lunes, 28 de marzo de 2011

momentazo #43: directos al corazón del sol

A Saucerful of Secrets (Pink Floyd, 1968)

Rock espacial, lisergia comunal que celebra un "nuevo rumbo" mientras se juguetea con los restos que Syd Barrett olvidó en algún rincón. Este es el disco de una transición diabólica con lengua de serpiente incluida. No hace falta haber estado allí. Los sonidos y las letras cantan por sí solos. Y hablan de traición, desorientación y grilletes. Nos cuentan la historia de una liberación o un puñado de ellas. Syd Barrett no podía seguir. No quería y no lo querían. Su libertad cuajó en un par de discos maestros y la libertad de los otros cuatro (los 3 originales + el ínclito David Gilmour) significó un viraje de 180º que acabaría convirtiendo a los magos ácidos en una orquesta sinfónica. Quedaban buenos momentos por delante, no hay duda, pero la exuberancia primitiva, el candor catártico, quedaban enterrados para siempre. Bajo una lápida con la letra de "Jugband Blues", el último soplo de Barrett.

"It's awfully considerate of you to think of me here
And I'm much obliged to you for making it clear
That I'm not here.

And I never knew the moon could be so big
And I never knew the room could be so blue
And I'm grateful that you threw away my old shoes
And brought me here instead dressed in red
And I'm wondering who could be writing this song."

¿Traidores o traicionados? Se preguntan los viajeros mientras miran el abismo ante ellos…

domingo, 27 de marzo de 2011

momentazo #43: vamos a lo oscuro...



The Dark Side of the Moon  (Pink Floyd, 1973)

No comparto la teoría tan extendida de que esta es la obra maestra de Pink Floyd. Tampoco me coloco en el extremo opuesto. No, no es un mal disco. ¡Qué poca loa para tamaño monumento!, dirán muchos. Y es que no soy muy fan del rock sinfónico, esa es la verdad. Lo que no quita que aprecie los hallazgos sonoros de este grupo que, con sus luces y sombras, han ofrecido cimas de experimentación en estudio y un puñado de melodías para la posteridad.

El disco, más que por sus letras, suena conceptual. Otro motivo para la sospecha si no fuera por la solidez de su fluir que hace imposible no acabárselo cada vez que se pincha. Además a veces pienso que suena tan tranquilo que aburre, aunque a decir verdad tampoco hay que ser injusto. Lo cierto es que de alguna manera va aumentando en intensidad de forma gradual hasta estallar en los coros soul de "Great Gig in the Sky" y en el solo de guitarra de "Money". Eso sí que me gusta. Lo que no está directamente emparentado con los fastos huecos que Dave Gilmour se apresuró a incorporar al sonido de la banda una vez que se deshizo de Syd Barrett. Y es que, si en los primeros discos sin el geniecillo lisérgico parecían no atreverse a dejar totalmente de lado los postulados con los que se inició el grupo, en esta obra de sonido y magnetismo faraónicos se quitan la careta y ofrecen una muestra más que evidente de lo que iba a ser Pink Floyd en su estado más sinfónico y tremendista. Sí, el título no engañaba.

El disco significaba la culminación de un viaje cuyo origen podíamos situar en el libro infantil "The Wind in the Willows" (Kenneth Grahame, 1908) y con destino en "2001: A Space Odissey" (Stanley Kubrick, 1968). O eso les gustaría a ellos, porque apelar a la hondura filosófica de la obra de Kubrick me parece demasiado con un grupo que se perdió en sus ínfulas y que no supo apreciar la ironía, la perversidad y el gusto exquisito de la locura de Syd Barrett. Lo que hace más sorprendente y arrebatador esta lección de gospel espacial en toda regla.

