domingo, 28 de diciembre de 2014

la interzona #100 / momentazo #210: de lobos y hombres



The Essential Pete Seeger (Pete Seeger, 2005)

Resultado de imagen de essential pete seegerPete Seeger no está de moda, está claro. En realidad me cuesta creer que alguna vez lo estuviera. Su actitud nunca calará entre el moderneo. Por más que lo pienso, no se me ocurre nadie menos cool que este cantautor con pinta de testigo de Jehová y a decir verdad todo esto se lo ha ganado a pulso. Su mojigatismo, su incapacidad para la ironía, su compromiso extremista y castrante van en dirección opuesta a los tiempos que vivimos. Pete Seeger siempre se ha tomado muy en serio el supuesto poder de una canción para cambiar el mundo. Y el no haber corregido esa visión es algo que mucha gente no le puede perdonar. Si fuera capaz siquiera de aparcar la didáctica por un segundo y dejarse llevar por la pura y simple diversión... pero claro, entonces no podríamos hablar de hachas ni de cables.

Seeger siempre ha puesto en primer plano el compromiso social, la necesidad de difusión de ideas y músicas ancestrales. Por encima incluso de la composición, lo cuál puede resultar engañoso a la hora de hacerse una idea del alcance y la importancia de este músico. Un músico que se supedita a la persona, un Walt Whitman almibarado pero también, no lo olvidemos, un hombre de verdad. No sé si sería el que buscaba Alaska por los primeros ochenta, pero no podemos negar que Seeger no engaña ni finge ser lo que no es. La voz potente y clara, el rasgueo preciso tanto a la guitarra como a su famoso banjo y las ideas simples, concisas y tremendamente claras. No podemos culparle porque se viera dotado de poderes y responsabilidades asociadas. Seeger fue un ser humano rotundo, eso no se lo puede negar nadie. Y aunque escueza, también quedará para los restos como un titán de la música norteamericana, a pesar de un ninguneo que no sé si tendrá que ver con todo lo que he dicho anteriormente o habría que añadirle su militancia, un izquierdismo más dialogante y humanista que radical, pero que aún así le ha granjeado las sospechas de la Norteamérica más reaccionaria.

El cuadro de un artista que ha seguido cantando pasados los noventa años no puede quedar completo en un escuálido recopilatorio de 15 canciones que no llega ni a la hora. Aún así, esto es un disco más que válido para introducirse en la obra de un trabajador de la canción clave para entender los convulsos años de mitad del siglo XX. Los movimientos obreros, la lucha por los derechos civiles y todas las revueltas en Latinoamérica que fueron surgiendo a finales de los 50 tuvieron esta banda sonora. El señor Seeger puede parecer poco importante. No fue un genio, ni su obra tuvo nada de visionario. Sus canciones están hechas de tierra y sudor. Son parcas y a menudo demasiado azucaradas. Algunas incluso mejoraron con versiones de otros artistas (véase "Where Have All the Flowers Gone"), pero con todo siguen siendo esenciales. Para comprender y aprender, como a él le gustaba, pero también para disfrutarlas aunque solo sea un poquito.

jueves, 18 de diciembre de 2014

tótem #76: tristessa durera


Álbum: Blue Train
Artista: John Coltrane
Año: 1957
Productor: Alfred Lion
 Sello: Blue Note

01  Blue Train





10:40
02  Moment's Notice





09:08
03  Locomotion





07:12
04  I'm Old Fashioned





07:55
05  Lazy Bird





07:04

JAZZ
HARD BOP

Este es el segundo disco de Coltrane como líder y el único que grabó para Blue Note. Ellos se lo perderían, no hay duda. Trane estaba llamado a hacer historia y eso es imposible no percibirlo en estos surcos. Una historia que escribiría a fuego y metal con Impulse! y que encuentra en este disco su preámbulo perfecto.

El LP lo conforman cinco piezas vibrantes ejecutadas con elasticidad infinita por un sexteto que es todo un lujo. Los créditos registran para la posteridad los nombres de estos cinco magníficos que, armas en ristre, secundan el soplido inmaculado del maestro. Se ha dicho todo sobre las cualidades sobrenaturales del aliento de Coltrane. Y ese todo está ya en este disco. Su atmósfera ominosa, su capacidad para transportar al oyente hacia escenarios misteriosos y desconocidos, ese temblor tan característico, tan cálido y que nadie ha podido nunca alcanzar. Un conjunto inimitable que te sacude en un tañido fantasmal y bello al principio con "Blue Train"; traqueteante y feroz a continuación ("Moment's Notice", "Locomotion"); noctámbulo y leve en "I'm Old Fashioned", el único standard del álbum; y de nuevo despendolado y sutil en "Lazy Bird".

