martes, 24 de junio de 2014

supertrax #114: paraíso perdido



"The Promised Land", probablemente la canción más arquetípica en el inmenso cancionero de Bruce Springsteen. Un dechado de flama melódica con estribillo pensado para marcar el ritmo a taconazos y desgañitarse con el puño en alto. El Boss lo puede decir más claro pero no creo que más alto. ¡Vaya pasada!

jueves, 19 de junio de 2014

tótem #73: si tan solo pudieras apreciar la belleza...


Título: Closer
Artista: Joy Division
Año: 1980
Productor: Martin Hannett
Sello: Factory

 
01  Atrocity Exhibition





06:02
02  Isolation





02:45
03  Passover





04:43
04  Colony





03:49
05  A Means To An End





04:03
06  Heart And Soul





05:46
07  Twenty Four Hours





04:24
08  The Eternal





06:02
09  Decades





06:07
ROCK
PUNK - abyss sound / post-punk
 
Inspirado en gran medida en La exhibición de atrocidades de J. G. Ballard, el epitafio de Joy Division no puede ser más oscuro ni más hermoso. Supera a su debut en casi todo y se sitúa sin esfuerzo en la cima de los mejores discos de los 80. Como el libro de Ballard, el último estertor de Ian Curtis se presenta obsesivo y enfermizo, como el reflejo de los últimos días del mancuniano, un autor caracterizado por no guardarse nada a la hora de desparramar sus entrañas por toda su obra.


Closer se editó dos meses después del suicidio de Curtis, de ahí que su aire agónico refrendado por esa portada funeraria pueda ser tomado por oportunista. Los popes de Factory Records incluso llegaron a plantearse cambiarla, pero tuvieron en cuenta que había sido una elección del grupo incluyendo a Ian, por ello siguieron adelante con el diseño. Una elección que a día de hoy se antoja clave para haber elevado al disco como una grabación fundamental para la historia.

Cerraron su carrera con un disco genial, uno de los más emocionantes que servidor haya escuchado. El disco introspectivo definitivo. Un dechado de violencia, espasmos electrónicos y lirismo terminal

En sus nueve temas, Closer rebosa emoción. A través de los bajos profundos y densos típicos de la banda nos van colando novedosos arreglos de teclado y algún escarceo electrónico sacado sin duda del gusto de Curtis por Kraftwerk y el krautrock. Curtis canta y recita como nunca unas letras que parecen arrancadas del tuétano de su alma. Trozos acuchillados de una vida que no estaba pensada para durar. Imaginar hacia dónde habrían dirigido sus pasos futuros de haber seguido su líder con vida lleva a multitud de predicciones interesantes y futiles. Lo único cierto es que cerraron su carrera con un disco genial, uno de los más emocionantes que servidor haya escuchado. El disco introspectivo definitivo. Un dechado de violencia ("Atrocity Exhibition", "Colony", "Twenty Four Hours"), espasmos electrónicos ("Isolation") y lirismo terminal ("Heart and Soul", "The Eternal", "Decades").


Closer, como la vida de Curtis, se nos escurre entre los dedos cada vez que tratamos de escrutar su profundidad abisal. Es un testamento gélido grabado en mármol. Un mausoleo donde moran los más recónditos secretos de la noche oscura del alma. El horror de una vida que da dentelladas hasta el tuétano y un recordatorio de la experiencia trágica que es el existir. Pasen y vean la exposición de la atrocidad.


Curiosidades


- Peter Saville, uno de los diseñadores de la portada, no acababa de ver claro que fuera apropiada teniendo en cuenta que Ian Curtis se había suicidado. Es famoso su recordatorio a Tony Wilson, capo de Factory Records, cuando le dijo preocupado, "we've got a tomb on the cover of the album!". Se trataba de una tumba real, la de la familia Appiani, situada en el cementerio monumental de Génova.




lunes, 16 de junio de 2014

la interzona #46: un corazón cargado de dinamita



Resituación (Nacho Vegas, 2014)

Las obras viscerales es lo que tienen. La intensidad emocional se te puede ir de las manos en cero coma. Eso me temo que le ha pasado al señor Vegas en este disco. Una obra inmaculada en apariencia con todos sus acordes mayores y su denuncia tan descarnada como necesaria. Una obra que no sobrevive a las escuchas reiteradas. Porque a pesar de que contiene aciertos indudables que algunos hipsters no han querido o no han podido ver, su trazo es grueso y carece de esa sensibilidad y esa sutileza a las que Nacho nos tiene tan acostumbrados.

