lunes, 31 de octubre de 2011

gigantes #19: sweet/bitter/bloody MARY


Por la puerta de atrás, desde el lado oculto, allí opera Mary Gauthier. La tremebunda cantautora folk que abre vetas de desesperado  fulgor en eso que han llamado country noir. Con la (mala) vida como cuaderno de ruta ejerce de reverso femenino de Townes Van Zandt y de Bob Dylan a la vez que retuerce las raíces de Leonard Cohen o Patti Smith con los que tiene más que ver de lo que parece a simple vista. Mary Gauthier ha visitado la parte amarga demasiado a menudo para no saber de qué habla cuando nos golpea con sus versos irredentos. Sed, hambre y la consiguiente resignación pueblan los dormitorios viciados y los callejones de una discografía oscura y volcánica, de poesía urbana y cósmica, de perdedores, vencidos y alcohólicos victoriosos. Mary es la cronista definitiva de un modo de vida que nadie quiere seguir pero todos quieren contemplar. Mejor tú que yo.

3 básicos


Drag Queens In Limousines **** (1999)
Su segundo arañazo ya ofrece mimbres magistrales. Country de apariencia dulce y corazón pedregoso amparado en guitarra acústica, teclados y la voz expresiva de nuestra protagonista. Sencillo, melódico hasta el tuétano y enorme en las distancias cortas.


Una copla: "Our Lady of the Shooting Stars"


Filth & Fire ***1/2 (2002)
Aquí la cosa se pone seria y lo abre con una pieza turbulenta, densa y oscura, costumbre que iba a repetir en sucesivas entregas. Pierde algo en la mayor profesionalización de un sonido que, aún así, no hay quien pueda quitarle la capacidad de sacudir, envenenar y embelesar. Más rock pero poco.


Una copla: "Sugar Cane"


Mercy Now **** (2005)
Su disco-río. Canciones caudalosas y largas preñadas de una nueva poesía. Una que aparece más volátil y tormentosa. Menos directa y más sugerente. Un disco para sumergirse y perder la conciencia entre callejones de tugurio, jeringuillas y orines. Tal vez su esfuerzo más completo y redondo, aunque por disfrute quizá me quede con el primero de los mencionados.

Una copla: "I Drink"

Su mejor canción

"Falling Out of Love" va desgranándose y la habitación se oscurece irremisiblemente. Es fundir los arpegios esqueléticos de guitarra con el susurro roto de la Gauthier y darse cuenta de inmediato de que algo va a pasar. Y ese algo explota en versos urgentes y negros con hoteles baratos, olores escatológicos y campanas de iglesia que anuncian una vida al margen del amor que es peligrosa y ruín. Suspiros sacrílegos y hambrientos que ruegan siempre lo mismo: "déjadme salir, liberadme".

martes, 25 de octubre de 2011

gigantes #18: black healing power


Es lógico el nudo en la garganta y el vértigo cuando nos enfrentamos a artistas como Marvin Gaye. Es lo más normal cuando hablamos de uno de los artistas más importantes que ha dado una música tan caliente y vibrante como el soul. Quizás el más grande en su género, Gaye no solo fue dueño de unas dotes interpretativas soberbias y una voz de calidez suprema.También destacó por el control total que ejerció sobre sus canciones, muchas de las cuales son de composición propia, y sus discos, en los que controlaba cada mínimo detalle. Esto puede parecer nimio si lo comparamos con su manera de cantar pero marcó sin duda un antes y un después en la relación entre el músico y la industria. Hablando de esta última, su nombre va a estar para siempre ligado al de Tamla/Motown, discográfica que lo catapultó a la fama y a la que él dio prestigio por su parte con un rosario de discos extraordinario. Y no solo por eso. Es bien conocida la relación de amor y odio que tuvo con Berry Gordy, el factótum de la compañía. Gaye se casó con su hermana Anna y tras 11 años se divorciaron por los flirteos del cantante con Janis Hunter. El soulman acabó encontrando la muerte a manos de su propio padre que le disparó en medio de una trifulca familiar. Era el 1 de abril de 1984.

Tragedia, desencanto y amargura asediaron la vida de Marvin Gaye. Sus largas etapas de adicción a las drogas también fueron minando su talento, el cual brilló como nunca en la que se conoce como su etapa social y conceptual (entre 1971 y 1981). No fue este el único momento de inspiración en una carrera que picoteó por los sonidos psicodélicos, funk y disco, siempre con base en el soul y ayudando a sellar para siempre eso que se iba a conocer como sonido Motown. Una música delicada, prístina y elegante. Para nada frívola sino profunda y brillante. Un legado sanador y eterno.

3 básicos

What's Going On ***** (1971)
Ya se ha dicho todo sobre una de las obras capitales de la música popular. Un disco gigantesco que revienta de amor y esperanza en medio de los conflictos mundiales y el terrorismo social que se vivía en la época. Un disco visionario y grandioso que habla de generosidad y entrega. Hoy sigue haciendo falta. Más que nunca, quizás.

Una copla: "Mercy, Mercy Me".

