miércoles, 30 de abril de 2014

momentazo #188: terruño galáctico



L'argot du bruit (Pascal Comelade, 1998)

La cascada de instrumentos tocados por Comelade no especifican en los créditos su carácter especial. Y es que muchos de ellos son de plástico o de juguete y marcan a fuego el sonido del álbum. Parece como si este artistazo construyera sus discos sin pretensiones ni siquiera coherencia. Poco importa el conjunto, lo importante es la diversión. Como un niño parece lanzarse a tumba abierta en la exploración de su instrumental y acomete cada pieza con ilusión infantil. L'argot du bruit es como toda su obra, una amalgama de estilos imposibles sin conexión aparente, un mosaico abstracto y encantador donde cabe casi todo, aunque con la mirada atenta a la tradición. Tradición, mixtura, collages preciosos, mínimos y resplandecientes. Las tradiciones francesa y catalana hechas pop, visitadas por el far west o la pena castiza. Todo esto en un disco en el que Comelade se divierte como nunca y nosotros, como acostumbramos ante su obra.

martes, 29 de abril de 2014

gigantes #41: il maestro


 Un día de reyes de 1937 nació Paolo Conte en Asti, localidad del norte de Italia. Toda una vida después sigue siendo el secreto mejor guardado del país transalpino, un cantautor de carácter y talento infinitos que desafía al tiempo para embriagarnos con sus historias, esa poesía caldeada con amor y destilada en el fondo de una garganta añeja y única.

Paolo Conte ha sido un artista que podríamos llamar tardío. Sus inquietudes artísticas estuvieron siempre latentes pero tardaron en manifestarse. Il avvocato, parecía abonado a una carrera anodina como notario con apenas algún sobresalto musical a principios de la década de los 60 cuando empezó a tontear con bandas locales de jazz. Paolo empezaría tocando el vibráfono, sacando ventaja de las clases de piano de la infancia, mientras que su hermano Giorgio le acompañaría a la batería. Todo completamente amateur a pesar de llegar a sacar un EP en 1962, sin éxito por supuesto.

La cosa cambiaría a mitad de década cuando empezó a dar a conocer sus composiciones en voces de otros. Patty Pravo, Bruno Lauzi o el mismísimo Adriano Celentano al que le regaló su inmortal "Azzurro" le deben alguna migaja de su gloria. Todo esto empezó satisfaciendo a Conte pero pronto vio la necesidad de expresarse de manera más personal. Para ello empezó a grabar su propio material cuando se acercaba a los cuarenta años estrenándose discográficamente en 1974 con un álbum titulado Paolo Conte. Sin ser una carrera explosiva, sí que sentó las bases de un recorrido mítico que aún le mantiene por los escenarios de todo el mundo.

A partir de estos comienzos el artista ha ido diversificándose como sólo los hombres del renacimiento han sabido hacerlo. El otrora abogado ha probado su valía en la poesía, la pintura y por supuesto la música como intérprete y creador. Su obra es vasta, coherente y única. Conte nunca ha sido dado a dar pasos en falso. Todo en sus acciones tiene una motivación y un compromiso estético irrenunciable. Como su voz, ese lamento negro que ha sabido lijarse sabiamente contra el jazz, la música tradicional y los aires europeos y exóticos. Su música sabe a películas viejas, a humo, a desiertos y a antros divinos. La comparación con el primer Tom Waits es más que recurrente. Y perezosa. Si tuvieron puntos en común, hace eones que Conte posee un arsenal y un prestigio claramente diferenciador. Il Maestro es único, inconmensurable y nos invita a explorar sus enigmas para siempre jamás. Por eso merece esta entrada.

3 básicos

Paolo Conte **** (1974) El primero, desprejuiciado, fresco, con ganas de enseñarse. Un disco muy pop desde la tradición que ofrece lo mejor de un artista sin necesidades de justificarse ni demostrar nada.

Paris Milonga **** (1981) Posiblemente la cima de la primera época. La tradición y el jazz se han ido destilando en estos siete años y adquieren una dimensión clásica que les faltaba a obras anteriores. El disco de "Alle prese con una verde milonga" y sobre todo de "Via con me".

Aguaplano ****1/2 (1987) Sublimación de poderes en un disco doble que brilla con un sonido fastuoso. Orquestaciones y arreglos se conjuran en un momento irrepetible en su discografía. En él las canciones avanzan sin prisa, respiran, flotan y reciben justo lo que merecen. Por supuesto, el oyente es recompensado.

Una canción
Llegamos a la misma historia de siempre. Las más famosas e importantes podrían ser perfectamente "Via con me", "Azzurro" o "Gelato al limon", por decir tres. La mejor, sin embargo, creo que es "Aguaplano", por su potencia sanadora, por su levitar prolongado, por cómo te transporta desde que empieza a sonar a otro mundo. Un lugar mejor durante cuatro minutos de éxtasis.

lunes, 28 de abril de 2014

tótem #72: psiconautas benditos


Álbum: Tago Mago
Artista: Can
Año: 1971
Productor: Can
Sello: United Artists

01  Paperhouse





07:30
02  Mushroom





04:05
03  Oh Yeah





07:21
04  Halleluhwah





18:25
05  Aumgn





17:22
06  Peking O





11:35
07  Bring Me Coffee Or Tea





06:47
EXPERIMENTAL / ROCK
PSICODELIA - krautrock

Can, ese organismo pulsante y poderoso, se erige desde los rincones más oscuros del Inner Space (su estudio y base de operaciones) como la célula de exploración sónica definitiva. En su tercer disco sellan para la eternidad una forma de explorar los límites del sonido y la conciencia. Can, los más grandes psiconautas que haya dado el rock experimental ofrecen en Tago Mago un viaje mental hacia los confines de lo desconocido.