Este tren azul y triste de esplendorosa portada, nos transporta en nuestros momentos de soledad más espesa. Cuando creemos que no hay motivos para seguir nos reconforta con ese aliento dorado, nos mesa los cabellos y nos envuelve en un refulgir que surge de la nada, se enrosca y revolotea. Y antes de que abramos los ojos, ya se ha ido otra vez.

Curiosidades

- El disco se grabó durante el periodo de residencia en el club Five Spots por parte de Coltrane, donde era miembro del cuarteto de Thelonious Monk. El personal que integraba el sexteto que grabó este álbum incluía dos miembros con los que coincidiría el saxofonista posteriormente en la banda de Miles Davis. Con Paul Chambers concretamente participó en la grabación del mítico Kind of Blue (1959) de Davis. Poca broma.


sábado, 13 de diciembre de 2014

trick or trick? #52: el ventrilocuo de sí mismo



Frampton Comes Alive! (Peter Frampton, 1976) 


Cada vez que me tengo que enfrentar con algunos de los supuestos mejores directos de la historia me echo a temblar. ¡Y no es para menos! Menudo ladrillo me he tenido que tragar. Ya me esperaba solos catárticos y largos como ríos. No me ha fallado en este aspecto. Lo que sí me ha sorprendido es que eso no sea lo peor de un disco tan apoteósico como imperfecto. Y es que aguantar 80 minutos de insulsez casi continua es muy arduo. Ni la "talking guitar" (bastante caduca por otra parte) logra sacar a flote un espectáculo dirigido para un público adulto en el peor sentido del término.

No, no comulgo con este AOR, ni con el formato doble que se hace interminable, ni con las melodías simplonas, ni con la pose supuesamente dura de los temas más hormigonera. Sí que soporto y hasta disfruto a ratos "Doobie Wah", "I'll Give You Money", "Show Me the Way" o el flamígero final "Do You Feel Like We Do". Y eso es muy poco para un "clásico" del género por mucho signo de exclamación que le pongan al titulito.

martes, 2 de diciembre de 2014

tótem #75: art rock torcido


Título: The Modern Dance
Artista: Pere Ubu
Año: 1978
Productor: Pere Ubu / Ken Hamann
Sello: Blank

01  Non-Alignment Pact





03:19
02  The Modern Dance





03:20
03  Laughing





04:37
04  Street Waves





03:06
05  Chinese Radiation





03:29
06  Life Stinks





01:53
07  Real World





04:00
08  Over My Head





03:51
09  Sentimental Journey





06:08
10  Humour Me





02:44

Nos engañaron con ese acople inicial y la desbocada "Non Alignment Pact". No, no era punk, era MUUUUCHO más. Con la pretensión de arañar el arte, parieron un disco extremo en muchos sentidos. Entre Captain Beefheart y Can, entre MC5 y Ornette Coleman debía haber un hueco para la expresión y los de David Thomas lo encontraron en su obra magna.

Rock visceral, raro y apetitoso. Guitarras en el filo, gaitas beodas, ruídos de cristales que estallan en tus neuronas. Todo un arsenal de recursos para demostrar que el arte serio pude ser lo más divertido del mundo. Para ello hay que buscar el equilibrio entre abstracción y humor, entre concepto y emoción. Pere Ubu lo logran más que nunca en una obra rugosa, histérica y sutil que nos golpea una y otra vez gracias a su infinidad de capas. Un disco que eleva la carne cruda del punk a la categoría de alta cocina, sin pretensiones y con la libertad a toda máquina. Por mucho que David Thomas se empeñe, esto le acaba gustando a cualquiera.


Curiosidades

- El nombre de la banda lo sacan de la obra de teatro, "Rey Ubu" de Alfred Jarry. Cuando se estrenó en París, en 1896 provocó revueltas debido a su contenido salvaje, cómico y bizarro. Gran nombre pues para un grupo que se identifica plenamente con todos estos adjetivos.