Let's Get It On ***** (1973)
Tras las preocupaciones por la raza humana Gaye se refocila en los brazos del sexo turgente y sin compromiso. El placer por el placer sin culpabilidades ni mojigaterías se convierte en una de las obras más hermosas que escucharse puedan. Un ejercicio de amor. Profano y hedonista si se quiere, pero no por ello menos bello ni menos verdadero.

Una copla: "Let's Get It On"

Here, My Dear *** (1978)
Tras la ruptura con la Anna Gordy y ante la obligación de entregar nuevo disco, Gaye se decide a liberar su alma de toda la amargura y la pena para poder empezar de nuevo. Este fue su disco sobre el divorcio. Un disco doble de letras directas y sin poesía. Una crónica dura en primera persona embellecida por música evanescente y que no fue entendido en su momento. No hay reproches en el disco. Tan solo un intento por comprender los motivos de lo incomprensible. Lejos de ser mi favorito aún reconociendo su importancia.

Una copla: "Anna's Song"

Su mejor canción
No soy quién para decirlo pero si he de elegir que sea la maravillosa "Heard It Through the Grapevine". Un bajo y una melodía inmortal para enmarcar un clásico imperecedero.

sábado, 22 de octubre de 2011

momentazo #70: el noise "avant la lettre"

 

The Complete Studio Recordings NYC 1977-1978 ***1/2 (Mars, 2003)

El pavor industrial del ruido fantasmal y metálico se adueña de una recopilación tan escueta y suicida como la propia banda. Mars existieron porque tenían que hacerlo y sin más aspavientos grabaron esta media horita de susurros espectrales, espirales violentas y exorcismos eléctricos. Tardaron un añito en deformar una apuesta que empezó con una cierta lógica del caos y acabó en pesadilla kafkiana en medio de un abismo insondable. Estas obras completas te van a engullir sin remedio. Es lógico pensar que podían haber dejado espacio para el disfrute, aunque por otro lado, ¿eso qué es?

miércoles, 19 de octubre de 2011

supertrax #59: confesiones en el filo



Puedes verlo claro mientras escuchas la canción. El preso que la entona tirado en el camastro de la celda. El olor a humedad rancia que se cuela por entre las rendijas de la piedra mal encajada. El sonido seco del martillo del carpintero mientras acaba los tres ataúdes de la tragedia. El polvo y el viento. La lluvia y el llanto de una historia dolorosa y amarga en la que no se busca comprensión ni perdón. Entierran a Flo mañana pero esta noche me cuelgan a mí. Tenía que hacerlo. Es todo lo que sé. "They're Hangin' Me Tonight" (Marty Robbins).

momentazo #69: bailando matemáticas

 

This Is It and I Am It and You Are It and So Is That and He Is It and She Is It and It Is It and That Is That ***1/2 (Marnie Stern, 2008)

Hay algo en este disco que te sacude y no te deja levantarte. El ataque salvaje de esa batería que te destroza por pegada y dinamismo - toca Zach Hill de Hella - y por supuesto el estilo único de la Stern a las séis cuerdas. Esos tappings y shreddings vertiginosos que recuerdan a veces a AC/DC o Van Halen y otras a nada que se haya escuchado antes, vibran con una fuerza propia y primitiva. Si a esto le unimos la voz doblada, triplicada y multiplicada de la neoyorquina, el resultado es sabroso y subyugante. Pelín histriónico, también hay que decirlo. Un ataque frontal a las neuronas. Un bucle mental y físico que remite directamente al título kilométrico que lo encabeza. Boutade si se quiere, aunque está sacado de una obra del filósofo Alan Watts. Vale, no hace falta que se crean el rollo metafísico. Tampoco importa cuando aquí el peso se concede a un sonido y una actitud para la que las palabras son algo, como mínimo, secundario. Impactante como poco.

martes, 18 de octubre de 2011

momentazo #68: anatomía de la crueldad

 Calle Mayor **** (Juan A. Bardem, 1956)

"Las mujeres no podemos hacer otra cosa; solo esperar".

La Calle Mayor comienza siendo el escenario de una rutina benevolente y acogedora para ir bifurcándose en meandros y callejones más sinuosos y tétricos. La vida provinciana se desarrolla sin alteraciones y siguiendo unas costumbres tan rígidas que pueden llegar a hacer daño. La calidez se transforma en frialdad y el aire puro en prisión angosta. La Calle Mayor gira en recodos hasta convertirse en un vórtice sin escapatoria posible. El retrato miniaturizado de una vida que nos es demasiado familiar. Crueldad social sin misericordia. Personas asesinadas por el aburrimiento. La tragedia que supone una elección imposible: morir o matar.

viernes, 14 de octubre de 2011

momentazo #67: ceremonia de redención



Whiskey For the Holy Ghost **** (Mark Lanegan, 1994)

Los discos intensos son un arma de doble filo. El vaciarse emocionalmente no es siempre sinónimo de éxito artístico. Que se lo digan a tantos y tantos artistas que han sucumbido al magma de sus emociones más desesperadas. Por eso el segundo intento en solitario de Mark Lanegan sin el cobijo de sus poderosos Screaming Trees era una jugada tan peligrosa.

