sábado, 28 de diciembre de 2013

momentazo #179: ahora me ves...



I'm Not There (Original Soundtrack) (VV. AA., 2007)

And who are said Million Dollar Bashers? It's Wilco's god-like guitarist Nels Cline, Lee Ranaldo and Steve Shelley (from Sonic Youth), bass player Tony Garnier, keyboardist John Medeski (from Martin, Medeski and Wood), and guitarist Smokey Hormel (onetime Beck guitarist, Smokey & Miho)

Las sospechas que a priori pudiera provocar una obra de este tipo se desvanecen pronto. No hay más que atender durante su escucha para darse cuenta de la magnificencia de la empresa. O tal vez sea mejor no prestar mucha atención y dejar que las versiones se cuelen por nuestras orejas y nos hagan sonreír ante el reencuentro con el maestro. La prueba irrefutable de que estas canciones lo pueden soportar todo. Por eso son tan buenas. La excelencia de los resultados no es más que un punto más en la abultada lista del de Duluth. Bueno, también dice algo de los ejecutores. Algo muy bueno. Claro que si detrás del proyecto nos encontramos a Lee Ranaldo, la cosa ya pinta bien.

No sé muy bien por donde empezar a la hora de categorizar este doble compacto. Por extensión y variedad se hace difícil afrontarlo. Y delicioso, eso es verdad. Supongo que habría que ser justo y nombrar los momentos más destacados. Difícil empresa, pero no me resisto a señalar el trabajo superlativo de los Million Dollar Bashers, banda de ensueño formada para la ocasión por Ranaldo y que une a Nels Cline, guitarrista cuasi-divino de Wilco, y el batería de Sonic Youth, Steve Shelley entre muchos otros. El resultado se me antoja perfecto en la recreación del paso a la electricidad de Dylan. No por mímesis fría, sino por trasladar el espíritu del momento a un sonido que se nos presenta fresco y añejo a la vez. El conjunto hace de las suyas acompañando a Eddie Vedder, Stephen Malkmus y Karen O, y todos firman algunos de los mejores momentos del álbum. También habría que destacar las incursiones de Sonic Youth (calma amenazante), Cat Power (clase sin despegarse demasiado), un Roger McGuinn que con Calexico se lleva "One More Cup of Coffee" a la frontera mexicana, Los Lobos (fiesta en El Paso), Mark Lanegan (el señor oscuro), The Black Keys (crudos y serios), Jim James con Calexico (funeral con trompetas de otro mundo), o las supremas incursiones dobles de Yo La Tengo (nana temblorosa por un lado y verbena rock con sabor a los Stones por otro) y John Doe (predicador soberano y brutal).

Parece que no me he olvidado de nadie. Seguramente, sí. Soy así de injusto. Pero de ese que estás pensando no me he olvidado. He preferido hacerle un hueco aparte. Se lo merece. Me refiero a Antony & the Johnsons que como nos tiene acostumbrados en estos casos, no solo responde, sino que impone. No podía haber elegido otra mejor. Si "Knockin' on Heaven's Door" tenía que ser de alguien que no fuera el maestro, Antony deja claro que le pertenece en herencia. Eso se llama emoción… El mejor cierre para dar paso al propio Dylan en una poco conocida "I'm Not There". Como si dijera, ya os he escuchado a todos, y no estáis mal, pero dejadme a mí, a ver si aprendéis algo… Magnífico trabajo, señores.

martes, 24 de diciembre de 2013

la interzona #39: jah live!



One Love Peace Concert (Bob Marley & The Wailers, 1978)

La interpretación es nerviosa, tensa, fruto de la violencia política que reinaba en Jamaica por entonces. Los dos partidos principales y sus seguidores en guerra abierta en las calles. El sonido es muy mejorable y para más inri falta una copla. No parecen las mejores credenciales para disfrutar de un disco que aún así consigue hacer valer su importancia. Por documentar un momento histórico. Un momento que puede que no sirviera para nada a la hora de cambiar el rumbo de la política pero que sí que fue importante como reafirmación para un artista totémico.