- Este disco oscuro y abstracto ha influido e influirá a generaciones. Sus secretos no aparecen a simple vista aunque tampoco es difícil discernirlos. Una rítmica poderosa reminiscente del krautrock teutón, una guitarra chirriante o rugosa según el momento y su marca estelar, esto es, la voz histriónica, expresiva y maleducada de David Thomas y el teclado de serie B de Allen Ravenstine. Este último es especialmente alabado por su técnica heterodoxa con el instrumento. En lugar de tocarlo como lo haría un pianista, Ravenstine se dedica a extraer todo tipo de sonidos, la mayoría relacionados con los sonidos fantasmales típicos de las películas de ciencia ficción de los 50. Un estilo que puede parecer superado a día de hoy, pero que creó una escuela inmensa. Hay quien incluso lo coloca entre los mejores teclistas de todos los tiempos. Poco que añadir.




domingo, 23 de noviembre de 2014

momentazo #209: carrusel



Señora azul (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, 1974)

Resultado de imagen de canovas rodrigo señoraParece increíble que esta genialidad de pop mayúsculo se haya creado en España. Por el nivel medio de la época la talla de este disco sobrepasa fronteras y edades. Perdurable tanto por la belleza de unas composiciones que se adhieren para siempre, como por el minucioso trabajo de producción mediante el cual combinan una multitud apabullante de instrumentos con una sutileza y naturalidad fuera de toda norma.

Las letras son sencillas pero tremendamente trabajadas y cuentan historias cercanas con una sinceridad desarmante. El fruto de unos artistas leídos que saben utilizar un diccionario y engarzan vocablos con la perfección milimétrica de un puzzle para hacerlos fluir de manera pasmosa. Muchísimo más que el simple "te quiero / vamos a bailar" con el que los conjuntos animaban los guateques en esos años.

Musicalmente, es un compendio del mejor pop orquestado con conciencia romántica y un deje atemporal. Y aunque puede que las voces suenen impostadas al principio, acaban demostrando que sirven hoy y lo harán mañana. Sin embargo, es curioso que no sirvieron en su momento (o eso dicen las exiguas ventas y repercusión inicial del trabajo). No es de extrañar. Tampoco caló al principio The Velvet Underground. Ahora es otra cosa.


Lo mejor de este grupo es que, dentro de un panorama donde todos estaban altamente influenciados por las bandas anglosajonas, CRAG acabaron siendo los influyentes. No al principio, como buenos visionarios, y tampoco es que se desmarcaran de la cultura pop-rock de la pérfida Albion, pero lo cierto es que siempre fueron sobrados de personalidad, un bien escaso. Por eso hoy día se les reconoce su importancia y su docencia. Malditos como ninguno y reverenciados como pocos, fueron nuestros Beatles, nuestros Beach Boys y nuestros The Band. Así de claro y así de increíble.

sábado, 25 de octubre de 2014

trick or trick? #51: confrontación



Vs. (Pearl Jam, 1993)

En su segundo álbum, los de Seattle se afanan por sonar más poderosos, crudos y contundentes que en su debut. Y lo consiguen, la verdad. Una vez esfumado el efecto sorpresa lo tienen claro: tienen que coger el cuchillo entre los dientes y no tomar prisioneros. Nos lo advierten con claridad meridiana desde el comienzo con esa apertura vibrante y brutal. "Go" posee todo el poder que necesitaría un buen ataque, y no nos hemos repuesto aún cuando nos asaltan sin piedad con la potencia desproporcionada de "Animal", un auténtico cañonazo. Después, tomamos aire con la acústica "Daughter" y dos piezas menores, "Glorified G" y "Dissident". Un poco de descanso con la tribal "WMA" y de vuelta a la batalla con la virulenta y desquiciada "Blood". Eddie Vedder canta con más convicción que nunca y la banda toca como si estuviera en tu salón. El toque del señor O'Brien. Y todo el conjunto queda perfectamente retratado en la épica y creciente "Rearviewmirror", uno de los puntos más fuertes del disco. "Rats", la obsesión de bajo de Jeff Ament, es bastante más floja, y "Leash" es un ejercicio cabezón. Por otra parte "Elderly Woman..." es una postal hermosa en su insulsez, y el cierre con "Indifference" llena el aire con esa atmósfera entre sagrada e hipnótica.

