viernes, 28 de diciembre de 2012

momentazo #134: la soberbia



La Superbe ***1/2 (Benjamin Biolay, 2009)

El mejor cantautor francés de la actualidad (con el permiso de Dominique A) se destapa por fin con una obra sólida y majestuosa. Para ello ofrece casi 100 minutos sin cansarse ni hartar. Mucho magro es lo que hay en este disco doble de corte clásico y versos certeros. La Superbe peca mucho y falla poco. El pop destella vibrante, la herencia de Gainsbourg no es lastre sino virtud, los versos resaltan entre unos arreglos adecuados y precisos. De alguna forma, Biolay parece haber encontrado la fórmula del éxito. Siempre había tenido canciones estupendas, pero nunca había conseguido juntarlas con tanta gracia.

Llenar dos CDs de música y resultar pertinente no es tarea fácil. De ahí que encontremos algunos peros en forma de experimentos fallidos ("Buenos Aires") o canciones bonitas pero tibias. De estas últimas hay alguna en la segunda rodaja. No puedo decir lo mismo de la primera, que me parece incontestable con hitos de belleza y pasión como "La Superbe", "Padam", "Miss Catastrophe", "Ton Héritage" o "Brandt Rhapsodie". Solo unos ejemplos casi al azar que ayudan pero no pintan el cuadro completo que es este disco. Una grata noticia para el pop francés con acentos anglosajones. Un disco de una elegancia autoritaria que se hará fuerte con los años.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

momentazo #133: la luz vidriosa


Seconhand Daylight (Magazine, 1979)

ROCK
PROGRESIVO / PUNK - postpunk
 
Es luminosamente agresivo y tiene un título genial. Irradia esa manoseada luz del día que anuncia el título a partir de unos teclados pseudoprogresivos y añejos. Son lo que más destaca de un álbum extraño, frío y marciano.

Es luminosamente agresivo y tiene un título genial. Irradia esa manoseada luz del día que anuncia el título a partir de unos teclados pseudoprogresivos y añejos. Un disco bello, mareante y demodé

Los años le han sentado bien por tramos. Algunos otros suenan hoy de lo más kitsch. Aún así mantiene un aura fascinante en buena parte de su recorrido. Sobre todo en una cara B antológica que se abre con ese fantástico instrumental bañado en lluvia ácida y oscuridad postapocalíptica que es "The Thin Air". El otro punto memorable es el cierre con el siniestrismo hiriente de "Permafrost". Un punto de fuga que los vuelve a acercar a ese post-punk más o menos ortodoxo del que parecen querer huir en el grueso del disco.


Es bello, instrumentalmente mareante y muy demodé. ¿Se puede pedir más?


viernes, 14 de diciembre de 2012

momentazo #132: fieras lactantes



Tigermilk **** (Belle & Sebastian, 1996)

La primera ya es una sabia colección de canciones, cápsulas de euforia con cáscara de melancolía. Belle & Sebastian se hacen anunciar como la nobleza de más rancio abolengo en el baile de la corte con un Tigermilk que sigue maravillando por su falsa sencillez y su sutileza melódica. Un disco con pianos y guitarras acústicas a lo Velvet Underground. Con la melodía y el traqueteo de estos, sin truculencias baratas, con el gusto de un Morrissey más mundano, con el sabor suave e incomparable de lo pequeño y lo valioso. ¡Y con trompetas! Deliciosas trompetas.

Tigermilk se publicó como rareza para un puñado de gente y tuvo que reeditarse a lo grande. El mundo lo pedía y lo mejor es que lo va a seguir haciendo. Porque está hecho con amor y porque desprende grandeza en cada surco y cada requiebro. ¡Bravo Mr Murdoch! ¡Bravo!

jueves, 13 de diciembre de 2012

supertrax #89: mensajes en los árboles



No es "Like Dylan in the Movies" ni "The State I am In", canciones más populares de Belle & Sebastian pero encuentro más irresistible esta "We Rule the School". Una melodía de corte clásico preñada de melancolía para regodearse en su paladeo. Una carga de profundidad que llega a lo más hondo. Como siempre con ingredientes sencillos. Con la grandeza de lo cotidiano.

viernes, 7 de diciembre de 2012

momentazo #131: la bestia del pantano



Sour Mash **** (Beasts of Bourbon, 1988)

Lo que iba a ser un simple divertimento se convirtió sin quererlo en algo muy serio. Tan serio como la voz de un Tex Perkins despiadado y pendenciero. Una fiera gobernando toda una jungla de guitarras áridas y percusiones marciales.

Algo comerán en Australia para tratar al rock como esta bestia desbocada que se encabrita en "Sour Mash". El segundo disco de la banda afila las influencias y se abandona al vendaval que proporciona Tom Waits y su rugosidad, Nick Cave con los Bad Seeds más desatados y unos Rolling Stones que parecen haber cumplido condena en trabajos forzados. Blues pantanoso y country desértico modelan unas canciones contundentes y ariscas. Un preparado que incluso en los momentos más reposados late con la pulsión enferma de una tensión alcohólica que nunca había sentado tan bien.

Recomendar este vicio malsano no es ni edificante ni saludable. Pero tengo que hacerlo. A pesar de que me van a llamar, lo sé, traficante sin conciencia ni humanidad.

                                         "I'm gonna ruin your whole life
                                                I wanna hear you cry
                                                  I'm gonna make it

                                                     Hard for you
                                          Drag you through the shit
                                         Gonna rub your nose in it

                                                    Hard for you"

viernes, 30 de noviembre de 2012

momentazo #130: gamberrismo sin tapujos



Licensed to Ill ***1/2 (Beastie Boys, 1986)

¿Qué le pasa al estreno de los Beastie Boys cuando se dirige hacia su 30 aniversario? Pues que según el grado de mitificación, se puede decir que ha envejecido estupendamente o que nunca fue para tanto. Y las dos afirmaciones podrían referirse a la misma calificación.

Está claro que estamos ante un disco más que bueno. Una obra destacada dentro del canon de los neoyorquinos. Un disco que es grande, sobre todo, por lo que significó para el hip hop. Por su falta de prejuicios a la hora de mezclar lo hasta entonces imposible. Rock metálico que en las manos expertas del productor Rick Rubin fluye acerado y caliente por entre las rimas descaradas y ácidas del trío de Manhattan. Samplers directos de los más grandes. Black Sabbath y Led Zeppelin dan vida a unas bases originales, duras y adictivas. El gran Kerry King prestando su guitarra de manera excelsa ("No Sleep Till Brooklyn). Todo esto suma y suma y ayuda a forjar una leyenda, no hay duda.

Otra cosa es que el disco consiga enamorar durante todo su recorrido, que no lo hace del todo. Y puede que suene rácano, pero no es oro todo lo que reluce aquí. Las perlas suben el nivel hasta cotas altísimas. Me refiero por supuesto a ese trío irrompible que abre ("Rhymin' & Stealin'", "The New Style", "She's Crafty"), a esos himnos gigantescos que son "Fight for Your Right" y "No Sleep Till Brooklyn", y si me apuran, al vacile adhesivo de "Brass Monkey". Lo demás acompaña según el momento pero no me resulta ni mucho menos inapelable. Y tampoco hacía falta que lo fuera, pero es que me siento en la necesidad de disculparme por no apreciar lo que muchos llaman obra maestra absoluta. Los hay más impactantes, incluso dentro de su discografía. Puede, eso sí, que no más divertidos. Y ya lo sé, eso vale mucho, pero no me atraviesa el corazón. Perdón.

domingo, 25 de noviembre de 2012

la interzona #29: ese retorcido funk blanco



 Mask *** (Bauhaus, 1981)

En el segundo disco consiguen su propósito de desfigurar el funk y quebrar el baile en trocitos con canciones angulosas de rítmica intensa con corazón siniestro. Es un disco más interesante que disfrutable. No encandila ni engancha, y eso a pesar de contar con buenos cebos. Lo mejor sería el tema inaugural, un "Hair of the Dog" que noquea con esa guitarra subterránea sobre riff de rock clásico al bajo. Una guitarra que suena a gusanos bullendo de alguna herida purulenta. Un gancho instantáneo que es lo único inapelable de todo el disco. Lo demás, o no es redondo o atrapa a medias. Ni siquiera esos más que interesantes momentos que son "Hollow Hills", cuya oscuridad pronto se arrima peligrosamente al tedio; "Kick In the Eye 2", con una rítmica funkoide que no acaba de culminar el ardor en el oyente; "The Man With The X-Ray Eyes", que tiene un comienzo demoledor con las voces amenazando sobre el bajo pero que deriva en algo menos peligroso de lo esperado; o ese oscurísimo "Mask" que acaba anegado en una belleza tan prístina que se agradece horrores pero llega tarde.

Un gran disco menor que el tiempo quiere elevar por encima de lo que es.

viernes, 23 de noviembre de 2012

dream team #2: martyrdom

Bauhaus, la esencia de lo profano, la vanguardia de lo tribal, fueron los creadores del rock gótico. Los culpables de elevar el drama a cotas de histrionismo insoportables. Y aún así, por el camino dieron con algunos hallazgos. Disfruten de esta selección de lo que sería un suculento EP con lo que considero lo mejor de su trayectoria.


1. "Hair of the Dog": abrimos fuego con un temazo. El que abre Mask (1981). De él sobresale esa guitarra subcutánea que amenaza con devorar tus neuronas como gusanos de la carne.

2. "In the Flat Field": el tema que da título a su primer álbum es su mejor ejemplo de violencia a medio contener. Una sacudida eléctrica y furiosa que asola los páramos de la existencia cotidiana.