Ni mucho menos su directo definitivo, sí que conserva la dosis de calidad justa para no desmentir la leyenda acerca del directo de Marley y los Wailers. Si quieren la apoteosis busquen el oficial "Live" (1975), para paladear las intimidades de una banda perfectamente engrasada ya existen piratas como el magnífico directo en los estudios Record Plant de California en 1973. Este disco es otra cosa. Más bien para gente curtida a la que le pueda esa curiosidad que te capacita para saltarte cualquier chirrido molesto y cualquier calidad amateur. Bob Marley & The Wailers fueron también sucios y punk. Si es que eso es algo bueno.


domingo, 15 de diciembre de 2013

gigantes #39: el profeta de los desheredados

Bob Marley fue un profeta, un enviado que predicó su palabra de vida y removió las entrañas del primer mundo con los gritos de rabia del tercero, ese que solo parece interesar para llenarse la boca en mítines asquerosos. Un artista esencial para cualquier melómano y vital para todo aquél que crea que hace falta cambiar cosas, tal vez todo. Su rostro aparece grafiteado al lado del Ché o de Camarón. Siempre al lado de los desfavorecidos, hoy más que nunca nos invita a revisar uno de los cánones más entrañables y pletóricos de la historia.

Robert Nesta Marley Booker nació en Jamaica en 1945 y murió en Miami en 1981. Tenía 36 años y una carrera atronadora. Antes de erigirse como icono a nivel mundial inició una tímida carrera musical en su isla natal en los primeros 60. Junto a Peter Tosh y Bunny Wailer formó los seminales Wailing Wailers, germen de lo que serían The Wailers, la banda con la que triunfaría no mucho después. Con los primeros empezó a manosear los ritmos que bullían en la floreciente escena jamaicana, ese rocksteady y ese ska que Marley y sus compinches transformarían en una música destinada a conquistar el mundo. El reggae, si no fue inventado por ellos, sí que les debe su fama y forma actual. Todo reventó cuando fueron fichados por Island y editaron su primer disco con ellos en 1973. Catch a Fire se convirtió en un fenómeno que los catapultó a la fama instantánea. Bob Marley & The Wailers empezaron a desarrollar su idea de la rebelión a través de canciones combativas y suculentamente melódicas en las que cabían los ritmos ya mencionados y los toques sutiles de funk, soul y rock. 

Bob Marley siempre se mostró interesado en la esclavitud pasada y presente y se tomó muy en serio las enseñanzas de Haile Selassie I, descendiente de Salomón y considerado como el enviado de Jah. Este era el nombre que se le daba a Dios en la religión rastafari de la que Marley fue seguidor y predicador entregado hasta sus últimos días. Para él la marihuana tenía poder cicatrizante y era un elemento importante para potenciar la capacidad de rebelión de cada uno. Estos elementos constituían la base, no solo de su forma de vida, sino de sus canciones. Etiopía era la tierra prometida, de ahí que adoptaran su bandera como distintivo de todo un movimiento. Con todos estos iconos e ideas más o menos dispersas y espontáneas necesitaban un buen altavoz para que se les escuchara. Para ello y a petición de la discográfica, empezaron a arreglar las canciones con músicos no jamaicanos, lo que según algunos les quitó el primitivismo natural y las hizo digeribles para el gran público. Escuchando cosas tan maravillosas como el solo de "Lively Up Yourself" no puedo sino creer que fue una de sus mejores decisiones. Un posicionamiento crucial para que su mensaje se extendiera como un virus por las venas de la Tierra y de paso hizo posible una música que perdurará para siempre.

