sábado, 25 de octubre de 2014

trick or trick? #51: confrontación



Vs. (Pearl Jam, 1993)

En su segundo álbum, los de Seattle se afanan por sonar más poderosos, crudos y contundentes que en su debut. Y lo consiguen, la verdad. Una vez esfumado el efecto sorpresa lo tienen claro: tienen que coger el cuchillo entre los dientes y no tomar prisioneros. Nos lo advierten con claridad meridiana desde el comienzo con esa apertura vibrante y brutal. "Go" posee todo el poder que necesitaría un buen ataque, y no nos hemos repuesto aún cuando nos asaltan sin piedad con la potencia desproporcionada de "Animal", un auténtico cañonazo. Después, tomamos aire con la acústica "Daughter" y dos piezas menores, "Glorified G" y "Dissident". Un poco de descanso con la tribal "WMA" y de vuelta a la batalla con la virulenta y desquiciada "Blood". Eddie Vedder canta con más convicción que nunca y la banda toca como si estuviera en tu salón. El toque del señor O'Brien. Y todo el conjunto queda perfectamente retratado en la épica y creciente "Rearviewmirror", uno de los puntos más fuertes del disco. "Rats", la obsesión de bajo de Jeff Ament, es bastante más floja, y "Leash" es un ejercicio cabezón. Por otra parte "Elderly Woman..." es una postal hermosa en su insulsez, y el cierre con "Indifference" llena el aire con esa atmósfera entre sagrada e hipnótica.

No es el mejor disco de Pearl Jam. Sin embargo, puede aspirar al galardón del más potente y sangriento. Un puñado de buenas razones para pasar tres cuartos de hora sudando, resoplando y gimiendo con la rítmica mística del rock and roll. Si es que esto tiene algún valor, claro.

viernes, 10 de octubre de 2014

momentazo #208: raíces de diamante



Graceland (Paul Simon, 1986)

Está "Graceland" y está el "Mito de Graceland". Y la verdad, después de un buen puñado de escuchas no sé cuál de los dos es más grande. Me queda claro que estoy ante un disco monstruoso por sus canciones y por los músicos que las ejecutan. Todo suena aquí con una seguridad y un fluir tan aplastantes que queda claro al instante que está tocado por auténticos titanes. Los músicos africanos tienen ese algo especial que nadie más tiene. Punto.

Tampoco olvido el peso que en cualquier valoración puede tener ese "Mito de Graceland". Esa vitola de disco influyente y que enseñó al mundo los placeres del continente negro. Un peso que podría hundir al álbum si no fuera por el hecho de que casi todo lo que cuenta ese mito es verdad. De bien nacidos es ser agradecidos y lejos de pensar que Simon se apuntó aquí más de un tanto inmerecido, habría que destacar el hecho de que dio alcance mundial a músicas y artistas que siempre lo habían merecido pero que sin él puede que nunca lo hubieran conseguido. Youssou N'Dour, King Sunny Ade o Ladysmith Black Mambazo por decir tres, tienen mucho que agradecer a este disco. Tanto como nosotros a ellos por habernos ofrecido algunas de las mejores músicas que se puedan escuchar.

Graceland se ha perpetuado en el tiempo como una obra íntegra y completa. Los años son los que otorgan el veredicto final. Y este disco merece los mejores parabienes. Es grande por derecho, un mito del mestizaje bien entendido. El principio y el espejo.

domingo, 5 de octubre de 2014

momentazo #207: roast beef en teriyaki



McCartney (Paul McCartney, 1970)

Portada mínima, a la japonesa, para canciones de pop minimalista. Bocetos instrumentales para rellenar, brochazos de blues y cabaret y ¡tachán! Discazo de un artesano del pop que nunca debió pretender más que eso. Las ínfulas pueden ser la rémora de un artista que a estas alturas del partido ya no tenía nada que demostrar. Si acaso que era capaz de volar sin los Fab Four. Esta fue la primera demostración de que su talento no conocía límites. Con la humildad que denota la portada y la delicadeza y sabiduría de unas composiciones que no deja cocer a fuego lento para que queden frescas, casi crudas. Con la sabiduría de buscar la influencia en los más grandes aunque estos hayan bebido antes de él. Aquí se olisquean rastros leves pero penetrantes de Ray Davies e incluso unos segundos de Can. Si lo embelleces todo con su personalidad inimitable, sale lo que sale. Otra cosa es que pudiera repetir jugada. El acomodo, la pasta... No van de la mano con la llama del arte, ¿verdad?