Tan acostumbrados estamos a que entregue una obra mayor tras otra que al principio podemos, buenazos de nosotros, confundir su populismo panfletario con posicionamiento irredento. Y tampoco es que vea tan grave que se le den un par de hostias a la clase política, a los gurús de la macroeconomía o a los progres de vocación. Hoy es más necesario que nunca, pero hacerlo de esta forma y después de interiorizar versos como ese "¿inspira esto ilusión? porque a mí me inspira muerte", se te queda un sabor barato, manido, un sabor que no esperábamos de este chef de la canción.

Me gusta la sangre y me gusta la justicia. La social, la que más. Y entiendo que Nacho necesite exteriorizar su cabreo. No me parece que sea este un disco con el que haya tocado fondo ni nada de esos tremendismos que las redes sociales y diversas publicaciones le endosan. Aún así, podría haberlo hecho mucho mejor. Todo está demasiado cercano. La gente se tira por los balcones, la desesperación se huele por las calles, y estamos hasta los cojones de mentiras, pero la música siempre debe estar por encima de todo eso. Aunque cueste, hay que admitirlo. Dejarse impregnar por lo que sucede a tu alrededor no es que sea necesario; es imprescindible. Pero hay que buscar la forma de contarlo, tomar distancia para eludir lo panfletario y para certificar una obra que no caduque por muchos años que pasen.

Por mi parte pienso ponerme este disco hasta gastarlo. Tiene momentos de una rabia que me encanta sacar fuera. Y todos van envueltos de unas melodías que chocan por su aparente frivolidad. Es bonito y es ácido. Su mayor pecado es no ser la biblia del anarquismo ilustrado. Y lo que me gustaría saber es si esto es un problema para su autor o para la prensa especializada. Los pedestales es lo que tienen.

sábado, 14 de junio de 2014

momentazo #199: las primeras estrofas de la gran novela americana



The Wild, The Innocent & The E-Street Shuffle (Bruce Springsteen, 1973)

Y se armó el belén. A solo unos meses vista de su debut, el salto cualitativo es impresionante. Por un lado una E-Street Band aún sin bautizar deja claro desde el comienzo su apabullante maestría y talento. Conjuntada, eficaz y poderosa. Realmente insuperable. Por otra parte el talento como compositor y cantante de Springsteen empieza a despuntar. A falta de los clásicos que rebosan en Born to Run (1975) el de New Jersey se entretiene en largos desarrollos para contar sus historias que empiezan a ser auténticos relatos urbanos de calidad. Canciones largas y épicas que vuelan muy alto. Ahora solo faltaba depurar el torrente, filtrarlo y refinarlo pero lo gordo ya estaba aquí, en un disco explosivo, en una pequeña gema a reivindicar por mucho tiempo que pase.

miércoles, 11 de junio de 2014

momentazo #198: gravedad cero



Ambient 1: Music for Airports (Brian Eno, 1978)

Brian Eno se explica en las notas interiores de este disco. Supongo que entendería necesaria una explicación para una música que, si no totalmente nueva, sí era rompedora en su matización e inmersión en algo ya existente. Comparar esto con el muzak puede resultar tentador, aunque bien mirado esto supera a esa insulsez en todos los aspectos. Eno consigue crear una música de ambiente que no solo acompaña susurrante al oyente mientras se realizan otras actividades, sino que lo envuelve y llama constantemente su atención. Escuchar el primero de los discos ambientales de Eno es caer rendido ante su fuerza gravitatoria, sumirse en un estado de catatonia festiva, mientras tu cerebro repasa alocado todas las cosas que te sugiere esta música. Desde paisajes torrenciales o vaporosos a nostalgia infantil, pasando por grupos y músicas que sin este disco no existirían o serían otra cosa. Porque inluyente lo es y mucho. No solo para esa electrónica paisajística y de carácter meditativo, sino para grupos que no esperaríamos a priori. Por decir solo uno, mencionaré a My Bloody Valentine, aunque por extensión esto implicaría a todo el shoegazing noventero.