Tras cambios de formación entre los que cabría destacar el abandono del grupo por parte de Tosh y Wailer tras Burnin' (1974), Bob Marley fue refinando continuamente su propuesta en busca de un exorcismo para sus demonios y los de un mundo a todas luces injusto. Viró hacia temas más banales para muchos de sus fans. No todos entendieron que cantara abierta y simplemente al amor y a su pasión por el ganja en discos como Kaya (1978), a pesar de que ambos habían sido la base de todo su discurso. El discurso siempre vigente de un visionario que nos dejó demasiado pronto y que ha sido una inspiración imprescindible para generaciones de seguidores y músicos del más variado pelaje. No me olvido de la versión de su impagable "War" que realizaron otros mitos del tercer mundo como Sepultura. Una muestra ínfima pero significativa de que Marley es un artista universal que no hizo más que tender puentes. Unión contra aislamiento y dulce rabia militante contra inmovilismo. ¡Cómo te echamos de menos!

Tres básicos

Catch a Fire ***** (1973)
Su estreno en una multinacional sacudió los cimientos de la música. Pocos podían imaginar que desde la diminuta Jamaica pudiera surgir un ciclón como el que sacudía nuestras conciencias con unas melodías tan soul, tan frescas y tan eternas. "Concrete Jungle", "Stop That Train", "400 Years", "Baby We've Got a Date" o "Stir It Up", su primer éxito planetario. Ritmos cálidos, rabia encapsulada y un artwork (en el que la carpeta representaba y se abría como un zippo) para la historia.

Natty Dread ***** (1974)
Un disco desafiante desde la misma portada y que contenía una denuncia salvaje en gemas como "Lively Up Yourself", "Them Belly Full (But We Hungry)", "Rebel Music", "Natty Dread" o "Bend Down Low". Sin olvidar el que puede ser su tema más querido, ese "No Woman No Cry" que sigue embelesando con su delicadeza y ese teclado casi de juguete.

Exodus ****1/2 (1977)
Dorado y rojo para el disco más ambicioso de los jamaicanos hasta entonces. Si todavía quedaba gente por convertirse al rastafarismo, este disco acabó con los últimos indecisos. Música pop en toda la extensión del término con bajos sólidos y calidez caribeña que arrasa cualquier resistencia con pepinazos como "Exodus", "Jammin'", "Waitin' In Vain", "Three Little Birds" o "One Love/ People Get Ready". La colección de canciones más apabullante de la carrera de Bob Marley & The Wailers.

Una canción
Pues aun no siendo su mayor hito ni en repercusión ni en belleza, creo necesario recurrir a "War", momento perteneciente a Rastaman Vibration (1976), un monumento a la lucha racial y de clases que se deja de tonterías para hablar de confrontación sin adornos. La injusticia y la ira recitada más que cantada y propulsada por una rítmica nuclear y vientos del céfiro en esas trompetas. "Everywhere is war!!!"



viernes, 6 de diciembre de 2013

la interzona #38: carne de fan



Live (Lou Reed, 1975)

Como una suerte de hermano menor, este "Live" trata de imitar torpemente al gigante "Rock n Roll Animal". Ahí está toda la artillería pirotécnica y la precisión rítmica. Ahí también la entrega vocal y el sonido endiosado. Por supuesto no le alcanza.

En este caso Reed se centra en sus primeros pasos en solitario rescatando temas de Transformer (1972) y Berlin (1973) y dejando un pequeño hueco para su época en la Velvet con el clásico "Waiting For the Man". El disco le sale potente con el problema y la bendición que suelen acompañar a toda potencia sin control, esa falta de matices que se carga delicadezas como "Satellite of Love" y que a la vez eleva y mucho cierres mitológicos como "Sad Song".

A pesar de los paralelismos, el final no deja el saborcillo amargo de Berlin aunque sí una media sonrisa. Lou, hijo de tu madre, ¿es que siempre vas a hacer lo que te dé la gana?

jueves, 5 de diciembre de 2013

momentazo #178: lo veo todo, lo siento todo



The Seer (Swans, 2012)

Michael Gira permanece intacto en su obsesión, maldito en su herejía que ya dura treinta años. Treinta añazos como treinta soles oscuros irradiando esa infinita luz negra que solo él sabe fabricar. Para celebrar esta longevidad saca este apocalíptico "The Seer" poco más de un año después del rejuvenecedor "My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky" (2010).

