lunes, 26 de diciembre de 2011

momentazo #78: el ADN del blues



Talking Timbuktu **** (Ali Farka Touré With Ry Cooder, 1994)


""Yet to understand the effect of it on me you ought to know how I got out there, what I saw, how I went up that river to the place where I first met the poor chap. It was the farthest point of navigation and the culminating point of my experience. It seemed somehow to throw a kind of light on everything about me -- and into my thoughts. It was sombre enough, too -- and pitiful -- not extraordinary in any way -- not very clear either. No, not very clear. And yet it seemed to throw a kind of light." (Joseph Conrad, Heart of Darkness (1902)).

Como el viaje iniciático de Marlow en el relato de Conrad, Ry Cooder se embarcó en este proyecto ambicioso y con sustancia en una singladura inversa hacia los orígenes del blues y otras músicas de raíz. Si Marlow fue en busca de su condena y su salvación río Congo arriba, Cooder tenía que atravesar el Atlántico porque las células madre del blues no están en otro sitio que en África, en las orillas del Níger, en Malí. Y sin duda uno de sus mayores exponentes (o el mayor) es, fue, será Ali Farka Touré. La colaboración no podía ser más que jugosa, y así fue. Touré despliega sus habituales habilidades como griot, la voz de generaciones de malís pertenecientes a tan noble casta, y nos somete a una sesión de hipnosis donde la polirritmia, los arabescos a las cuerdas y la voz telúrica mandan su claro y devastador mensaje. Mensaje que el misterio de un idioma ignoto para mí y la repetición paciente y minuciosa, mántrica, no hacen más que convertir en un alud que baña mis neuronas sin comprender de qué trata. Eso es África.

Normalmente es el artista menos conocido el que sale beneficiado de toda colaboración. En este caso Touré se beneficia por el acceso que se le abre a occidente pero Cooder saca ventaja de la relación porque a partir de este disco su aureola de autenticidad, su prestigio se incrementó hasta niveles inalcanzables anteriormente. Se le pegó la grandeza de un artista superlativo de los que en el mundo civilizado no pueden existir. Por integridad y sabiduría decir que puede tutear a Robert Johnson, Charley Patton o John Lee Hooker es decir muy poco. Tal vez no sea su mejor disco pero sin duda es el más importante.

"I did not envy him his devotion to Kurtz, though. He had not meditated over it. It came to him, and he accepted it with a sort of eager fatalism. I must say that to me it appeared about the most dangerous thing in every way he had come upon so far." (Joseph Conrad, Heart of Darkness (1902))

La devoción hecha justicia.

gigantes #21: a este burro no se sube nadie

Lo llamaron "Farka" (burro) desde niño. Por su tozudez y su tesón. Cualidades que emergen claramente cuando pensamos en lo alto que ha llegado este gigante de la música africana. Ali Farka Touré (1939-2006) siempre fue un tipo humilde pero orgulloso. Como él decía, era "el asno que nadie montará".

Heredero de una estirpe milenaria de griots, el malí se fogueó a partir de 1962 en el conjunto del distrito de Niafunké, y  fue ampliando su formación y depurando su estilo en diversos grupos y con varios artistas. Se podría decir que su carrera en solitario comenzó a principios de los 70 con la publicación de un disco a su nombre y diversas grabaciones para la Radio Nacional de Malí, las cuales verían la luz en 1996.

Siempre orgulloso de su casta y su país, Touré dedicó su vida a la exploración y difusión de los sonidos arraigados en su tierra. Esos aromas que surgen a las orillas del río Niger y que los esclavos exportaron a norteamérica dando forma a lo que ahora conocemos como blues, gospel y demás músicas negras. Su origen se muestra claro en el canto y la digitación entre dulce y febril de artistas africanos de entre los que destacará para siempre la figura imponente de Ali Farka Touré.

Tampoco podemos dejar de señalar que su música no ha sido impermeable a la influencia occidental. A su veneración por artistas como James Brown, Otis Redding, Wilson Picket o John Lee Hooker (con el que se le compara frecuentemente) hay que añadir la colaboración que le abrió las puertas del mundo "civilizado". Su alianza con Ry Cooder cristalizó en Talking Timbuktu (1994), disco de encuentro entre las músicas malienses y el blues más evolucionado del californiano. La importancia de este disco se antoja capital para darlo a conocer al gran público europeo y norteamericano que a partir de este disco empezó a interesarse por todo lo que hacía Touré.