En conclusión, con todas sus luces y sombras, el álbum no puede llenar el título. Un título tan evocador y afortunado que duele que se aplique a esta obra. Y precisamente por todo esto no puedo hundirlo en el olvido de los errores discográficos. Hay demasiados de este tipo por ahí que hacen que se puedan apreciar los vapores de autenticidad que emanan de una obra que, para bien o para mal, va a sobrevivirnos. Y eso vale mucho.



viernes, 25 de marzo de 2011

gigantes #12: saboreando cada sandwich

Warren Zevon (1947-2003) es un autor descomunal dentro del olimpo norteamericano. Comparte trazas de genio con los mejores. Un poco de la acidez de Randy Newman, un pellizquito de la profundidad de Bob Dylan y un puñadito de la pasión social de Bruce Springsteen. De algunos ha bebido a tragos largos y a muchos más ha regado con su torrente benefactor y creativo.

El humor, la política, la historia y el sarcasmo han sido sus materias primas favoritas para construir unas canciones que se alimentaban de rock, folk, pop y funk blanco en un collage interminable hecho con trocitos de esa Norteamérica que todos creemos conocer. Con gente de este calibre solo podemos darnos cuenta que no tenemos ni idea y que todo concepto preconcebido no puede ser más que un prejuicio vano.

Zevon persiguió la carrera artística desde bien "guacho" y con solo 16 años marchó de L. A. a Nueva York. Quería convertirse en cantante folk aunque pronto sería seducido por otras sonoridades. Se estrenó discográficamente en 1975 pero no sería hasta su tercer trabajo (Excitable Boy, 1978) cuando conseguiría un impacto serio en público y crítica. Tuvo que superar varias crisis con abandonos y retornos que dibujan una trayectoria guadianesca. Así, después de 14 álbumes oficiales (sin contar recopilatorios) y muchas vicisitudes le fue diagnosticado un cáncer inoperable. Renunciando a un tratamiento que él pensaba que iba a incapacitarle, se embarcó en la grabación de su último disco (The Wind, 2003), un ejercicio de honestidad personal y emoción sincera e inmarchitable. Dos semanas después de su edición nos dejó. Una injusticia. Siempre lo es. Ni los más grandes se libran de ella.

3 discos

Excitable Boy (78) ****
Su primer impacto importante se mantiene como uno de los hitos de su carrera. Música norteamericana que eleva el concepto de canción a arte. Popular, eso sí, pero para nada simplista. "Excitable Boy", "Werewolves of London", "Roland the Headless Thompson Gunner"o "Lawyers, Guns & Money" se erigieron en clásicos desde un primer momento. Aún hoy refulgen con fuerza entre las joyas de su repertorio.

Una copla: "Excitable Boy"

Sentimental Hygiene (87) ***1/2
Producción ochentera que no puede tapar la fuerza de unas canciones vibrantes. Todavía me cuesta escapar del impacto oscuro de "Boom Boom Mancini", boxeadores muertos y boxeadores asesinos. Y el público... ¿sediento de sangre? Solo un ejemplo de la potencia de un disco con grandes guitarras y acompañamiento en general. Claro, la banda de apoyo eran unos tales Hindu Love Gods. Si se rascaba se comprobaba que era un nombre para la ocasión que tomaron los chicos de R.E.M. (salvo Michael Stipe que solo hace coros en algún tema). Así no me extraña que ni siquiera el "disco-hit" caduco que cierra el disco pueda destrozarlo.

Una copla: "Boom Boom Mancini"

The Wind (03) ***1/2
Consciente de su caducidad se sumerge en el acto creativo para regalar su disco más intenso y conmovedor. Y no lo hace a través del lagrimeo fácil. Este disco puede ser muchas cosas excepto melodramático. Warren Zevon se enfrenta a su testamento con rock vigoroso ("Disorder in the House", electricidad pendenciera) y canción sentida. También hay sabor a despedida ("Knockin' On Heaven's Door", "She's Too Good For Me", "El Amor de mi Vida", "Please Stay" o "Keep Me in Your Heart"). Pero incluso en esos momentos apuesta por el enfrentamiento valiente en lugar de la rendición. Un disco en el que suelta un "estoy preparado" que, por lo difícil que debe ser, hiela la sangre. GOOSEBUMPS, lo llaman ellos.

