jueves, 28 de junio de 2012

momentazo #101: de la nada



Whatever People Say I Am Thats What Im Not ***1/2 (Arctic Monkeys, 2006)

Estos chavales de Sheffield se estrenaron con un exitazo rompedor merced a ese boca a oreja que internet ha elevado a dimensiones mastodónticas. Fueron los primeros en tener tamaño impacto incluyendo eso que ahora parece tan difícil, las ventas.

El primer disco de la banda es descarado, contundente e insolente desde el mismo título. Como la voz de su líder y cantante, Alex Turner, un imberbe artesano pop que demostraba un talento inesperado en alguien de su edad. Turner canta con la voz de alguien que sabe de qué va esto y compone con la pluma del que está de vuelta de todo. Sí, estas canciones te cogen por el cuello como lo hicieran las de The Clash o The Kinks, aunque lo hagan vía The Libertines, Oasis o The Strokes. Es lo que tiene el ser hijo de tu tiempo. Ahora bien, digerir esas enseñanzas y expresarse con la autoridad con que lo hacen los británicos aquí es algo al alcance de poca gente.

"Lo que sea que la gente diga que soy es lo que no soy" es un grito adolescente meditado y trabajado en el local de ensayo. Es un bombazo de caña rítmica (menuda batería) con swing y sin distorsión. Nervio, groove y el poder del punk, el pop y el vodevil, para un disco que suena tan británico como pueda imaginarse. Eso suele ser bueno.

miércoles, 27 de junio de 2012

la interzona #19: la juventud canta



Funeral (Arcade Fire, 2004)
POP
POP BARROCO - épica desmedida
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Arcade Fire o la barbarie de lo histérico. Crescendos hipertrofiados, coros de helio, sinfonías pop con alma pretenciosa. Eso y más (siempre más) es el grupo de Montreal. Este es su debut. Según creo, el que impresionó tanto a Bowie como para comprar todas las copias de una tienda para regalarlas a sus amigos.

Como artesanos de un pop atractivo, pegadizo y con poso, estos canadienses no tienen nada objetable. Si no fuera porque, ay, se les va la mano con todo y nos encontramos de pronto entre la pompa y el boato de lo barroco, lo gritado y lo poco sutil. Los ingredientes favoritos para reventar un estadio. Los que nunca usarías en ese sencillo plato favorito que solo tu madre sabe preparar.

"Funeral" es fantástico para echarse un cante a grito pelado, para prepararse para un fiestón y para celebrar el principio de las vacaciones. Ahora bien, ni profundidades ni pellizco emocional. Es un subidón de adrenalina, un chute de hormonas en ebullición. Tan inmenso, tan vacío... Tan recargado.

viernes, 22 de junio de 2012

la interzona #18: de resaca



Monday At the Hug & Pint *** (Arab Strap, 2003)

Este es el disco más "accesible" de Arab Strap a fecha de su edición. El más directo y empático y el más rock en la acepción más clásica del término. El comienzo casi eufórico con "The Shy Retirer" casi me tira de espaldas. No esperaba una cosa así de los escoceses. Y es que al señor Moffat le da por cantar, entendiendo esto como entonar con gracejo melodioso sobre una base pop de tempo elevado.

Tras este anuncio, la confirmación de todo lo dicho anteriormente en canciones que demuestran que la música ha ganado al verbo arrastrado. Vamos, que parece que el señor Middleton ha impuesto su visión sobre la del señor Moffat, aunque esto no sea del todo bueno. Los arreglos se multiplican y destellan con luz propia en un festival de cuerdas y pianos, sobre todo cuerdas, para el lucimiento de la voz grave del dúo. Un brillo que los aleja de la bilis de sus comienzos. Lo mate, lo vidrioso se torna aquí algo más luminoso. No se puede decir que no se pierda nada en el trayecto.

Este lunes en el Hug & Pint se aparece menos oscuro. El fin de semana no ha hecho los estragos de antaño. El alcohol va a menos. Las meadas, por tanto, también. Y al amanecer, la luz plúmbea logra atravesar unas nubes pesadas pero secas. No queda nada que hacer aquí ya. Es hora de salir a la calle y volver a la cama.

viernes, 15 de junio de 2012

momentazo #100: las antípodas del amor



Philophobia ***1/2 (Arab Strap, 1998)

Arab Strap. Curioso nombre sacado de un artilugio sexual usado para mantener la erección. Toda una declaración de intenciones para un grupo que vive de lo obtuso de las relaciones. Un veneno que se vierte en unas letras confesionales hasta la sangre y que dan la vuelta al concepto plácido y mítico del amor y lo que significa ser feliz. Letanías levemente cantadas sobre una música que es un estallido silencioso.

