martes, 29 de abril de 2014

gigantes #41: il maestro


 Un día de reyes de 1937 nació Paolo Conte en Asti, localidad del norte de Italia. Toda una vida después sigue siendo el secreto mejor guardado del país transalpino, un cantautor de carácter y talento infinitos que desafía al tiempo para embriagarnos con sus historias, esa poesía caldeada con amor y destilada en el fondo de una garganta añeja y única.

Paolo Conte ha sido un artista que podríamos llamar tardío. Sus inquietudes artísticas estuvieron siempre latentes pero tardaron en manifestarse. Il avvocato, parecía abonado a una carrera anodina como notario con apenas algún sobresalto musical a principios de la década de los 60 cuando empezó a tontear con bandas locales de jazz. Paolo empezaría tocando el vibráfono, sacando ventaja de las clases de piano de la infancia, mientras que su hermano Giorgio le acompañaría a la batería. Todo completamente amateur a pesar de llegar a sacar un EP en 1962, sin éxito por supuesto.

La cosa cambiaría a mitad de década cuando empezó a dar a conocer sus composiciones en voces de otros. Patty Pravo, Bruno Lauzi o el mismísimo Adriano Celentano al que le regaló su inmortal "Azzurro" le deben alguna migaja de su gloria. Todo esto empezó satisfaciendo a Conte pero pronto vio la necesidad de expresarse de manera más personal. Para ello empezó a grabar su propio material cuando se acercaba a los cuarenta años estrenándose discográficamente en 1974 con un álbum titulado Paolo Conte. Sin ser una carrera explosiva, sí que sentó las bases de un recorrido mítico que aún le mantiene por los escenarios de todo el mundo.

A partir de estos comienzos el artista ha ido diversificándose como sólo los hombres del renacimiento han sabido hacerlo. El otrora abogado ha probado su valía en la poesía, la pintura y por supuesto la música como intérprete y creador. Su obra es vasta, coherente y única. Conte nunca ha sido dado a dar pasos en falso. Todo en sus acciones tiene una motivación y un compromiso estético irrenunciable. Como su voz, ese lamento negro que ha sabido lijarse sabiamente contra el jazz, la música tradicional y los aires europeos y exóticos. Su música sabe a películas viejas, a humo, a desiertos y a antros divinos. La comparación con el primer Tom Waits es más que recurrente. Y perezosa. Si tuvieron puntos en común, hace eones que Conte posee un arsenal y un prestigio claramente diferenciador. Il Maestro es único, inconmensurable y nos invita a explorar sus enigmas para siempre jamás. Por eso merece esta entrada.

3 básicos

Paolo Conte **** (1974) El primero, desprejuiciado, fresco, con ganas de enseñarse. Un disco muy pop desde la tradición que ofrece lo mejor de un artista sin necesidades de justificarse ni demostrar nada.

Paris Milonga **** (1981) Posiblemente la cima de la primera época. La tradición y el jazz se han ido destilando en estos siete años y adquieren una dimensión clásica que les faltaba a obras anteriores. El disco de "Alle prese con una verde milonga" y sobre todo de "Via con me".

Aguaplano ****1/2 (1987) Sublimación de poderes en un disco doble que brilla con un sonido fastuoso. Orquestaciones y arreglos se conjuran en un momento irrepetible en su discografía. En él las canciones avanzan sin prisa, respiran, flotan y reciben justo lo que merecen. Por supuesto, el oyente es recompensado.

Una canción
Llegamos a la misma historia de siempre. Las más famosas e importantes podrían ser perfectamente "Via con me", "Azzurro" o "Gelato al limon", por decir tres. La mejor, sin embargo, creo que es "Aguaplano", por su potencia sanadora, por su levitar prolongado, por cómo te transporta desde que empieza a sonar a otro mundo. Un lugar mejor durante cuatro minutos de éxtasis.

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