Gira ha armado un combo insultante en estos últimos años. Una camarilla de acólitos que lo siguen en sus devaneos sin pestañear. Con el fanatismo que se les supone a los creyentes más fieles. El resultado de esta ceguera pues, es simplemente apoteósico. Una música infernal y hermosa, belleza bulbosa y terrible coleando en un armazón metálico impenetrable. No hay canciones aquí. Solo sonidos viciados, atmósferas turbias colisionando con los pasajes más prístinos en que pensarse pueda. Un choque brutal para que Gira haga el papel de su vida como predicador de la apostasía. Un enfrentamiento salvaje para que recite sus versos con esa garganta autoritaria y feroz. Estrofas que siempre le han sentado como un guante a este hombre capaz de colocar en el mismo verso las palabras "dios" y "follar", "cielo" y "éxtasis". Un juego de contrarios en el que entretener el cerebro golpeado por acelerones, remansos, electricidad, gaitas y campanas... Esas campanas que te vapulean en su vaivén monstruoso.

En "The Seer" Swans siguen ofreciendo la misma demolición sónica de siempre, pero no son los mismos. Han cambiado para seguir igual. En la que puede ser su mejor obra nos abisman en el reflejo deformado de un ser que ya no tiene nada de humano. El vidente lo declara a viva voz: "lo veo todo". Y a la vez nos acusa por nuestro inmovilismo ofreciéndonos el antídoto. Este disco busca despertar los sentidos dormidos por tanto consumo rápido, por tanto conformismo. A partir de su mismo formato, un insultante vinilo triple (o CD doble) que suma casi dos horas de música. Un suicidio en toda regla en estos tiempos modernos que están acabando con la esencia de todo, arte incluido.

Dejémoslo girar, dejemos que se nos vaya inoculando en la piel lentamente. Apenas parece que va a estallar y vuelve a quedarse mudo, hasta que a la mitad eclosiona y prende fuego a tu habitación. Dejémoslo girar. Sometámonos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

momentazo #177: chaplin ardoroso



Modern Times (Bob Dylan, 2006)

Uno tiene la impresión cuando empieza a sonar de que el bardo podría tirarse haciendo discos así durante años. Es una sensación que supera el "ya he oído esto antes". Debe morar en el mimbre mismo de las melodías, en esa cadencia entre cansada, aburrida y absolutamente entregada del genio. Desde que abre fuego con el blues rudo de "Thunder on the Mountain" ("Pensaba en Alicia Keys y no podía dejar de llorar...") y nos lleva de la mano por la sinuosa y evocadora "Spirit on the Water" ("A veces me pregunto por qué no puedes tratarme bien / haces el bien durante todo el día / y el mal la noche entera") para volver al blues árido y rajado en que convierte "Rollin' and Tumblin'" con letras de su cosecha para hacer suya la música inmortal de este clásico. Más delicias con "When the Deal Goes Down" o "Workingman's Blues" y más blues seco, "Someday Baby". Recordatorio de lo inevitable, "The Levee's Gonna Break" y cierre con el violín penetrante y flotante de "Ain't Talkin'". Un paseo por el jardín místico en el que no hay jardinero. Un punto de abandono y sequedad para un disco poderoso. Ojalá entregue obras como esta durante muchos años. Y que estemos aquí para escucharlas.

martes, 26 de noviembre de 2013

momentazo #176: ¡que doblen las campanas!



Oh Mercy (Bob Dylan, 1989)

Resultado de imagen de oh mercyPor fin se acababa la década. Seguro que el alivio para Dylan al ver el final del túnel de los 80 ayudó a que se relajara. Gracias a ese nosequé que surge de vez en cuando, la inspiración volvió. Y volvió a lo grande. También es cierto que el nivel de lo que precedía a este trabajo ayudó a aumentar un poquito su apreciación. Tan ávido estaban público y crítica de algo que llevarse a la boca que casi cualquier cosa bien preparada, aun no siendo un manjar, podía satisfacer a los paladares más exquisitos.

