miércoles, 28 de agosto de 2013

momentazo #166: miel para el asno



Talking With the Taxman About Poetry (Billy Bragg, 1986)

Se sale. Con materiales usados y poco vistosos. Con una materia prima dudosa por bastorra y poco pulida. Billy Bragg parece tener que pedir perdón de antemano por ser tan de izquierdas, tan panfletario, por ser esa mezcla de Ken Loach, Bob Dylan y The Clash. De todos toma para crear, aunque sus vivencias y su imaginación saben construir un algo propio y de un valor incalculable.

En su segundo disco, Bragg se apropia del título de un poema de todo un outsider sin coartada como Vladimir Mayakovski. Hablar de poesía con el inspector de hacienda, tarea ardua y casi sin sentido, dura como la sociedad que presenta el bardo. La de los callejones oscuros y malolientes, la del obrero esclavizado, la de la juventud sin rumbo ni asidero al que agarrarse. Con músicas parcas, a veces robadas o remozadas (usa el "Chimes of Freedom" de Bob Dylan para vestir "Ideology"), y otras arregladas con sutil pericia para no ahogar la canción. Se vale de la maestría de todo un Johnny Marr y sus encajes eléctricos, de pianos, trompetas y mandolinas. Y aún así lo que se queda en el cerebro son las palabras, la voz autoritaria y entrañable y las melodías de bar y callejón, de antes y después de la fiesta. Porque este disco es una celebración, un alarido de libertad que nadie podrá ahogar. La furia obrera nunca ha sonado tan carnal y efusiva. Aquí Bragg da en el blanco de la autenticidad aunque habrá quien lo llame populista. Y habrá quien lo llame activista concienciado. ¿Y poeta?

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