Murió en 2006 en su Niafunké amado. Los conciertos tributo y los llantos se sucedieron ante la pérdida en busca de un consuelo difícil de hallar por lo mucho que dejó el guitarrista, tanto en su comunidad, de la que llegó a ser alcalde, como en los oídos de los aficionados al blues más auténtico, cálido y curativo del planeta.

3 básicos

Talking Timbuktu **** (1994)
Colaboración con el guitarrista norteamericano Ry Cooder. Nada de turismo barato sino ejecuciones limpias y vibrantes con dominio absoluto de lo autóctono. Un triunfo en toda regla.

Radio Mali **** (1996)
Rescate de las numerosas sesiones del griot en la radio nacional de su país a lo largo de los 70. Nos encontramos aquí al primer Ali Farka Touré. Primitivo y exuberante, un documento sorprendente y revelador.

Savane **** (2006)
Su último disco en vida es una zambullida en la parte más tradicional del genio de Niafunké. Una vuelta a un terruño adorado que en realidad nunca abandonó. Ni en cuerpo, ni mucho menos en espíritu. Cadencioso, lento y pleno, es un documento definitivo.


Su mejor canción
Pescar en un río caudaloso y feroz es una tarea ardua. Al hacerlo en el de la discografía de este titán solo podemos esperar que el azar nos regale algo genial. Y así va a ocurrir siempre. Al poner la mano en un caudal tan rico enseguida nos topamos con peces gordos y suculentos. En esta ocasión he pescado este prodigioso "Diaraby" que cierra su colaboración con Cooder. Podría haber atrapado muchos otros de igual calidad y sabor, pero disfrutemos sin pensarlo más de la riqueza melódica de una canción de esas de canto y respuesta, meandros de guitarra fabulosos y una interpretación vocal antológica. Mística, caliente y contemplativa, caldeará el alma por los siglos de los siglos.



viernes, 23 de diciembre de 2011

supertrax #65: guerra, muerte y psicosis



A un paso del abismo nos deja este temazo de Alexander 'Skip' Spence. El que fuera guitarrista y vocalista de Moby Grape se libera de seis meses de enclaustramiento en un psiquiátrico con un disco tan misterioso y rotundo como Oar **** (1969). Y para cerrar la cara A se emplea a fondo en "War In Peace", una canción temblorosa y única en la que nos regocijamos con su sonido neblinoso y flotante y esas voces en susurro proyectado. La letra tétrica no hace más que enturbiar una atmósfera que no se aclara ni con la broma de la inclusión del riff eterno de ese "Sunshine of Your Love" de Cream. Desasosegante y realmente especial.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

momentazo #77: rumba venenosa



No sólo de rumba vive el hombre ****1/2 (Albert Pla, 1992)

Albert Pla se quita la ropa y la piel para mostrarse como ese Diógenes cínico y puerco de la portada. El altavoz para unas palabras asquerosas envueltas en papel de celofán. La cabalgata de reyes para unos caramelos inyectados de ácido y veneno. En No sólo de rumba vive el hombre, este cantautor de los bajos fondos somete al oyente a una experiencia donde la risa sucede a la media sonrisa y la sorpresa a la aversión. El sexo es chungo, sucio, directo y nada romántico y los crímenes se cuentan con la asepsia y la calma de, digamos, un Lou Reed.

Se podrá pensar que todo está como muy pensado para escandalizar, pero la verdad es que el mensaje llega como un puñetazo y toda sospecha se diluye por la fuerza. Las historias son tan crudas, perversas e imposibles que el oyente no sabe bien de qué lado posicionarse. No hay tipos buenos en este disco y sin embargo nos encantan. Lo puebla gente de la más baja estofa. Y es en esa visceralidad donde encontramos un buen puñado de verdades que el resto de obras del planeta no pueden ofrecer. Porque hay pocos por ahí tan valientes, tan humanos y con una mala leche tan sutil que sepan o quieran vestir estas músicas tan rematadamente hermosas con los ropajes harapientos de un lenguaje soez y una voz impotente y seca. Claro, esto hay que tener muchos "güevos" para fabricarlo. Y yo incluso diría que para disfrutarlo.

martes, 13 de diciembre de 2011

la interzona #8: ¡¡mataaaaanza!!