No digo esto como un reproche. Simplemente me da un poco de rabia que la parte central se alargue hasta el final con temas tan lentos. Claro que eso siempre es la impresión inicial, porque una vez saciado con la urgencia de "Political World" o el ritmo sabrosón de "Everything Is Broken" la verdad es que resulta delicioso sumergirse en las cálidas aguas de "Where Teardrops Fall", la solemnidad sin mácula de "Ring them Bells", la oscuridad serena de "Man in the Long Black Coat", la reconciliación emocional de "Most of the Time", el recitado firme y delicado de "Disease of Conceit", el sonido agudo del reproche de "What Was It You Wanted?", o el brillo fugaz de "Shooting Star".

Y así despertamos cuarenta minutos después curados de nuestros males por esta poesía pura. Este antídoto para los venenos cotidianos. Y así el disco se va apagando suavemente, casi sin darnos cuenta. Y en el último soplo sonreímos contentos por el regreso del viejo amigo de siempre. En forma. Porque hemos disfrutado de la calma, una calma plena, una calma en la que no han dejado de pasar cosas. Una calma en las antípodas del aburrimiento y de la rutina.

"People don't live or die
People just float"


Pues va a ser que sí...

momentazo #175: gates of eden

It's Alright Ma, (I'm Only Bleeding) by Bob Dylan on Grooveshark  

The Bootleg Series Vol. 6 - Live 1964: Concert At Philharmonic Hall (Bob Dylan, 2004)

Nunca se había visto ni se verá a un Dylan tan relajado y apasionado a la vez, en perfecta comunión con un público extasiado. El colofón a su época acústica. La canción protesta hacía tiempo que le pesaba como un fardo. Y en este poderoso directo se empiezan a vislumbrar sus pasos futuros. En los interludios bromea con el público, se ríe, se gusta... Las versiones son pulidos calcos del original (qué lejos se ve eso ahora...). Todo sonaba a despedida de los que se quedarían en el camino incapaces de seguirle en su aventura ácida. Todos los que no comprendieron que anunciara "gates of eden" como una "canción de amor". ¡Qué retorcido! Aunque claro, ahora es fácil decirlo. ¡Qué gozada escucharte, amigo!

viernes, 8 de noviembre de 2013

momentazo #174: rock and roll animal

Rock 'n' Roll Animal (Lou Reed, 1974)
ROCK
AUTOR / ROCK & ROLL

Resultado de imagen de rock n roll animal
La apoteosis eléctrica hecha carne. "Rock 'n' Roll Animal" sublimaría lo primigenio vistiéndolo de barroquismo exacerbado. Nada que temer, pues al rascar un poco se desmorona el caparazón dorado para mostrar un andamiaje bestial, seco y puro. Todo el poder divino y mugriento de The Velvet Underground cobra una nueva vida justo antes de ser enterrado para siempre.

Reed trata de explicarse a sí mismo volviendo a sus orígenes y dinamitándolos para siempre. Todo un ejemplo a seguir. Solo una pequeña prueba del espíritu salvaje que siempre repartió el poeta eléctrico

Con este disco Reed regraba unas cuantas canciones de su antiguo grupo tal y como las concebía en ese momento. Está claro que en 1974 estaba a años luz de unas composiciones que fueron vanguardia. Una vanguardia que parece amar y odiar a la vez. Por ello contrata a un par de guitarristas volcánicos como Steve Hunter y Dick Wagner, que después acompañarían a gente como Alice Cooper. Nada de excentricidades ni moderneces. Rock duro y clásico que a veces flirtea con lo progresivo para rápidamente bajar a la tierra y entregar unas eyaculaciones eléctricas insuperables.





