one-hit-wonder a la categoría de mito. Poco más se supo de este grupo consumido de fiebre pop en una conflagración de voces inimitable, redonda. La sabiduría de lo natural.

martes, 15 de febrero de 2011

tótem #46: de cabeza al vacío

Título: No New York
Artista: Varios
Año: 1978
Productor: Brian Eno
Sello: Antilles

1. Dish It Out - Contortions
2. Flip Your Face - Contortions
3. Jaded - Contortions
4. I Can't Stand Myself - Contortions
5. Burning Rubber - Teenage Jesus & The Jerks
6. Closet - Teenage Jesus & The Jerks
7. Red Alert - Teenage Jesus & The Jerks
8. I Woke Up Dreaming - Teenage Jesus & The Jerks
9. Helen Forsdale - Mars
10. Hairwaves - Mars
11. Tunnel - Mars
12. Puerto Rican Ghost - Mars
13. Egomaniacs Kiss - DNA
14. Lionel - DNA
15. Not Moving - DNA
16. Size - DNA

La no wave fue un movimiento tan breve como intenso, una suerte de ave fénix devorada en su propio fuego que no podía resurgir de sus cenizas. Así era de virulenta la conflagración que invocaban este puñado de bandas que han sido auténticos padres para el rock de vanguardia y el noise que reventaría en los 80 con bandas como, sí lo voy a decir, Sonic Youth. Este recopilatorio seminal marcó una época. De eso hay poca duda. Las mismas que tuvo un Brian Eno en estado de gracia para fijarse en estas cuatro bandas. Los terroristas sonoros que las forman se cuentan entre lo más granado de la escoria que poblaba los clubs neoyorquinos a finales de los 70.

Y a pesar de estar frente a un disco que documenta la partida de nacimiento y el acta de defunción de un género, tampoco se puede decir que las bandas tengan más en común que ese acercamiento entre inocente, desprejuiciado y amateur a una música extrema por actitud y ganas de que sea así. Aquí hay poco o nada que entender o digerir. No está pensado para eso. Esto puede verse como un vómito expresivo o como un alarido catártico. Un festín de ruido y rítmica primitiva, de saxos enfurecidos y guitarras guillotinadas o apuñaladas en medio del grito. Un disco extremo. Deliciosamente extremo.

Abren fuego los Contortions con James Chance al mando. Su saxo y sus gritos aventan una suerte de jazz-funk sanguinario con cima en la repetición de perlas como "Dish It Out" o esa versión imposible del "I Can't Stand Myself" de James Brown. Les siguen esos Teenage Jesus & the Jerks que arrastran la poesía suicida de su sacerdotisa, Lydia Lunch, por el barro eléctrico. La métrica angulosa de estos enlaza a la perfección con los siempre interesantes Mars. Aquí es donde Sonic Youth pueden haber picoteado más. "Helen Forsdale" ya muestra uno de esos riffs fantasmales que tanto explorarían los de Thurston Moore. Y para acabar, el que puede ser el grupo más original del lote. Los DNA de Arto Lindsay. Poco se puede rastrear de la postrera afición por la música brasileña del guitarrista de Virginia. Aquí, este mago de las seis cuerdas se entrega a la pasión del rock extremo con una banda formada por guitarra, teclado y batería. Quizás estemos ante lo más interesante de un lote que brilla por una intensidad y una entrega agónicas. Muy pocas veces nos encontramos con una demostración tan sincera y tan avasalladora. Muy pocas veces podemos usar con tanta enjundia una palabra que esta vez puede caer con todo su peso sin miedo a exagerar. Brutal.

Curiosidades

- Brian Eno fue el agitador que impulsó el proyecto al producir a unas bandas que la habían impresionado tras presenciar sus "habilidades" en el festival New York, New York celebrado en dicha urbe.

- Curiosamente (o no) los grupos participantes no tuvieron una carrera larga. Publicaron muy poco, limitándose en muchos casos a un puñado de singles o EPs. Actualmente se están editando recopilatorios con "las obras completas de...". En el caso de Teenage Jesus & the Jerks su "integral" se extiende hasta la friolera de... 18 minutos. Escaso, breve, salvaje y atonal. ¿Se puede pedir más? Y todavía hay gente que se atreve a llamar malditos a cualquiera.

domingo, 13 de febrero de 2011

supertrax #35: bonny ya no vive en casa

En 1985 Prefab Sprout se sacaron un discazo que es todo un clásico. Steve McQueen contenía un puñado de temazos que eran pura seda. Y entre ellos destaca el segundo corte, una melodía aterciopelada que acaricia y calienta como el mejor soul-pop que se haya hecho jamás. "Bonny" nos transporta con su melancolía pegajosa. Un adhesivo tan sabroso como la miel y nada empalagoso merced a esas espinas auténticas de una letra memorable.

lunes, 7 de febrero de 2011

supertrax #34: el ladrón del fuego



"Thief of Fire" (The Pop Group, 79) es la apertura inmisericorde del no menos cruel Y. Un festín rítmico que apela a los bajos instintos, a lo más primitivo del ser humano. Salvajes de alguna tribu remota dedicados a la celebración sangrienta con sacrificios rituales y danzas paganas. Sangre fresca.

gigantes #10: cronista en negro

Luis García Berlanga nos dejó el 13 de noviembre de 2010 y con él desapareció una forma de hacer cine, una mirada personal, crítica y humana. No va a ser fácil ocupar el hueco de un autor que vivió de eludir a la censura franquista primero y a la comodidad democrática después. Berlanga siempre será recordado como un inconformista y un retratista de primer orden. Un pintor de imágenes que nos enseña la mugre de una sociedad que siempre es mucho menos de lo que dice ser.

