lunes, 16 de junio de 2014

la interzona #46: un corazón cargado de dinamita



Resituación (Nacho Vegas, 2014)

Las obras viscerales es lo que tienen. La intensidad emocional se te puede ir de las manos en cero coma. Eso me temo que le ha pasado al señor Vegas en este disco. Una obra inmaculada en apariencia con todos sus acordes mayores y su denuncia tan descarnada como necesaria. Una obra que no sobrevive a las escuchas reiteradas. Porque a pesar de que contiene aciertos indudables que algunos hipsters no han querido o no han podido ver, su trazo es grueso y carece de esa sensibilidad y esa sutileza a las que Nacho nos tiene tan acostumbrados.

Tan acostumbrados estamos a que entregue una obra mayor tras otra que al principio podemos, buenazos de nosotros, confundir su populismo panfletario con posicionamiento irredento. Y tampoco es que vea tan grave que se le den un par de hostias a la clase política, a los gurús de la macroeconomía o a los progres de vocación. Hoy es más necesario que nunca, pero hacerlo de esta forma y después de interiorizar versos como ese "¿inspira esto ilusión? porque a mí me inspira muerte", se te queda un sabor barato, manido, un sabor que no esperábamos de este chef de la canción.

Me gusta la sangre y me gusta la justicia. La social, la que más. Y entiendo que Nacho necesite exteriorizar su cabreo. No me parece que sea este un disco con el que haya tocado fondo ni nada de esos tremendismos que las redes sociales y diversas publicaciones le endosan. Aún así, podría haberlo hecho mucho mejor. Todo está demasiado cercano. La gente se tira por los balcones, la desesperación se huele por las calles, y estamos hasta los cojones de mentiras, pero la música siempre debe estar por encima de todo eso. Aunque cueste, hay que admitirlo. Dejarse impregnar por lo que sucede a tu alrededor no es que sea necesario; es imprescindible. Pero hay que buscar la forma de contarlo, tomar distancia para eludir lo panfletario y para certificar una obra que no caduque por muchos años que pasen.

Por mi parte pienso ponerme este disco hasta gastarlo. Tiene momentos de una rabia que me encanta sacar fuera. Y todos van envueltos de unas melodías que chocan por su aparente frivolidad. Es bonito y es ácido. Su mayor pecado es no ser la biblia del anarquismo ilustrado. Y lo que me gustaría saber es si esto es un problema para su autor o para la prensa especializada. Los pedestales es lo que tienen.

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