sábado, 28 de diciembre de 2013

momentazo #179: ahora me ves...



I'm Not There (Original Soundtrack) (VV. AA., 2007)

And who are said Million Dollar Bashers? It's Wilco's god-like guitarist Nels Cline, Lee Ranaldo and Steve Shelley (from Sonic Youth), bass player Tony Garnier, keyboardist John Medeski (from Martin, Medeski and Wood), and guitarist Smokey Hormel (onetime Beck guitarist, Smokey & Miho)

Las sospechas que a priori pudiera provocar una obra de este tipo se desvanecen pronto. No hay más que atender durante su escucha para darse cuenta de la magnificencia de la empresa. O tal vez sea mejor no prestar mucha atención y dejar que las versiones se cuelen por nuestras orejas y nos hagan sonreír ante el reencuentro con el maestro. La prueba irrefutable de que estas canciones lo pueden soportar todo. Por eso son tan buenas. La excelencia de los resultados no es más que un punto más en la abultada lista del de Duluth. Bueno, también dice algo de los ejecutores. Algo muy bueno. Claro que si detrás del proyecto nos encontramos a Lee Ranaldo, la cosa ya pinta bien.

No sé muy bien por donde empezar a la hora de categorizar este doble compacto. Por extensión y variedad se hace difícil afrontarlo. Y delicioso, eso es verdad. Supongo que habría que ser justo y nombrar los momentos más destacados. Difícil empresa, pero no me resisto a señalar el trabajo superlativo de los Million Dollar Bashers, banda de ensueño formada para la ocasión por Ranaldo y que une a Nels Cline, guitarrista cuasi-divino de Wilco, y el batería de Sonic Youth, Steve Shelley entre muchos otros. El resultado se me antoja perfecto en la recreación del paso a la electricidad de Dylan. No por mímesis fría, sino por trasladar el espíritu del momento a un sonido que se nos presenta fresco y añejo a la vez. El conjunto hace de las suyas acompañando a Eddie Vedder, Stephen Malkmus y Karen O, y todos firman algunos de los mejores momentos del álbum. También habría que destacar las incursiones de Sonic Youth (calma amenazante), Cat Power (clase sin despegarse demasiado), un Roger McGuinn que con Calexico se lleva "One More Cup of Coffee" a la frontera mexicana, Los Lobos (fiesta en El Paso), Mark Lanegan (el señor oscuro), The Black Keys (crudos y serios), Jim James con Calexico (funeral con trompetas de otro mundo), o las supremas incursiones dobles de Yo La Tengo (nana temblorosa por un lado y verbena rock con sabor a los Stones por otro) y John Doe (predicador soberano y brutal).

Parece que no me he olvidado de nadie. Seguramente, sí. Soy así de injusto. Pero de ese que estás pensando no me he olvidado. He preferido hacerle un hueco aparte. Se lo merece. Me refiero a Antony & the Johnsons que como nos tiene acostumbrados en estos casos, no solo responde, sino que impone. No podía haber elegido otra mejor. Si "Knockin' on Heaven's Door" tenía que ser de alguien que no fuera el maestro, Antony deja claro que le pertenece en herencia. Eso se llama emoción… El mejor cierre para dar paso al propio Dylan en una poco conocida "I'm Not There". Como si dijera, ya os he escuchado a todos, y no estáis mal, pero dejadme a mí, a ver si aprendéis algo… Magnífico trabajo, señores.

martes, 24 de diciembre de 2013

la interzona #39: jah live!



One Love Peace Concert (Bob Marley & The Wailers, 1978)

La interpretación es nerviosa, tensa, fruto de la violencia política que reinaba en Jamaica por entonces. Los dos partidos principales y sus seguidores en guerra abierta en las calles. El sonido es muy mejorable y para más inri falta una copla. No parecen las mejores credenciales para disfrutar de un disco que aún así consigue hacer valer su importancia. Por documentar un momento histórico. Un momento que puede que no sirviera para nada a la hora de cambiar el rumbo de la política pero que sí que fue importante como reafirmación para un artista totémico.

Ni mucho menos su directo definitivo, sí que conserva la dosis de calidad justa para no desmentir la leyenda acerca del directo de Marley y los Wailers. Si quieren la apoteosis busquen el oficial "Live" (1975), para paladear las intimidades de una banda perfectamente engrasada ya existen piratas como el magnífico directo en los estudios Record Plant de California en 1973. Este disco es otra cosa. Más bien para gente curtida a la que le pueda esa curiosidad que te capacita para saltarte cualquier chirrido molesto y cualquier calidad amateur. Bob Marley & The Wailers fueron también sucios y punk. Si es que eso es algo bueno.


domingo, 15 de diciembre de 2013

gigantes #39: el profeta de los desheredados

Bob Marley fue un profeta, un enviado que predicó su palabra de vida y removió las entrañas del primer mundo con los gritos de rabia del tercero, ese que solo parece interesar para llenarse la boca en mítines asquerosos. Un artista esencial para cualquier melómano y vital para todo aquél que crea que hace falta cambiar cosas, tal vez todo. Su rostro aparece grafiteado al lado del Ché o de Camarón. Siempre al lado de los desfavorecidos, hoy más que nunca nos invita a revisar uno de los cánones más entrañables y pletóricos de la historia.