3. "Rose Garden Funeral of Sores": esta cara B es una versión de otra cara B escrita por John Cale. Bauhaus se adueñan para siempre de un tema oscuro como el abismo en el que Peter Murphy domina con especial autoridad.

4. "Stigmata Martyr": más oscuridad y violencia en un canto desesperado y atroz desde las entrañas de In the Flat Field (1980).

5. "Bela Lugosi's Dead (live)": quizás su canción bandera, un pozo de 9 minutos en el que solo se puede caer y caer. Aquí hemos escogido su versión en directo de 1982, absolutamente fiel a la original por otra parte. Se trata de un tema hipnótico sobre el que la guitarra improvisa bajo mínimos pulsantes y el señor Murphy recita y declama con serenidad lunática ese estribillo inmortal que titula el tema. A fuego lento.




jueves, 22 de noviembre de 2012

tótem #63: estirpe ganadora


Título: Pretenders
Artista: Pretenders
Año: 1980
Productor: Chris Thomas (& Nick Lowe)
Sello: Real (UK), Sire (USA)

El primer disco de Pretenders es una de esas revelaciones que suceden muy de vez en cuando. Apenas un puñado de veces en toda una vida. Uno de esos discos generacionales, que marcan a toda una caterva de adolescentes. A mí me ha llegado tarde pero no importa. Estoy acostumbrado ya. Simplemente me deleito en su escucha. La más placentera de los últimos meses. La casualidad lo puso en mi camino en un mercadillo de vinilos de segunda mano. Por eso no sé a quién tengo que agradecérselo. Sea el azar o sea el destino, mis agradecimientos más profundos.

"Pretenders" huele a clásico desde que empieza a girar. Carpeta sencilla, sin ambages. Demasiado, quizá. Galletas de vinilo en blanco y en negro, como el yin y el yang, como todo lo que importa en esta vida. Y sonido vibrante y urgente derramándose libre y sin límites en esa maravillosa "Precious". Solo uno de los momentos de abrasividad pop de un disco lleno de ellos. "The Phone Call" y "Up the Neck" son continuaciones perfectas donde agresividad eléctrica y sutileza melódica se hilvanan en un "parasiempre" que se percibe al momento. Como en "Tattoed Love Boys" o en "The Wait", y como en la electricidad galáctica y totalmente desbordada de "Space Invader".

Los remansos se hacen necesarios en la singladura y para eso están las delicadezas dichas en la cara de "Stop Your Sobbing" o de esa maravilla atemporal que es "Kid". El pop se hace carne en la músicas sublimes de "Brass In Pocket" y "Lovers of Today. "Private Life" tensa el drama entre nubarrones de funk oscuro y denso. Ritmos negroides que rompen en la muy The Jam "Mystery Achievement" para poner un colofón de oro a un disco increíble. Un disco que gira y girará para siempre.

Curiosidades

- Curiosamente, no todos supieron valorar en un primer momento el potencial de estas canciones. Nick Lowe empezó de productor con el single "Stop Your Sobbing", pero se negó a continuar con el resto de canciones y fue sustituido por Chris Thomas, que fue el que completó el álbum.

- Gran parte del atractivo adictivo del disco gira en torno a la personalidad y la interpretación torrencial de una Chrissie Hynde que se convertiría en icono tras su publicación. Con ese aire socarrón y autoritario, definió una nueva forma de presentarse ante el público que bebía de la insolencia de Patti Smith y del rock de autor pero que era fresca y nueva, un auténtico trallazo que los años pueden haber diluido pero que se aprecia en todo su fulgor en un estreno tan fresco como duradero.

martes, 20 de noviembre de 2012

momentazo #129: estigmas y mártires



In the Flat Field **** (Bauhaus, 1980)

El debut largo de Bauhaus, auténtica piedra de toque del rock gótico, es un disco incómodo, espinoso y cruel. Un gran tratado sobre el sufrimiento que no por impostado y aullado deja de ser impresionante. A destacar la violencia con la que se emplea Peter Murphy en el micro en ejercicios de entrega suicida como "Double Dare", "In The Flat Field", "St. Vitus Dance" o "Nerves". Los bajos son todo lo hipnóticos que uno esperaría en un disco con esa portada y esa actitud mórbida. Y las guitarras son acuchilladas, estranguladas y torturadas en un apareamiento bastardo con el ruido y sus detritus.

Tribal y pagano, "In the Flat Field" es un disco de género al que no se le puede exigir más que sequedad y negrura. No es poco, si tenemos en cuenta que es una isla en medio de una discografía que pronto coquetearía con el funk blanco en el también interesante "Mask" (1981). Nunca volverían a estas cotas de crudeza. Por eso mismo merece tanto la pena.

jueves, 15 de noviembre de 2012

supertrax #88: bandera en blanco



El amor se canta así. La hermandad, el perdón y la pena por dolores pasados se canta así. Como lo hace Barbara en esta canción inmortal. "Gottingen" brilla desde su humildad para lanzar una promesa de reconciliación. Y una advertencia para patriotismos exacerbados. La historia que no debería repetirse.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

supertrax #87: ni un paso atrás



"No hay tregua", bramaban Barricada a mitad de esos tan añorados como defenestrados 80. Vigencia absoluta para una canción que muerde clavando los dientes en un estribillo para la posteridad. Sí, alguien debe tirar del gatillo.

martes, 13 de noviembre de 2012

trick or trick? #41: pelazo, adoquines y sexo chungo



Los singles: 1983-1996 **1/2 (Barricada, 1995)

Los datos están ahí. Las ventas y el impacto de Barricada en los 80 y 90 fue demoledor en este país. Ventas y taquillazos para un rock comprometido que no es lo que suele triunfar entre la masa. Por esos motivos se me hacía perentorio rememorar esos años de rock and roll. Y claro, la nostalgia no suele ser correspondida.

Este completo recopilatorio nos da un paseo por todo lo que ha sido Barricada. Empezaron más jevis que nadie con una "Esta es una noche de rock & roll" sonrojante como poco. Pronto mutarían a una suerte de acólitos de Leño en pequeñito. Tampoco funcionan esas letras plagadas de lugares comunes. Su mayor éxito en todos los aspectos lo cosecharon cuando canalizaron esa urgencia callejera en un rock más seco. Lo mejor de este disco doble lo encuentro en contados mordiscos que siguen sonando valiosos y vigentes. Ese clásico imperecedero que es "No hay tregua", esa correosa "Bahía de Pasaia", el pelotazo para las listas de "En blanco y negro", la muy AC/DC "Haz lo que quieras (Tu cuerpo), la garajera "Problemas", y muy poco más.

Es curioso y puede que hasta necesario conocer el repertorio de los pamplonicas, aunque yo me quedo con Eskorbuto o Hertzainak. Sobre todo cuando pienso en el cierre del disco con esa toma acústica e insípida de otro de sus clásicos, "Pasión por el ruido". ¿De verdad era tan importante colar esta en lugar de la original? Por mucho que me lo expliquen, no lo entiendo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

momentazo #128: la dame brune



Ma plus belle histoire d'amour... c'est vous ****1/2 (Barbara, 1992)

"Barbara is all about the unsaid; she's a Freudian enigma at the heart of France." (Norman Lebrecht).

Como si fuera posible resumir la vastedad insondable, este recopilatorio se esfuerza con ahínco en demostrar su valía a lo largo de algo más de una hora. Poco tiempo para apreciar el talento desatado de una figura colosal de la chanson. Barbara, ese espectro desolado y hermoso, ese alma atormentada y sublime, ese ave negra y extraña, desplegó sus poderes a lo largo de sus 67 años de vida. Buena parte de ellos, dedicada a una pasión musical que la desbordaba.

Estas dieciocho canciones son solo un pequeño retazo del inmenso cancionero de la parisina. Inmenso en cantidad y alcance poético. A diferencia de otros contemporáneos, Barbara no se limitaba a interpretar lo que le daban. También componía, y eso resultó decisivo para dar forma a unas canciones atemporales, misteriosas y elegantes. Lo mismo pueden impresionar con su belleza inmarchitable que ahogar un grito de angustia por su amenaza palpitante.

"Ma plus belle histoire d'amour... C'est vous" contiene lo mejor de Barbara. No soy quién para decir que no falta nada, aunque sí puedo afirmar que lo escogido es una delicia. Existe una edición en box-set de 13 CDs que seguro hará las delicias de los que no se han podido saciar con este aperitivo. Aquí nos encontramos versiones en directo arrolladoras alternándose con temas de estudio. Preciosidades como "Attendez que ma joie revienne", "Moi, je me balance", "La dame brune", "Si la photo est bonne", "Ma plus belle histoire d'amour", "Gottingen" o "L'aigle noir". Canciones tocadas por un hálito espectral, con un corazón gótico y romántico. Canciones enigmáticas como Barbara. Inexplicables.

domingo, 11 de noviembre de 2012

momentazo #127: el sonido del acero



Conan the Barbarian **** (Basil Poledouris, 1982)

Basil Poledouris conduce a la orquesta en uno de esos momentos referenciales de la música de películas. "Conan el bárbaro" (1982) se beneficia de una música excelsa, compuesta para la ocasión, que realza las imágenes de este clásico crepuscular. La valía de la película, subyacente en una historia épica y sangrienta, aumenta con el subrayado de esta música colosal. Imágenes y melodías han quedado unidas para siempre en el cerebro de miles de espectadores.

