martes, 26 de noviembre de 2013

momentazo #176: ¡que doblen las campanas!



Oh Mercy (Bob Dylan, 1989)

Resultado de imagen de oh mercyPor fin se acababa la década. Seguro que el alivio para Dylan al ver el final del túnel de los 80 ayudó a que se relajara. Gracias a ese nosequé que surge de vez en cuando, la inspiración volvió. Y volvió a lo grande. También es cierto que el nivel de lo que precedía a este trabajo ayudó a aumentar un poquito su apreciación. Tan ávido estaban público y crítica de algo que llevarse a la boca que casi cualquier cosa bien preparada, aun no siendo un manjar, podía satisfacer a los paladares más exquisitos.

No digo esto como un reproche. Simplemente me da un poco de rabia que la parte central se alargue hasta el final con temas tan lentos. Claro que eso siempre es la impresión inicial, porque una vez saciado con la urgencia de "Political World" o el ritmo sabrosón de "Everything Is Broken" la verdad es que resulta delicioso sumergirse en las cálidas aguas de "Where Teardrops Fall", la solemnidad sin mácula de "Ring them Bells", la oscuridad serena de "Man in the Long Black Coat", la reconciliación emocional de "Most of the Time", el recitado firme y delicado de "Disease of Conceit", el sonido agudo del reproche de "What Was It You Wanted?", o el brillo fugaz de "Shooting Star".

Y así despertamos cuarenta minutos después curados de nuestros males por esta poesía pura. Este antídoto para los venenos cotidianos. Y así el disco se va apagando suavemente, casi sin darnos cuenta. Y en el último soplo sonreímos contentos por el regreso del viejo amigo de siempre. En forma. Porque hemos disfrutado de la calma, una calma plena, una calma en la que no han dejado de pasar cosas. Una calma en las antípodas del aburrimiento y de la rutina.

"People don't live or die
People just float"


Pues va a ser que sí...

momentazo #175: gates of eden

It's Alright Ma, (I'm Only Bleeding) by Bob Dylan on Grooveshark  

The Bootleg Series Vol. 6 - Live 1964: Concert At Philharmonic Hall (Bob Dylan, 2004)

Nunca se había visto ni se verá a un Dylan tan relajado y apasionado a la vez, en perfecta comunión con un público extasiado. El colofón a su época acústica. La canción protesta hacía tiempo que le pesaba como un fardo. Y en este poderoso directo se empiezan a vislumbrar sus pasos futuros. En los interludios bromea con el público, se ríe, se gusta... Las versiones son pulidos calcos del original (qué lejos se ve eso ahora...). Todo sonaba a despedida de los que se quedarían en el camino incapaces de seguirle en su aventura ácida. Todos los que no comprendieron que anunciara "gates of eden" como una "canción de amor". ¡Qué retorcido! Aunque claro, ahora es fácil decirlo. ¡Qué gozada escucharte, amigo!

viernes, 8 de noviembre de 2013

momentazo #174: rock and roll animal



Rock 'n' Roll Animal (Lou Reed, 1974)

La apoteosis eléctrica hecha carne. "Rock 'n' Roll Animal" sublimaría lo primigenio vistiéndolo de barroquismo exacerbado. Nada que temer, pues al rascar un poco se desmorona el caparazón dorado para mostrar un andamiaje bestial, seco y puro. Todo el poder divino y mugriento de The Velvet Underground cobra una nueva vida justo antes de ser enterrado para siempre.

Con este disco Reed regraba unas cuantas canciones de su antiguo grupo tal y como las concebía en ese momento. Está claro que en 1974 estaba a años luz de unas composiciones que fueron vanguardia. Una vanguardia que parece amar y odiar a la vez. Por ello contrata a un par de guitarristas volcánicos como Steve Hunter y Dick Wagner, que después acompañarían a gente como Alice Cooper. Nada de excentricidades ni moderneces. Rock duro y clásico que a veces flirtea con lo progresivo para rápidamente bajar a la tierra y entregar unas eyaculaciones eléctricas insuperables.