Una copla: "Keep Me in Your Heart"

La mejor canción

"Roland the Headless Thompson Gunner". Fríamente, no es mi favorita, aunque he de reconocer que representa a la perfección lo que Zevon trató de ofrecer durante toda su carrera. Exposición histórica y crítica social ocultas por un humor negro, macabro y ácido. Todo ello se baña en una pátina de folk amable y sale una canción de apariencia brillante y corazón oscuro. Una joya que podemos disfrutar en este video, el de su última aparición en el programa de David Letterman. Era octubre de 2002 y ahí ya conocía el alcance de su enfermedad.

jueves, 24 de marzo de 2011

supertrax #42: un chico nervioso, dicen...



Se echa la comida encima en una fiesta, muerde la pierna de la acomodadora del cine, viola y asesina a Little Suzie, pero que nadie se preocupe, es que... es un chico nervioso. Esta es la historia jocosa, macabra y ácida que nos desgrana Warren Zevon en "Excitable Boy" (78), canción que titula su tercer disco. Una "delicia" narrada a ritmo galopante de rock al piano y euforia desbordada e... ¿injustificada? Disfruten esta toma en directo volcánica e impagable.

¡Ah! al final, este chico inquieto desentierra a la asesinada para hacerse una jaula con sus huesos. ¿No es adorable?

domingo, 20 de marzo de 2011

supertrax #41: errores para no olvidar



Sufjan Stevens, el nuevo "niño" prodigio de eso que se ha dado en llamar canción de autor. Pop y americana confluyen en este himno instantáneo dedicado a la ciudad del viento. "Chicago" refulge con luz propia en el lujoso Illinoise (05) del músico de Detroit. Y refulge entre lo más granado de una década que ya hemos dejado atrás.

sábado, 19 de marzo de 2011

momentazo #42: tenerte a mi lado...



La zona sucia ***1/2 (Nacho Vegas, 2011)

Que a Nacho Vegas le va perder no es nuevo para nadie. Que se crece ante las dificultades, tampoco. Pues en 2011 sale desde esa zona sucia en la que tiene que adelantar a un buen puñado de coches mejor clasificados en la parrilla de salida. Sin ir más lejos, a cuatro discos anteriores como cuatro soles. Y hay otra dificultad añadida. El sabor de boca que dejó el anterior era cuando menos agridulce. Seguía contando con momentos memorables pero el conjunto podía considerarse lo más flojo del asturiano. Vamos, que este disco de 2011 se iba a mirar con lupa por parte de su sector más crítico. Y las noticias son buenas. No hay que esperar muchas vueltas para que esta obra se coloque en un lugar de privilegio. Las canciones suenan naturales, sencillas y están arregladas con el mimo habitual. Además, encontramos pocas cosas chirriantes en un disco triste, porque canta a la ruptura y a un pasado que fue feliz, y pausado porque no tiene picos de intensidad eléctrica que otros poseen (excepción: la algo Bad Seeds, "El mercado de Sonora").

Puede que haya quien le quiera achacar cierta repetición en temáticas, sonidos y melodías. Yo a eso, en casos como este, lo llamo estilo propio. Queda claro que Nacho lo tiene y es algo que no ha surgido del azar. Es algo claramente trabajado y requetepensado. No, estas canciones no son fruto del azar. Esto tiene horas detrás. Y eso, por encima del fogonazo de inspiración instantánea, tiene mucho valor. El del artista que sabe que para vivir de esto hay que trabajar duro. O eso me parece a mí. Lo que parece claro es que temazos como "Cuando te canses de mí", "La gran broma final" o "Lo que comen las brujas" tienen la personalidad necesaria y el encanto natural para codearse con lo mejor de su discografía. Los que la conocemos bien sabemos que no es decir poco. Estos serían los tres temas que para mí sobresalen claramente del resto. Picos de emoción grandiosos que dejan las delicias del resto un poco más abajo.

