martes, 28 de febrero de 2012

momentazo #83: hot butter soul



The Composer of Desafinado, Plays **** (Antonio Carlos Jobim, 1963)

Calidez infinita, melancolía dorada, emoción prolongada en un murmullo extático... Las cualidades del género quedan estampadas para siempre en la mente y los dedos prodigiosos de Antonio Carlos Jobim. No se me ocurre mejor manera de acercarse al talento colosal del carioca que este disco, un compendio de algunas de las muchas composiciones inmortales que entregó.

Se trata de doce instrumentales que sellan un estilo, la bossa nova, que se ha convertido en clásico. Jazz noctámbulo mecido por las aguas cálidas de la samba y demás ritmos puntuados por percusiones acariciadas, pianos mínimos y delicados y guitarras sencillas. Nada tiene afán de protagonismo en una música dulce y por momentos sobrehumana. A destacar, además de todo lo mencionado, unos arreglos de cuerda mayúsculos que atraviesan el alma como un cuchillo la mantequilla caliente. Soberano.

domingo, 26 de febrero de 2012

supertrax #71: fosforescencias de ensueño



Guitarra mínima y voz que despliega pura poesía. Aún con esto, poco de especial tiene este "Milers d'habitants" de Antònia Font. Al menos no hasta que la canción estalla en una coda instrumental a base de trompetas y percusiones verbeneras que llaman a la fiesta y dibujan una sonrisa... enorme.

domingo, 19 de febrero de 2012

supertrax #70: deporte de élite



Temazo de los salvadores del pop experimental del siglo XXI. Reconozco que no comulgo al 100% con las loas de Merriweather Post Pavillion (2009), pero también tengo que rendirme ante el arte que derrochan Animal Collective en este prodigioso cierre que es "Brother Sport", un compendio inmenso de voces cruzadas y latigazos melosos, un potingue con aroma africano y textura playera, una canción extática y celestial. Para ver cosas.

jueves, 9 de febrero de 2012

tótem #57: reinado sangriento



 Título: Reign In Blood
Artista: Slayer
Año: 1986
Productor: Rick Rubin, Slayer 
Sello: Def Jam

El reinado de sangre de Slayer pasa por ser una joya musical de quilates y enjundia muy por encima del campo limitado del metal. En su tercer disco largo, lo cual es un decir con sus escasos 30 minutos, el combo californiano ofrece una dosis extrema de violencia, sangre y poder metálico para facturar una obra maestra que traspasa géneros y edades, y se instala definitivamente como uno de los mayores tratados de música heavy y una de las obras clave para entender el ruido y las pasiones primitivas y atávicas que este arte puede desatar.


El thrash metal más o menos ortodoxo de los inicios de la banda cobra aquí un estatus legendario merced a un alud instrumental apabullante donde la batería de ese titán llamado Dave Lombardo es más que nunca una apisonadora (véase ese inicio con "Angel of Death"), la voz impía de Tom Araya se muestra elástica y ruín como nunca hasta entonces, y las guitarras entrópicas y brutales de Kerry King y Jeff Hanneman coquetean con el noise, el caos y una suerte de free jazz que muchos llamarán de pacotilla pero que ahí está. Y no es esta la única virtud de un disco que noquea por su discurso encendido y fluido en una continua alabanza de la violencia y las simas más abyectas de la conciencia humana. Un sinsentido pútrido en el que se hace doloroso asomarse e insoportable sumergirse. Los ritmos marciales se suceden sin descanso, las pausas son instantes de aliento mínimos y perfectamente distribuídos y las dosis de acción, semicalma y salvajismo se suceden en un collage sangriento y apabullante.
El combo californiano ofrece una dosis extrema de violencia, sangre y poder metálico para facturar una obra maestra que traspasa géneros y edades, y se instala definitivamente como uno de los mayores tratados de música heavy
Black Sabbath marcaron una senda que bandas como Slayer pretendían explorar y ensanchar con su estilo sin prisioneros. En Reign In Blood todo se conjura para erigirse en obra capital. La misma portada, con esa iconografía incómoda que hace más que rozar lo herético, solo aumenta el atractivo de lo que podemos encontrar en su interior. Siempre va a pasar lo mismo con estas cosas. El triunfo no se busca, se encuentra. Sobre todo cuando se llega a ese punto justo en el que la expresión logra conectar con unos cientos de miles de almas atormentadas que ven reflejada su vida interior en un puñado de canciones. Un puñado como el rosario de rubíes que erupciona en este trabajo volcánico y avasallador. Uno de mis discos favoritos aunque no le haya hecho justicia con mis palabras. Compréndanlo. No se puede.

Curiosidades

- Parece que la corta duración del álbum que tiene más que ver con el punk que con el metal, se debe a que al escuchar los discos de Metallica o Megadeth del momento notaron que les cansaba el repetir los riffs hasta la saciedad. No fue algo buscado, según Jeff Hanneman. El otro guitarrista, Kerry King, afirma que buscaban otra aproximación. Recortar las canciones supuso el hallazgo de un disco más intenso y directo.

