jueves, 31 de mayo de 2012

trick or trick? #35: la dictadura de la perfección



Images and Words * (Dream Theater, 1992)

Hay un problema cuando eres un dios de tu instrumento. Rodeado de escalas inalcanzables y con la posibilidad de tocar música de ensueño te sueles olvidar de fabricar canciones que puedan atraer al resto de la humanidad. Dream Theater son el epítome de este pecado elevado a la enésima potencia. No sé si será incapacidad o ceguera, pero lo cierto es que no encuentro nada que llevarme a la boca en este disco, que pasa por ser su obra maestra (o una de ellas, dicen los fanáticos del metal progresivo).

No, nunca me van a impresionar los virtuosos mal entendidos. Los que olvidan el brillo de una melodía directa y se enzarzan en devaneos histriónicos, engolados y de una pompa insufrible. Poco o nada me importa el que toquen el bajo con el meñique, trunquen el ritmo ochenta veces en un mismo tema o sean tan buenos que puedan hacer sonar su instrumento solo con el pensamiento. Si esto no va acompañado de emoción sincera y/o tralla eléctrica directa a la médula, se lo pueden guardar donde les quepa. No hablemos ya de los momentos "delicados". Solo podrán disfrutarlos dos tipos de oyente: todos esos que no se cansan de decir que "las baladas heavies son las mejores" y aquellos que consideran un musical como "la experiencia melómana definitiva". Ni que decir tiene que no estoy en ninguno de los dos grupos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

trick or trick? #34: el "divino" calvo



Play ** (Moby, 1999)

El superpelotazo mundial de Moby en 1999 se puede disfrutar moderadamente si nos olvidamos de la sobreexposición a la que se nos ha sometido en videojuegos y cuñas publicitarias en televisión, cine, radio... ¡Buuufff!. Suena como una caricia y como tal amenaza con el sopor y el tedio que vence en gran parte debido a la novedad que supuso en el momento. Esos negros bañados de electrónica de club sellarían la tumba del calvo de oro. Esos mantras electrónicos nos saturarían las neuronas durante futuros proyectos propios y ajenos. Años de saciedad y hastío que no empañan la cualidad mántrica y envolvente de un disco menor para mayores. Una obra blanda y sosa que aplaca las iras. Y en el tramo final, aburrida con ganas. Curiosamente, a pesar de todo, de vez en cuando cura. El principio... Del fin...

lunes, 28 de mayo de 2012

trick or trick? #33: emigrante extraviado



... Nothing Like the Sun *1/2 (Sting, 1987)

Blando hasta la extenuación, este tercer disco en solitario de Sting no hace más que confirmar lo que ya se intuía en los últimos años de The Police. Que estaba más acabado que King Kong subiendo por el Empire State. Para colmo, las ínfulas y la pompa que gotea desde las letras hasta los arreglos, pasando por las notas para cada canción escritas de su puño y letra, no están disimuladas en absoluto. Muy al contrario, el regodeo es feroz, y claro, tener que soportar casi una hora de ñoñerías con tan poquito que llevarse a la boca ("Englishman in New York"?, "The Lazarus Heart"?, "Fragile"?) es una labor titánica y a la que por suerte nadie debe estar obligado. Dicho queda. Y eso que "Fragile" es preciosa, pero la producción y los arreglos de teclado la destrozan sin remedio. Y lo que le ha hecho al "Little Wing" de Jimi Hendrix con la excusa de basarse en un arreglo de Gil Evans (que colabora con su orquesta) no tiene nombre ni perdón posible.

domingo, 27 de mayo de 2012

momentazo #96: el haiku y la barretina



Set tota la vida ***1/2 (Mishima, 2007)