Kill'em All *** (Metallica, 1983)

Violencia y contundencia sin límite en un disco arisco y alambrado. Mucho Motörhead y mucha guitarra afilada en su álbum más directo e ingenuo. El más diferente y (quizá) el que más se acerca a lo que deberían ser. Rayan el punk (aunque muy de lejos) para facturar un metal que creará escuela. Demasiada escuela quizás, con no muchos alumnos aventajados. A destacar la velocidad de crucero en "Whiplash" y "Metal Militia" y el pacto con el diablo de Cliff Burton en "Pulling Teeth" (al que se le ocurra un instrumental más original y adictivo que tire la primera piedra. Y eso que suena es ¡¡¡UN BAJO!!!. Que alguien me lo explique). Acercaos con cuidado.

jueves, 8 de diciembre de 2011

trilogías #10: américa y el cosmos



Mercury Rev empezaron como iconoclastas del noise con algún que otro brochazo pop y acabaron nadando en las aguas de la melodía entregada y el ruido poderoso pero de hermosura reluciente. Aunque les costó, acabaron saliendo del armario para reconocer su adoración por Burt Bacharach o Cole Porter. De ese reconocimiento es de donde surgieron estas tres obras que han significado tantísimo para su carrera. Sin entrar a discutir si son las tres más importantes, sí que podemos admitir sin temor a la duda que se trata del bloque más compacto y embriagador que escribieran y ejecutaran los de Buffalo.


Deserter's Songs ****1/2 (1998)
El inicio de su etapa onírica, de eso que llamaron americana cósmica encuentra en este disco su expresión más pura, sentida y perfecta. Dulzura infinita que no chirría entre instrumentos de cuento y algún pasaje encabritado que sella un momento que fue una celebración de lo que significa hacer música. Impagable.

Una copla: "Funny Bird"

All Is Dream ***1/2 (2001)
La difícil continuación es un nuevo triunfo. Lo abren con grandeza absoluta. Broadway en oscuro y galope por llanuras cálidas y bosques frondosos y de una hermosura impagable. Tal vez demasiado hermoso para que podamos tomarlo en serio. Claro que la distorsión que parte en dos ese temazo llamado "Hercules" nos hace pensar que podríamos estar ante una obra maestra. No lo es, pero no pasa nada.

Una copla: "The Dark Is Rising"

The Secret Migration *** (2005)
Agotan la propuesta con un momento dulce que roza a veces lo indigesto. Demasiado claro y luminoso para según qué paladares, pero manteniendo esa tensión extraña que tan bien ha sabido explotar Mercury Rev. Un buen disco que puede perder a los puntos, pero que cuenta con sus bazas y las sabe jugar a la perfección.

Una copla: "In the Wilderness"

martes, 6 de diciembre de 2011

supertrax #64: solo puede quedar uno en pie



El chico con la espina en el costado es Rubén Poz y posee, además de ese nombre sacado de The Smiths, otras cualidades para la repulsión o la adoración incondicional. "Los elegidos" es una muestra de lo segundo, un dechado de melodía para acunar una letra que amenaza y calma en tiempos de cólera. Grandiosa y adhesiva, aquí tenemos una muestra acústica desnuda pero no carente de vigor.

jueves, 1 de diciembre de 2011

momentazo #76: desde el corazón


Desde la montaña más alta del mundo ***1/2  (Mercromina, 2005)

Mercromina se han hecho acreedores del título de supervivientes. Pocos dábamos un chavo por ellos después de que surgieran de las cenizas de Surfin' Bichos. Y a lo tonto a lo tonto se han marcado una carrera más que digna, excelsa, con poco espacio para la paja. Así, en 2005 Joaquín Pascual y los suyos deciden dejarlo para emprender nuevos viajes. Y para echar el cierre ofrecen este disco, uno de los mejores (el mejor tal vez) de su carrera.

"Desde la montaña más alta del mundo" es un disco de despedida digno, dignísimo. Un disco completo, cuidado y brillante que gira bastante alrededor del concepto de que algo se acaba. Desde el mismo título, que ofrece esa idea tan deseable de "dejarlo en la cima", hasta la letra de canciones como "Lo que dicta el corazón", "La gran aventura" o "La calma más total", en las que aparece claro el fantasma de esas cosas que acaban y el recuerdo de lo buenas que fueron.

¿Y cómo suena esto? Pues de una forma rotunda. Arrimándose a ese ruidismo sanador que han practicado en muchos pasajes gente como My Bloody Valentine o Mercury Rev, auténticas referencias para este grupo desde siempre. Y aplicándole la personalidad lánguida y encantadora de un grupo que ha sabido trabajar el pop-rock envolvente como pocos en este país y que en este disco juega con las melodías de manera estupenda y es capaz de entregar unos cuantos himnos imborrables. A saber, "Lo que dicta el corazón", "Huracán", "Fotos en la niebla" o "La calma más total" serán recordadas por muchos años. Y a fe mía que lo merecen. Hasta siempre.