El título de su segundo disco también es revelador. "Philophobia" es lo que anuncia, un susurro desgarrador de aversión a enamorarse. Una oda descarnada y desmitificadora. Una apología indecente de órganos genitales enormes, cuernos y pornografía (no solo) emocional para revelar de manera impúdica las cloacas de la pareja en un viaje hediondo y alcohólico hacia las antípodas del amor.

martes, 12 de junio de 2012

momentazo #99: las mismas ideas, la misma clase

Old Ideas (Leonard Cohen, 2012)
POESÍA / POP
AUTOR - canción restaurada
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Puede parecer injusto pero Leonard Cohen paga con creces la factura de la inmortalidad. Parece que tenga que demostrar algo todavía después de cuarenta y cinco años de carrera discográfica y algunos más como escritor. De nada sirve lo logrado anteriormente. De nada que su nombre esté ya grabado para siempre en el templo de la eternidad. La desconfianza se cierne sobre cada nueva obra que publica el canadiense. Y la desconfianza suele ser vapuleada por su talento.


Old Ideas juega con un título preciso y sin ambages. Cohen no inventa nada porque al fin y al cabo su música es un mundo en sí misma, un estilo inabarcable. Como su voz, de rango cada vez más limitado y profundidad cada vez más abisal. Un susurro envejecido y tierno, feroz y curativo, capaz de conmover con una potencia milenaria. Con ella desgrana sus versos viejos, su lírica erótica y mística. Y nos vuelve a hacer llorar y henchirnos de gozo divino ante palabras de alabanza y nostalgia, de amor y oscuridad.





Old Ideas no ofrecerá nada nuevo, pero a mí me parece lo mejor que ha publicado en lustros. Desde The Future (92) no empezaba un disco con la convicción y la calidad del cuarteto inicial. Preciosas y oscuras, con ese toque justo de emoción que solo él sabe darles. Y hablar de ese himno eclesial que es "Come Healing" es hacerlo de una joya refulgente dentro de su canon. Es una canción de belleza clásica, con las voces refulgentes de su coro de ángeles empastando a la perfección con el tañido mate del maestro. El punto culminante de un disco coherente, sentido y precioso.

Old Ideas no ofrecerá nada nuevo, pero a mí me parece lo mejor que ha publicado en lustros. Desde The Future (92) no empezaba un disco con la convicción y la calidad del cuarteto inicial

Leonard, ese deportista, ese pastor, ese cabrón perezoso. Un monje zen que aplica arreglos mínimos a canciones máximas. En una vuelta a los mejores tiempos de The Future y I'm Your Man (89), pide que se le muestre el camino para volver a casa. Y mientras, nos obsequia sus mejores tesoros. Los verdores que le quedan a una juventud que él nunca tuvo. Porque siempre fue viejo. Siempre lo hemos intuido y ahora... Ahora ya lo sabemos.

domingo, 10 de junio de 2012

supertrax #81: continúa sanando



Leonard Cohen sigue teniendo el pellizco y la capacidad para estremecer. Queda claro en este Old Ideas de 2011 que cuenta con una maravilla que suena a himno de iglesia y que se llama "Come Healing". Las voces femeninas están espectaculares en un coro que no solo acompaña, sostiene la voz cansada pero firme del maestro. Ese hálito inconmensurable que siempre va a llenar auditorios por grandes que sean. Y corazones por impermeables que se muestren.

sábado, 9 de junio de 2012

supertrax #80: uberbeat sulfúrico



"Hey, well, I hate you with a passion baaaby!!! -- but call meeee!!!". Ese es el grito desesperado que abre esta joya de los Monks que se llama "I Hate You". Se trata de uno de los temas más emblemáticos de su único disco, una joya histórica llamada Black Monk Time (1966). La canción es un bombazo de rock garajero con un teclado infeccioso y un riff marcial y rugoso que se clava como un dardo. Es una muestra única de la socarronería clorhídrica de estos iconoclastas benditos, un caso único como ningún otro en la historia del rock. Una gozada suprema.

martes, 5 de junio de 2012

momentazo #98: acción y reacción



Rock Action **** (Mogwai, 2001)

Es demasiado fácil vilipendiar algo cuando nos cansamos o dejamos de verle la originalidad. Y demasiado injusto. A la voz de "¡a los leones!", hay un sector de la prensa y el público que decidió que lo que hacía Mogwai ya no era moderno, ni novedoso. Otros se quejaban del giro calmado que habían tomado. La cuestión es que puedo comprender todos estos puntos de vista, pero tras la inmersión en "Rock Action" no puedo compartirlos.

El tercer disco largo de Mogwai raya los niveles excelsos de su debut. Tras un segundo álbum que tiraba para el slowcore, plagado de anestesia y calma espacial, Mogwai encuentran una tercera vía que ofrece placeres desconocidos para el oyente curioso o casual. En primer lugar habría que señalar que el disco no llega ni a los 40 minutos, lo cual para una época en la que la mayoría de los artistas tenían obsesión por llenar los más de 70 que caben en un CD era tonificante y de agradecer. Y sin embargo esto es algo que también le han echado en cara al grupo.