La música de Mishima parece llegada de un vergel extraño y multicolor. Esa es la idea que florece tras asistir atónitos al comienzo mágico de este disco. Los acordes que lo abren sugieren que han sido soñados más que tocados. "La tarda esclata" echa raíces y brota ante nuestros oídos como de la nada con un vigor y una ensoñación vegetal que se prolonga hasta el final del tercer tema. Ahí es donde nos sacudimos el sueño un poco ante los acordes poderosos de "La forma d'un sentit". "Set tota la vida" es rock, que quede claro. Rock onírico y pop de una rareza clásica. El sonido novedoso del que ofrece lo mejor que tiene. Eso es lo que contiene este gran disco con canciones y CANCIONES, recitados y melodías preciosas que eclosionan en plenitud y libertad. Fantástico señores. ¡Arrodilláos, fanáticos de Coldplay!

miércoles, 23 de mayo de 2012

supertrax #79: la mística de lo oculto



Abrasión punk en este breve alarido que es "We Are 138" de los Misfits. Parece uno de los juegos a los que el vocalista y compositor Glenn Danzig era tan aficionado en la época. Título encriptado para un misterio sin resolver. ¿Va sobre la robotización de la humanidad? ¿Tiene más que ver con el hecho de que dure exactamente 1:38? Danzig solo suelta que "va sobre la violencia". Y eso es algo que aprecia cualquiera que se someta a su latigazo eléctrico.

domingo, 20 de mayo de 2012

la interzona #17: adolescentes de marte




Walk Among Us *** (Misfits, 1982)

Este es el primer disco largo que publicaron los Misfits. Lo de largo es un decir, claro, porque sus 13 temas no suman ni 25 minutos. Y fue, como he dicho, el primero que publicaron, que no el primero que grabaron. Bastantes años después verían la luz las grabaciones primigenias de la banda. Aún así, este disco es un documento fidedigno del sonido bruto que se gastaban Glenn Danzig y los suyos en sus comienzos.

Con un ojo en el punk de escuela ramoniana y el otro en las películas más cutres que diera la serie B, los Misfits arman un disco de riffs arrolladores, títulos que combinan lo sobrenatural y la casquería basta y unos estribillos con tendencia al hooliganismo cervecero. Impactante y crudo, consigue aburrir cuando pasa el shock inicial. "Walk Among Us" fue el inicio de una carrera sorprendentemente longeva (al menos para el nombre "Misfits") construída sobre andamiajes endebles a priori. Sí, con los Misfits todos los días es Halloween. Y eso no es necesariamente bueno, claro, aunque no me negarán que divierte al máximo.

lunes, 14 de mayo de 2012

momentazo #95: rhythm & punk



Double Nickels On the Dime **** (Minutemen, 1984)

Este disco es importante por lo que supone para el hardcore, pero aún más, y esto no es nada habitual en el género, por lo que supone para la música. Surgió como respuesta medio jocosa al Zen Arcade (Hüsker Dü, (84)) y como homenaje medio velado y medio sarcástico a discos como Ummagumma (Pink Floyd, (69)). Comparaciones banales, ya que este Sgt. Pepper's del hardcore supone un planeta a explorar por méritos propios. Un ente individual e irrepetible que significó una nueva forma de expresar el eclecticismo, la actitud política y la apertura de mente. Una forma nueva de expresar la virulencia a través del jazz-core, el funk de hormigonera, el punk sin concesiones, el spoken-word imaginativo y los instrumentales de día de campo.

Humor bizarro, denuncia seca y rock ilimitado. Todo ejecutado sobre una base rítmica certera y sólida y una guitarra endiablada y loca. El power trío que necesitaba el hardcore, el rock y la música. Una banda oculta e imprescindible para aquellos que piensan que los Red Hot Chili Peppers son demasiado lineales, Hüsker Dü demasiado agudos o que Dinosaur Jr son demasiado poppies... La leyenda de San Pedro en su cima creativa.

sábado, 12 de mayo de 2012

momentazo #94: mareas de otro mundo



Merriweather Post Pavilion  (Animal Collective, 2009)