Ya se ha dicho prácticamente todo sobre la capacidad exploradora de estos pioneros del krautrock. Que su viaje iba en dirección opuesta a la del progresivo clásico. No buscaban las estrellas sino las simas del entendimiento. Un compromiso neuronal tan abstracto que puede ocultar injustamente sus capacidades como músicos. La historia de Can es la de la OBSESIÓN, una fijación absoluta que se traduce en repetición, hipnosis, protoelectrónica, jazz y rock enfurecido. Obsesión por la coherencia desde el caos más evidente.

Todo esto cristalizó como nunca en la obra magna del combo teutón. Tago Mago asedia por acumulación, ya sea por sus infinitas capas de sonido, sus baterías anegantes o el magma sonoro que sacude tu médula con su miríada de detalles. Resulta intrigante y adictivo cómo el disco empieza siendo un algo casi comprensible en sus tres primeras piezas, ejemplos de un rock raro pero turgente. "Paperhouse", "Mushroom" y "Oh Yeah" conforman el pórtico rockista de un disco que a la altura de "Halleluhwah" se parte en dos para inundar la habitación con la inmensidad de la que puede ser la pieza más importante del disco y una de las más importantes del krautrock. Tras el sometimiento a sus más de 18 minutos la cosa se pone realmente dura para el oyente ocasional. Chelos rotos, corta-pega y ruído nos sacuden en la imponente "Aumgn"; "Peking O" es un puro exabrupto vocal; y por último "Bring Me Coffee or Tea" trata de poner orden en un caos que nunca sonó tan embriagador. No lo consigue por fortuna.

Tago Mago es el mejor disco de Can y uno de los más espectaculares atentados a la música que se hayan producido jamás. Fue fundamental la participación de Damo Suzuki como vocalista en lugar de Malcolm Mooney. La entrada del japonés en el grupo es uno de esos momentos catárticos en los que la casualidad se alió con la historia. Desde este punto ya nada volvería a ser igual. Tampoco para nosotros.





Curiosidades
- Holger Czukay, bajista, se encontró a Damo Suzuki actuando en la calle a cambio de comida en Múnich. Le invitó a unirse al grupo y esa misma noche ya estaba actuando con Can.


- La grabación se realizó en el Castillo Nörvenich, cerca de Colonia. El grupo vivió allí durante un año sin pagar nada gracias al permiso del dueño, un coleccionista de arte. Esto les permitió afrontar la grabación de manera relajada y a la vez poco ortodoxa. Además de las tomas instrumentales de costumbre, se grababan largas jams sin que los músicos se dieran cuenta y se editarían posteriormente en sesiones maratonianas de corta y pega.

- El nombre del disco viene de la isla ibicenca de Tagomago, un pequeño trozo de tierra de propiedad privada.



la interzona #42: potingue

Resultado de imagen de patchanka mano negra 
Patchanka (Mano Negra, 1988)
ROCK
FOLK / PUNK - pachanga

Es que Manu Chao no es un producto de hace dos días, como podemos apreciar en este disco bastardo que muestra siquiera de refilón las mil caras del geniecillo. Ingredientes de su posterior pachanga reivindicativa: organillos de juguete, componente salsero (muy diluido aún), fusión multicultural (y lingüística), se mezclan en un cocktail no completamente exitoso pero que apunta alto. Aquí hay de todo: The Clash, salsa, pachanga, reggae, rock, rap, bromas y ragtime, todo mezclado pero no agitado. Demasiado inconexo y apresurado para ser una obra maestra, pero tremendamente disfrutable. Para darte a la mala vida.


jueves, 24 de abril de 2014

momentazo #187 & trick or trick? # 46: cacofonía



Metal Machine Music (Lou Reed, 1975)

La antiobra de Reed. Se discute si fue una broma, un corte de manga a la industria o a sus fans, una forma un tanto vengativa de cerrar un compromiso contractual o una obra de arte extremo e inaprensible. Según palabras de su creador es lo mejor que nunca haya hecho. Conociéndolo, podría ser tanto ironía pura como sinceridad descarnada. En cualquier caso tratar de calificar esto sería una auténtica aberración. Toda calificación es un intento por racionalizar y estructurar el desorden. Siempre tratamos de jerarquizar para tener una lista ordenada en la que cada elemento tiene su lugar determinado. Pero, ¿cómo estructurar el caos? Y es que este disco es puro caos. Es extremo porque surge del azar y no voy a ser yo el que le reste el mérito. Aunque solo fuera por la idea del bucle infinito que lo cierra (en edición vinilo) ya merecería la pena. En cuanto a si me gusta: ¿a alguien puede gustarle la cacofonía demente? Quizás sí. Lo que es seguro es que es un disco necesario para el arte. Entendiendo que, como cualquier disciplina, la música debe explorar sus bordes, sus límites. No sé si alguien disfrutará escuchando esto. Lo que es seguro es que algunos lo encontrarán necesario. Yo todavía no sé donde situarme. Y que nadie me pida una puntuación.

