miércoles, 4 de septiembre de 2013

momentazo #168: el cisne helado



Vespertine (Björk, 2001)

Cristal y plata hilvanados en arabescos imposibles. Son los materiales y las tonalidades que pueblan la maravillosa portada de un disco construído a base de tintineos cristalinos y cuberterías argénteas. El término electrónica vaporosa cobra vida en esta obra, posiblemente la mejor de Björk desde "Post" (1995).

La sutileza del disco casa perfectamente con la voz de la islandesa. El cisne nórdico sujeta su gorjeo y lo dosifica como nunca en interpretaciones excelsas. Nunca antes su voz se había fundido con esta gracia sin necesidad de artificios ni histrionismos. La composición acompaña y los detalles instrumentales y de producción son una delicia para el oído atento. Entre múm y los glaciares de su tierra, Björk encuentra en la felicidad por su reciente relación con Matthew Barney la inspiración perfecta para crear un trabajo maduro y muy evocador.

El problema, si es que se le puede llamar así, es el bajón que observo y que tiene nombre y apellidos. Entre los temas 8 y 11 el disco no capta mi atención como debería. Será cosa mía pero es un problema que me impide calificarlo como me sugiere cuando empieza a girar. Aún así, el mejor disco de Björk en una, digamos, segunda etapa que necesitaba experimentos de esta levedad y belleza. Hermoso y diferente.

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