 

Este animal solo contiene cinco temas y no le hace falta ni uno más pues todos satisfacen en su elasticidad y se hacen necesarios. Esto último no es muy común en los discos en directo. Aquí se ganan el sueldo sobradamente por sonar diferentes y frescos como recién cogidos del huerto. Puede que por eso me guste tanto este disco, poque no deja de sorprenderme que después de renegar de su etapa de terciopelo y después de romper la baraja con obras tan absolutas como "Transformer" (1972) o "Berlin" (1973) Reed trate de explicarse a sí mismo volviendo a sus orígenes y dinamitándolos para siempre. Todo un ejemplo a seguir. Solo una pequeña prueba del espíritu salvaje que siempre repartió el poeta eléctrico.

trick or trick? #44: francotirador ponzoñoso



Lou Reed (Lou Reed, 1972)

"Buen" álbum perdido. Perdido en el sentido de "sin rumbo". Lou dejó la Velvet con una idea clara: quería expresar sus propias ideas, su ego, sin el caparazón de terciopelo. Si quería ser radical iba a serlo. Si quería ser dulce y previsible, también. En este debut en solitario las ideas están cogidas con pinzas y solo alcanza el cielo en un puñado de momentos inspirados - "I Can't Stand It", "Walk & Talk It", "Lisa Says", "Wild Child" o "Ocean". En muchos otros - "Going Down", una primeriza e insustancial "Berlin", "I Love You" o "Love Makes You Feel" - demuestra una bisoñez y una falta de criterio impropia del autor del "álbum del plátano" (1967), "Transformer" (1972) o "Berlin" (1973).

Podríamos dividir el disco entre maravillas pre-Transformer y bocetos y apuntes de proyectos de canciones sin terminar. La mayoría de unas y otras vienen de los últimos coletazos con la Velvet Underground y, o bien, las tocó con el grupo o las tenía en su cabeza. Eso, fijo. Buenas ideas para un futuro rompedor.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

tótem #68: las entrañas de las entrañas

http://www.goear.com/listen/7be95d3/tangled-up-in-blue-bob-dylan

Título: Blood on the Tracks: The New York Sessions
Artista: Bob Dylan
Año: 1998 (grabaciones de 1974)
Productor: Bob Dylan
Sello: ? (disco pirata)

La curiosidad humana no puede saciarse jamás. Como bestias hambrientas nos lanzamos sobre las grabaciones primigenias de un disco que se ha instalado en nuestras noches de insomnio, grabándose en nuestro cerebro y nuestra alma. "Blood On the Tracks" (1975) nunca se agota. Su aura dolorosa, su desamor sangriento huele a habitaciones cerradas y sábanas empapadas en sudor. Es un disco tan tangible, tan supurante, tan verdadero que siempre vamos a volver a él. Un disco que excita nuestro instinto y nuestro deseo de saber. Por eso colocamos estas tomas alternativas en el equipo con una reverencia casi religiosa. Por eso contenemos el aliento mientras empieza a sonar ese "Tangled Up in Blue" tan cambiado, tan sencillo y tan esencial. El principio es un anuncio, una constatación de que estas canciones son demasiado. Con un tratamiento parco hasta el hueso florecen en toda su desnudez para aumentar el impacto.

Este pirata de lujo se nutre de las tomas grabadas en Nueva York. No todas ellas acabaron publicadas, sino que sufrieron una regrabación en Mineápolis poco antes de su edición. Estas son las que nos interesan, la mitad de ellas. El resto ya las conocemos y están aquí simplemente por coherencia. Así podría haber sido el disco de nuestros sueños. Y creo que me habría gustado igual. Las regrabaciones son más elaboradas pero ni así el brillo puede confundirnos. Siguen teniendo ese corazón de tinieblas que en la melancolía de estas sesiones neoyorquinas late más negro que nunca. No voy a decir que me guste más que el disco que finalmente salió, pero sí que me encanta que exista. Por comparar y para tener una excusa para sumergirme otra vez en sus pestilentes versos. Y tratar de recordar cómo me impactó la primera vez. Esa primera vez.

Curiosidades
- Dylan mostró sus ideas a colegas como Neil Young o Crosby, Stills and Nash antes de grabar las canciones, las cuales incluso llegó a probar con los míticos Crazy Horse de Young. A Stephen Stills no le entusiasmaron y, según cuentan, comentó tras escucharlas que Bob era un buen escritor de canciones pero para nada un músico. Poca loa para el disco que se estaba pergeñando.

