viernes, 11 de octubre de 2013

gigantes #38: la tierra del cementerio

Black Sabbath ha amasado una reputación que cotiza bien tanto entre el fanatismo metalero como entre los gustos más exquisitos. No es que sea un plato para cualquier paladar pero siempre va a haber oidos desprejuiciados que van a apreciar su legado por encima del plastiquete que rodea su imagen de dioses del metal oscuro. Los Sabbath han sobrevivido al peso de su leyenda y a principios del siglo XXI son respetados por casi todos y adorados por un buen puñado.

Se forman en Birmingham en 1968 con un núcleo duro que iba a reinar durante más de diez años. Sin duda fue su mejor época y yo diría que la única que se puede defender ante la masa. En estos diez años (y no tanto los últimos) el grupo definió y refinó un sonido y una parafernalia que los iba a hacer eternos. Ozzy Osbourne a la voz, esa voz claramente escasa pero con un encanto indudable que muchos han tratado de imitar. Eso es fácil. Lo difícil era crearla de la nada con esa sencillez a la hora de cantar siguiendo el riff. Demasiado básico. Demasiado adictivo. Un sello propio que se incrementa con el señor del riff, Tony Iommi, guitarrista fino y pulcro que tras un accidente en el que perdió la punta de dos dedos tuvo que alterar su forma de acercarse al instrumento e incluso de afinarlo. Los resultados son más que patentes en trabajos de elegancia y oscuridad insondables en los que la pirotecnia se deja siempre al servicio de la canción. Contención. Esa sería la palabra que definiría también al fabuloso Geezer Butler, una bestia del bajo que con su sonido bulboso otorgó credibilidad a un grupo demasiado primitivo para la época. Primitivo como la violencia con la que Bill Ward aporreaba la batería. Una violencia no exenta de un virtuosismo perturbador e impactante.

Resultado de imagen de black sabbath logo transparentEste fue el cuarteto que marcó un antes y un después en el rock duro. Aunque pueda parecer mentira después de ver su influencia en grupos contemporáneos, Black Sabbath empezó como un canto al minimalismo. Los silencios y los ritmos morosos otorgaban un aire religioso a su música. Sus cambios de ritmo que truncaban la canción nunca han sido igualados en gusto o pericia. Black Sabbath siempre fueron unos visionarios que apostaron por la lentitud y las atmósferas por encima de todo. Puede que fuera por sus limitaciones, aunque viendo lo grandes músicos que eran se me antoja que había algo más. Una actitud vital y una atracción malsana hacia lo macabro y lo escabroso. Como Poe o Lovecraft.

Ozzy dejó la banda en 1979. Al parecer lo echaron por pasarse con las drogas. A partir de este punto se fueron sucediendo los cantantes en el grupo. El que más huella dejó en los seguidores fue Ronnie James Dio, aunque bajo mi punto de vista el portentoso cantante engulló el estilo originario del combo y los dirigió por vericuetos mucho más barrocos y creo que caducos. Tras él, el acabose. Ian Gillan (ex-Deep Purple), un desconocido David Donato o Glenn Hughes (ex-Trapeze), todos probaron la miel amarga de no poder suceder al señor Osbourne. El grupo parecía una caricatura de sí mismo. Bill Ward también fue sustituido en uno de estos cambios y Geezer Butler dejó la banda en 1984.

Tras algunos cambios más con los que el grupo se ha ido arrastrando por el tiempo sin poder nunca ni rozar la gloria del pasado, se produce una reunión en 2013 con la formación original salvo el batería Bill Ward. La cuestión económica pesa mucho siempre. Aún así se atisba un tenue brillo en la gruta por la sorprendente calidad del nuevo material. La producción de Rick Rubin también ayuda, todo hay que decirlo. ¿Será esta la digna despedida que el grupo merecía? ¿Un nuevo comienzo? Sin duda el tiempo pondrá las cosas en su sitio.

3 básicos

Black Sabbath **** (1970)
Toda una muestra de intenciones. El disco de la trinidad impía: Black Sabbath (canción, disco y grupo), muestra su insolencia con el canto lúgubre que lo abre y sigue apareándose de manera primitiva y bastarda con el blues. Por ello aquí todavía hay conexiones muy fuertes con coetáneos como Cream o Led Zeppelin. Están los riffs blueseros y los solos elásticos aunque es una psicodelia que busca el viaje a las simas del alma en lugar de la expansión mental hippy. ¡Y qué portada!

Paranoid ***** (1970)
Su obra maestra reúne todos sus tics, los amplifica y los eleva a categoría de manual de referencia. "War Pigs" es una epopeya antibelicista que avanza a empellones. "Paranoid" es protopunk sin refinar. "Planet Caravan", es un viaje a las estrellas con base casi jazz. "Iron Man", una narración futurista sin pretensiones. Y el resto es igual de bueno. No es fácil producir un clásico de este tamaño. ...And you got to believe me!

Master of Reality **** (1971)
El origen del metal moderno está aquí. Iron Maiden y toda la camarilla ochentera ha bebido de este disco. Kyuss y todo el stoner rock de los noventa en adelante han inhalado sus efluvios. El doom metal no sería nada si no hubiera existido este álbum. Muy imperfecto, con un sonido muy descompensado pero cada vez que lo pones se te queda ese olor rancio a tierra húmeda, esa sensación claustrofóbica de gruta profunda. Un disco con personalidad, no hay duda.

Una canción
Por su introducción solemne y negra, por sus trepidantes cambios y por la sensación succionante de su riff. Todo esto hace de "Into the Void" un vórtice giratorio al que es casi imposible resistirse. Al final acabas arrojándote al corazón mismo de sus preciosas tinieblas.


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