No obstante, me gustaría resaltar el valor de esta música por sí mismo. Porque es una partitura rutilante llena de la fuerza muscular del protagonista, porque transmite y conmociona mediante la dosificación del lirismo y el estallido, porque como disco es un fluido de una coherencia incontestable y porque contiene multitud de detalles que la hacen parca y directa a la vez que exuberante y hermosa. Está claro que Poledouris se miró mucho en el paganismo bombástico del "Carmina Burana" de Carl Orff. Una idolatría basada en coros fanáticos que conecta con el aura de la película. El compositor dio en el clavo. De alguna forma arcana consiguió engarzar las perlas de un collar pesado y recargado. Un enjoyado grueso que, mal gusto aparte, vale su peso en oro.

sábado, 10 de noviembre de 2012

la interzona #28: lo que aprendes no te lo quita nadie



One Kind Favour *** (B.B. King, 2008)

Que un octogenario sea capaz de ofrecer un disco como este siempre es motivo de celebración. B.B. King continúa emocionando en la recta final de su vida con los mimbres sólidos que lo han hecho grande. Conserva la digitación parsimoniosa y firme que saca de Lucille esos lloros y esas sonrisas que son tan brillantes como hace sesenta años. Y conserva el hálito poderoso en una voz, algo gastada, pero aún destellante y capaz de alcanzar una profundidad inmensa.

Dicho esto, el disco no deja de ser más de lo mismo. Un esfuerzo en depurar y darle vueltas al patrón del blues clásico con algún elemento orquestal. Congelar para siempre una forma de hacer las cosas entrañable y valiosa. B.B. abre fuego mirando de cara a lo inevitable con una versión trotona de la popular "See That My Grave Is Kept Clean", emotiva por venir de quien viene. Igual de emotiva que la furia que sigue siendo capaz de desatar en "I Get So Weary". Con estas nos dice que sigue estando aquí. Son dos momentos clave de un disco del que también señalaría la melancolía palpitante de "Waiting for Your Call" y la sencillez espartana y afilada de "Sitting On Top of the World". Quilates.

viernes, 9 de noviembre de 2012

supertrax #86: no llores con enfado



Suena "Kid" de Pretenders y Chrissie Hynde amenaza con abatirme con su languidez extrema. Con esa voz dominando las inflexiones más sutiles y acariciadoras. Con ese soniquete de guitarra que se te clava en el centro del alma. Con esa batería precisa, económica y espléndida. Con esa coda que lo sube todo unas décimas. Sobre todo mi temperatura. Y claro, llorar es lo único que se puede hacer en estos casos. Si hay alguno que se le asemeje.

gigantes #31: cantar como un negro

Riley B. King, proclamado el rey del blues, es el ejemplo viviente de una vida entregada a la música. Con casi 90 años y aún en activo, es el último superviviente de una forma de tocar y cantar el blues en vías de extinción. Con él morirá una estirpe que ha hecho del sufrimiento una forma de arte, el vehículo expresivo para una música tan auténtica que duele.


Parecerá un tópico pero B.B. nació en una cabaña de Mississippi en 1925. Decir que su infancia fue difícil resulta una obviedad, agravada por el hecho de que su padre lo abandonó cuando tenía cuatro años. Aprendió a cantar en un coro baptista. Esos fueron sus primeros pasos musicales hasta que se decantó por la guitarra en 1943. Poco a poco fue desarrollando ese estilo único tan reconocible que lo convertiría en uno de los más grandes.

Trabajó como conductor de tractor y como pinchadiscos y cantante en un programa de radio de la famosa emisora de Memphis, WDIA, entre otras cosas. Fue en esta emisora donde logró cierta fama y donde le pusieron el mote de Blues Boy que posteriormente se acortaría a B.B.. Sus primeras grabaciones datan de 1949, con lo que su carrera se extiende durante más de ¡60 años! En este tiempo ha editado una enorme cantidad de discos entre singles y álbumes tanto de estudio como de directo. Ni que decir tiene que intentar seguir su producción discográfica es una labor ardua y económicamente salvaje.

B.B. King se ha hecho con un grupo de seguidores fieles por merecimientos propios. Sus maneras en el escenario, su calidez, sus solos plagados de bendings y vibrato y sobre todo su voz, esa voz cálida y plagada de matices, lo han encumbrado a la cima del arte del blues. Me gustaría hacer hincapié en esto último. No solo es un guitarrista genial con un estilo tan personal que cualquiera lo reconoce al segundo. No solo es capaz de hacer cantar a su guitarra como nadie. Es su voz lo que más me gusta, que ya es decir. Es una voz multicromática, viva, en las antípodas del aullido implacable y seco de Howlin' Wolf o de la gravedad hipnótica de John Lee Hooker. Nada que objetar a estas últimas, de hecho casi que me llegan más. Aún así, B.B. tiene el toque dulce y el grito apocalíptico. Su voz es la más completa del blues masculino. Un aliento poderoso envuelto en pura armonía, en pura dicción, en un paladeo firme, elegante y siempre sobrecogedor.

3 básicos

B.B. King **** (?)
Había que documentar la primera época del de Mississippi. Sin duda habrá obras más completas y lujosas que este disco perteneciente a una colección de Planeta de Agostini. Sin embargo este es el que conozco. Y me encanta. "You Upset Me Baby", "Whole Lotta Love", "She's a Dynamite"... ¿Sigo?

Live At the Regal ****1/2 (1965)
Disco en directo espectacular. Solo el comienzo con la presentación del artista, la entrada del grupo y el Mar Rojo que se abre cuando entra la guitarra de B.B. con esa luz, ya valen un potosí. La algarabía y el alborozo del público son solo un detalle de la intensidad de una descarga emocional y soberbia.


Completely Well ***1/2 (1969)
Un disco duro y seco donde la voz del sur vuelve a rugir y su guitarra vuelve a encantar serpientes. Canciones largas para que el guitarrista (o mejor cantante, como a él le gusta llamarse) se explaye en solos elásticos emparentados con el pujante blues-rock psicodélico de la época. Tranquilos, la psicodelia aquí se queda en que la banda suena algo más rock de lo normal. Poca cosa.

Una canción
Entre tanta buena caza, basta con lanzar el brazo y ver qué se ha pillado. Es imposible que no haya suerte. Esta vez cae esta maravillosa toma en directo de "Every Day (I Have the Blues)" de su Live At the Regal. Rhythm & Blues acelerado que levanta a un muerto y alegra una vida.


lunes, 29 de octubre de 2012

momentazo #126: inviernos duros



Negu Gorriak ***1/2 (Negu Gorriak, 1990)

Tras aparcar Kortatu, Fermin Muguruza se embarcó en una nueva aventura con Negu Gorriak, un entente combativo en la zona indefinida entre Public Enemy y The Clash. Bendita indecisión que les lleva a estrenarse con un disco potente y reivindicativo. Un hachazo en la cara de lo acomodaticio que se vale de rock clásico, punk cervecero, pop jamaicano y bases hip hop, para entregar la visión cruda de lo que pasaba en las almas esclavizadas de su pueblo. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la contundencia de la propuesta es irrefutable. Palabras duras que no admiten ser tergiversadas. Son directas y claras, con poca metáfora como los afilados riffs de guitarra y la solidez de una base rítmica poderosa. Los cuchillos de un grupo que buscó el sendero oculto entre Skatalites y Mano Negra en pleno Bosque de Oma. Un grupo que se estrena de manera brutal dejando claro que lo suyo no es buscar simpatías ni adhesiones baratas. De nadie.

viernes, 26 de octubre de 2012

momentazo #125: provocación inmaculada

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The Immaculate Collection  (Madonna, 1990)
POP
DANCE
Como el agua. Así de necesario es este disco para todo amante de la buena música. Sí, que nadie se extrañe ni se rasgue las vestiduras. Su carácter esencial radica en servir de testigo sonoro de una artista algo distorsionada hoy. Recordatorio excelso de lo que Madonna ha hecho en su vida, de sus gozos, de sus éxitos y ¿por qué no? de alguna miseria. En resumen, de lo que Madonna es y de lo que ha significado. Digo todo esto porque al nivel que está ahora, en el podio de diosa intocable en el que habita, se la aprecia distante con su parafernalia de plástico y su cerebro certero para los negocios. Una vida orientada por y para el éxito.




Y siempre no ha sido así. También ha compuesto (muy buenas) canciones. Solo hay que fijarse en la torpeza cándida y encantadora de las hiperochenteras "Holiday", "Lucky Star" o "Borderline"; en el arrebato de pop apasionado de "Material Girl", "Into the Groove", o "Papa Don't Preach"; en el exotismo de salón de "La Isla Bonita"; en la provocación de "Like a Prayer"; en el baile desbocado de "Express Yourself"; o en el trance perpetuo de "Vogue" o "Justify My Love". Razones de peso sin duda.

Aunque no quieras ningún disco más de la Ciccone este sí que deberías tenerlo. Por historia, por pelotas... Y porque es una gozada

Porque Madonna es mucho más que el escándalo permanente. Siempre atenta a la última tendencia, ha sabido jugar sus cartas con un enorme gusto. Y aunque no quieras ningún disco más de la Ciccone este sí que deberías tenerlo. Por historia, por pelotas... Y porque es una gozada.

jueves, 25 de octubre de 2012

momentazo #124: la escoria de la tierra en una sola garganta



Scum **** (Napalm Death, 1987)

Scum es lo que reza el título. Escoria pútrida servida sin adulterar ni un poquito. Un cachito de verdad que un puñado de fanáticos pueden abrazar con orgullo. El debut de Napalm Death inauguró esa andanada brutal que se llamó grindcore a base de conjugar velocidad hardcore y metal extremo. Tan claro parece que los orígenes de la banda están en el punk como que desde el principio ya era algo que se les quedaba pequeño.

