lunes, 29 de octubre de 2012

momentazo #126: inviernos duros



Negu Gorriak ***1/2 (Negu Gorriak, 1990)

Tras aparcar Kortatu, Fermin Muguruza se embarcó en una nueva aventura con Negu Gorriak, un entente combativo en la zona indefinida entre Public Enemy y The Clash. Bendita indecisión que les lleva a estrenarse con un disco potente y reivindicativo. Un hachazo en la cara de lo acomodaticio que se vale de rock clásico, punk cervecero, pop jamaicano y bases hip hop, para entregar la visión cruda de lo que pasaba en las almas esclavizadas de su pueblo. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la contundencia de la propuesta es irrefutable. Palabras duras que no admiten ser tergiversadas. Son directas y claras, con poca metáfora como los afilados riffs de guitarra y la solidez de una base rítmica poderosa. Los cuchillos de un grupo que buscó el sendero oculto entre Skatalites y Mano Negra en pleno Bosque de Oma. Un grupo que se estrena de manera brutal dejando claro que lo suyo no es buscar simpatías ni adhesiones baratas. De nadie.

viernes, 26 de octubre de 2012

momentazo #125: provocación inmaculada



The Immaculate Collection **** (Madonna, 1990)

Como el agua. Así de necesario es este disco para todo amante de la buena música. Sí, que nadie se extrañe ni se rasgue las vestiduras. Su carácter esencial radica en servir de testigo sonoro de una artista algo distorsionada hoy. Recordatorio excelso de lo que Madonna ha hecho en su vida, de sus gozos, de sus éxitos y ¿por qué no? de alguna miseria. En resumen, de lo que Madonna es y de lo que ha significado. Digo todo esto porque al nivel que está ahora, en el podio de diosa intocable en el que habita, se la aprecia distante con su parafernalia de plástico y su cerebro certero para los negocios. Una vida orientada por y para el éxito.

Y siempre no ha sido así. También ha compuesto (muy buenas) canciones. Solo hay que fijarse en la torpeza cándida y encantadora de las hiperochenteras "Holiday", "Lucky Star" o "Borderline"; en el arrebato de pop apasionado de "Material Girl", "Into the Groove", o "Papa Don't Preach"; en el exotismo de salón de "La Isla Bonita"; en la provocación de "Like a Prayer"; en el baile desbocado de "Express Yourself"; o en el trance perpetuo de "Vogue" o "Justify My Love". Razones de peso sin duda.

Porque Madonna es mucho más que el escándalo permanente. Siempre atenta a la última tendencia, ha sabido jugar sus cartas con un enorme gusto. Y aunque no quieras ningún disco más de la Ciccone este sí que deberías tenerlo. Por historia, por pelotas... Y porque es una gozada.

jueves, 25 de octubre de 2012

momentazo #124: la escoria de la tierra en una sola garganta



Scum **** (Napalm Death, 1987)

Scum es lo que reza el título. Escoria pútrida servida sin adulterar ni un poquito. Un cachito de verdad que un puñado de fanáticos pueden abrazar con orgullo. El debut de Napalm Death inauguró esa andanada brutal que se llamó grindcore a base de conjugar velocidad hardcore y metal extremo. Tan claro parece que los orígenes de la banda están en el punk como que desde el principio ya era algo que se les quedaba pequeño.

Scum impacta a través de un sonido viscoso y sucio y una guturalidad cavernosa. Es un disco que no toma prisioneros y que se arma sobre unas letras de contenido sociopolítico que enlazan de maravilla con su estupenda portada. El oyente quedará sin aliento ante la velocidad apabullante de unos temas que nacen y se consumen en una conflagración casi instantánea ("You Suffer", la canción más corta de la historia según el Guinness, no llega ni al segundo y medio). Quedará hipnotizado ante la detonación salvaje que se sucede implacable. También se sorprenderá ante la diferencia de sonido entre cara A y B. No es la imaginación. La primera cara se grabó meses antes con la pretensión de incluirla en un disco compartido. Posteriormente se decidió completar material para la cara B y editarlo todo como un disco completo del grupo. Las dos caras, además, están grabadas por personal diferente debido a los continuos cambios de formación del combo. Todo este caos es lógico y, si me apuran, deseable para crear tamaña barbarie.

