viernes, 7 de febrero de 2014

momentazo #181: homenaje al vampiro



Songs for Drella (Lou Reed & John Cale, 1990)

Cualquier sombra de duda acerca de la validez/valía del proyecto se desvanece en cuanto Lou Reed abre la boca para acompañar al piano sencillo y juguetón de "Smalltown". El pensamiento que emerge es: "Esto va a ser grande". Y al llegar al final con ese tan sentido como poco afectado "goodbye Andy" vemos corroborada esa idea.

Sin caer en lo pasteloso ni lo llorón, el dúo aparca su enemistad por un instante para enfrentarse al legado del poeta pop, el mago de la paleta y la serigrafía. Atacan desde todos los frentes para plasmar el pensamiento de Warhol, el no-pensamiento, la frivolidad, sus ideas estéticas, su relación con la Velvet Underground, su democratización absoluta del estrellato, o su visión del arte como trabajo duro y concienzudo. Y lo hacen desde el conocimiento cercano de unos parámetros que, aunque son bien conocidos por el público, son tratados desde la perspectiva propia del que los ha vivido en primera persona. Por eso no son gratuitos y por eso hay que prestarle toda la atención a esta pareja. Además, en lo que puede verse como la continuación imposible de una colaboración que murió en "White Light / White Heat" (68), retoman postulados velvetianos. Está claro que la evolución de ambos en solitario supuso un paréntesis irrenunciable que les ha dejado unas secuelas claras que se exponen en la obra. De todas formas hechos tan palpables como la instrumentación esquelética y el hecho de que no suene ni una batería en el disco son claros posicionamientos artísticos y estéticos con los que quieren decirnos algo.

Lo mismo que nos quieren decir con esa "anti-poesía" que emplean en las letras tan vacía de imágenes volátiles como llena de anti-metáforas. Un discurso seco, directo, cotidiano. Un "lo que digo es una cita directa de lo que quiero decir". Muy Warhol si se quiere, pero también muy Cale, muy Reed. La serenidad musical tampoco quiere decir que no haya momentos ariscos, que los hay. Ya sea con placidez lo-fi o con guitarras atronadoras, nos van desgranando en un mano a mano memorable la historia personal de Andy Warhol, desde su huída de su "pequeño" Pitsburgh natal hasta su muerte, pasando por sus pinturas y películas, el intento de asesinato que sufrió y su subsiguiente afirmación en el deseo de vivir una vida sin miedo.

Pocas obras supuestamente biográficas han logrado transmitir tanto del homenajeado como este disco que en su vientre acoge un precioso trozo de la personalidad de un personaje que puede ser tomado por genio, loco, incomprendido, naif o adelantado a su tiempo... En cualquier caso, un medio para comprender mejor a Andy Warhol y a todos los que lo amaron... Y comprender que el nudo en la garganta que te deja el "goodbye Andy" del final tiene un motivo. Como también debe tenerlo la dulce ironía de Cale en "Dream", compuesta por fragmentos de los diarios de Drella en los que suelta perlas como "sabes que odio a Lou/ se casó y no me invitó". Muy bueno John y muy bueno Lou...

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