Whiskey for the Holy Ghost no juega al despiste. Muy al contrario muestra desde los primeros acordes su intensidad entre tenebrosa y meditabunda. "The River Rise" explora las posibilidades de la luminosidad filtrada por velos gruesos y desemboca en las entrañas de esa gruta en medio de la roca que es "Borracho", con sus acelerones beodos y sus guitarras sulfúricas. Lo más intenso del disco a apenas cuatro minutos de su comienzo. Un arrabal sórdido desde el que solo se puede intuir la belleza pétrea de las otras joyas. Esas tonadas desesperadas a guitarra y teclado en las que la voz poderosa de Lanegan parece encontrarse como en casa. "House a Home", "Kingdoms of Rain", "Carnival", "Riding the Nightingale" o "Pendulum" son solo algunos ejemplos de esto. Los huesos descarnados de una experiencia extrema.

Que el bueno de Mark no pasaba por su momento más saludable resulta bastante obvio. No hace falta que nos cuenten historias sobre cómo intentó tirar las cintas con las tomas definitivas del disco para que sintamos la virulencia que desprende, la intensidad de unos temas que se toman su tiempo y que apabullan en su sequedad y sentimiento.

Los discos de supervivencia siempre han sido la debilidad del oyente. Ahí están Blood On the Tracks (Bob Dylan, 75), White Light/White Heat (The Velvet Underground, 67), Tago Mago (Can, 71) o Smile (Brian Wilson, 04). Se podrá discutir si este Whiskey For the Holy Ghost de portada sugerente puede estar entre ellos. Discusión inútil e innecesaria, pienso yo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

supertrax #58: el alma del barítono

 
"Daddy Sang Bass", el pastiche de Johnny Cash que puede salvarte el día y la vida. Retales de tradición cosidos con hilo fino por la voz de barítono de uno de los más grandes. Puentes dorados y estribillos divinos que ornamentan un tema supremo para cualquiera que disfrute cantando en la ducha. Y en el salón, y en la cocina... ¡aaaaaah!

lunes, 10 de octubre de 2011

supertrax #57: tocan a rebato



No soy sospechoso de adorar eso que se hace llamar "la movida". Por suerte. Eso no quita que dé al césar lo que es del césar y ahí van mis millones para esta gloriosa "Ni tú ni nadie" que apareciera en el genial Deseo carnal (84) de Alaska y Dinarama. Bailable, coreable, euforizante... Una época condensada en tres minutos y medio.

jueves, 6 de octubre de 2011

la interzona #5: sweet sixteen



Jagged Little Pill *** (Alanis Morissette, 1995)

Puede parecer obsceno hoy día a años vista de 1995 el volver a regodearse en los exabruptos que la artista canadiense soltó en Jagged Little Pill. El pelotazo más grande de ese año conquistó a una adolescencia carente de referentes y deseosa de que alguien expresara sus dudas, sus dolores, sus desdichas. Cosas que para el adulto pueden parecer demasiado insustanciales a pesar de que todos hemos pasado por ahí de una u otra forma. Lo fácil siempre va a ser negarle el valor a un disco que juega demasiado al impacto emocional bastote. Al de los grititos y la expresividad vocal sangrante. Al de las palabrotas usadas con ligereza para subrayar un estado emocional cambiante, hipersensible, quinceañero. Pues por una vez no vayamos a lo fácil. Calentémonos con los pelotazos que derrocha este disco. Esos que a pesar de los años siguen gustándonos. "You Learn", "You Oughtta Know" y "All I Really Want" están lejos de conquistar las listas de clásicos incontestables, pero encandilan a su estilo. Dicho esto con todas las reservas hacia un hype en toda regla. No, Alanis Morissette nunca entendió de sutilezas, pero aquí y sin que sirviera de precedente nos la coló de alguna forma.

domingo, 2 de octubre de 2011

momentazo #66: la mejor defensa...



Bipartite ***1/2 (Aina, 2001)

Aina maduran en su tercer disco una suerte de hardcore avanzado que muestra unas credenciales tan claras como sólidas. De entre sus poros surgen aromas a Shellac o Slint y una fijación por ese rock defensivo que también es capaz de herir al enemigo. Porque la mejor defensa se consigue con elementos punzantes como todas esas corazas afiladas, esos escudos con púas y esos muros de hormigón llenos de salientes y pinchos que forman su base rítmica. Nadie va a salir indemne si intenta asaltar la fortaleza inexpugnable que es este álbum coronado por el alambre de espino oxidado de las guitarras que lo pueblan.

"Bipartite" suena coherente y cohesionado, la batería es un puñetazo en tu misma cara y las melodías hierven con un magma pop encantador y subyugante. No es perfecto pero hace algo que parecía casi imposible: dar dignidad a aquellos grupos que a pesar de todas las críticas y ninguneo intentan cantar en inglés en este país. Aina demuestran que se puede. Sus sesiones en la BBC afirman que, además, algunas veces se debe.