Napalm Death siempre ha sido un paraguas donde se han cobijado las mentes más inquietas de la música bruta. Nunca han tenido una formación estable como tal. Si se piensa, han sido el reflejo de su música. Disfuncionales, mutantes, unos colosos de lo extremo, lo salvaje y lo comprometido. Hasta la consumición.

martes, 23 de octubre de 2012

momentazo #123: el más puro final



Desaparezca aquí (Nacho Vegas, 2005)

"And now we rushed into the embraces of the cataract, where a chasm threw itself open to receive us. But there arose in our pathway a shrouded human figure, (...) And the hue of the skin of the figure was of the perfect whiteness of the snow".

El final del viaje, como en este relato de E. A. Poe, que podría describir este disco inmenso. La perfecta y eterna blancura, la muerte son las inspiradoras de esta obra en la que el cantautor invoca sus referencias más obvias (Nick Cave, Leonard Cohen, Bob Dylan, John Lennon...) y las baña de su estilo único para convertirlo en una celebración de la experiencia. La experiencia, como la vida, es dolorosa y es leve. Las aspiraciones no se ven colmadas ("El hombre que casi conoció a Michi Panero"). Las relaciones son superficiales y las charlas, fachada para calmar al monstruo de la convención ("Nuevos planes, idénticas estrategias"). El amor está hecho de ruinas ("Ocho y medio"). Y la muerte es lo único cierto ("La noche más larga del año").

"Desaparezca aquí" es la obra cumbre de Nacho Vegas. Por su negrura insondable. Por esa cruel resignación con la que nos toca en lo más hondo. Por muchos motivos, caminamos hacia el abismo. No está
de más que nos lo recuerden con el éxito absoluto de un disco excesivo que huele a clásico.

sábado, 20 de octubre de 2012

momentazo #122: está empezando a nevar



Actos inexplicables **** (Nacho Vegas, 2001)

Nacho Vegas parecía llegar como un advenedizo a esto de la música, pero no lo era en absoluto. Su experiencia con Manta Ray, Eliminator Jr. o Migala se muestra decisiva a la hora de afrontar su aventura en solitario. Y por supuesto tampoco podemos olvidar las enseñanzas provechosas adquiridas de escuchas devotas a Bob Dylan, Townes Van Zandt o Leonard Cohen. Todo este bagaje se muestra definitivo a la hora de armar un disco sólido, pleno y sin apenas fisuras. Actos inexplicables fue el disco del año en el panorama independiente de este país y significó el pistoletazo de salida para una carrera envidiable.

El disco anida protegido por los ramajes del folk norteamericano y británico y la hojarasca rockera que siempre había acompañado al asturiano. Es un refugio de versos malditos en el que todavía se vislumbra la timidez enfermiza de Nacho. Todo a media voz, entre susurros y con un ambiente de amenaza que destempla al más pintado. Historias oscuras y ocultas en las que la truculencia aparece velada pero bien presente. El Cohen de "Famous Blue Raincoat" se aparece en "Al norte del norte". Es una carta destrozada y melancólica como la enorme "El ángel Simón", como la versión maldita de Van Zandt, "Que te vaya bien, Miss Carrusel". Tan desgarradas en su cinismo como la preciosa "El camino". Cómodas en un clasicismo que se rompe un poco con el leve barniz trip-hop de "Molinos y gigantes", rock hosco y manchado de sangre con el que cierra con autoridad.

