jueves, 29 de agosto de 2013

momentazo #167: ninfa traviesa



Debut (Björk, 1993)

Resultado de imagen de bjork debutDespués de su pasado juguetón con los Sugarcubes, Björk se convierte con este disco en musa de la posmodernidad. "Debut" es un disco cuidado hasta el último detalle, un disco del que se debió sentir orgullosa la islandesa desde que lo creó. Eso me sugiere su título, un interés profundo en recalcar que aquí empezaba todo, como si quisiera borrar, no solo su carrera anterior con todos los grupos en los que se fogueó, sino también su primer intento en solitario real. Me refiero a ese infantil "Björk Guðmundsdóttir" (1977) que publicó siendo todavía una niña.

"Debut" consigue borrar todo el pasado de un plumazo merced a una inifinidad de capas de electrónica, teclados, orquestaciones, tablas hindúes y mística vaporosa propulsada por una voz única entre lo irritante y lo sublime. La islandesa dejaba claro que no era una artista fácil y eso le ha valido tanto una legión de seguidores ultras como toneladas de desprecio por su supuesta pretenciosidad. Sin posicionarme en ninguno de los dos extremos, he de admitir que me gusta Björk, y me gusta en gran medida por este disco. Aquí ya tenemos todo lo que nos iba a ofrecer, amplificado, en el futuro. La ninfa oscura de entonación densa en "Human Behaviour", la elfa juguetona de voz sublime en "Venus As a Boy", "Like Someone In Love" o "The Anchor Song", la musa acerada de la pista de baile en "Big Time Sensuality" o "Violently Happy", y la señora del drama de voz castigadora en el maravilloso bonus track que es "Play Dead".

Medir "Debut" tantos años después, viendo cómo ha progresado Björk, es totalmente injusto. Ha ido tan lejos en su viaje, ha tocado tantos palos que este disco puede parecer menor. Craso error. Solo hay que ponerlo a girar para darse cuenta de que no solo es el big bang, además tiene mimbres de clásico. Es el gozo absoluto de la que está jugando con el fuego recién descubierto. Y eso, me temo, no lo ha vuelto a hacer.

miércoles, 28 de agosto de 2013

momentazo #166: miel para el asno



Talking With the Taxman About Poetry (Billy Bragg, 1986)

Se sale. Con materiales usados y poco vistosos. Con una materia prima dudosa por bastorra y poco pulida. Billy Bragg parece tener que pedir perdón de antemano por ser tan de izquierdas, tan panfletario, por ser esa mezcla de Ken Loach, Bob Dylan y The Clash. De todos toma para crear, aunque sus vivencias y su imaginación saben construir un algo propio y de un valor incalculable.

En su segundo disco, Bragg se apropia del título de un poema de todo un outsider sin coartada como Vladimir Mayakovski. Hablar de poesía con el inspector de hacienda, tarea ardua y casi sin sentido, dura como la sociedad que presenta el bardo. La de los callejones oscuros y malolientes, la del obrero esclavizado, la de la juventud sin rumbo ni asidero al que agarrarse. Con músicas parcas, a veces robadas o remozadas (usa el "Chimes of Freedom" de Bob Dylan para vestir "Ideology"), y otras arregladas con sutil pericia para no ahogar la canción. Se vale de la maestría de todo un Johnny Marr y sus encajes eléctricos, de pianos, trompetas y mandolinas. Y aún así lo que se queda en el cerebro son las palabras, la voz autoritaria y entrañable y las melodías de bar y callejón, de antes y después de la fiesta. Porque este disco es una celebración, un alarido de libertad que nadie podrá ahogar. La furia obrera nunca ha sonado tan carnal y efusiva. Aquí Bragg da en el blanco de la autenticidad aunque habrá quien lo llame populista. Y habrá quien lo llame activista concienciado. ¿Y poeta?

martes, 27 de agosto de 2013

momentazo #165: rock gitano



Yo no quiero pensar (Las Grecas, 1975)

Furia gitana electrificada en la cara A de este single, todo un himno cañí con solvencia instrumental y desgarro vocal. La cara B se aprecia más reposada pero igualmente sobrecargada y plena en una celebración de la libertad estilística y de la ausencia de prejuicios.