Este animal solo contiene cinco temas y no le hace falta ni uno más pues todos satisfacen en su elasticidad y se hacen necesarios. Esto último no es muy común en los discos en directo. Aquí se ganan el sueldo sobradamente por sonar diferentes y frescos como recién cogidos del huerto. Puede que por eso me guste tanto este disco, poque no deja de sorprenderme que después de renegar de su etapa de terciopelo y después de romper la baraja con obras tan absolutas como "Transformer" (1972) o "Berlin" (1973) Reed trate de explicarse a sí mismo volviendo a sus orígenes y dinamitándolos para siempre. Todo un ejemplo a seguir. Solo una pequeña prueba del espíritu salvaje que siempre repartió el poeta eléctrico.

trick or trick? #44: francotirador ponzoñoso



Lou Reed (Lou Reed, 1972)

"Buen" álbum perdido. Perdido en el sentido de "sin rumbo". Lou dejó la Velvet con una idea clara: quería expresar sus propias ideas, su ego, sin el caparazón de terciopelo. Si quería ser radical iba a serlo. Si quería ser dulce y previsible, también. En este debut en solitario las ideas están cogidas con pinzas y solo alcanza el cielo en un puñado de momentos inspirados - "I Can't Stand It", "Walk & Talk It", "Lisa Says", "Wild Child" o "Ocean". En muchos otros - "Going Down", una primeriza e insustancial "Berlin", "I Love You" o "Love Makes You Feel" - demuestra una bisoñez y una falta de criterio impropia del autor del "álbum del plátano" (1967), "Transformer" (1972) o "Berlin" (1973).

Podríamos dividir el disco entre maravillas pre-Transformer y bocetos y apuntes de proyectos de canciones sin terminar. La mayoría de unas y otras vienen de los últimos coletazos con la Velvet Underground y, o bien, las tocó con el grupo o las tenía en su cabeza. Eso, fijo. Buenas ideas para un futuro rompedor.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

tótem #68: las entrañas de las entrañas

http://www.goear.com/listen/7be95d3/tangled-up-in-blue-bob-dylan

Título: Blood on the Tracks: The New York Sessions
Artista: Bob Dylan
Año: 1998 (grabaciones de 1974)
Productor: Bob Dylan
Sello: ? (disco pirata)

La curiosidad humana no puede saciarse jamás. Como bestias hambrientas nos lanzamos sobre las grabaciones primigenias de un disco que se ha instalado en nuestras noches de insomnio, grabándose en nuestro cerebro y nuestra alma. "Blood On the Tracks" (1975) nunca se agota. Su aura dolorosa, su desamor sangriento huele a habitaciones cerradas y sábanas empapadas en sudor. Es un disco tan tangible, tan supurante, tan verdadero que siempre vamos a volver a él. Un disco que excita nuestro instinto y nuestro deseo de saber. Por eso colocamos estas tomas alternativas en el equipo con una reverencia casi religiosa. Por eso contenemos el aliento mientras empieza a sonar ese "Tangled Up in Blue" tan cambiado, tan sencillo y tan esencial. El principio es un anuncio, una constatación de que estas canciones son demasiado. Con un tratamiento parco hasta el hueso florecen en toda su desnudez para aumentar el impacto.

Este pirata de lujo se nutre de las tomas grabadas en Nueva York. No todas ellas acabaron publicadas, sino que sufrieron una regrabación en Mineápolis poco antes de su edición. Estas son las que nos interesan, la mitad de ellas. El resto ya las conocemos y están aquí simplemente por coherencia. Así podría haber sido el disco de nuestros sueños. Y creo que me habría gustado igual. Las regrabaciones son más elaboradas pero ni así el brillo puede confundirnos. Siguen teniendo ese corazón de tinieblas que en la melancolía de estas sesiones neoyorquinas late más negro que nunca. No voy a decir que me guste más que el disco que finalmente salió, pero sí que me encanta que exista. Por comparar y para tener una excusa para sumergirme otra vez en sus pestilentes versos. Y tratar de recordar cómo me impactó la primera vez. Esa primera vez.

Curiosidades
- Dylan mostró sus ideas a colegas como Neil Young o Crosby, Stills and Nash antes de grabar las canciones, las cuales incluso llegó a probar con los míticos Crazy Horse de Young. A Stephen Stills no le entusiasmaron y, según cuentan, comentó tras escucharlas que Bob era un buen escritor de canciones pero para nada un músico. Poca loa para el disco que se estaba pergeñando.