Actos inexplicables fue el principio de todo por muchos motivos. Un antes y un después para Vegas. Un disco de entrenamiento que le salió ganador. Casi sin querer, como Rimbaud, como Verlaine, como todos los que fueron malditos sin quererlo. Nacho quería, para bien o para mal. Desde el principio.

miércoles, 17 de octubre de 2012

tótem #62: el ruido del océano


Título: Loveless
Artista: My Bloody Valentine
Año: 1991
Productor: Kevin Shields
Sello: Creation

  1. "Only Shallow" (Bilinda Butcher, Shields) – 4:17
  2. "Loomer" (Butcher, Shields) – 2:38
  3. "Touched" (Colm Ó Cíosóig) – 0:56
  4. "To Here Knows When" (Butcher, Shields) – 5:31
  5. "When You Sleep" – 4:11
  6. "I Only Said" – 5:34
  7. "Come in Alone" – 3:58
  8. "Sometimes" – 5:19
  9. "Blown a Wish" (Butcher, Shields) – 3:36
  10. "What You Want" – 5:33
  11. "Soon" – 6:58
Loveless es una obra maestrísima de los 90. Un dechado de gracia en movimiento. Una sacudida interminable. Un disco irrepetible e inalcanzable que supuso el agotamiento de una banda genial. Es curioso porque abres el libreto y no hay apenas información. Tanto misterio solo puede deberse al descuido o a la imposibilidad de glosar el trabajo milimétrico, concienzudo y chinesco de un Kevin Shields desaforado que lo dio todo en el estudio para parir su magnum opus. Esto es un testamento inabarcable que casi nadie puede aspirar a legar.

Se abre esta joya a martillazo limpio y puro con las guitarras entrechocando contra la solidez férrea de una batería de adamantio. "Only Shallow" es tan prístina y precisa como un reloj suizo. Tan inmisericorde como Atila. El perfecto pórtico que nos adentra por senderos más turbios cargados de estática viciada y salvajemente hermosa. Eso es "Loomer", volatilidad y bruma que se amplifica en el interludio selvático que es "Touched". Tan solo un respiro para volver a volar a lomos de la guitarra planeadora sobre nubes hinchadas por el trémolo en la melodía esbozada pero clara que se va ensuciando en "To Here Knows When". "When You Sleep" golpea sin rodeos sobre un soniquete arrebatador en el que las voces de Kevin y Bilinda se sienten como en casa. Un chute de euforia antes de volver a la selva de los efectos con "I Only Said", donde algún ave mitológica grazna imperial sobre ese colchón de ruido que acaricia a bofetadas. El resto, pura gloria. "Come In Alone" pone algo de pausa sin perder un ápice de intensidad. "Sometimes" es una delicia derretida que requiere un apartado propio. Es un arrebato sonoro escalofriante en su emoción, un sueño imposible, candidata eterna a mejor canción de la historia. Ante tanta intensidad se hacía perentorio un tema de la ligereza de "Blown a Wish". Lo bueno es precisamente cómo esa levedad va enrareciéndose merced a una guitarra prácticamente daliniana. Ese sacarse melodías es-pec-ta-cu-la-res a partir de ruido viscoso es lo que hace a este disco tan impresionante. Y eso es lo que vuelven a hacer en la recta final con la contundencia pop de "What You Want" y el adhesivo eterno de "Soon". No se puede acabar mejor.

Hay discos que parecen haber estado ahí siempre. Obras tan necesarias que se hace imposible pensar cómo viviríamos hoy sin ellas. Forman parte de nuestra vida. Nos han ayudado y nos han inspirado. Y lo mejor de todo es que lo van a seguir haciendo siempre. No se puede volver a sentir el escalofrío de la primera vez, pero el fantasma de ese temblor sigue aterrando y maravillando. Como el primer día.

Curiosidades     

- Que el trabajo de grabación y edición fue minucioso queda claro cuando descubrimos que tardaron dos años en grabarlo y que usaron diecinueve estudios diferentes.

- Entre muchas otras técnicas, para conseguir el sonido tan único del disco, Shields usó barras de trémolo (una variedad de vibrato) en su guitarra, abusó del sampleado en baterías y enturbió voces.

- Un disco así es muy costoso y las 250,000 libras que se dice que costó pudieron tener una influencia decisiva en la ruina del sello Creation.

