jueves, 19 de septiembre de 2013

gigantes #37: anarquía de la anarquía


 
Black Flag se han revalorizado en los últimos años como una de las bandas fundamentales del rock norteamericano. Aunque calificarlos como titanes pueda parecer exagerado, no lo es en absoluto. No en vano se pueden colocar en el mismo panteón que monstruos como Sonic Youth, Hüsker Dü o R.E.M.. Con todos comparten ser agitadores directos y punta de lanza en la renovación del rock underground que se cocía en EE.UU. allá por los 80. Una época necesitada de la brutalidad coherente y el anarquismo desprejuiciado de estos padres fundadores del hardcore.

Formados en L.A. en 1976, el grupo toma el nombre de uno de los símbolos anarquistas, esa bandera negra que desafía y ofrece guerra sin cuartel. El grupo siempre ha girado en torno al guitarrista Greg Ginn, compositor, fuerza motriz y único miembro que se ha mantenido en todas las formaciones de la banda. Black Flag se caracterizó desde el principio por la inestabilidad de su formación, con cambios constantes que les llevaron a contar con tres cantantes diferentes en sus primeros años. Todo esto contribuyó a que no editaran un disco largo hasta 1981, cinco años después de su fundación.

En sus inicios, agitaron el underground con los berridos de Keith Morris, el cual se largó en 1979 para formar los Circle Jerks. A este le sucedió Ron Reyes, conocido como Chavo Pederast, el cual duraría apenas un año. Dez Cadena también duró poco porque su voz, aunque más que apropiada, no resistía y además prefirió centrarse en la guitarra. Así, en 1981 y para su debut en LP, llegó Henry Rollins, figura controvertida para los fans. Pocos lo tienen como su favorito de entre todos los vocalistas que tuvo el grupo, aunque siendo ecuánimes hay que reconocerle su enorme valor en el devenir del grupo. A pesar de sus conatos intelectualoides, su pelo largo casi heavy y sus tonterías, pocos dejarán de reconocer que su imponente figura y su entrega en el escenario catapultaron al grupo a otro nivel. Su apertura de miras en lo musical también contribuyó a que Ginn pudiera soltarse como compositor, desechar prejuicios y ralentizar las canciones mientras les inoculaba todas esas influencias que harían a la banda única. Los Sex Pistols y los Ramones tendrían que aprender a convivir con Black Sabbath. De los baterías del grupo ni hablo y en cuanto al bajo, Chuck Dukowski fue básico en el desarrollo de la banda, aunque habría que señalar también a Kira Roessler que en los dos años que estuvo (1983-85) dio un nuevo aire al grupo con su imagen y su estilo con el instrumento. Además, su entrada contribuyó a sellar la etapa más estable del grupo en cuanto a sus miembros.


Con nueve LPs y ocho EPs en solo diez años, Black Flag ayudó a desarrollar el hardcore y a la vez lo dinamitaron desde dentro con esos toques de jazz, metal y spoken word. Parecían un grupo del montón pero demostraron que después de ellos el punk nunca iba a ser igual.

3 básicos

Damaged ****1/2 (1981)
El primer LP. Un puñetazo sanguinolento como la portada con las guitarras de Ginn y Cadena echando chispas para un Rollins desbocado. Su disco más imprescindible aún avanza a 1000 por hora en una carrera frenética y sin frenos ni cambios de sentido. Aparentemente.

The First Four Years **** (1983)
Recopilatorio que recoge la primerísima etapa del grupo. La de los vocalistas que precedieron a Henry Rollins. Los tres se parecen bastante. No esperen grandes diferencias. Un disco imprescindible para conocer la evolución del grupo. Tampoco lo veo imprescindible si no te has iniciado en las "delicias" de estos punkarras.

My War **** (1984)
Greg Ginn parece darse cuenta de que la brutalidad hay que encontrarla en otros sitios. Y vaya si lo consigue. Se alía con unos Black Sabbath que sonaban en su furgoneta de gira a todas horas, ralentiza el ritmo hasta cotas irreconocibles, y exprime su guitarra para sacarle los jugos más ponzoñosos. El resultado, un disco rocoso y duro que ayudó a quitarse de encima un montón de fans que nunca habían entendido de qué iba esto.

Una canción
"Slip It In" (1984) del disco del mismo título. En este se estrenó Kira Roessler al bajo y esta apertura cuenta con la colaboración de Suzi Gardner de las L7. La tipa se lo monta con Rollins encima de un riff demoníaco de Greg Ginn. Los fluidos que este saca de sus rasgueos se mezclan con el porno duro de la interpretación vocal, un apareamiento impúdico como nunca se había visto. Si Gainsbourg y Birkin humedecieron entrepiernas con su "Je t'aime... Moi non plus", estos dos no se andan con sutilezas para redondear un momento brutal, pero brutal de verdad.

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