No es el mejor disco de Pearl Jam. Sin embargo, puede aspirar al galardón del más potente y sangriento. Un puñado de buenas razones para pasar tres cuartos de hora sudando, resoplando y gimiendo con la rítmica mística del rock and roll. Si es que esto tiene algún valor, claro.

viernes, 10 de octubre de 2014

momentazo #208: raíces de diamante



Graceland (Paul Simon, 1986)

Está "Graceland" y está el "Mito de Graceland". Y la verdad, después de un buen puñado de escuchas no sé cuál de los dos es más grande. Me queda claro que estoy ante un disco monstruoso por sus canciones y por los músicos que las ejecutan. Todo suena aquí con una seguridad y un fluir tan aplastantes que queda claro al instante que está tocado por auténticos titanes. Los músicos africanos tienen ese algo especial que nadie más tiene. Punto.

Tampoco olvido el peso que en cualquier valoración puede tener ese "Mito de Graceland". Esa vitola de disco influyente y que enseñó al mundo los placeres del continente negro. Un peso que podría hundir al álbum si no fuera por el hecho de que casi todo lo que cuenta ese mito es verdad. De bien nacidos es ser agradecidos y lejos de pensar que Simon se apuntó aquí más de un tanto inmerecido, habría que destacar el hecho de que dio alcance mundial a músicas y artistas que siempre lo habían merecido pero que sin él puede que nunca lo hubieran conseguido. Youssou N'Dour, King Sunny Ade o Ladysmith Black Mambazo por decir tres, tienen mucho que agradecer a este disco. Tanto como nosotros a ellos por habernos ofrecido algunas de las mejores músicas que se puedan escuchar.

Graceland se ha perpetuado en el tiempo como una obra íntegra y completa. Los años son los que otorgan el veredicto final. Y este disco merece los mejores parabienes. Es grande por derecho, un mito del mestizaje bien entendido. El principio y el espejo.

domingo, 5 de octubre de 2014

momentazo #207: roast beef en teriyaki



McCartney (Paul McCartney, 1970)

Portada mínima, a la japonesa, para canciones de pop minimalista. Bocetos instrumentales para rellenar, brochazos de blues y cabaret y ¡tachán! Discazo de un artesano del pop que nunca debió pretender más que eso. Las ínfulas pueden ser la rémora de un artista que a estas alturas del partido ya no tenía nada que demostrar. Si acaso que era capaz de volar sin los Fab Four. Esta fue la primera demostración de que su talento no conocía límites. Con la humildad que denota la portada y la delicadeza y sabiduría de unas composiciones que no deja cocer a fuego lento para que queden frescas, casi crudas. Con la sabiduría de buscar la influencia en los más grandes aunque estos hayan bebido antes de él. Aquí se olisquean rastros leves pero penetrantes de Ray Davies e incluso unos segundos de Can. Si lo embelleces todo con su personalidad inimitable, sale lo que sale. Otra cosa es que pudiera repetir jugada. El acomodo, la pasta... No van de la mano con la llama del arte, ¿verdad?

domingo, 14 de septiembre de 2014

momentazo #206: antropología del alma



Radio Ethiopia (Patti Smith, 1976)

Patti Smith demuestra con su segunda entrega que estaba en su mejor momento. Después de despellejarnos con "Horses" osa repetir jugada con un disco volcánico donde se presenta como la predicadora definitiva. Una predicadora que no nos amenaza con la condena sino que vierte su alma en unas soflamas destinadas a curarnos. Ya sea con los meandros de sus preciosas elegías cargadas de crudeza ("Ain't It Strange", "Poppies", "Pissing in a River", "Radio Ethiopia") o con la virulencia del rock 'n' roll más despiadadamente eufórico ("Ask the Angels", "Pumping (My Heart")), la Smith controla, fluye y resuena con una convicción aplastante.

Entre pianos suntuosos o cabalgando la electricidad más punzante no tiene que esforzarse para conmovernos profundamente y es capaz de llevarnos sin que dudemos hacia un abismo que se materializa en la confrontación que es la dupla final "Radio Ethiopia / Abyssinia", una de esas epopeyas de poesía hermética que le sirve para inventar el noise y que surgió de sus primeros escarceos amorosos con Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los ínclitos MC5. Probablemente no sabía que estaba procurando alimento para toda una generación. Que le pregunten a Kim Gordon (Sonic Youth), seguidora incondicional de nuestra heroína.