- "Loveless tiene un grosor invertido y escalonado que hace que los sonidos duros suenen suaves y los momentos frágiles, inmensos." - Chuck Klosterman.

martes, 16 de octubre de 2012

gigantes #30: ruído rosa

My Bloody Valentine, el vehículo expresivo de Kevin Shields, pasa por ser una de las bandas clave para entender la evolución de eso que llamaron noise rock y una de las bandas más importantes, adoradas y recordadas de los 90. Mitos vivientes con piel de gente normal.

Formados en 1983 en Dublín, coquetearon con el punk rock más directo y tardaron en dar con la tecla de un sonido propio, lo cual se puede decir que culminó con la edición de su EP de 1988, You Made Me Realise. Se trataba de un catálogo que anunciaba glorias futuras en base al sonido y su tratamiento. Rock rajado por la mitad envolviendo unas melodías refulgentes y vibrantes. Todo un hito que repetirían a lo largo de una discografía tan colosal como exigua. Solo tres álbumes largos y un puñado de sabrosos EPs y singles glosan la vida de una criatura tan genial como su líder en la sombra.

Kevin Shields ha sido el auténtico motor creativo de la banda. Este genio del sonido, productor detallista, guitarrista gustoso, en definitiva, escultor sónico de primer orden, es el arquitecto de los monumentos sonoros de MBV. Su trabajo en el estudio es tan importante o más que el que ha desarrollado en la composición e interpretación de sus temas. Sus decisiones y su instinto han sido fundamentales para el desarrollo de un cancionero envidiable por su forma más que por su contenido. Pero qué forma.

My Bloody Valentine suponen todavía una experiencia en directo física y brutal. Su ruido celestial se basa en mil ideas que sobrepasan el concepto de distorsión. El empleo del reverb en todas sus variantes, la acumulación obsesiva de capas de guitarras y el uso del trémolo hasta su extremo son solo tres minúsculos detalles que ilustran una mínima parte de las herramientas de las que se valen.

Y el resultado, ya lo intuyen. Usaré un ejemplo ya gastado pero irresistible. No es nuevo el comparar el sonido de esta banda con el orgasmo femenino. Un éxtasis prolongado, expansivo y profundo que se opone al masculino, más explosivo, instantáneo y limitado. Una liberación salvaje de feromonas que en toda su abstracción acaba sonando cohesionada y emocionante como el oleaje. Distorsión oceánica, inmensa, prolongada hasta el infinito.

3 básicos

You Made Me Realise ****1/2
Solo cinco canciones que noquean por su personalidad, te succionan y te escupen en una vorágine ruidosa y maravillosamente dulce. Solo escuchen el tema titular y sobre todo esa genialidad llamada "Thorn". No hay rosa sin espinas.

Isn't Anything ****
Todo un bloque inconmensurable. Con el muro de sonido de The Jesus & Mary Chain y un tratamiento melódico más contemporáneo ofrecen momentos venenosos de una dulzura irresistible y oscuridades que se miran en Sonic Youth, The Velvet Underground y todos los grandes para ser ellos mismos como nunca hasta entonces.

Loveless *****
Su obra maestra exprime al oyente desde su apertura con esa batería limpia y sólida como el acero. El bramido eléctrico se coloca al servicio de una música que consigue brillar entre las toneladas de maleza sónica. La culminación de lo que Shields llamó "guitarra planeadora". Aquí la música parece volar entre nubes de helio y vapores tan dulces que marean. Es agreste y es encantador.

Su mejor canción

"Sometimes" (véase aquí)

sábado, 13 de octubre de 2012

momentazo #121: la distancia



París, Texas **** (Wim Wenders, 1984)

La que puede ser obra cumbre de Wim Wenders no es un producto de digestión fácil. Precisamente por eso se puede paladear con regodeo y satisfacción prolongada. No es película para gente con prisas. Sus planos, su luz imperial, sus colores y su música necesitan tiempo para exhibirse e impactar. "París, Texas" es un regalo para los sentidos. Es un deleite esa luz cegadora en las inmensidades de los campos abiertos de Norteamérica. Como también lo es en los espacios cerrados donde la oscuridad se baña en verdes y rojos de neón. La música de Ry Cooder es un clásico de guitarras que aúllan su soledad. Todo dedicado al subrayado de esa distancia insalvable que proyecta la película en cada plano desértico, en cada mirada y en cada silencio. Distancias físicas y mentales, producto de eso tan difícil como cotidiano que se llama relacionarse.