El cineasta valenciano nacido en 1921 conoció bien todo aquello que se dispuso a contar. Estudió con los jesuitas, y como hijo de familia burguesa, estuvo un tiempo internado en un colegio suizo. Destaca el momento en el que se enroló en la División Azul. El motivo fue el paliar la situación de su padre, en la cárcel por pertenecer al Frente Popular. Rica contradicción que saca a relucir su humanidad por encima de un idealismo que nunca pareció ser su plato del día.

Desde 1951 con Esa pareja feliz nos ha regalado una colección de películas antológica. Un auténtico muestrario de personajes que ya forman parte de nuestra vida. Los jueves milagro, La escopeta nacional, Calabuch, Novio a la vista, La vaquilla... Todas y cada una, perlas de un rosario que nos ha sido entregado con el amor del que no se guarda nada. Porque todo lo da.

3 básicos


Bienvenido Mr. Marshall
(1953) *****

En plena reconstrucción europea tras la segunda guerra mundial, la visita de un tal Mr. Marshall a un pueblecito del interior de nuestro querido país sirve como revulsivo y acicate para soñar con un futuro mejor. Ese ha sido siempre el carácter del español. Siempre ha sido mejor confiar en la suerte, en el giro del destino para sacarnos de nuestros problemas que hacerlo en el trabajo y la superación. Ahí está la Lotería Nacional para refrendarlo. Por supuesto el final del cuento no es el que se esperaba. Deliciosa.

Plácido (1961) *****

Caótica y negrísima crónica de una sociedad podrida de puritanismo y apariencia. Tan borracha de sí misma que ha olvidado los últimos restos de humanidad. El prójimo no significa nada si no sirve para enaltecer una imagen propia que es tan espectacular como hueca. Grandísimo retrato de amargura infinita.

El verdugo (1963) *****

Mi favorita. Humor negro y hondo. ¿El fin siempre justifica los medios? Está claro que el mundo nos arrastra a creer que sí, aunque no queramos.





viernes, 4 de febrero de 2011

supertrax #33: ... the kid is not my son



"Billie Jean" (Michael Jackson, 1982). ¿Oda a la femme fatale o canto de negación ante una reclamación de paternidad? Ambas cosas podrían ajustarse al ritmo de bajo certero y eterno que vertebra una canción que está hecha de pura ambrosía. Los teclados, la voz de terciopelo y ab-so-lu-ta-men-te todo lo que hace la guitarra constituyen un clásico que no por toqueteado pierde una milésima de su rotundidad. UN HITO, que nadie lo dude.

martes, 1 de febrero de 2011

momentazo #38: the master revisited


I'm Not There ***1/2 (VV. AA, 2007), banda sonora de la película del mismo nombre. Las sospechas que a priori pudiera provocar una obra de este tipo se desvanecen pronto. No hay más que atender durante su escucha para darse cuenta de la magnificencia de la empresa. O tal vez sea mejor no prestar mucha atención y dejar que las versiones se cuelen por nuestras orejas y nos hagan sonreír ante el reencuentro con el maestro. La prueba irrefutable de que estas canciones lo pueden soportar todo. Por eso son tan buenas. La excelencia de los resultados no es más que un punto más en la abultada lista del de Duluth. Bueno, también dice algo de los ejecutores. Algo muy bueno. Claro que si detrás del proyecto nos encontramos a Lee Ranaldo, la cosa ya pinta bien.

No sé muy bien por donde empezar a la hora de categorizar este doble compacto. Por extensión y variedad se hace difícil afrontarlo. Y delicioso, eso es verdad. Supongo que habría que ser justo y nombrar los momentos más destacados. Difícil empresa, pero no me resisto a señalar el trabajo superlativo de los Million Dollar Bashers, banda de ensueño formada para la ocasión por Ranaldo y que une a Nels Cline, guitarrista cuasi-divino de Wilco, y el batería de Sonic Youth, Steve Shelley entre muchos otros. El resultado se me antoja perfecto en la recreación del paso a la electricidad de Dylan. No por mímesis fría, sino por trasladar el espíritu del momento a un sonido que se nos presenta fresco y añejo a la vez. El conjunto hace de las suyas acompañando a Eddie Vedder, Stephen Malkmus y Karen O, y todos firman algunos de los mejores momentos del álbum. También habría que destacar las incursiones de Sonic Youth (calma amenazante), Cat Power (clase sin despegarse demasiado), un Roger McGuinn que con Calexico se lleva "One More Cup of Coffee" a la frontera mexicana, Los Lobos (fiesta en El Paso), Mark Lanegan (el señor oscuro), The Black Keys (crudos y serios), Jim James con Calexico (funeral con trompetas de otro mundo), o las supremas incursiones dobles de Yo La Tengo (nana temblorosa por un lado y verbena rock con sabor a los Stones por otro) y John Doe (predicador soberano y brutal).

Parece que no me he olvidado de nadie. Seguramente, sí. Soy así de injusto. Pero de ese que estás pensando no me he olvidado. He preferido hacerle un hueco aparte. Se lo merece. Me refiero a Antony & the Johnsons que como nos tiene acostumbrados en estos casos, no solo responde, sino que impone. No podía haber elegido otra mejor. Si "Knockin' on Heaven's Door" tenía que ser de alguien que no fuera el maestro, Antony deja claro que le pertenece en herencia. Eso se llama emoción… El mejor cierre para dar paso al propio Dylan en una poco conocida "I'm not There". Como si dijera, ya os he escuchado a todos, y no estáis mal, pero dejadme a mí, a ver si aprendéis algo… Magnífico trabajo, señores.