- La idea inicial era grabar el disco con acompañamiento eléctrico. Para ello Dylan contactó con Mike Bloomfield, el demoníaco guitarrista que lo acompañara en Highway '61 Revisited (1966). Según parece no le dio tiempo a aprenderse unas canciones que de todas formas le sonaban monótonas. Según él, todas le sonaban igual y estaban en la misma nota. Es Bob Dylan, ¿no?

- Este podría haber sido el disco que se conocería como Blood on the Tracks si no fuera porque Dylan hizo una de las suyas y en el último momento decidió regrabar la mitad de las canciones dándoles un aire totalmente distinto. Una suerte. Más allá de que lo publicado sea mejor o no, así tenemos las dos muestras. Dos mejor que uno.

viernes, 1 de noviembre de 2013

momentazo #173: ni el polvo ni el tiempo te rozan



The Basement Tapes (Bob Dylan, 1975)

Como el humo del incienso y de otras cosas que me guardo, este disco se te cuela en la piel y en las venas. Como ese puñado de cosas auténticas y sencillas que hay en la vida, el compadreo, la complicidad y la inspiración simplemente se desbordan y te conquistan en estos surcos.

http://willamette.edu/~rloftus/ChangingTimes/BobPics/BasementCovLg.jpg

Bob Dylan venía de sufrir el famoso accidente de moto que por oportuno mucha gente cree inventado. Después de "Blonde on Blonde" (1966), el artista parecía estar en un callejón sin salida asediado por sus adicciones y una crisis de identidad de caballo. El accidente mencionado le permitió alejarse de los focos y recluirse en la pequeña población de West Saugerties, NY. Allí, junto a sus compinches de The Band, grabó unas sesiones maratonianas que no parecían conducir a ningún sitio. Era el otoño de 1967 y al mismo tiempo Dylan estaba escribiendo y dando forma al que iba a ser su próximo disco. "John Wesley Harding" (1967) supuso una vuelta a las raíces folk y country del bardo, sin rastro de electricidad y con un corazón místico y religioso que anticipaba futuros movimientos. El disco fue alabado por todo el mundo aunque oyéndolo hoy el parentesco con estas cintas del sótano de la misma época es más bien lejano.

Los kilómetros de cinta que se usaron en la grabación de este "divertimento" fueron siempre objeto de deseo inflamando la imaginación y el ansia de los seguidores. Hay numerosos discos pirata que glosan en varios volúmenes el grueso de unas sesiones que eran conocidas desde su origen por todo dylanólogo que se preciara. El problema era el de siempre. El sonido paupérrimo en unas composiciones que sorprendían por su arrojo y su calidad. Hubo que esperar hasta 1975 para que Dylan diera el visto bueno a una selección de lo que se coció en Big Pink durante ese otoño ocho años antes. El resultado, "The Basement Tapes", es un documento esencial en la dilatada carrera del de Duluth. Este disco doble, que celebra la tradición norteamericana con desparpajo y rotundidad, se sitúa a la par de las cumbres más altas del risco dylaniano. Es un bocado apetitoso por ser único en su especie. Jamás se había oído ni se oiría a un Bob Dylan tan relajado. En estas canciones canta desde la profundidad de su ser con la tranquilidad de no tener nada que demostrar. Quizás porque no estaban pensadas para ser aireadas. Por eso a veces resulta un poco violento romper la privacidad de un momento que por suerte no se nos escamoteó sino que podemos presenciar en su grandeza.

Folk, country y rock fluyen con la naturalidad de un río guiado hacia el mar por la sabiduría y la pericia de una de las mejores bandas de acompañamiento que haya existido. El papel de The Band aquí es impresionante. Mis palabras jamás podrán hacerle justicia. Además Dylan, y esto no ha pasado casi nunca, se deja impregnar por la banda canadiense interpretando piezas de ellos o simplemente acompañándolos. Era lo que necesitaba. Diluirse en el grupo. Por eso este disco no parece suyo. Más bien parece que está colaborando en canciones ajenas. Delicioso cuando sabemos que no es así. Hay mil motivos para amar este disco. Yo tengo dos demoledores. El primero es que es único y queda rarísimo junto al resto de sus obras maestras. El segundo es que Tom Waits lo idolatra. Y todos sabemos que lo que diga Tom Waits va a misa.