Scum impacta a través de un sonido viscoso y sucio y una guturalidad cavernosa. Es un disco que no toma prisioneros y que se arma sobre unas letras de contenido sociopolítico que enlazan de maravilla con su estupenda portada. El oyente quedará sin aliento ante la velocidad apabullante de unos temas que nacen y se consumen en una conflagración casi instantánea ("You Suffer", la canción más corta de la historia según el Guinness, no llega ni al segundo y medio). Quedará hipnotizado ante la detonación salvaje que se sucede implacable. También se sorprenderá ante la diferencia de sonido entre cara A y B. No es la imaginación. La primera cara se grabó meses antes con la pretensión de incluirla en un disco compartido. Posteriormente se decidió completar material para la cara B y editarlo todo como un disco completo del grupo. Las dos caras, además, están grabadas por personal diferente debido a los continuos cambios de formación del combo. Todo este caos es lógico y, si me apuran, deseable para crear tamaña barbarie.

Napalm Death siempre ha sido un paraguas donde se han cobijado las mentes más inquietas de la música bruta. Nunca han tenido una formación estable como tal. Si se piensa, han sido el reflejo de su música. Disfuncionales, mutantes, unos colosos de lo extremo, lo salvaje y lo comprometido. Hasta la consumición.

martes, 23 de octubre de 2012

momentazo #123: el más puro final



Desaparezca aquí (Nacho Vegas, 2005)

"And now we rushed into the embraces of the cataract, where a chasm threw itself open to receive us. But there arose in our pathway a shrouded human figure, (...) And the hue of the skin of the figure was of the perfect whiteness of the snow".

El final del viaje, como en este relato de E. A. Poe, que podría describir este disco inmenso. La perfecta y eterna blancura, la muerte son las inspiradoras de esta obra en la que el cantautor invoca sus referencias más obvias (Nick Cave, Leonard Cohen, Bob Dylan, John Lennon...) y las baña de su estilo único para convertirlo en una celebración de la experiencia. La experiencia, como la vida, es dolorosa y es leve. Las aspiraciones no se ven colmadas ("El hombre que casi conoció a Michi Panero"). Las relaciones son superficiales y las charlas, fachada para calmar al monstruo de la convención ("Nuevos planes, idénticas estrategias"). El amor está hecho de ruinas ("Ocho y medio"). Y la muerte es lo único cierto ("La noche más larga del año").

"Desaparezca aquí" es la obra cumbre de Nacho Vegas. Por su negrura insondable. Por esa cruel resignación con la que nos toca en lo más hondo. Por muchos motivos, caminamos hacia el abismo. No está
de más que nos lo recuerden con el éxito absoluto de un disco excesivo que huele a clásico.

sábado, 20 de octubre de 2012

momentazo #122: está empezando a nevar



Actos inexplicables **** (Nacho Vegas, 2001)

Nacho Vegas parecía llegar como un advenedizo a esto de la música, pero no lo era en absoluto. Su experiencia con Manta Ray, Eliminator Jr. o Migala se muestra decisiva a la hora de afrontar su aventura en solitario. Y por supuesto tampoco podemos olvidar las enseñanzas provechosas adquiridas de escuchas devotas a Bob Dylan, Townes Van Zandt o Leonard Cohen. Todo este bagaje se muestra definitivo a la hora de armar un disco sólido, pleno y sin apenas fisuras. Actos inexplicables fue el disco del año en el panorama independiente de este país y significó el pistoletazo de salida para una carrera envidiable.

El disco anida protegido por los ramajes del folk norteamericano y británico y la hojarasca rockera que siempre había acompañado al asturiano. Es un refugio de versos malditos en el que todavía se vislumbra la timidez enfermiza de Nacho. Todo a media voz, entre susurros y con un ambiente de amenaza que destempla al más pintado. Historias oscuras y ocultas en las que la truculencia aparece velada pero bien presente. El Cohen de "Famous Blue Raincoat" se aparece en "Al norte del norte". Es una carta destrozada y melancólica como la enorme "El ángel Simón", como la versión maldita de Van Zandt, "Que te vaya bien, Miss Carrusel". Tan desgarradas en su cinismo como la preciosa "El camino". Cómodas en un clasicismo que se rompe un poco con el leve barniz trip-hop de "Molinos y gigantes", rock hosco y manchado de sangre con el que cierra con autoridad.

Actos inexplicables fue el principio de todo por muchos motivos. Un antes y un después para Vegas. Un disco de entrenamiento que le salió ganador. Casi sin querer, como Rimbaud, como Verlaine, como todos los que fueron malditos sin quererlo. Nacho quería, para bien o para mal. Desde el principio.

miércoles, 17 de octubre de 2012

tótem #62: el ruido del océano


Título: Loveless
Artista: My Bloody Valentine
Año: 1991
Productor: Kevin Shields
Sello: Creation

  1. "Only Shallow" (Bilinda Butcher, Shields) – 4:17
  2. "Loomer" (Butcher, Shields) – 2:38
  3. "Touched" (Colm Ó Cíosóig) – 0:56
  4. "To Here Knows When" (Butcher, Shields) – 5:31
  5. "When You Sleep" – 4:11
  6. "I Only Said" – 5:34
  7. "Come in Alone" – 3:58
  8. "Sometimes" – 5:19
  9. "Blown a Wish" (Butcher, Shields) – 3:36
  10. "What You Want" – 5:33
  11. "Soon" – 6:58
Loveless es una obra maestrísima de los 90. Un dechado de gracia en movimiento. Una sacudida interminable. Un disco irrepetible e inalcanzable que supuso el agotamiento de una banda genial. Es curioso porque abres el libreto y no hay apenas información. Tanto misterio solo puede deberse al descuido o a la imposibilidad de glosar el trabajo milimétrico, concienzudo y chinesco de un Kevin Shields desaforado que lo dio todo en el estudio para parir su magnum opus. Esto es un testamento inabarcable que casi nadie puede aspirar a legar.

Se abre esta joya a martillazo limpio y puro con las guitarras entrechocando contra la solidez férrea de una batería de adamantio. "Only Shallow" es tan prístina y precisa como un reloj suizo. Tan inmisericorde como Atila. El perfecto pórtico que nos adentra por senderos más turbios cargados de estática viciada y salvajemente hermosa. Eso es "Loomer", volatilidad y bruma que se amplifica en el interludio selvático que es "Touched". Tan solo un respiro para volver a volar a lomos de la guitarra planeadora sobre nubes hinchadas por el trémolo en la melodía esbozada pero clara que se va ensuciando en "To Here Knows When". "When You Sleep" golpea sin rodeos sobre un soniquete arrebatador en el que las voces de Kevin y Bilinda se sienten como en casa. Un chute de euforia antes de volver a la selva de los efectos con "I Only Said", donde algún ave mitológica grazna imperial sobre ese colchón de ruido que acaricia a bofetadas. El resto, pura gloria. "Come In Alone" pone algo de pausa sin perder un ápice de intensidad. "Sometimes" es una delicia derretida que requiere un apartado propio. Es un arrebato sonoro escalofriante en su emoción, un sueño imposible, candidata eterna a mejor canción de la historia. Ante tanta intensidad se hacía perentorio un tema de la ligereza de "Blown a Wish". Lo bueno es precisamente cómo esa levedad va enrareciéndose merced a una guitarra prácticamente daliniana. Ese sacarse melodías es-pec-ta-cu-la-res a partir de ruido viscoso es lo que hace a este disco tan impresionante. Y eso es lo que vuelven a hacer en la recta final con la contundencia pop de "What You Want" y el adhesivo eterno de "Soon". No se puede acabar mejor.

Hay discos que parecen haber estado ahí siempre. Obras tan necesarias que se hace imposible pensar cómo viviríamos hoy sin ellas. Forman parte de nuestra vida. Nos han ayudado y nos han inspirado. Y lo mejor de todo es que lo van a seguir haciendo siempre. No se puede volver a sentir el escalofrío de la primera vez, pero el fantasma de ese temblor sigue aterrando y maravillando. Como el primer día.

Curiosidades     

- Que el trabajo de grabación y edición fue minucioso queda claro cuando descubrimos que tardaron dos años en grabarlo y que usaron diecinueve estudios diferentes.

- Entre muchas otras técnicas, para conseguir el sonido tan único del disco, Shields usó barras de trémolo (una variedad de vibrato) en su guitarra, abusó del sampleado en baterías y enturbió voces.

- Un disco así es muy costoso y las 250,000 libras que se dice que costó pudieron tener una influencia decisiva en la ruina del sello Creation.

- "Loveless tiene un grosor invertido y escalonado que hace que los sonidos duros suenen suaves y los momentos frágiles, inmensos." - Chuck Klosterman.

martes, 16 de octubre de 2012

gigantes #30: ruído rosa

My Bloody Valentine, el vehículo expresivo de Kevin Shields, pasa por ser una de las bandas clave para entender la evolución de eso que llamaron noise rock y una de las bandas más importantes, adoradas y recordadas de los 90. Mitos vivientes con piel de gente normal.

Formados en 1983 en Dublín, coquetearon con el punk rock más directo y tardaron en dar con la tecla de un sonido propio, lo cual se puede decir que culminó con la edición de su EP de 1988, You Made Me Realise. Se trataba de un catálogo que anunciaba glorias futuras en base al sonido y su tratamiento. Rock rajado por la mitad envolviendo unas melodías refulgentes y vibrantes. Todo un hito que repetirían a lo largo de una discografía tan colosal como exigua. Solo tres álbumes largos y un puñado de sabrosos EPs y singles glosan la vida de una criatura tan genial como su líder en la sombra.