Robert Nesta Marley Booker nació en Jamaica en 1945 y murió en Miami en 1981. Tenía 36 años y una carrera atronadora. Antes de erigirse como icono a nivel mundial inició una tímida carrera musical en su isla natal en los primeros 60. Junto a Peter Tosh y Bunny Wailer formó los seminales Wailing Wailers, germen de lo que serían The Wailers, la banda con la que triunfaría no mucho después. Con los primeros empezó a manosear los ritmos que bullían en la floreciente escena jamaicana, ese rocksteady y ese ska que Marley y sus compinches transformarían en una música destinada a conquistar el mundo. El reggae, si no fue inventado por ellos, sí que les debe su fama y forma actual. Todo reventó cuando fueron fichados por Island y editaron su primer disco con ellos en 1973. Catch a Fire se convirtió en un fenómeno que los catapultó a la fama instantánea. Bob Marley & The Wailers empezaron a desarrollar su idea de la rebelión a través de canciones combativas y suculentamente melódicas en las que cabían los ritmos ya mencionados y los toques sutiles de funk, soul y rock. 

Bob Marley siempre se mostró interesado en la esclavitud pasada y presente y se tomó muy en serio las enseñanzas de Haile Selassie I, descendiente de Salomón y considerado como el enviado de Jah. Este era el nombre que se le daba a Dios en la religión rastafari de la que Marley fue seguidor y predicador entregado hasta sus últimos días. Para él la marihuana tenía poder cicatrizante y era un elemento importante para potenciar la capacidad de rebelión de cada uno. Estos elementos constituían la base, no solo de su forma de vida, sino de sus canciones. Etiopía era la tierra prometida, de ahí que adoptaran su bandera como distintivo de todo un movimiento. Con todos estos iconos e ideas más o menos dispersas y espontáneas necesitaban un buen altavoz para que se les escuchara. Para ello y a petición de la discográfica, empezaron a arreglar las canciones con músicos no jamaicanos, lo que según algunos les quitó el primitivismo natural y las hizo digeribles para el gran público. Escuchando cosas tan maravillosas como el solo de "Lively Up Yourself" no puedo sino creer que fue una de sus mejores decisiones. Un posicionamiento crucial para que su mensaje se extendiera como un virus por las venas de la Tierra y de paso hizo posible una música que perdurará para siempre.

Tras cambios de formación entre los que cabría destacar el abandono del grupo por parte de Tosh y Wailer tras Burnin' (1974), Bob Marley fue refinando continuamente su propuesta en busca de un exorcismo para sus demonios y los de un mundo a todas luces injusto. Viró hacia temas más banales para muchos de sus fans. No todos entendieron que cantara abierta y simplemente al amor y a su pasión por el ganja en discos como Kaya (1978), a pesar de que ambos habían sido la base de todo su discurso. El discurso siempre vigente de un visionario que nos dejó demasiado pronto y que ha sido una inspiración imprescindible para generaciones de seguidores y músicos del más variado pelaje. No me olvido de la versión de su impagable "War" que realizaron otros mitos del tercer mundo como Sepultura. Una muestra ínfima pero significativa de que Marley es un artista universal que no hizo más que tender puentes. Unión contra aislamiento y dulce rabia militante contra inmovilismo. ¡Cómo te echamos de menos!

Tres básicos

Catch a Fire ***** (1973)
Su estreno en una multinacional sacudió los cimientos de la música. Pocos podían imaginar que desde la diminuta Jamaica pudiera surgir un ciclón como el que sacudía nuestras conciencias con unas melodías tan soul, tan frescas y tan eternas. "Concrete Jungle", "Stop That Train", "400 Years", "Baby We've Got a Date" o "Stir It Up", su primer éxito planetario. Ritmos cálidos, rabia encapsulada y un artwork (en el que la carpeta representaba y se abría como un zippo) para la historia.

Natty Dread ***** (1974)
Un disco desafiante desde la misma portada y que contenía una denuncia salvaje en gemas como "Lively Up Yourself", "Them Belly Full (But We Hungry)", "Rebel Music", "Natty Dread" o "Bend Down Low". Sin olvidar el que puede ser su tema más querido, ese "No Woman No Cry" que sigue embelesando con su delicadeza y ese teclado casi de juguete.

Exodus ****1/2 (1977)
Dorado y rojo para el disco más ambicioso de los jamaicanos hasta entonces. Si todavía quedaba gente por convertirse al rastafarismo, este disco acabó con los últimos indecisos. Música pop en toda la extensión del término con bajos sólidos y calidez caribeña que arrasa cualquier resistencia con pepinazos como "Exodus", "Jammin'", "Waitin' In Vain", "Three Little Birds" o "One Love/ People Get Ready". La colección de canciones más apabullante de la carrera de Bob Marley & The Wailers.