- La idea inicial era grabar el disco con acompañamiento eléctrico. Para ello Dylan contactó con Mike Bloomfield, el demoníaco guitarrista que lo acompañara en Highway '61 Revisited (1966). Según parece no le dio tiempo a aprenderse unas canciones que de todas formas le sonaban monótonas. Según él, todas le sonaban igual y estaban en la misma nota. Es Bob Dylan, ¿no?

- Este podría haber sido el disco que se conocería como Blood on the Tracks si no fuera porque Dylan hizo una de las suyas y en el último momento decidió regrabar la mitad de las canciones dándoles un aire totalmente distinto. Una suerte. Más allá de que lo publicado sea mejor o no, así tenemos las dos muestras. Dos mejor que uno.

viernes, 1 de noviembre de 2013

momentazo #173: ni el polvo ni el tiempo te rozan



The Basement Tapes (Bob Dylan, 1975)

Como el humo del incienso y de otras cosas que me guardo, este disco se te cuela en la piel y en las venas. Como ese puñado de cosas auténticas y sencillas que hay en la vida, el compadreo, la complicidad y la inspiración simplemente se desbordan y te conquistan en estos surcos.

http://willamette.edu/~rloftus/ChangingTimes/BobPics/BasementCovLg.jpg

Bob Dylan venía de sufrir el famoso accidente de moto que por oportuno mucha gente cree inventado. Después de "Blonde on Blonde" (1966), el artista parecía estar en un callejón sin salida asediado por sus adicciones y una crisis de identidad de caballo. El accidente mencionado le permitió alejarse de los focos y recluirse en la pequeña población de West Saugerties, NY. Allí, junto a sus compinches de The Band, grabó unas sesiones maratonianas que no parecían conducir a ningún sitio. Era el otoño de 1967 y al mismo tiempo Dylan estaba escribiendo y dando forma al que iba a ser su próximo disco. "John Wesley Harding" (1967) supuso una vuelta a las raíces folk y country del bardo, sin rastro de electricidad y con un corazón místico y religioso que anticipaba futuros movimientos. El disco fue alabado por todo el mundo aunque oyéndolo hoy el parentesco con estas cintas del sótano de la misma época es más bien lejano.

Los kilómetros de cinta que se usaron en la grabación de este "divertimento" fueron siempre objeto de deseo inflamando la imaginación y el ansia de los seguidores. Hay numerosos discos pirata que glosan en varios volúmenes el grueso de unas sesiones que eran conocidas desde su origen por todo dylanólogo que se preciara. El problema era el de siempre. El sonido paupérrimo en unas composiciones que sorprendían por su arrojo y su calidad. Hubo que esperar hasta 1975 para que Dylan diera el visto bueno a una selección de lo que se coció en Big Pink durante ese otoño ocho años antes. El resultado, "The Basement Tapes", es un documento esencial en la dilatada carrera del de Duluth. Este disco doble, que celebra la tradición norteamericana con desparpajo y rotundidad, se sitúa a la par de las cumbres más altas del risco dylaniano. Es un bocado apetitoso por ser único en su especie. Jamás se había oído ni se oiría a un Bob Dylan tan relajado. En estas canciones canta desde la profundidad de su ser con la tranquilidad de no tener nada que demostrar. Quizás porque no estaban pensadas para ser aireadas. Por eso a veces resulta un poco violento romper la privacidad de un momento que por suerte no se nos escamoteó sino que podemos presenciar en su grandeza.

Folk, country y rock fluyen con la naturalidad de un río guiado hacia el mar por la sabiduría y la pericia de una de las mejores bandas de acompañamiento que haya existido. El papel de The Band aquí es impresionante. Mis palabras jamás podrán hacerle justicia. Además Dylan, y esto no ha pasado casi nunca, se deja impregnar por la banda canadiense interpretando piezas de ellos o simplemente acompañándolos. Era lo que necesitaba. Diluirse en el grupo. Por eso este disco no parece suyo. Más bien parece que está colaborando en canciones ajenas. Delicioso cuando sabemos que no es así. Hay mil motivos para amar este disco. Yo tengo dos demoledores. El primero es que es único y queda rarísimo junto al resto de sus obras maestras. El segundo es que Tom Waits lo idolatra. Y todos sabemos que lo que diga Tom Waits va a misa.

lunes, 28 de octubre de 2013

momentazo #172: libre e idolatrado



The Freewheelin' Bob Dylan (Bob Dylan, 1963)

El segundo disco, toda una prueba de valía, se salda con nota. Dylan, imparable, se erige de un plumazo como un cantautor fundamental ya desde estos primeros momentos.