Resultado de imagen de merriweather postAnimal Collective, Merriweather Post Pavilion: unos locos benditos armados con la tecnología analógica y digital más perversa, sofisticada y primitiva que uno pueda imaginar, construyen un disco maravilloso a base de melodías de pop mayúsculo y ruídos de dulzura infernal. Contrastes extremos, choques imposibles que surgen de meter en la misma habitación a los Beach Boys, a Phil Spector, a Can, a Sonic Youth, a Paul Simon y a Fela Kuti. La magia del drone hecho pop, del noise hecho música étnica en un constructo postmoderno, viciado, vibrante y especial como ninguno en esta década. Las voces se doblan y se elevan al techo en reverberaciones multicolores y entrechocan con los arreglos estroboscópicos. Los ritmos de batería sincopados y obsesivos se entrelazan con la omnipresencia absoluta de las cajas de ritmos. Todo en una fiesta selvática y lujuriosa en la que la suma construye un paraíso artificial y espontáneo, aunque no haya nada al azar, solo un orden extravagante y embriagador.

jueves, 10 de mayo de 2012

la interzona #16: en el volcán



Pangaea y Agharta *** (Miles Davis, 1975)

El 1 de febrero de 1975 Miles Davis ofreció dos pases en concierto en Osaka (Japón). El resultado de la erupción quedó registrado para siempre en cuatro rodajas que repartió en dos discos gemelos, "Pangaea" y "Agartha". El primero recoge la actuación del grupo por la noche mientras que el segundo se encarga de glosar la actuación de la tarde. Para la posteridad, más de tres horas de música carnosa y chispeante con improvisaciones mastodónticas que alargaban los temas hasta límites insospechados e insoportables para el oyente medio. Los traumas y problemas que acosaban a Miles en la época se colaron de alguna forma en unas grabaciones hiperactivas y sudorosas que también dejan su espacio para la meditación y el gemido pausado del trompetista. Sería, no se sabía entonces, su despedida de los escenarios y la creación musical durante seis años. No es de extrañar. Tras escuchar estas grabaciones se aprecia el agotamiento. Y en los momentos en que no se aprecia, es fácil intuirlo. Nadie puede vaciarse así y seguir como si nada. Ni siquiera Miles.

Agharta se nutre de las teorías budistas sobre la existencia de una civilización subterránea. Según parece, este territorio se situaría en Asia y su capital, Shambala, estaría debajo del desierto de Gobi. Pangaea toma el nombre del supracontinente origen de los actuales que existió durante las eras Paleozoica y Mesozoica, hace cientos de millones de años. Se trata de títulos evocadores, rimbombantes y nada tímidos para una música que tiene más que ver con el concepto oriental de la misma. El pop no tiene nada que hacer aquí. La improvisación se impone a unos patrones de funk hipnótico y de una elasticidad casi ilimitada en jams que parecen no querer acabar nunca. El conjunto escuece y apabulla, eso es cierto, y la trompeta eléctrica, pasada por ese wah-wah tan característico de esta época de Davis, serpentea, se enrosca y ataca como una víbora. Otra cosa es que se disfrute durante toda la duración de un trayecto tan extenuante. Ni se puede, ni se pide... Y por supuesto tampoco es algo que Miles pretenda. Como me dijo cierto profesor al presentar su asignatura: "no les prometo diversión".



miércoles, 9 de mayo de 2012

tótem #60: rojo estroboscópico

 
Título: Bitches Brew
Artista: Miles Davis
Año: 1970
Productor: Teo Macero
Sello: Columbia/Legacy

Vol. 1
1. Pharaoh’s Dance
2. Bitches Brew
Vol.2
1. Spanish Key
2. John McLaughlin
3. Miles Runs the Voodoo Down
4. Sanctuary

Este es el disco más aventurero, adictivo y salvaje que se haya grabado jamás. No sé si exagero, es difícil saberlo ante tamaño coloso de la música popular. Lo cierto es que la obra maestra de Miles Davis no envejece ni un minuto desde ese lejano 1970 en el que se parió. Y fue un parto difícil. Ni el público, ni el entorno del trompetista acababan de verlo con buenos ojos, pero por suerte eso no iba a detener a Miles en la culminación de su reinvención como Apolo eléctrico en plena celebración de su negritud.