Una canción
Pues aun no siendo su mayor hito ni en repercusión ni en belleza, creo necesario recurrir a "War", momento perteneciente a Rastaman Vibration (1976), un monumento a la lucha racial y de clases que se deja de tonterías para hablar de confrontación sin adornos. La injusticia y la ira recitada más que cantada y propulsada por una rítmica nuclear y vientos del céfiro en esas trompetas. "Everywhere is war!!!"



viernes, 6 de diciembre de 2013

la interzona #38: carne de fan



Live (Lou Reed, 1975)

Como una suerte de hermano menor, este "Live" trata de imitar torpemente al gigante "Rock n Roll Animal". Ahí está toda la artillería pirotécnica y la precisión rítmica. Ahí también la entrega vocal y el sonido endiosado. Por supuesto no le alcanza.

En este caso Reed se centra en sus primeros pasos en solitario rescatando temas de Transformer (1972) y Berlin (1973) y dejando un pequeño hueco para su época en la Velvet con el clásico "Waiting For the Man". El disco le sale potente con el problema y la bendición que suelen acompañar a toda potencia sin control, esa falta de matices que se carga delicadezas como "Satellite of Love" y que a la vez eleva y mucho cierres mitológicos como "Sad Song".

A pesar de los paralelismos, el final no deja el saborcillo amargo de Berlin aunque sí una media sonrisa. Lou, hijo de tu madre, ¿es que siempre vas a hacer lo que te dé la gana?

jueves, 5 de diciembre de 2013

momentazo #178: lo veo todo, lo siento todo



The Seer (Swans, 2012)

Michael Gira permanece intacto en su obsesión, maldito en su herejía que ya dura treinta años. Treinta añazos como treinta soles oscuros irradiando esa infinita luz negra que solo él sabe fabricar. Para celebrar esta longevidad saca este apocalíptico "The Seer" poco más de un año después del rejuvenecedor "My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky" (2010).

Gira ha armado un combo insultante en estos últimos años. Una camarilla de acólitos que lo siguen en sus devaneos sin pestañear. Con el fanatismo que se les supone a los creyentes más fieles. El resultado de esta ceguera pues, es simplemente apoteósico. Una música infernal y hermosa, belleza bulbosa y terrible coleando en un armazón metálico impenetrable. No hay canciones aquí. Solo sonidos viciados, atmósferas turbias colisionando con los pasajes más prístinos en que pensarse pueda. Un choque brutal para que Gira haga el papel de su vida como predicador de la apostasía. Un enfrentamiento salvaje para que recite sus versos con esa garganta autoritaria y feroz. Estrofas que siempre le han sentado como un guante a este hombre capaz de colocar en el mismo verso las palabras "dios" y "follar", "cielo" y "éxtasis". Un juego de contrarios en el que entretener el cerebro golpeado por acelerones, remansos, electricidad, gaitas y campanas... Esas campanas que te vapulean en su vaivén monstruoso.

En "The Seer" Swans siguen ofreciendo la misma demolición sónica de siempre, pero no son los mismos. Han cambiado para seguir igual. En la que puede ser su mejor obra nos abisman en el reflejo deformado de un ser que ya no tiene nada de humano. El vidente lo declara a viva voz: "lo veo todo". Y a la vez nos acusa por nuestro inmovilismo ofreciéndonos el antídoto. Este disco busca despertar los sentidos dormidos por tanto consumo rápido, por tanto conformismo. A partir de su mismo formato, un insultante vinilo triple (o CD doble) que suma casi dos horas de música. Un suicidio en toda regla en estos tiempos modernos que están acabando con la esencia de todo, arte incluido.

Dejémoslo girar, dejemos que se nos vaya inoculando en la piel lentamente. Apenas parece que va a estallar y vuelve a quedarse mudo, hasta que a la mitad eclosiona y prende fuego a tu habitación. Dejémoslo girar. Sometámonos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

momentazo #177: chaplin ardoroso



Modern Times (Bob Dylan, 2006)

Uno tiene la impresión cuando empieza a sonar de que el bardo podría tirarse haciendo discos así durante años. Es una sensación que supera el "ya he oído esto antes". Debe morar en el mimbre mismo de las melodías, en esa cadencia entre cansada, aburrida y absolutamente entregada del genio. Desde que abre fuego con el blues rudo de "Thunder on the Mountain" ("Pensaba en Alicia Keys y no podía dejar de llorar...") y nos lleva de la mano por la sinuosa y evocadora "Spirit on the Water" ("A veces me pregunto por qué no puedes tratarme bien / haces el bien durante todo el día / y el mal la noche entera") para volver al blues árido y rajado en que convierte "Rollin' and Tumblin'" con letras de su cosecha para hacer suya la música inmortal de este clásico. Más delicias con "When the Deal Goes Down" o "Workingman's Blues" y más blues seco, "Someday Baby". Recordatorio de lo inevitable, "The Levee's Gonna Break" y cierre con el violín penetrante y flotante de "Ain't Talkin'". Un paseo por el jardín místico en el que no hay jardinero. Un punto de abandono y sequedad para un disco poderoso. Ojalá entregue obras como esta durante muchos años. Y que estemos aquí para escucharlas.