Kevin Shields ha sido el auténtico motor creativo de la banda. Este genio del sonido, productor detallista, guitarrista gustoso, en definitiva, escultor sónico de primer orden, es el arquitecto de los monumentos sonoros de MBV. Su trabajo en el estudio es tan importante o más que el que ha desarrollado en la composición e interpretación de sus temas. Sus decisiones y su instinto han sido fundamentales para el desarrollo de un cancionero envidiable por su forma más que por su contenido. Pero qué forma.

My Bloody Valentine suponen todavía una experiencia en directo física y brutal. Su ruido celestial se basa en mil ideas que sobrepasan el concepto de distorsión. El empleo del reverb en todas sus variantes, la acumulación obsesiva de capas de guitarras y el uso del trémolo hasta su extremo son solo tres minúsculos detalles que ilustran una mínima parte de las herramientas de las que se valen.

Y el resultado, ya lo intuyen. Usaré un ejemplo ya gastado pero irresistible. No es nuevo el comparar el sonido de esta banda con el orgasmo femenino. Un éxtasis prolongado, expansivo y profundo que se opone al masculino, más explosivo, instantáneo y limitado. Una liberación salvaje de feromonas que en toda su abstracción acaba sonando cohesionada y emocionante como el oleaje. Distorsión oceánica, inmensa, prolongada hasta el infinito.

3 básicos

You Made Me Realise ****1/2
Solo cinco canciones que noquean por su personalidad, te succionan y te escupen en una vorágine ruidosa y maravillosamente dulce. Solo escuchen el tema titular y sobre todo esa genialidad llamada "Thorn". No hay rosa sin espinas.

Isn't Anything ****
Todo un bloque inconmensurable. Con el muro de sonido de The Jesus & Mary Chain y un tratamiento melódico más contemporáneo ofrecen momentos venenosos de una dulzura irresistible y oscuridades que se miran en Sonic Youth, The Velvet Underground y todos los grandes para ser ellos mismos como nunca hasta entonces.

Loveless *****
Su obra maestra exprime al oyente desde su apertura con esa batería limpia y sólida como el acero. El bramido eléctrico se coloca al servicio de una música que consigue brillar entre las toneladas de maleza sónica. La culminación de lo que Shields llamó "guitarra planeadora". Aquí la música parece volar entre nubes de helio y vapores tan dulces que marean. Es agreste y es encantador.

Su mejor canción

"Sometimes" (véase aquí)

sábado, 13 de octubre de 2012

momentazo #121: la distancia



París, Texas **** (Wim Wenders, 1984)

La que puede ser obra cumbre de Wim Wenders no es un producto de digestión fácil. Precisamente por eso se puede paladear con regodeo y satisfacción prolongada. No es película para gente con prisas. Sus planos, su luz imperial, sus colores y su música necesitan tiempo para exhibirse e impactar. "París, Texas" es un regalo para los sentidos. Es un deleite esa luz cegadora en las inmensidades de los campos abiertos de Norteamérica. Como también lo es en los espacios cerrados donde la oscuridad se baña en verdes y rojos de neón. La música de Ry Cooder es un clásico de guitarras que aúllan su soledad. Todo dedicado al subrayado de esa distancia insalvable que proyecta la película en cada plano desértico, en cada mirada y en cada silencio. Distancias físicas y mentales, producto de eso tan difícil como cotidiano que se llama relacionarse.

viernes, 12 de octubre de 2012

supertrax #85: espinas entre las flores



El sonido del cielo salvaje debe parecerse a esto. La veta de ruído caliente que surca la base de guitarra acústica refulge en sus tonos de mineral precioso, mientras la voz descarga una melodía irresistible. My Bloody Valentine brillan con una luz atómica en esta gema directa de su EP You Made Me Realise (1988). "Thorn", se llama esta cosita que se infla y se infla y se infla...

jueves, 11 de octubre de 2012

trick or trick? #40: de wagner e invasiones



Absolution ** (Muse, 2003)

Muse me ha parecido desde el principio el sonido del nazismo más exacerbado. No hay más que dejar que empiece este disco para quedar aterrado por la fanfarria dictatorial que une "Intro" a "Apocalypse Please". Es solo una pequeña muestra de lo que espera al oyente, esto es, una escalada militar a base de martillazos e incontinencia barroca al servicio de la megalomanía insaciable de algún dictador imaginado. O más bien real, si atendemos a las ínfulas esperpénticas de ese vocalista hipertrofiado que es Matthew Bellamy. Un poco de Radiohead y de Jeff Buckley es solo la base para tratar de revivir el cadáver de Queen en canciones que están en las antípodas de lo sencillo, lo natural, lo auténtico. Muse gritan, adornan, recargan y envuelven todo de un absolutismo abominable que no deja espacio para la sutileza. Quieren que llores y saltes, te retuerzas y te estalle el corazón. Y lo quieren ahora y sin tapujos. Pues no, así no se juega a esto.

miércoles, 10 de octubre de 2012

momentazo #120: la cuna de la humanidad



New York-Addis-London: The Story Of Ethio Jazz 1965-1975 **** (Mulatu Astatke, 2008)


Desde la cuna de la civilización. Con una cultura musical y una mundología inapelables, Mulatu Astatke ha construído una carrera imponente con una obsesión principal: difundir y dar prestigio a la música ancestral de sus antepasados. Para ello revitalizó las raíces poderosas que conforman los diferentes ritmos etíopes que se entremezclan con la tierra y todas las músicas del nordeste africano. Y no contento con eso, se empapa de jazz y son cubano y se apropia de esos wah-wah más propios del funk pero que nunca han sonado tan apropiados como en esta música.

Toda esta exuberancia carente de prejuicio alguno no viene de la nada. Sus viajes, sus estudios y sus grabaciones en Londres, Nueva York y Addis Abeba han influido decisivamente en la expansión de una creatividad apabullante. Este disco recoge una muestra suculenta e imprescindible de un trocito inabarcable de historia. Son diez años resumidos en veinte piezas bulbosas que se retuercen en meandros serpentinos, bullendo entre aromas vegetales y terrosos de una exuberancia tan indescriptible como subyugante. Una obra clave para introducirse en la cultura de un pueblo rico como muy pocos.

viernes, 5 de octubre de 2012

momentazo #119: los afortunados



The Lucky Ones ***1/2 (Mudhoney, 2008)

Tras veinte años de carrera, Mudhoney da un golpe de autoridad para recordarnos que no se han ido. Y lo hacen con un disco rudo y agresivo que rebosa electricidad sangrante. Punk garajero y directo en canciones con mucho magro. Un viaje al pasado, a sus mejores tiempos, tiempos de ruido contagioso con gran parte de ese sentir adrenalínico que ha supuesto el combo de Seattle para toda una generación. Con todas esas palmas incitadoras que lo convierten en el disco por el que Iggy Pop hubiera matado para su reunión con los Stooges. Con una frescura, en definitiva, que casi nadie esperaba ya.

viernes, 28 de septiembre de 2012

gigantes #29: the (un)lucky ones

Mudhoney es un nombre que puede asociarse a todo aquello que significa ser fiel a uno mismo. Hasta sus últimas consecuencias. Una de las muchas pruebas la encontramos en la alineación inamovible que, hasta el abandono del bajista Matt Lukin en el año 2000, completaban Dan Peters a la batería, Steve Turner a la guitarra y Mark Arm a la voz y guitarra. Desde entonces el bajo pasó a manos de Guy Maddison, el único cambio en una carrera pedregosa pero sólida y honesta como pocas.


El grupo surgió de las cenizas de Green River, honorable miembro de esa hermandad que junto a Melvins, Malfunkshun o Soundgarden, formaron la primera hornada de bandas de ese "sonido Seattle" que posteriormente explosionaría en ese polémico grunge. Green River es famoso, más que por su música, por ser la banda de la que surgiría el grueso de Pearl Jam y Mudhoney. De estos últimos, Mark Arm y Steve Turner fueron desde un principio el germen creativo definitivo. En sus guitarras anegadas por el fuzz y el wah-wah infernal y en la voz de un Arm suicida y venenoso latía la pulsión extrema de los mejores Stooges, el berrido primitivo del mejor Iggy Pop y las esencias de un rock de garaje a codazos con el punk más visceral.

Se estrenaron por todo lo alto en la ahora mítica Sub-Pop, con un single apabullante, Touch Me I'm Sick/Sweet Young Baby Ain't Sweet No More (1988), un total de seis minutos que todavía hoy suenan vigentes y poderosos. Solo era el comienzo. Sin tiempo para recuperarnos arrojan a la cara el EP Superfuzz Bigmuff (1988), una bofetada en toda regla al rock acomodaticio de los 80. Es precisamente en estos formatos cortos en los que la banda parece más cómoda. Son estos fogonazos los que mejor pueden recoger la furia y el estallido de su rock incendiario. En cuanto a sus discos largos, los tienen notables pero son más difíciles de digerir, más espesos. Quizás este sea uno de los motivos de que no triunfaran como sus compañeros de generación, aunque eso de que no llegaran al gran público les ha acabado ayudando.

Nirvana y Pearl Jam fueron los grandes beneficiados de la sacudida que tuvo lugar en Seattle en los 90. Mudhoney siempre estuvieron allí. Si no antes, sí a la vez, jugando con cartas más modestas. Nunca tuvieron un éxito en las listas ni pudieron llegar a codearse con los más vendedores, pero su honestidad y su coherencia les ha amasado una legión de seguidores fiel y crítica a la que mirar en cada paso que han dado. Y con esto han conseguido lo más importante. Canciones tremendas, un directo atronador y violento, el respeto de sus compañeros y el derecho a ser considerados grandes. Los afortunados.