Este rock de acción directa se abre con intensidad. "Sine Wave" es ruido incómodo, estática hilvanada en una melodía intensa y delicada. Una gran entrada para un disco que continúa por la senda de la calma hasta culminar en "Dial: Revenge", delicia de pop psicodélico cantada en galés por Gruff Rhys de Super Furry Animals. Es el final de la primera parte del disco. A partir de ahí la cosa se endurece con la tensión que no llega a estallar pero hierve como solo los escoceses saben hacerlo. "You Don't Know Jesus" es una vuelta a los tiempos de Young Team (97). Tiempos de rock a machete que siguen en cierta forma aunque primando los matices sobre la brutalidad en "2 Rights Make 1 Wrong".

Este disco es otro hito en el camino del combo de Glasgow. Tiene suficientes elementos diferenciadores para hacerlo importante. Incluyen cuerdas y algo de electrónica y Stuart Braithwaite se lanza a cantar. Es mucho más que un simple estallido de tormenta tras brumas de calma tensa. La fórmula se complica y se puebla de matices, melodías que se clavan y arreglos que entran y salen para conformar una obra excelente. Puede que haya que agradecérselo al trabajo de producción, pero ¿qué hay de malo en ello? Conozco un buen puñado de discos que son lo que son por un concienzudo trabajo de edición. La espontaneidad se sobrevalora a menudo. Y la calidad se percibe al instante.

lunes, 4 de junio de 2012

trick or trick? #36: cómodamente insensibilizado



Delicate Sound of Thunder ** (Pink Floyd, 1988)

Este disco en directo glosa la gira de A Momentary Lapse of Reason (1987). Los discos en directo suelen asociarse con etapas de escasez creativa. Poco debía quedar ya en el pozo salvo la bilis de la disputa entre David Gilmour y Roger Waters. El primero acabó quedándose con el nombre y la dirección artística de una banda que había dado todo lo que podía ya. Así las cosas, este disco se antoja redundante, forzado e innecesario como los solos que inflan las canciones. Más que otra cosa, un golpe de reafirmación para Gilmour y compañía, una forma de recordar glorias pasadas y de saldar cuentas. Algo que el no fanático no pedía precisamente.

Tampoco es que se recreen en el pasado totalmente. Abren con una toma impoluta y atmosférica de "Shine On You Crazy Diamond" y a partir de ahí nos endosan el grueso del disco anterior como diciendo "seguimos vigentes, seguimos dando guerra". Pero no cuela. Demasiado limpio y demasiado autómata para sonar creíble. El segundo disco se entrega de lleno al recuerdo de épocas "gloriosas" con canciones de Meddle (1972), Dark Side of the Moon (1973), Wish You Were Here (1975) y The Wall (1979). Lo que sea para que el público siga encandilado. Para que siguiera creyendo que Pink Floyd eran aún necesarios e importantes a esas alturas. No sé si coló pero hoy no, no cuela.

sábado, 2 de junio de 2012

momentazo #97: el sonido de las estrellas



Young Team **** (Mogwai, 1997)

"Si las estrellas sonaran, lo harían así." Como Mogwai. Como lo hacen en este estreno largo. No hay otra. Después del sometimiento a la escucha atenta de "Young Team" no puedo sino adherirme a la exclamación del asistente a uno de sus conciertos con la que empiezo estas lineas. Mogwai empiezan a caminar corriendo ya sin manos a las que asirse. Lejos parece ya el apoyo en maestros como Slint. La huella está pero el desparpajo y la rotundidad con la que suenan los mete de lleno en la adultez.

El disco muestra una solidez tremebunda merced a las dos vigas maestras que lo sostienen que destacan por su robustez y potencia. "Like Herod" y "Mogwai Fear Satan" son dos monumentos a la distorsión desatada, al riff maligno y pernicioso y a la calma tensa. Por sí solos se acercan a la media hora, aunque eso no quita que el resto no tenga su mérito. La atmósfera e incluso el preciosismo se entrelazan en otros momentos básicos del disco como su apertura o ese melódico y sugestivo "Tracy" con glockenspiel incluido. Son simplemente dos ejemplos que hablan de lo bien adornada que está esta mole que se levanta entre tormentas y lluvia, rabia y pulsiones eléctricas y sutiles.

"Young Team" entró como un elefante en una cacharrería en la escena musical de finales del siglo XX. Metió a los escoceses en todas las listas de lo mejor del año y la década y sentó las bases sobre cómo fabricar el rock más poderoso del mundo. La lástima viene como siempre del abuso de una fórmula, la de la calma/tormenta, que aunque no inventaron ellos, sí que definieron y explotaron con una autoridad y unos resultados de libro. Ahí quedan para la eternidad. Si esto no es un clásico, le falta muy poquito.