Resultado de imagen de freewheelin'Este será para siempre el disco de "Blowin' in the Wind". Eso no puedo discutirlo ni yo, a pesar de que la canción haya sido utilizada para miles de campañas y cuestiones no siempre defendibles. Lo sorprendente es que no haya perdido su significado y su prístina belleza. Dicho esto, como se imaginan, hay muchísimo más aquí. "The Freewheellin'", en su concepción, era un lienzo inmaculado sobre el que el de Duluth iba a probar sus dotes como contador de historias. Y desde el principio se atisba claramente a un cantautor protestón pero para nada encasillado. Un poeta que sabe cantarle al (des)amor como nadie, que es dueño de un sentido del humor tan fino como perverso, un autor con mayúsculas que en joyas como "A Hard Rain's A-Gonna Fall" muestra un dominio y una sensibilidad sobrehumanas. Canciones como esta o la ya mencionada "Blowin'..." son las primeras culpables de que una generación lo abrazara como su portavoz, título que o no le gustaba o acabó cansándole.

Además de demostrar que era un creador sobresaliente, Dylan continúa aprendiendo y tomando buena nota de los clásicos del folk y el blues y saca petróleo de las progresiones más simples y cabezonas. Como en la espléndida "Masters of War", una denuncia tan seca y rencorosa que siempre va a doler y siempre va a tener vigencia. Otra cosa son esos talking blues solo aptos para iniciados. Ahí hay que pegar la oreja y fijarse bien en su jerga nasal para disfrutar de esas historias jocosas y locas. Cuando se consiga completaremos un disco extraordinario. Después llegarían las obras maestras pero este es el primer gran álbum de todo un mito.

lunes, 21 de octubre de 2013

momentazo #171: un sol naciente



A Bright New Name In Folk Music (a.k.a. Bob Dylan) (Bob Dylan, 1962)

Resultado de imagen de dylan first albumEl estreno de un genio, como suele suceder, tiene poco de genial y da pocas pistas de lo que estaba por venir. Lo que no quiere decir que Bob Dylan no impresionara y lo siga haciendo con este estreno de palo donde la crudeza de su interpretación te sacude como no lo haría después. Son trece canciones de las que solo compuso dos. El resto se mueve entre las adaptaciones de temas tradicionales y versiones de gente variopinta en esto del blues y el folk.

Dylan se destapa aquí como un intérprete genial y un compositor notable. El rajo, la convicción y el desgarro con el que se emplea tiene mucho de inocente. En discos posteriores aprendería a dosificarse pero aquí ataca a las canciones desde un clasicismo que se evaporaría solo unos meses después. El de Duluth escupe su juventud ante el micrófono con una insolencia que reclama tu atención desde el primer instante.

Este estreno es un disco de aprendizaje. Claramente. En él experimenta con algunas de las cosas que depuraría después. Cambia arreglos sin pudor, por muy canónicos que estos se considerasen e interpreta las versiones según otras que ya distaban de la original. Nada le limita a la hora de hacerse el traje que mejor le siente. Por eso este disco, aún no siendo una obra maestra, merece estar en su panteón de clásicos. Por la fiereza de "Highway 51", "Fixin' to Die" o "See That My Grave Is Kept Clean"; por el desgarro de "In My Time of Dying" o "House of the Risin' Sun"; por la sacudida jocosa y deliciosa de "You're No Good" o "Pretty Peggy-O"; y también por la muy influenciada "Song to Woody". La prueba más clara de que aún estaba observando y aprendiendo. Eso sí, a velocidad de vértigo.