"Radio Ethiopia", condenando a vivir en la sombra por "segundón" y oscuro puede ser el disco que mejor ha envejecido en el catálogo primerizo de la poetisa. Y no digo esto a la ligera. Emparedado entre la gloria de "Horses" y la exuberancia de "Easter", este patito feo reclama su lugar de privilegio cada vez que se pone a girar. Nos agarra por el cuello y nos sacude mientras asistimos patidifusos a su lento despliegue. Inexorable, hipnótico, sobrecogedor.

viernes, 12 de septiembre de 2014

gigantes #42: working class hero

Si hay un artista representativo de la idiosincrasia norteamericana de los últimos 30 años, ese es Bruce Springsteen. El Jefe es el favorito de la afición porque da al pueblo lo que pide. Sudor, mística urbana, orgullo obrero y la euforia de la sangre. Y es el favorito para sus compatriotas por encima incluso de Bob Dylan. Bruce lleva desde los primeros 70 golpeando con su verdad y se le quiere porque los demás simplemente no nos representan.


Impactado por The Beatles y Elvis vio satisfecha su ansia cuando su madre le regaló su primera guitarra cuando él tenía 13 años. Unos 18 $ muy bien gastados como se puede comprobar. Empezó a foguearse a finales de los sesenta en diversos grupos sin aspiraciones hasta que firmó con Columbia Records en 1972. Ahí empezaría realmente su carrera hacia el estrellato. Un estrellato que alcanzó de una forma vertiginosa a pesar de que su estilo inicial era más bien pacato y falto de brío. En las grabaciones pirata que glosan estos años se nos presenta como uno más de los cientos de cantautores adocenados que trataban sin éxito de seguir la estela de Dylan.

En su debut discográfico Greetings from Asbury Park, N.J. (1973) ya empezaba a mostrar unas dotes notables bien sustentadas en su escritura, aunque todavía se le veía dubitativo y falto de la voz propia que encontraría poco tiempo después. Ya en el segundo disco, con una banda de acompañamiento mucho más protagonista, el giro fue monumental, pero nada si lo comparamos con la explosión de Born to Run (1975), su primera y posiblemente mejor obra maestra. La banda que lo acompañaba, y que ahora conocemos como la E Street Band, se iba haciendo más y más fuerte disco a disco y concierto a concierto hasta convertirse en un mito a la altura del mismo Boss. Se puede decir que aquí el de New Jersey empezó a rugir.

Su éxito fue acrecentándose hasta alcanzar su cénit durante la década de los 80. Esta puede ser considerada la etapa dorada de Springsteen. No sólo continuó facturando joyas imperecederas como The River (1980), Born to Run (1984) o el incomparable Nebraska (1982), sino que consiguió amasar un grupo de seguidores gargantuesco y fanático merced también a unos conciertos torrenciales y maratonianos.

La década de los 90 fue, siendo generosos, de transición. Aunque el Boss siempre ha mantenido unos niveles de ventas y popularidad ingentes con pocos bajones, la producción de discos se redujo y la calidad también se resintió. Sus fans de toda la vida nunca lo han abandonado, aunque sí que es verdad que pasó algo más desapercibido hasta que volvió por sus fueros con The Rising (2002). Con este disco inspirado por la tragedia del 11S volvió a la primera línea, aunque para mí es un disco formuláico y tópico con muy poco que echarse a la boca, y que debió su éxito a la maquinaria promocional más que a otra cosa. Lo bueno es que volvieron los conciertos interminables, los puños en alto, el sudor y la pasión de sus inicios. Algo que ha ido exhibiendo en cada ciudad por la que se deja caer. Aún hoy por donde pasa la E Street Band no vuelve a crecer la hierba, y eso es una noticia más que buena.

Si Bruce será capaz de entregar una nueva obra de arte es algo discutible viendo el nivel de sus últimas entregas (con sus brillantes excepciones, por supuesto). Si le hace falta hacerlo es algo también difícil de afirmar. Su repertorio es tan insondable, hay tanta calidad entre la que escoger. No sé si habrá nadie que pueda igualar ese cancionero. Ni Bob Dylan, con el que ya nadie le compara, ni The Beatles aunque sea por cantidad. Haga lo que haga siempre tendrá el beneplácito de unos cuantos millones de personas y aunque no sea amigo de los cheques en blanco, tengo que decir que se lo ha ganado. Con creces.

3 básicos

Born to Run ***** (1975). Todavía su mejor disco. Torrencial, carnoso, con una banda engrasada, enérgica, lírica y apabullante. Con unas letras impagables porque son historias serias, cotidianas, de una autenticidad que raya en lo obsceno. Y con un repertorio inigualable: "Thunder Road", "Born to Run", "Tenth Avenue Freeze Out" o la epopeya de "Jungleland". Nunca han faltado en sus conciertos y nunca lo harán.