viernes, 12 de octubre de 2012

supertrax #85: espinas entre las flores



El sonido del cielo salvaje debe parecerse a esto. La veta de ruído caliente que surca la base de guitarra acústica refulge en sus tonos de mineral precioso, mientras la voz descarga una melodía irresistible. My Bloody Valentine brillan con una luz atómica en esta gema directa de su EP You Made Me Realise (1988). "Thorn", se llama esta cosita que se infla y se infla y se infla...

jueves, 11 de octubre de 2012

trick or trick? #40: de wagner e invasiones



Absolution ** (Muse, 2003)

Muse me ha parecido desde el principio el sonido del nazismo más exacerbado. No hay más que dejar que empiece este disco para quedar aterrado por la fanfarria dictatorial que une "Intro" a "Apocalypse Please". Es solo una pequeña muestra de lo que espera al oyente, esto es, una escalada militar a base de martillazos e incontinencia barroca al servicio de la megalomanía insaciable de algún dictador imaginado. O más bien real, si atendemos a las ínfulas esperpénticas de ese vocalista hipertrofiado que es Matthew Bellamy. Un poco de Radiohead y de Jeff Buckley es solo la base para tratar de revivir el cadáver de Queen en canciones que están en las antípodas de lo sencillo, lo natural, lo auténtico. Muse gritan, adornan, recargan y envuelven todo de un absolutismo abominable que no deja espacio para la sutileza. Quieren que llores y saltes, te retuerzas y te estalle el corazón. Y lo quieren ahora y sin tapujos. Pues no, así no se juega a esto.

miércoles, 10 de octubre de 2012

momentazo #120: la cuna de la humanidad



New York-Addis-London: The Story Of Ethio Jazz 1965-1975 **** (Mulatu Astatke, 2008)


Desde la cuna de la civilización. Con una cultura musical y una mundología inapelables, Mulatu Astatke ha construído una carrera imponente con una obsesión principal: difundir y dar prestigio a la música ancestral de sus antepasados. Para ello revitalizó las raíces poderosas que conforman los diferentes ritmos etíopes que se entremezclan con la tierra y todas las músicas del nordeste africano. Y no contento con eso, se empapa de jazz y son cubano y se apropia de esos wah-wah más propios del funk pero que nunca han sonado tan apropiados como en esta música.

Toda esta exuberancia carente de prejuicio alguno no viene de la nada. Sus viajes, sus estudios y sus grabaciones en Londres, Nueva York y Addis Abeba han influido decisivamente en la expansión de una creatividad apabullante. Este disco recoge una muestra suculenta e imprescindible de un trocito inabarcable de historia. Son diez años resumidos en veinte piezas bulbosas que se retuercen en meandros serpentinos, bullendo entre aromas vegetales y terrosos de una exuberancia tan indescriptible como subyugante. Una obra clave para introducirse en la cultura de un pueblo rico como muy pocos.

viernes, 5 de octubre de 2012

momentazo #119: los afortunados



The Lucky Ones ***1/2 (Mudhoney, 2008)

Tras veinte años de carrera, Mudhoney da un golpe de autoridad para recordarnos que no se han ido. Y lo hacen con un disco rudo y agresivo que rebosa electricidad sangrante. Punk garajero y directo en canciones con mucho magro. Un viaje al pasado, a sus mejores tiempos, tiempos de ruido contagioso con gran parte de ese sentir adrenalínico que ha supuesto el combo de Seattle para toda una generación. Con todas esas palmas incitadoras que lo convierten en el disco por el que Iggy Pop hubiera matado para su reunión con los Stooges. Con una frescura, en definitiva, que casi nadie esperaba ya.