Atención especial merecen los coros infantiles. Me encantan y están colocados con gusto y sabiduría. Son lo que más llama la atención de un disco repleto de acordeones y pianos pero también de guitarras acústicas. La historia se repite, pero ¿podíamos esperar algo diferente del señor Vegas? Ni podemos, ni debemos… Y si me apuran, tampoco queremos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

tótem #48: luces en el garaje

Seminal. Fundacional. Increíble. Es casi imposible exagerar el valor de esta caja recopilatoria repleta de joyas rarísimas de una incipiente psicodelia que a mediados de los 60 no dejaba de ser una excentricidad. La importancia de la compilación realizada por Jac Holzman y Lenny Kaye radica en su carácter investigador. El hecho de que se componga de grupos desconocidos en su mayoría de un movimiento ya de por sí marginal, no hace más que aumentar su cotización. Estos Nuggets… nos descubren planetas por explorar. Más allá de los más o menos famosetes The Sonics, The 13th Floor Elevators, The Electric Prunes o Captain Beefheart podemos encontrar un buen puñado de motivos para refocilarnos en andanadas de fuzz y sonidos ácidos en forma de rock de garaje, psicodelia reverberante o pop caleidoscópico.

En su edición original se trataba de un disco doble y ya hubiéramos tenido motivos suficientes para celebrarlo. No debemos olvidar que en su carpeta interior queda documentada la primera ocasión (o de las primeras) en la que se usó el término "punk rock". El susodicho Kaye fue el que tuvo la feliz idea. Desde luego que se puede considerar que aquí hay material proto-punk. La actitud irreverente y a veces iconoclasta de estos artistas ya merece dicho apelativo. Y si esa lejana edición en vinilo ya era gloriosa, ¿qué podemos decir de la caja de 4 cds que nos ocupa? Pues que en este caso la adición de temas suma ¡y cómo! A pesar del riesgo real de empacho ante tanta chuchería, pocas veces se puede afirmar tan rotundamente que se está en frente de una obra maestra. Una de esas a disfrutar en pequeñas dosis, eso sí. No tomen más de un disco al día… Pero no olviden tomarlo. Su cerebro se lo agradecerá.

Curiosidades

- El disco no solo influyó a músicos sino también a futuros recopilatorios que encontraron en su nombre, contenido o diseño motivos a imitar. Pebbles, Rubble o Back from the Grave son solo algunos ejemplos de series que imitaban de alguna forma a este disco.

- Buena parte de los temas ya habían sido exitazos en el top 40 norteamericano. Si antes he dicho que se trataba de bandas subterráneas me refería a que pocas tuvieron lo que se podría llamar una carrera discográfica sólida y duradera. De LPs se entiende... Sobre esto podría haber bastante discusión y el camino seguido por los numerosos grupos que componen el constructo podría ser bastante suculento para una futura investigación.



martes, 15 de marzo de 2011

trick or trick? #19: ¿power? pop



Coward (Coward, 1997)

POP / ROCK
ALTERNATIVO - power pop

Nunca he sentido demasiado aprecio por el power pop y el motivo siempre me ha intrigado. ¿La culpa será mía o de este subgénero? Oyendo discos como este he de inclinarme por lo segundo. Esto son canciones para chavales de secundaria y la verdad es que si tomamos como ejemplo el pop matemático con el que abren ("Cliché") no cala para nada. Lo exacto de su estructura, sonido, ejecución no deja espacio para la imaginación. Y las voces de bubble-gum pop tampoco invitan a tomárselos en serio. Como unos Weezer más rutinarios y con menos emoción si cabe. Como unos Green Day sin nervio y como toda esa camarilla de punks azucarados que comandara, ahí es nada, Blink 182, toman la herencia de todo un Elvis Costello para mearse en ella. Coward muestran maneras y buena digestión. Nada que encandile o atrape. Prácticamente nada en definitiva.




PD: ¡Ah, y hacéos un favor! ¡Quitad esos teclados!