lunes, 26 de agosto de 2013

la interzona #33: el cuarto oscuro



With the Lights Out *** (Nirvana, 2004)

Entre el desperdicio y lo sublime, entre el interés morboso y el ansia documental. En algún punto habría que situar esta exhumación torrencial de los restos de los de Seattle. Muchas canciones inéditas, algunas incluso merecerían haber sido incluidas en un disco; un Cobain multifacetado, de ¿amante/parodiador? del folk a cantautor punk acústico, sulfúrico o volcánico. Realmente hay carne aquí, aunque algunas cosas le sonrojarían (quizá por eso no se editaron en su momento). No sé si me explico, pero a veces es mejor tapar las vergüenzas. Es lo que tiene el endiosamiento, aunque claro, ya no va a poder quejarse, ¿verdad, Courtney?. Aún así, una vez más, las canciones vencen, aunque solo sea a ratos (por cierto, también vence la caja registradora de los promotores de la idea). Mejor te haces un cd con lo mejor. Y lo que sobra, pues a olvidarlo.

jueves, 15 de agosto de 2013

gigantes #36: nieve blanca

Ornette Coleman, uno de los músicos más rompedores y expresivos de la historia, es dueño de una carrera coherente, transgresora, impresionante. Decidido desde el principio a explorar los límites del jazz, ha recibido más palos que alabanzas para acabar siendo reconocido por (casi) todos como uno de los más grandes del género. Una vitola que le ha costado lustros, décadas, toda una vida.

Coleman, nacido en Fort Worth (Texas) en 1930, inició su carrera discográfica a mediados de los 50 con el sello Contemporary, para el cual grabó dos discos en los que dejaba entrever su heterodoxia. Solo con estas dos muestras ya fue acusado por los críticos de asesinar el jazz. No tenían ni idea de lo que se les venía encima. Cuando Coleman grabó su tercer disco, para el que cambió a Atlantic, ya tenía muy claras en su cabeza las ideas que pretendía desarrollar. The Shape of Jazz to Come (1959) era un anuncio y una realidad, una obra maestra de eso que se iba a empezar a llamar free jazz.

Entre loas entusiastas pero escasas y ataques feroces que ponían en duda no solo sus ideas sino sus mismas dotes, Ornette fue plasmando su idea del jazz en discos caóticos y desbordados, culminando en ese caos puro que fue Free Jazz (1961). Su disco más extremo suponía un camino sin retorno y ante la avalancha de críticas, el saxofonista se sacó un término para definir su música: harmolodics. Lo definió como el uso de la lógica física y mental para crear un sonido que dé la sensación de simultaneidad ya sea ejecutado éste por una persona o un grupo. En otras palabras, ni acordes, ni tonalidades, sino sensaciones y expresión pura para que parezca algo vivo más que algo perfecto.

Y en estas se ha tirado más de cincuenta años el saxofonista norteamericano. Tratando de justificar lo injustificable. Tampoco creo que le importe demasiado. Si no, no se explica que haya aguantado tanto tiempo aferrado a una idea tan poco ortodoxa. Él siempre se ha mostrado férreo en sus convicciones, dúctil en sus interpretaciones y composiciones, como un tritón soplando su caracola al flujo de las aguas, sin truncar el fluir del río, adaptándose a su calma y a sus rápidos. Porque el caos no siempre es tal, ni el orden es sinónimo de seguridad. ¿Jazz libre? ¿nieve blanca? 

3 básicos

The Shape of Jazz to Come ****1/2 (1959)
El primer impacto para la eternidad ya definió una forma de hacer la cosas, digamos, poco convencional. Coleman trató de ocultarse siguiendo los patrones clásicos del bebop, pero para los entendidos no pasó desapercibida la ausencia de acordes base en los solos, y eso en la época era algo... imperdonable. Para muchos este es el mejor de su abultada discografía.