3 básicos

Touch Me I'm Sick/Sweet Young Baby Ain't Sweet No More ****1/2 (1988)
Su estreno en Sub-Pop es un single de esos que se llaman generacionales. Cualquiera que oiga por primera vez el aullido de Arm al principio del disco queda prendado del grupo al instante y sin remisión. Y por si fuera poco, la cara B es un foso de succión mareante que demuestra que hay muchas formas de interpretar eso que llaman rock espacial. Apabullante.


Superfuzz Bigmuff ****1/2 (1988)
Este EP es la mejor colección de canciones que hayan publicado. Es redondo de pe a pa, urgente, visceral, una sacudida a los sentidos dormidos de una generación anestesiada por la radiofórmula y las baterías electrónicas. Este disco revivió una forma de hacer rock sin concesiones a la galería, con una batería demoledora y unas guitarras que dan título a uno de los mejores EPs que jamás escucharás.

Every Good Boy Deserves Fudge ***1/2 (1991)
El formato largo les venía un poco, eso, largo. Aún así, consiguen en este su segundo LP conformar una colección muy sólida con un puñado de exitazos underground que son los responsables de que el nombre de Mudhoney siga causando admiración entre el público más exigente. No todos sus paisanos pueden alardear de haber envejecido con la dignidad de este grupo. Envidia cochina.

Una canción
"Touch Me I'm Sick" fue el pistoletazo de salida para la banda y casi para el grunge. Todavía hoy no ha perdido ni una pizca de su agresividad y su capacidad para impactar al oyente. Empieza con un riff machacón del mejor punk garajero hasta que es partido en dos por el grito primigenio de Mark Arm como en las más grandes de The Sonics o 13th Floor Elevators. Y justo cuando parece que la canción no es para tanto te suelta eso de "Come on baby, now come with me, if you don't come, if you don't come, if you don't come, you'll DIE ALOOOONE!!"... Y ya estás perdido para siempre.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

gigantes #28: el rey eléctrico de la ciudad del viento

Hay muy pocos artistas capaces de cambiar el curso de la música popular. Incluso entre los gigantes que pueblan esta sección, no todos tienen la misma importancia ni la misma capacidad de impactar a generación tras generación. Pues bien, supongo que se lo imaginan, pero Muddy Waters es uno de ellos.

McKinley Morganfield, que así se llamaba, nació en Rolling Fork, Mississippi, un 4 de abril de 1915. En una época y un área donde la vida para un afroamericano era de una dureza brutal, no es de extrañar que el blues encontrara el caldo de cultivo ideal para explosionarse con la riqueza con la que hoy nos ha llegado. Charley Patton, Son House y Robert Johnson llevaron el cante de las plantaciones de algodón a terrenos nunca antes soñados donde el pavor, el dolor y el sufrimiento moldearon sus vidas y sus voces. Todos, y especialmente Johnson, influyeron notablemente en el joven Waters cuando empezó a foguearse con su voz profunda y esa técnica guitarrística del bottleneck que fue decisiva para el desarrollo del blues del Delta.

Tras este aprendizaje, Waters se muda a Chicago en 1943 donde pronto se convierte en el máximo referente del "nuevo blues". Muddy amplifica su guitarra aumentando el impacto de esas notas secas y afiladas que sacaba de ella. Así creó el colchón perfecto para una voz superdotada en matices y de una profundidad tremenda.

Su influencia nunca podrá ser sobrevalorada. De él surgió y se desarrolló el blues eléctrico que no pararía de mirarse en su sombra en esos guitarristas blancos que dominaron las listas en los 70 y los 80. Ni Gary Moore ni Johnny Winter podrían tener jamás su sutileza, pero aprendieron bien los trucos y vendieron un par de discos de paso. También dio pie a que surgiera el rock, y gente como The Rolling Stones jamás tendrán con qué pagarle tanto robo. Empezando por el nombre del grupo.

Muddy Waters murió el 30 de abril de 1983 cerca de Chicago, la ciudad que le había visto florecer como bluesman comprometido, serio, elegante. La ciudad que le dio todo y a la que él puso en el firmamento del blues para siempre. Como a Chess Records, la compañía para la que grabó el grueso de su repertorio y a la que hizo un símbolo de la industria musical. Lo que Coltrane fue para Impulse!, Muddy lo fue para Chess. Lo que Coltrane fue para el jazz, Muddy lo fue para el blues. Irrepetible. Irreemplazable.

3 básicos

At Newport 1960 ***** (1960)
Documento en directo memorable y eterno. Waters suena con pasión aquí, con una banda engrasada y absolutamente entregada al blues más jondo ("Got My Brand On You") y al más endiablado ("Got My Mojo Workin'"). Y todo sacado de un concierto en una tarde calurosa de verano en Newport. Disturbios, sudor y baile en un documento esencial.


Hard Again ***1/2 (1977)
La vuelta tras un largo silencio y el primer disco fuera de Chess Records. Produce Johnny Winter y el maestro aparece relajado y poderoso para firmar una obra llena de contundencia. Quizás demasiada para la sutileza de su blues azabache. El blanco puede ser muy peligroso. Otra cosa es que pueda manchar siquiera la pureza de un artista mayúsculo.

The Chess Box ****1/2 (1989)
El documento definitivo. Tres CDs que glosan su etapa en Chess. Un resumen que va de 1947 a 1972 y donde caben (casi) todos sus temazos. Una zambullida inagotable para el sediento. Difícil hartarse con brebajes tan refrescantes y adictivos.

Su mejor canción
Si no hay más remedio, y con un cuchillo en la garganta, elijo el "Got My Mojo Workin'" que descargó en Newport 1960. La tensión sexual podía mascarse a pesar de aligerarla con numeritos como ponerse a bailar con uno de los miembros de su banda. Negros bailando, blancos marcando el ritmo y el calor sofocante que exuda la propia grabación. Tuvo que salir de inmediato a tocarla otra vez, tal fue su éxito. ¡Será salvaje!


supertrax #84: una llamada a la acción



Hoy toca un clásico inapelable. Eso es "Hoochie Coochie Man", compuesta por Willie Dixon para Muddy Waters. El término hoochie coochie hace referencia a una provocativa danza del vientre y a la vez es una forma de referirse al acto sexual en el sur de los EE. UU.. La canción suena peligrosa y lasciva alrededor de un riff obsesivo y lujurioso en el que el Adán eléctrico del blues de Chicago se refocila y sacia sus bajos instintos con ese primitivo "eeeeeeeeeeeverybody knows I'm him", auténtica llamada a la acción. Una llamada irresistible.

domingo, 16 de septiembre de 2012

la interzona #27: el eco callado



Lost Wisdom *** (Mount Eerie, 2008)

Esta cabaña que es Lost Wisdom parece un refugio cálido contra las embestidas del viento helado. Un lugar en el que el anfitrión te preparará ese caldito que calentará tus huesos congelados. Y así es. Ese anfitrión es principalmente Phil Elverum, aunque siempre cuenta con invitados de excepción. En esta época del año te podrás encontrar con Julie Doiron trinando sobre la guitarra parca de Frederick Squire. Estaban de paso y decidieron parar a descansar como parecen haber hecho antes gente como Leonard Cohen, Will Oldham o Will Johnson. Eso indican las huellas que se alejan en la nieve, ese sofá levemente hundido y esa ceniza en el cenicero. Hay algo en el aire que transporta sus voces en la lejanía. Quizás ese eco callado del raquítico estribillo del tema titular. O tal vez sea el viento que sacude esta cabaña espartana, de maderas secas y crujientes. Porque Lost Wisdom es un refugio, una fogata y crujidos temblorosos en la noche. Hasta que todo echa a arder y vuela por los aires. Eso es lo que es. Que nadie busque un fiestón aquí.

jueves, 13 de septiembre de 2012

momentazo #118: los pedazos maltratados del futuro

Hachi no su no kodomotachi (Children of the Beehive) **** (Hiroshi Shimizu, 1948)

Los niños de la colmena es puro neorrealismo a la japonesa. Esto supone que comparta cosas importantes y definitivas con Vittorio de Sica y con esa  Alemania, año cero (1948) de Rosselini. Es un drama conmovedor ambientado en la destrucción que sobrevino tras la segunda guerra mundial. Entre los daños colaterales quedaron montones de niños huérfanos condenados a sobrevivir en los márgenes de una sociedad rota. Entre paisajes naturales de hermosura selvática y los restos quemados de toda una civilización la película avanza optimista y negrísima a la vez. Su fuerza es pletórica y aun así ese poder se debilita un poco por ese "a la japonesa" comentado que se traduce en un exceso de melaza que no ha envejecido del todo bien. Escaso achaque para una película excelsa sobre el mayor crimen posible: una infancia robada que, como esos fotogramas impagables de Hiroshima, aparece hecha añicos. Eso es violencia. Y cómo duele.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

momentazo #117: glam & dylan



Mott **** (Mott the Hoople, 1973)

Mott the Hoople fueron una de las bandas más infravaloradas de los 70. Las obsesiones de su líder, Ian Hunter, se filtraron en canciones emparedadas entre Bob Dylan y un glam rock barato que las hacía deliciosamente guarras. Como ejemplo imperecedero tenemos este clásico, el sexto trabajo del grupo, obra capital y lustrosa en cualquier discoteca exquisita.