No es "Ambient 1: Music for Airports" un disco fácil, aunque pueda ser de los que menos esfuerzo cuesta disfrutar. Desde la primera escucha podemos apreciar su fuerza. No se trata de pegada sónica, sino de un flujo gaseoso casi físico, un sonido que se hincha, respira y te anega por dentro. Como las olas del mar en su lento e inexorable vaivén o como una ballena flotando en el océano, hundiéndose para volver a emerger entre espuma. Rompiendo el silencio para volver a reconstruirlo al momento. Una danza interminable entre brumas y nubes blancas que apenas pueden tapar el sol.

viernes, 6 de junio de 2014

momentazo #197: exuberante y lenta floración



Smile (Brian Wilson, 2004)

Gestado en 1966 y no llevado a la realidad hasta 2004, esta es la historia de un disco maldito y totémico. Surgido de la frágil mente de un geniecillo visionario, a veces puede ser tomado por una boutade sin sentido. Y sería muy injusto porque aunque a veces pueda irritar con todos sus ruiditos, sus silbidos y sus coros de fantasía, el disco de "Good Vibrations" es una parada obligada para cualquier aficionado al pop y debería atraer a cualquier melómano que se precie, aunque solo sea a echar un "vistazo".

El monumento que Wilson tenía en su mente a mitad de los sesenta ha ido alimentándose de su propia leyenda. Son numerosas las ediciones pirata del disco perdido de los Beach Boys. Por eso se hacía necesaria una versión canónica aprobada por el propio Brian. La versión definitiva de una obra que no ha hecho más que caldear los sueños húmedos de los fanáticos de la banda californiana. Y esta versión definitiva, como mínimo, hace honor a su leyenda. A pesar de los pesares, de lo marciano de sus armonías, el disco triunfa en la creación de un todo coherente que da prestigio a eso que llamamos música popular. Por sus infinitas capas de sonido, sus arreglos prístinos obra y gracia del enorme Van Dyke Parks, sus coros celestiales. Un disco con el que Wilson no se ha limitado a vivir de las rentas y que cobra vida con cada escucha para llevarnos a un tiempo más brillante, más colorido y más feliz. Y sabemos que es mentira, pero a todos nos gustan estas mentiras. Una y otra vez.

martes, 3 de junio de 2014

momentazo #196: supercramp bignoise

Resultado de imagen de superfuzz bigmuff

  Superfuzz Bigmuff - deluxe edition (Mudhoney, 1988 - [2008])
ROCK
PUNK - grunge

Mudhoney fueron un terremoto brutal para el rock alternativo norteamericano de finales de los 80. Segundos antes de que Nirvana dinamitara la escena, ellos ya saciaban las ansias de los universitarios más inquietos. En este disco se recogen las primeras grabaciones de un grupo que imponía respeto a base de ruído y furia.

Por delante de tantísimas otras bandas que esa etiqueta tan penosa como fue el "grunge" elevó a los altares sin pensarlo dos veces. Mudhoney eran lo auténtico. Aquí queda más que refrendado

En los seis temas que componían Superfuzz Bigmuff ya estaba absolutamente todo lo que el melómano furioso necesitaba. Ya lo habían anunciado en ese single fundamental que fue "Sweet Young Thing Ain't Sweet No More/Touch Me, I'm Sick". El grupo fundía a la perfección la rabia de The Sonics y The Stooges, algún ritmo que se miraba en el krautrock alemán, protometal, hardcore y un tratamiento huracanado del pop y el garaje sesenteros. Nunca tan poco minutaje había impactado tanto.





Ahora tenemos la historia completa. Los orígenes del mito desarrollados en dos CDs sabrosos en los que el EP original se completa con singles y rarezas que fijan para siempre la solidez de una banda que, aunque se quedó en los últimos vagones del tren de la fama, ha conseguido que el tiempo la ponga en su lugar. Por delante de tantísimas otras bandas que esa etiqueta tan penosa como fue el "grunge" elevó a los altares sin pensarlo dos veces. Mudhoney eran lo auténtico. Aquí queda más que refrendado.