Free Jazz ****1/2 (1961)
Tomando a James Joyce como ejemplo, el anterior sería su Ulysses (1922). Su mejor obra, la favorita del público. Difícil para el lector medio pero altamente gratificante si se le dedica el esfuerzo. Este en cambio sería el Finnegan's Wake (1939), una obra para eruditos, indescifrable. Para muchos expertos, su obra cumbre, para el público una boutade insufrible. Bueno, a mí me encanta Ulysses pero en este caso me quedo con este disco por encima del anterior. Caos sin controlar que de alguna forma encuentra la forma de empastar en un fluido por momentos ligado y siempre vibrante.

Science Fiction **** (1972)
Un nuevo renacer en un disco soberbio cuando la esencia bravía de Coleman no encontraba formas en las que soltarse como antaño. El artista incluye voces ya sea recitando o entonando algo parecido a una canción sobre bases de improvisación cruda. Futurista desde el palo, la madera y el metal.

Una pieza
Seamos cabrones, pero de verdad. Se podría elegir el único tema que se puede considerar clásico de Coleman, "Lonely Woman", la apertura de The Shape of... pero no. Voy a invocar la era digital para proponer "Free Jazz pt. 1 & 2". Vamos el Free Jazz completo y en una sola pista por obra y gracia de la edición en CD del disco. Puede que no me crean, pero no se hace pesado en absoluto. Pónganse los auriculares y a ver si encuentran la parte en la que el contrabajo toca algo sospechosamente parecido a "La danza del fuego". Sí, la de Manuel de Falla.

martes, 13 de agosto de 2013

momentazo #164: así suena la libertad



Free Jazz (Ornette Coleman, 1961)

"Free Jazz" lleva con orgullo el nombre de una revolución. El disco de Coleman, el sexto de su carrera y cuarto con Atlantic, es la bandera gigante de una forma nueva de hacer música. Aquellos que criticaban el gusto y las dotes de Coleman cuando empezó a despuntar a finales de los 50 no podían ni imaginar que el saxofonista llegaría a estos extremos.

Este disco lleva a gala la palabra "libre" y no lo hace a la ligera. El oyente debe tomar aire antes de enfrentarse a lo que van a escupir sus altavoces, porque la atonalidad y el caos van a poseerlo en cuestión de segundos y no lo van a soltar en toda su duración. Coleman destroza cualquier corsé o idea preconcebida y suelta a dos cuartetos enrabietados para que se ataquen a dentelladas, uno en cada canal. Aprovecha el recién estrenado sistema estéreo para liberar a la bestia en un duelo improvisatorio nunca visto ni oido anteriormente.

Que nadie se lleve las manos a la cabeza. La portada, con el genial "White Light" de Pollock, lo anuncia a voz en grito. "Free Jazz: A Collective Improvisation by the Ornette Coleman Double Quartet". Improvisación libre. Nada de acordes que seguir. Solo sensaciones explosivas, estallidos de fulgor y asociaciones mutantes. Así, cuando casi al final del segundo tema dejan solos a Billy Higgins por el canal izquierdo a la batería y a Charlie Haden por el derecho al contrabajo, casi lloramos de alegría y sorpresa al ver como este último juguetea con algo que parece... sí, "La danza del fuego" de Manuel de Falla. Un espejismo, una dádiva que sabe a gloria y que sirve para recuperarse y apreciar más si cabe el valor de una música que cada vez que se escuche parece creada en ese mismo momento. Porque nace de la nada, bulle y crece y muere en un estertor. Como la vida misma.

lunes, 12 de agosto de 2013

supertrax #108: grrrl!!!



La voz de la revuelta de las hembras fue Bikini Kill. El grupo liderado por Kathleen Hanna apostaron por gritarlo en la cara y con la distorsión al máximo volumen. "Rebel Girl" es eso, un rugido de libertad que raja altavoces y destroza el cerebro más pétreo que pueda existir. ¡A las armas!

sábado, 10 de agosto de 2013

momentazo #163: pop escondido



You Can't Hide Your Love Forever (Orange Juice, 1982)

Orange Juice fue un grupo de perdedores a los que no dejaron paladear un triunfo que ahora todos queremos otorgarles. Nunca es tarde pero me da a mí que Edwyn Collins y los suyos hubieran preferido las glorias del éxito en su momento, cuando todos los tenían por un grupo de segunda en comparación con "enemigos" de la talla de The Smiths. Ahora puede parecer grotesco que discos como este estreno no gozaran de más éxito, porque lo de Orange Juice no era algo del montón.