"Mott" se alimenta de lo comentado arriba. Guitarras sucias espolvoreadas de brillantina y un estilo vocal emparentado a ratos con el Dylan más desagradable dan como resultado un rock melódico pero feísta, atmosférico pero directo y crudo. Este disco es espectacular de cabo a rabo. Tiene tanto a lo que engancharse que es un auténtico festín. Es proto-punk y proto-heavy, el germen de tantas cosas... Marc Bolan debió quedarse henchido de orgullo y verde de envidia. Seguro.

domingo, 9 de septiembre de 2012

gigantes #27: los locos del motor



Motörhead, ese combo infernal liderado por ese bárbaro venido de otro tiempo que es Lemmy Kilmister, es una de las bandas más importantes que ha dado el metal. Y lo es por haber sabido amasar una legión de fieles incondicional y sobre todo variada. De alguna forma extraña, su rudeza sónica , su rock bastardo ha atraído a gente del punk, del metal y del rock clásico. Lo suyo es un blues sucio y espídico a piñón fijo y sin prisioneros. Una suerte de celebración de la maquinaria de la guerra en tiempos de paz.

Lemmy se inció en esto de la música con grupos desconocidos de escasa repercusión hasta que pasó de roadie a bajista de Hawkwind en 1971. En esta banda desarrolló su estilo inconfundible al bajo con su uso de acordes en lugar de notas aisladas más propio del instrumento. Esto influyó notablemente en el sonido del combo espacial y le ayudó a formar en su cabeza su aventura personal al frente de lo que iba a ser Motörhead.

La banda se formaría en 1975 y ha ido cambiando de formación hasta la actualidad manteniendo la constante de Lemmy en el bajo y la voz. El nombre del grupo hace referencia a los usuarios de anfetamina, Lemmy entre ellos, droga que influiría de manera decisiva en el sonido cortante, urgente y crudo del grupo.

Resultado de imagen de motorhead logo transparentEl éxito del grupo se ha basado en una cohorte de seguidores fanáticos que han sustentado el trabajo de Motörhead en estas casi cuatro décadas de ruido y furia. La imagen absolutamente reconocible del grupo y su líder, su iconografía filomilitar, su sonido personal y machacón, la voz cazallosa de Kilmister, y su logo con esas letras góticas inconfundibles y ese diseño de Joe Petagno (diseñador de todas las portadas de sus discos), son las marcas de fábrica de un grupo único.
Puede que su actitud y su música se relacionen de refilón con la cita de Hermann Göring, "cuando oigo la palabra cultura, cojo mi revólver", pero lo cierto es que las letras de Lemmy tienen cierta enjundia aún dándole vueltas a los mismos conceptos primitivos y atávicos que han moldeado el rock. Puede que se expresen a martillazos pero consiguen su objetivo. Lo llevan haciendo casi cuarenta años y siguen como el primer día. Es cierto que sus discos llevan mucho tiempo sin sorprender y/o enamorar como antaño pero la prueba de su directo sigue ahí, agitando cabezas y haciendo sangrar los oídos. Only way to feel the noise is when is GOOD & LOUUUD!

3 básicos

Motörhead ***1/2 (1977)
Este es el nombre del grupo, de su primer disco y de la primera canción que compuso Lemmy para el mismo. Dicha canción fue incluso grabada con Hawkwind. De todas formas poco hay aquí de esta banda, si acaso un restillo de psicodelia fangosa ("Iron Horse/Born to Lose"). Desde el principio Motörhead suena a rock viscoso y sucio con el blues en el retrovisor y quemando rueda cosa fina. 


Overkill **** (1979)
El segundo ya es un puñetazo incontestable. Su mejor trabajo en el estudio se construye alrededor de ese doble bombo que espolea a la canción titular. Una masacre en toda regla que inspiró a Lemmy a escribir sus canciones más furibundas y pendencieras en un momento de inspiración y contundencia irrepetible (en el estudio). Aquí hay clásicos para dar y tomar y sigue siendo el esqueleto sobre el que se sustenta el directo de la banda.

No Sleep 'Til Hammersmith ***** (1981)
Rock de alto octanaje en el que puede ser uno de los mejores documentos en directo de la historia. Esta obra maestra se alimenta de lo mejor que había hecho el grupo hasta entonces. El repertorio lo basan sobre todo en Overkill (1979) y en su último disco entonces, Ace of Spades (1980). Con estos materiales y la vehemencia y la furia de su entrega el resultado no puede ser otro que un disco demoledor y absolutamente BRUTAL.

La mejor canción

Está claro que "Ace of Spades" es la canción que los lanzó al estrellato pero me quedo con otra gema igual de incontestable y salvaje. "Overkill", que abre el disco del mismo título, me sigue avasallando con esa entrada a base de doble bombo inmisericorde para que el bajo se despliegue y la guitarra brame en una matanza que anuncia un par de finales falsos para entregarse al solo desgarrador y revientatímpanos. Vigente siempre.
 

jueves, 6 de septiembre de 2012

la interzona #26: motor potente gripado



On Parole (Motörhead, 1979)

Grabado en 1975 aunque editado en 1979 tras el éxito de "Overkill" y "Bomber", son las primeras grabaciones de Motörhead. Este debió ser su primer disco, aunque la nula confianza de la discográfica hizo que abortara la operación, la cual retomaría años después aprovechando el tirón que la banda había amasado tras "Bomber" (79). Su debut discográfico en realidad fue "Motörhead" (1977) que coincide en buena parte del listado de canciones con este, aunque fue grabado con posterioridad y con otros músicos. Esta inhumación es valiosa en gran parte por ser la única grabación en la que participan los miembros originales de Motörhead.

Lemmy, Larry Wallis y Lucas Fox abrieron fuego bajo este nombre mítico que es Motörhead. El caso del último, el batería, es curioso pues en realidad no toca casi nada de lo que se escucha en la grabación final. Fue sustituido en mitad de las sesiones por Phil "Philthy Animal" Taylor, el cual regrabó todas las baterías a excepción de "Lost Johnny". El resultado de la grabación finalizada es puro Motörhead en cuanto a suciedad y crudeza aunque a años luz de la explosión que supuso ese cañonazo llamado "Overkill" (79). Larry Wallis puso voz principal en dos temas, y el resultado es curioso para el fan completista pero desangelado en comparación con la cazalla seca que Lemmy escupía en el micro. En definitiva, un documento de talla menor pero que revela una valía incipiente.

lunes, 3 de septiembre de 2012

la interzona #25: ajuste de cuentas



Viva Hate *** (Morrissey, 1988)

Morrissey tendrá muchas virtudes pero está claro que la modestia no es una de ellas. De ahí que le faltara tiempo para airear sus vergüenzas en cuanto se disolvieron The Smiths. Entrar a discutir si su obra en solitario puede acercarse a las cimas del grupo madre es, en mi opinión, casi obsceno. Así lo deja claro en una obra que si demuestra algo es que The Smiths triunfó en base a una dupla compositiva irrepetible. La tensión entre Morrissey y Marr se canalizó en joyas inmarchitables. Aquí, tan solo "Suedehead" puede codearse con las más grandes que Morrissey había compuesto y/o cantado con anterioridad. Ni siquiera la luminosa "Everyday Is Like Sunday", ni la hermosa y orquestal "Angel, Angel, Down We Go Together", ni la extensa y deliciosamente amarga "Late Night, Maudlin Street" pueden invocar glorias pasadas. Está claro que el estilo vocal sigue ahí, intacto, y que las temáticas que obsesionaban al mancuniano siguen perennes en unas letras notables. Pero algo falta, algo se ha dejado atrás. Y me temo que es algo irrecuperable porque no es nada suyo. Sin embargo, y a pesar de la paliza, no es un mal disco. Es un trabajo irregular, vomitado más que digerido. Un arrebato con momentos bellos y momentos para olvidar. Mejorable pero muy digno.

viernes, 31 de agosto de 2012

momentazo #116: sax & rock



Cure for Pain **** (Morphine, 1993)

Así debería ser toda cura para el dolor: cálida, oscura, efectiva... Te va llenando las venas poco a poco de suave ponzoña hasta que te anega el alma. Un pelotazo en el que la ausencia de guitarra en la práctica totalidad de los temas no se deja notar. De ello se encarga un saxo que sabe donde hay que estar pero también una base rítmica que toca lo justo y mantiene el pulso entre la delicadeza más cuidada y momentos de densidad y ataque sin piedad. De ello dan muestras en "Candy" donde la languidez del bajo le otorga al tema una cualidad adictiva; en la bruma de "Dawna" y "Miles Davis' Funeral"; y en el vigor negro de "Buena", "All Wrong", "Thursday" o "Sheila".

Excelente segundo disco de un grupo que buscó la originallidad desde su misma concepción. Morphine fueron una isla en la década de los 90 y el tiempo los ha convertido en un mito sin posibilidad de continuación. Su carrera fue truncada de raíz por el fallecimiento del bajista y cantante Mark Sandman. Desde su formación en 1989 hasta su trágica disolución diez años después, demostraron una creatividad y una independencia fuera de toda duda. La intención siempre cuenta y si el resultado es como este disco, cuenta el doble. Tócala otra vez Dana.

jueves, 30 de agosto de 2012

momentazo #115: el porteño y el madroño



Fiebre de vivir **** (Moris, 1978)

No hay mejor cronista que el que viene de fuera. Hay muchos ejemplos de ello, sin ir más lejos, Hemingway y sus retratos de la 1ª Guerra Mundial o de la "Fiesta" española. Algo de eso encontramos en Mauricio Birabent, "Moris", un argentino que en este disco emocionante retrata el pulso de la ciudad como nadie hasta entonces y me atrevería a decir, desde entonces. La ciudad no está en la imaginación, es Madrid, y el tributo es sentido y vivido, a veces duro, a veces declaración de amor eterno.