 Darkness on the Edge of Town ****1/2 (1978). Tres años hubo que esperar porque Springsteen lo dio todo en el anterior. Por supuesto la espera mereció la pena ante esta joya que no hace más que revalorizarse con los años y que cuenta con un rosario de canciones que pueden aguantar sin problemas con las arriba mencionadas. "Badlands", "Racing in the Street", "The Promised Land", "Streets of Fire", la canción titular... Para no parar.

Nebraska ***** (1982). Otra obra magistral del de New Jersey. Diferente a todo lo que haya hecho por ser totalmente acústica por un lance del destino. Bruce grabó las demos por su cuenta y a pesar de que estaban pensadas para ser arregladas por su banda decidió dejarlas tal y como estaban. Todo un canto al valor de lo simple por encima de complicaciones muchas veces innecesarias. Al menos aquí, seguro. Tan dulce, tan negro.

Una copla

Siempre pasa lo mismo. Hay decenas pero si hay que elegir una que sea "Thunder Road", el epítome de lo que ha sido el Boss. Un juego de dinámicas poderosísimo donde combina un medio tiempo con la apariencia de una balada, unos devaneos instrumentales y unos arreglos antológicos y una letra a la altura de la interpretación vocal. Sentida, desgarrada, melancólica. Un pepinazo histórico.




martes, 9 de septiembre de 2014

supertrax #115: me da igual



"I Don't Mind" de unos Buzzcocks reinventándose tras la marcha de Howard Devoto. Conservando intacto el olfato para la melodía más jodidamente euforizante y el vitriolo necesario para prenderle fuego a base de feedback rugoso. La demostración palpable de que si los Pistols eran los peligrosos y The Clash los superclase, los Buzzcocks podían ser perfectamente los más elegantes del vertedero. Sing along boys and girls!

jueves, 4 de septiembre de 2014

trick or trick? #50: cenizas y ruína



The Rising (Bruce Springsteen, 2002)
ROCK
AUTOR - épica urbana

Resultado de imagen de rising bruceSe puede partir de las mejores intenciones y eso no es garantía de resultados. Este "The Rising" nacía de las entrañas doloridas de un norteamericano tras los atentados a las torres gemelas. No dudo de la sinceridad del Boss (nunca lo he hecho) pero esta obra demuestra una vez más que tomar distancia y dejar enfriar es lo mejor para tratar temas de tanto impacto emocional.

De lo peor que ha hecho Bruce hasta la fecha

"The Rising" me parece, siendo benevolente, un ejercicio monumental de autoindulgencia. Siendo más crítico debo decir que lo veo ramplón, ñoño, insulso, facilón y larguísimo. "Lonesome Day", "The Rising" o "My City of Ruins" puede parecer que medio salvan el despropósito. En realidad más bien parecen la excusa para publicar el disco. Son canciones a las que Springsteen necesitaba dar salida como fuera. Yo hubiera preferido que las empaquetara en un EP en lugar de enterrarlas entre los cascotes de tamaña calamidad. De lo peor que ha hecho Bruce hasta la fecha.

sábado, 30 de agosto de 2014

momentazo #204: el penúltimo aliento



Devils & Dust (Bruce Springsteen, 2005)

Resultado de imagen de devils & dustNo comulgo con aquellos que quisieron ver en "The Rising" (2002) la obra de madurez definitiva de Springsteen. Máxime después de golpearnos con este discazo que roza a sus mayores clásicos 30 años después de "Born to Run" (1975). "Devils & Dust" es un álbum templado donde la épica no se desboca y lo íntimo suena tan de verdad como los susurros sangrientos que soltó en "Nebraska" (1980). En "The Ghost of Tom Joad" (1995) ya intentó repetir la jugada desde lo acústico y le salió muy bien, la verdad, pero es aquí donde encuentra un equilibrio que ya creíamos perdido, una vuelta a sus mejores mimbres de cantautor. Eléctrico o acústico, va a azotar tu conciencia igualmente. Y también tu alma ávida de ese "por fin" que llevábamos tanto tiempo esperando. Puede que peque de cansino en algunos tramos, muy pocos, pero el disco ofrece un conjunto sólido de alto voltaje emocional. Los demonios surgen de las cenizas del pasado, del polvo de los años y, a pesar de los pesares, está claro que esa voz siempre nos cautivará, y que esa guitarra nos ayudará a soportar esta existencia. No es perfecto, pero a estas alturas, más que digno, dignísimo, es casi monumental.