"You Can't Hide Your Love Forever" es pop de guitarras nerviosas y perfectamente orquestadas, con trompetas, vientos y cuerdas y sin ningún miedo expresivo. Es pop total como el fútbol de la Holanda de Cruyff o el Barça de Guardiola. Pop de ataque, sin precauciones defensivas, presionante. Pop que incita a cantar si te atreves a seguir el fraseo entregado al máximo de Edwyn Collins. Una música, decíamos, sin miedo a tomar lo que sea para aumentar su expresividad. Tanto que se acerca al soul de una manera respetuosa pero fresca. Los escoceses saben lo que se hacen en todo momento y de su coctelera mágica salen jugos que satisfacen al más sediento por exigente que sea. Y aún así, ¡qué rarito que es el disco de los delfines!

viernes, 9 de agosto de 2013

momentazo #162: el futuro era entonces



The Shape of Jazz to Come (Ornette Coleman, 1959)

Después de dos discos para el sello Contemporary, Ornette ficha por Atlantic y se estrena por todo lo alto con un disco fundacional. "The Shape of Jazz to Come" ofrece lo que promete su título avanzando un futuro que iba a levantar aullidos de reprobación. En estos inicios la cosa todavía aparece domada y ligerita. Aparentemente. Las primeras convulsiones de eso que se llamaría free jazz aparecen sin embargo bien claras y evidentes. Aparecen en la leve atonalidad de la melodía que vertebra "Lonely Woman", su único clásico propiamente dicho. Y de forma mucho más clara en la maraña improvisatoria que fabrican los músicos en el núcleo de los temas. La estructura clásica del bebop de tema principal, solos y vuelta a la melodía base se mantiene intacta y eso confiere al disco un aire de normalidad que no debería ser tal puesto que la parte central de los temas obvia los acordes en pos de un toque libérrimo no apto para todos los públicos.

Coleman "refinaría" esta libertad hasta cotas impensables en discos posteriores. Aún así, este es especial por representar un primer conato de ardor que se aplacaba bebiendo de las frescas aguas de siempre. Lo que vino después ya lo sabemos. El desprecio por parte de gente como Miles Davis y la adoración por todos aquellos iconoclastas que sintieron el jazz en toda su elástica inifinitud.

miércoles, 7 de agosto de 2013

momentazo #161: el camino de bajada era más estrecho



Pilgrimage (Om, 2007)

Un bajo y una batería. Puede parecer poca cosa hasta que "Unitive Knowledge of the Godhead" erupciona en tu cara. Ahí te das cuenta que la peregrinación que nos propone OM no van a ser unas vacaciones. Al Cisneros y Chris Hakius formaban la base rítmica de Sleep. Al separarse tomaron la difícil senda de OM con esa instrumentación tan parca. Después de dos discos demostrando que no les faltaban ideas, rompieron la baraja con este "Pilgrimage" que parece mentira que pueda ofrecer tanto con tan poco.

OM se dedican en esta media hora a hinchar mantras que nos guíen por los pedregosos caminos de una peregrinación a algún santuario perdido. Los aires parecen más bien orientales aunque la preciosa portada pueda indicar otra cosa. Abren y cierran el disco con variaciones del mismo tema. "Pilgrimage" es un tema lento que invita a la meditación y que apenas nos prepara para las dos descargas que se encuentran emparedadas entre ambos. "Unitive Knowledge of the Godhead" explota a los pocos segundos de empezar con una dureza inesperada y sangrante, la cual se amplía en el diálogo mortífero entre los dos instrumentos de "Bhima's Theme".

"Pilgrimage" es un disco oscuro, poético y trascendental. En sus repliegues se intuye a un grupo que sabe lo que quiere, que te pide que te tomes tu tiempo y que te decidas a acompañarlos en un camino de redención doloroso pero gratificante. Cada uno valorará si merece la pena dejarse guiar por estos peregrinos del mantra.