A Moris le gusta rockear fuerte y así es como sella en nuestro idioma las adaptaciones de clásicos eternos del rhythm & blues y el rock & roll norteamericano. Junto a ellas conviven letras y músicas enteramente suyas que son las que dan enjundia al disco. Porque si grandiosas son "Zapatos de gamuza azul" o "¿Qué dije?", son gemas como "La ciudad no tiene fin", "Nocturno de princesa" o "Balada de Madrid" las que muestran la personalidad diferente, única del rockero argentino. Así, en este disco se confunden lo propio con lo ajeno, la poesía con el ripio dudoso, y el rajo rock con la nostalgia porteña. Es la obra madura de un pionero injustamente infravalorado.

"Fiebre de vivir" es el tercer disco de Moris y es una obra que fluye viva y radiante, rocosa y dulce, como un río de asfalto, y nos recuerda con toda su imperfección que nada supera al hecho de sentirse vivo.

miércoles, 29 de agosto de 2012

supertrax #83: a pleno pulmón



"Rome Wasn't Built In a Day" clamaban Morcheeba en su Fragments of Freedom (2000), como para reclamar su puesto dentro del esforzado panorama musical donde nadie les había regalado nada. Lo poco o mucho que hayan conseguido lo han logrado a golpe de atmósfera y de pildorazos pop como esta maravilla que refulge como ninguna en su cancionero. Esta canción es un chute de euforia brutal. Un levantamuertos espectacular con su receta rítmica y sus coros soul-pop de ambrosía líquida. Preciosa y apabullante.

trick or trick? #39: ese tibio soul urbano



Who Can You Trust? **1/2 (Morcheeba, 1996)

Morcheeba se alineó de refilón en esa corriente tan intensa como caduca que fue el trip hop de mitad de los 90. Más que nunca en este estreno atmosférico, perezoso y sugerente, preñado de esa oscuridad sedosa que un buen bajo y unos teclados cristalinos y peliculeros saben dar tan bien. Más aún si se envuelve todo en guitarras acuosas y ondulantes sobre las que la voz sugestiva y cálida de Skye Edwards puede desplegar todo su carisma. La receta queda pues fijada, lo que conlleva no poder extender la vigencia del sonido más allá de los 90. Esa es una de las lacras de un producto de su tiempo hasta las últimas consecuencias. Esa y el no ir al grano. Morcheeba se hartan de sugerir. Sugieren y sugieren hasta que el oyente se harta de esperar. Porque detrás de esa sutileza, ¿qué hay? Parece que debe ser mucho a raíz de lo misteriosos que se ponen, pero es que acaba el disco y realmente no lo sabes. Al final hay que enseñar algo de teta.

martes, 28 de agosto de 2012

gigantes #26: corazón en carne viva

Miguel Vargas Jiménez nació en Utrera en 1940 y falleció allí mismo 59 años después. Empezó a trabajar pronto en la barbería paterna para descubrir que lo suyo era la farándula. En 1961 se estrenó actuando en Antequera y allí empezaron a llamarle Bambino por la versión agitanada de la canción "Bambino Piccolino" de Renato Carosone. Desde esos comienzos ya demostraba que iba a ser un artista único.


Bambino siempre será recordado por sus dotes interpretativas. Como decían de Jacques Brel, el de Utrera cantaba con todo el cuerpo, se metía en la copla, la zarandeaba con su fraseo impoluto, la vivía como si fuera la última vez que iba a cantarla. Los escenarios pequeños y recoletos eran su hábitat natural. Ahí podía desatar su frenesí, entregado a esa poesía de amores prohibidos y pasiones secretas. Esa misma que Lorca plasmara en sus Sonetos del amor oscuro (1936). Ambigüedad e insinuación que eran dos ingredientes importantes en sus canciones. Ingredientes que mezclaba y trituraba con un desgarro doloroso que bullía en una garganta portentosa. Bambino fue una fuerza de la naturaleza, un omnívoro sin prejuicio alguno. Lo mismo cantaba copla que tango o bolero. Lo mismo se enfrentaba a una canción de amor de Manuel Alejandro que a una bulería. Dominaba en los aires festeros como nadie y también hacía llorar de emoción con baladas de corazones destrozados.

Por todo esto y mucho más, Bambino puede ser considerado un grande. Su contribución a la música ha sido valiente y le ha valido montones de críticas de los puristas. Sin gente como él viviríamos estancados en un pasado inamovible. Gracias a él podemos decir que el mundo es un poco más luminoso. Él nos enseñó las sombras amargas de la vida para que pudiéramos abrirnos paso hacia la luz. Eso es algo que no tiene precio.

lo básico

Bambino y su combo flamenco ****1/2 (1971)
Empieza con una confesión incestuosa que parece imposible hoy día. Este disco sobrecoge en su desenfado y su profundidad. En esa combinación de fiesta y cristales rotos Bambino destroza mitos a base de adueñarse de temas ajenos y propios (compuestos para la ocasión, se entiende) con una garganta y una implicación sobrehumanas. "Miedo", "Cantiñas de Utrera", "Advertencia", "No me des guerra" y "Mi amigo" son estampas imborrables de la desdicha, el desamor y el (homo)erotismo. Imprescindible.

"Bambino" **** (2004)
Esta recopilación pirata recoge buena parte de las glorias de Bambino. Puede que las haya mejores y más completas pero no creo que las haya capaces de superar a esta en sus 70 minutos de gloria. "Payaso", "Tú me acostumbraste", "Bravo", "Podría volver", "Procuro olvidarte", "La pared", "Pobre del pobre"... Estas y muchas más deberían ser asignatura obligada en los colegios. Bueno, o en el bachillerato... Sí, mejor.

La mejor canción
Aunque las hay más memorables, me decanto por la historia de incesto que esconde "Cantiñas de Utrera". Todavía recuerdo mi sorpresa cuando entre aires festeros que levantan a un muerto oí por primera vez eso de "si tú te llamas Rocío y yo me llamo Miguel, nos sobran los apellíos pa ser marío y mujer". Un canto eufórico de alabanza a lo heterodoxo, a la diferencia y un grito de provocación que parece ir contra una sociedad conservadora, puritana y castradora.



domingo, 19 de agosto de 2012

perVERSIONES #20: magnesia


Triángulo de amor bizarro cogen el clásico de La buena vida, "Magnesia", y lo pasan por su hormigonera en directo. El resultado es una barbarie de noise mareante que le da una nueva vida a la canción. Decir que la hacen suya es sonar tópico y gastado pero una vez más, certero. El fluido viscoso hierve en el caldero, borbotea y echa llamas en una cocción a fuego fuerte para ofrecer el brebaje a un Pedro San Martín que nos dejó demasiado pronto. Esto es un sincero "a tu salud".

sábado, 18 de agosto de 2012

la interzona #24: adición bajo mínimos



balago *** (balago, 2001)

Alabanzas merecidas para la matemática de subconjuntos de balago. Este debut rezuma aromas de gran disco. De esos que hay que degustar con mesura y sin prisas. De los que se van hinchando poco a poco. Aún así tendría que decir que para mí no se infla lo que debería y si reconozco que "Adf" se me cuela en la piel como una aguja al rojo, debo también admitir que casi 70 minutos de ambientes plomizos y etéreos no son lo que busco por el momento. "Erm" es un disco meditativo, tembloroso y potente a su manera. Conjuga las formas y los sonidos de gente variopinta como Tangerine Dream, Migala o el lado más preciosista de Mogwai. Post-rock, ambient, electrónica paisajística... Bien, pero prefiero no atiborrarme.

jueves, 16 de agosto de 2012

momentazo #114: seda underground



The Blue Moods of Spain **** (Spain, 1995)

¿Te has comprado alguna vez un disco por la portada? Es un riesgo que unas cuantas veces se ve recompensado con creces. Son esas ocasiones en las que lo que sale por los altavoces es esa imagen icónica que te tiene atrapado mientras escuchas. Como estos azules tristes con fondo oscurísimo. Una imagen y un sonido sugerente, etéreo, acariciado y de variaciones mínimas. Como el humo de ese cigarro, se eleva, se expande y crece hasta que inunda la habitación y se diluye en el aire. Una hora de espiritualidad de dormitorio, de aislamiento de un mundo exterior que no puede haber inspirado una obra tan delicada, melancólica, sencilla, expresiva y radical en su oposición al ruido y la tensión. Como si estas dos cosas fueran las únicas válidas para el arte transgresor. No lo son. Ahora lo sé, ¡vive Dios!... No lo son.

miércoles, 15 de agosto de 2012

momentazo #113: soñar



Le fabuleux destin d'Amélie Poulain ***1/2 (Jean-Pierre Jeunet, 2001)

"Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer." -
Hipólito

No me queda claro si Amélie va sobre la capacidad ilimitada de soñar o sobre la incapacidad de dejar de hacerlo. El defecto hecho virtud o la generosidad convertida en laberinto asfixiante. Ni falta que hace averiguarlo. La película contagia optimismo y vibra en una euforia gracias a su frenesí endiablado y sus colores y ambientación tan Jeunet. Carece de la oscuridad característica del realizador francés, o más bien está mucho más diluida en una trama en la que la timidez empuja al misterio y la solidaridad cura una vida que no deja de ser trágica. Amistad, empatía y ese misterio del que hablábamos que no es bueno prolongar demasiado pues puede arruinar la propia existencia. Amélie es una canción hermosa, un suspiro brillante y vaporoso, un estallido de luz capaz de arrancar sonrisas y pieles muertas de algo que creíamos emoción. Ese es su valor y su noble propósito. Nada más y nada menos.