domingo, 20 de abril de 2014

momentazo #186: penitentes de la lujuria




El AcTo (Parálisis Permanente, 1982)

Desde la cara oculta de la movida, Parálisis Permanente reinó en toda su putrefacción merced a una imagen de estudiado malditismo con la afrenta y la mugre de cementerio como bandera. Lo lúgubre, lo gótico y lo escatológico llevados a extremos caricaturescos. A eso podríamos reducir a un grupo tan malo (en todos los sentidos) que parece un chiste. Tanto se empeñan en que nos creamos su catecismo, tanto se revuelcan en detritus y vómitos sanguinolentos, que resultan a la vez patéticos y entrañables.

Parálisis Permanente quería parecer a toda costa un grupo maldito. Y al final lo consiguió. "El AcTo", su único álbum de estudio fue su legado y su lápida. Vivieron con tanta urgencia como la poquita música que editaron, que se podría describir como una repetición obsesiva y en múltiples variantes del riff del "I Wanna Be Your Dog" que versionarían en este disco.

"El AcTo" se convertiría en una isla en el panorama patrio. Nadie se les ha parecido jamás. Ni en entrega, ni en sacar tanto de tan poco. Se trata de un disco monocorde, a piñón fijo, que realmente posee escasas virtudes en lo musical. En lo lírico, por su parte, mastican carnaza gótica sin pulir. Y sin embargo el disco tiene aura, ha sobrevivido a su leyenda negra. Con una portada tan camp como icónica, con esas versiones más o menos discutibles (sobre todo la de Bowie) y con ese sampler de tormenta que se repite como un mantra en varias canciones. Un mantra que resultaría trágicamente premonitorio cuando el coche en el que viajaban tres de los miembros del grupo se salía de la carretera por la lluvia el 14 de mayo de 1983. Eduardo Benavente, cantante y líder del combo, moriría en dicho accidente amputando una carrera que se antojaba importante. Y claro, "El AcTo" se convirtió automáticamente en un testamento mítico para unos y sobrevalorado para otros. Un disco como mínimo más que interesante. O eso creo yo.

miércoles, 9 de abril de 2014

trick or trick? #45: falso ídolo



Icon  (Paradise Lost, 1993)

Si pasamos por alto ciertas cosas podremos disfrutar del giro copernicano que dieron Paradise Lost con este álbum de subyugante portada. Abandonando o más bien depurando ese death metal gutural de sus tres primeros discos, destilan una música de melancolía tan abisal como impostada en la que destaca sobremanera el tratamiento de las guitarras. Es lo mejor de un disco épico hasta la desmesura al que la voz de Nick Holmes causa un daño irreparable. En su afán por el feísmo, por no ser demasiado "accesibles", el rubio cantante suena forzado y fuera de sitio mientras se da de hostias con la melodía a cada sílaba. Lástima, habían descubierto el wah-wah y el noise y los arreglos suenan inteligentes oscilando entre lo inmaculado y lo sucio, pero al final no dejan de ser un grupo más de thrash metal. Muy tristes y muy estupendos en su miseria, eso sí.


martes, 1 de abril de 2014

momentazo #185: el humeante perfume de enero



Aguaplano (Paolo Conte, 1987)

Con la maldición de los discos dobles, sí, ganaría con menos minutaje. Y aún así se antoja imposible mejorar esta maravilla atemporal que nos traslada a otra época. Tiempos en los que el cine se hacía en blanco y negro y los buenos fumaban con la irresistible pose de duros que volvía locas a las chicas. Pianos en bares, acordeones de arrabal y actitud canalla a raudales. Una obra ejecutada con descaro y sentimiento infinitos que se te mete bajo la piel como un tatuaje. Perfecto, maestro. La verdad es que mejor lo dejamos enterito. Dejémosle su arrabal, lo chulo, lo delicado y los arañazos. No se debe limpiar la contaminación que ha formado una obra definitiva en el canon del italiano.


En "Aguaplano" Conte se muestra más decidido que nunca. En su dicción, en sus palabras y en unos arreglos antológicos que hinchan el disco en el tiempo y el espacio. Suena como una banda sonora sin película, un lamento huérfano de dolor, un grito primario y templado. Los ingredientes, los de siempre y alguno más, ampliados y especiados con mimo. Hay jazz y también tango, canción europea y ese terruño que siempre late intenso en el corazón del avvocato. Todo mezclado pero no agitado. Con mesura y sin embargo sin limitaciones. Puede ser su mejor disco. Lo que es seguro es que esto es un punto y aparte en su discografía. Una obra profusa y profunda, inimitable. De las que no se terminan nunca.