In a Silent Way (1969) ya fue revelador y catártico. Un monumento que inauguraba un ciclo de exploración y frenesí eléctrico. Este lo supera y se erige en cúspide de un sonido y una actitud. El disco, cuyo título homenajea y retuerce el "brebaje de brujas" (Witches brew) de "Macbeth" (William Shakespeare), es una monstruosidad doble que se acerca a los 100 minutos. La primera rodaja la ocupan dos temas. "Pharaoh's Dance" abre fuego y llena la cara A como un manto eléctrico donde el teclado y sus dibujos marcan la pauta y rellenan huecos inimaginados en el subconsciente. Joe Zawinul es responsable de la composición y marca claramente un ambiente fantasmagórico que agarra al oyente por el cuello desde que empieza a sonar. El pianista se erige en consejero espiritual de Miles en esta etapa de fusión salvaje, no solo en este disco sino desde el mismo comienzo con el anterior. El segundo tema también se merienda la cara B por completo y el título habla por sí solo. Es, efectivamente, un "brebaje de zorras", un tema lascivo, vicioso y afilado como una daga al rojo vivo. Pulsaciones y eyaculaciones de trompeta marcan el dibujo principal de una pieza densa, magmática y brutal.

La principal característica de este álbum sería la libertad expresada en improvisaciones largas, carnosas y que no conocen límites. Estas continúan en un segundo volumen sustantivo que empieza con un ritmo mareante y letal en "Spanish Key" y continúa en una exhibición de ese guitarrista sutil, melódico y demoníaco que podía ser John McLaughlin (su nombre da título al tema). Volcánico como esa salvajada en crescendo desatado que es "Miles Runs the Voodoo Down". Con un final apocalíptico, es la perfecta introducción para "Sanctuary", un cierre que comienza ensoñador y clásico para ir envenenándose y dejarte a las puertas de Jericó.

Tengo la costumbre de asociar la música con colores. En mi discoteca hay discos negros y azules, malvas y blancos. Y no me refiero a sus portadas (aunque eso pueda influir). El sonido que contienen me inspira una u otra tonalidad. Pues bien, este disco sería ROJO. El rojo de las luces estroboscópicas. O quizás el naranja brillante y explosivo de la lava encendida. Y de eso tienen buena culpa las dos primeras composiciones. El resto acompaña, borbotea y estalla, pero son las dos primeras el pórtico iniciático, la bienvenida traicionera y bajuna a unos placeres ocultos y muchas veces inalcanzables. Es oir los primeros acordes empujados por la batería insistente de "Pharaoh's Dance" y verlo todo de color carmesí. Como si un velo de gasa roja envolviera mis pensamientos. Imágenes de brujas y zorras bailando el baile de la barbarie. Y el caldero borboteando para la eternidad. Miles fue un santo y una figura inimitable. Y "Bitches Brew" lo atestigua como el testamento que cualquiera querría legar. Aunque no pertenezcas a este mundo.

Curiosidades

- A pesar de ser un disco a todas luces difícil, fue el primer disco de oro para Miles Davis.

- Fueron pocas las piezas de este disco que tuvieron ensayos previos a su grabación. La mayor parte de ellas se grababan después de seguir unas breves indicaciones de Miles. Simplemente indicaba el tempo, algunos acordes o algún detalle de la melodía principal. Con eso debían tener más que suficiente los músicos para desarrollar su arte.

- En "John McLaughlin" Miles no tocó nada, algo cuando menos curioso en un artista tan aglutinador y absoluto.

- En esta grabación la edición tuvo un protagonismo importante. No es fruto de la casualidad a pesar de lo que pueda parecer. Se unieron diferentes secciones y se añadieron efectos para conseguir el resultado final.

- La maravillosa portada es obra de Mati Klarwein, poseedor de un estilo más que característico que virtió en otras portadas míticas como la de Abraxas (Santana, 1970):

lunes, 7 de mayo de 2012

gigantes #24: “A legend is an old man with a cane known for what he used to do. I'm still doing it.”