- La velocidad se puede medir y en este disco la media estaría en los 210 golpes por minuto.

- La banda recibió críticas encendidas por "Angel of Death", canción que se refiere a Mengele y sus experimentos en Auschwitz. Se les achaca que no critiquen las acciones del doctor nazi ni las condenen. Una neutralidad peligrosa que Hanneman justifica diciendo "no puse nada en la letra que dijera que era un hombre malvado porque para mí ¿no es algo obvio? ¿es que tengo que decírtelo?"



sábado, 4 de febrero de 2012

momentazo #82: brutalidad honesta



Honestidad brutal **** (Andrés Calamaro, 1999)

Entrar a valorar estas casi dos horas y media de música es como tratar de medir un océano con un vaso. Aún así, y como es obligatorio, trataré de detallar las impresiones que causa la obra magna de Andrés Calamaro, porque eso sí, esto es una cumbre en una cordillera puntiaguda. Es más, yo diría que es toda una cordillera con sus irregularidades, sus panorámicas que quitan el hipo, sus abismos cortados al ras, sus barrancos tenebrosos y sus hondonadas hediondas. Un disco de luces y sombras que se suceden constantemente entre sus dos rodajas, entre sus diferentes cortes, dentro de una misma canción e incluso en una misma sílaba.

La grandeza de Honestidad brutal, lo que lo hace destacar a simple vista es su desmesura activa y titánica. Naturalmente, me refiero a su duración amenazante, pero también a su riqueza musical. Una obscenidad de ritmos negros, blancos y latinos que mezclan reggae con rock, tango, funk y copla de autor en una cópula promiscua y desprejuiciada que deja boquiabierto al oyente desprevenido. Tamaños excesos pocas veces están del lado del buen gusto, y este caso es una excepción flagrante, un triunfo (casi) absoluto en el que la lírica cotidiana y a veces malsonante del porteño casa a la perfección y no chirría. Calamaro nos habla de roturas irreparables, despedidas, ídolos sangrantes y deseo en un disco descomunal que solo cede en la primera parte del segundo CD. Nada grave. Cuando vuelve a elevarnos nos damos perfecta cuenta de la altura de unos picos inalcanzables para la media.

Con este disco hay dos opciones claras. Uno puede quejarse de las rimas fáciles, tontorronas y sin sentido (son menos que nunca, pero las sigue habiendo), o de la forma de cantar tan dylaniana que aplica aquí Andrés, como si no quisiera que las canciones murieran de belleza y necesitaran de ese feísmo que a veces queda tan impostado. No aquí, pues la segunda opción es dejarse arrastrar por el torrente de imágenes, de amores rotos, de música bien pensada y mejor ejecutada, de melodías infecciosas, y ver a donde nos lleva. Hoy es el Blonde On Blonde en castellano. Mañana... Tendrá hijos y nietos ilustres. No les quepa la menor duda.

jueves, 2 de febrero de 2012

momentazo #81: confesiones con la tripa revuelta



Alta suciedad **** (Andrés Calamaro, 1997)

Se hace difícil hablar de un disco tan instalado en el imaginario popular. Todo el mundo debe tener una opinión muy clara al respecto de Alta suciedad. La mía, en cambio, se balancea con cada escucha. Musicalmente conseguido hasta decir basta, melódicamente tierno y sólido a partes iguales, es líricamente donde puede aplastarte o hacerte huir. Depende de la canción y de cómo te encuentres ese día porque los ripios típicos del argentino no se han disuelto por completo. Si acaso se han reformado. De tanto verlos venir, estos nos parecen nuevos, pero en realidad el estilo poético de Calamaro está ahí en todo momento. Y esto, me temo, no siempre es una virtud. Las frases ingeniosas y las rimas forzadas aparecen pero no ganan ni las unas ni las otras sino que mantienen un equilibrio que le da un encanto indudable a esta obra.

No obstante, a pesar de todos estos peros, resulta impensable que esto no se considere una obra capital en la música cantada en español. Aún mirando con lupa la parte recitada de "Me arde" o la segunda mitad de "Nunca es igual", el primer disco de Calamaro tras Los Rodríguez triunfa. Cómo no hacerlo con joyas absolutas como "Alta suciedad", "Todo lo demás", "Loco", "Flaca", "Media Verónica", "Elvis está vivo" o esa maravilla llamada "Crímenes perfectos". Estamos ante un catálogo definitivo de dolores y amores. El auténtico pórtico de entrada a la obra de un artista esquivo y egocéntrico. Y por supuesto, genial.

miércoles, 1 de febrero de 2012

trick or trick? #31: desechos reunidos



Grabaciones encontradas volumen uno * (Andrés Calamaro, 1994)

El colmo del artista prolífico revienta en esta compilación que es todo exceso de grasa. La poca fibra se concentra en una hipnótica "No se puede vivir del amor" y en una curiosa aunque algo torpe "Lou Bizarro". Muy poquito más en un disco lleno de retales y ensayos que no son más que una prueba de lo mala que es la autoindulgencia. Desechable.