Miles Davis (1926-1991), una leyenda negada a la oxidación y en búsqueda constante, ha sido una de las figuras más importantes del jazz y la música popular. Un coloso sin parangón en cuanto a experimentar y abrir fronteras que parecían cerradas a cal y canto. Se inició en la música con el hálito vital que le insuflaron los grandes del género como Dizzy Gillespie o Louis Armstrong. De ellos cogió la elegancia melódica, mientras que de demiurgos como Charlie Parker parece que heredó la vertiente improvisadora y salvaje. Eligió la trompeta. Y demostró con ello que podía ofrecer sonidos y atmósferas inalcanzables para (casi) cualquiera. Ya lo ha dicho alguien antes, cuando Miles toca te imaginas que estás solo, flotando en un iceberg en la Antártida.

Davis nació en el estado de Illinois y sus primeros pasos discográficos se iniciaron en los primeros 50, cuando arreciaba el bebop y la improvisación salvaje. Pronto pasó a la suavidad del cool jazz y experimentó con los entresijos del jazz modal. Escalas para la improvisación en lugar de acordes que resultaba en un sonido más cálido, calmado y nocturno con drones elásticos y soplidos extáticos que elevaban al oyente de forma pausada y continuada. De esta etapa surgieron algunas de sus obras clave. De entre todas destaca el que puede ser su disco más querido e importante. Una joya llamada Kind of Blue (1959). Esta etapa plácida pero nada complaciente se prolongó a lo largo de los 60 con joyas como Sketches of Spain (1960) o Nefertiti (1967).

Y tras la calma, por supuesto, estalló la tormenta. Davis nunca ocultó su querencia por los sonidos negros más radicales que estaban poniendo el mundo patas arriba. James Brown, Sly Stone y Jimi Hendrix serían claves para entender el siguiente paso del trompetista. Electricidad infecciosa, bases funk/rock y wah-wahs diabólicos empezaron a poblar los discos de los 70. Obras tan capitales y absolutamente eternas como In a Silent Way (1969) o Bitches Brew (1970) conjugaban una expresividad torrencial y una ausencia de limitaciones bestial. A estas les siguieron una tanda de grabaciones en directo en formato doble extenuantes y excesivas. Un momento de ardor que para el oyente resultaba tan jugoso como imposible de abarcar.

Después de esto, en la etapa de madurez, nos encontramos de todo, aunque en general se aprecia un bajón importante como no podía ser de otra forma. Miles lo había dado todo y más. Se atrevió y salió victorioso en casi todo lo que se propuso y nos legó para la posteridad un canon inigualable por cantidad y, sobre todo, calidad. Un buen puñado de obras maestras y una actitud sincera e irreductible. Música muy fuerte. En todos los sentidos.

3 básicos

A Kind of Blue ***** (1959)
La seda tersa en el momento cumbre del cool. Un disco mítico por lo que significó para el futuro de la música pero también, y conviene no olvidarlo, por la conjunción astral de unos músicos apabullantes unidos en una fuerza común, vibrante y directa a las estrellas. Inagotable.

In a Silent Way ****1/2 (1969)
La revolución eléctrica con los primeros postulados de ese maestro de ceremonias que fue Joe Zawinul. Dos temas largos para completar un tratado de excitación progresiva y latente en el que la atmósfera se crea viciando el sonido y retorciendo los acordes. Grande y rotundo.


Bitches Brew ***** (1971)
La brutalidad del funk/rock disimulado aún pero que se infiltra en unas improvisaciones mayestáticas. Zawinul está en pleno apogeo aquí. Como también un guitarrista joven pero para nada inexperto llamado John McLaughlin. ¿Les suena? Miles gobierna una nave en llamas directa hacia el Estigia y sabe delegar cuando es necesario en una lucha sin prisioneros. Insaciable.

El mejor tema

Entre tanta joya y tanto sonido devastador me quedo, no sin cosilla por los demás, con "All Blues", un temazo de 11 minutejos que se infla como un globo de manera progresiva y sin llegar a estallar para que acabemos flotando en el éter agarrados a su cuerda. La trompeta de Davis suena aquí expresiva y cálida como nunca (o como siempre) y la banda que acompaña es la de ese disco hecho en el cielo al que pertenece el tema. John Coltrane, John "Cannonball" Adderley, Bill Evans, Jimmy Cobb... estos son los nombres más destacados en un tema histórico dentro de un disco que hizo historia.