domingo, 28 de diciembre de 2014

la interzona #100 / momentazo #210: de lobos y hombres



The Essential Pete Seeger (Pete Seeger, 2005)

Resultado de imagen de essential pete seegerPete Seeger no está de moda, está claro. En realidad me cuesta creer que alguna vez lo estuviera. Su actitud nunca calará entre el moderneo. Por más que lo pienso, no se me ocurre nadie menos cool que este cantautor con pinta de testigo de Jehová y a decir verdad todo esto se lo ha ganado a pulso. Su mojigatismo, su incapacidad para la ironía, su compromiso extremista y castrante van en dirección opuesta a los tiempos que vivimos. Pete Seeger siempre se ha tomado muy en serio el supuesto poder de una canción para cambiar el mundo. Y el no haber corregido esa visión es algo que mucha gente no le puede perdonar. Si fuera capaz siquiera de aparcar la didáctica por un segundo y dejarse llevar por la pura y simple diversión... pero claro, entonces no podríamos hablar de hachas ni de cables.

Seeger siempre ha puesto en primer plano el compromiso social, la necesidad de difusión de ideas y músicas ancestrales. Por encima incluso de la composición, lo cuál puede resultar engañoso a la hora de hacerse una idea del alcance y la importancia de este músico. Un músico que se supedita a la persona, un Walt Whitman almibarado pero también, no lo olvidemos, un hombre de verdad. No sé si sería el que buscaba Alaska por los primeros ochenta, pero no podemos negar que Seeger no engaña ni finge ser lo que no es. La voz potente y clara, el rasgueo preciso tanto a la guitarra como a su famoso banjo y las ideas simples, concisas y tremendamente claras. No podemos culparle porque se viera dotado de poderes y responsabilidades asociadas. Seeger fue un ser humano rotundo, eso no se lo puede negar nadie. Y aunque escueza, también quedará para los restos como un titán de la música norteamericana, a pesar de un ninguneo que no sé si tendrá que ver con todo lo que he dicho anteriormente o habría que añadirle su militancia, un izquierdismo más dialogante y humanista que radical, pero que aún así le ha granjeado las sospechas de la Norteamérica más reaccionaria.

El cuadro de un artista que ha seguido cantando pasados los noventa años no puede quedar completo en un escuálido recopilatorio de 15 canciones que no llega ni a la hora. Aún así, esto es un disco más que válido para introducirse en la obra de un trabajador de la canción clave para entender los convulsos años de mitad del siglo XX. Los movimientos obreros, la lucha por los derechos civiles y todas las revueltas en Latinoamérica que fueron surgiendo a finales de los 50 tuvieron esta banda sonora. El señor Seeger puede parecer poco importante. No fue un genio, ni su obra tuvo nada de visionario. Sus canciones están hechas de tierra y sudor. Son parcas y a menudo demasiado azucaradas. Algunas incluso mejoraron con versiones de otros artistas (véase "Where Have All the Flowers Gone"), pero con todo siguen siendo esenciales. Para comprender y aprender, como a él le gustaba, pero también para disfrutarlas aunque solo sea un poquito.

jueves, 18 de diciembre de 2014

tótem #76: tristessa durera


Álbum: Blue Train
Artista: John Coltrane
Año: 1957
Productor: Alfred Lion
 Sello: Blue Note

01  Blue Train





10:40
02  Moment's Notice





09:08
03  Locomotion





07:12
04  I'm Old Fashioned





07:55
05  Lazy Bird





07:04

JAZZ
HARD BOP

Este es el segundo disco de Coltrane como líder y el único que grabó para Blue Note. Ellos se lo perderían, no hay duda. Trane estaba llamado a hacer historia y eso es imposible no percibirlo en estos surcos. Una historia que escribiría a fuego y metal con Impulse! y que encuentra en este disco su preámbulo perfecto.

El LP lo conforman cinco piezas vibrantes ejecutadas con elasticidad infinita por un sexteto que es todo un lujo. Los créditos registran para la posteridad los nombres de estos cinco magníficos que, armas en ristre, secundan el soplido inmaculado del maestro. Se ha dicho todo sobre las cualidades sobrenaturales del aliento de Coltrane. Y ese todo está ya en este disco. Su atmósfera ominosa, su capacidad para transportar al oyente hacia escenarios misteriosos y desconocidos, ese temblor tan característico, tan cálido y que nadie ha podido nunca alcanzar. Un conjunto inimitable que te sacude en un tañido fantasmal y bello al principio con "Blue Train"; traqueteante y feroz a continuación ("Moment's Notice", "Locomotion"); noctámbulo y leve en "I'm Old Fashioned", el único standard del álbum; y de nuevo despendolado y sutil en "Lazy Bird".

Este tren azul y triste de esplendorosa portada, nos transporta en nuestros momentos de soledad más espesa. Cuando creemos que no hay motivos para seguir nos reconforta con ese aliento dorado, nos mesa los cabellos y nos envuelve en un refulgir que surge de la nada, se enrosca y revolotea. Y antes de que abramos los ojos, ya se ha ido otra vez.

Curiosidades

- El disco se grabó durante el periodo de residencia en el club Five Spots por parte de Coltrane, donde era miembro del cuarteto de Thelonious Monk. El personal que integraba el sexteto que grabó este álbum incluía dos miembros con los que coincidiría el saxofonista posteriormente en la banda de Miles Davis. Con Paul Chambers concretamente participó en la grabación del mítico Kind of Blue (1959) de Davis. Poca broma.


sábado, 13 de diciembre de 2014

trick or trick? #52: el ventrilocuo de sí mismo



Frampton Comes Alive! (Peter Frampton, 1976) 


Cada vez que me tengo que enfrentar con algunos de los supuestos mejores directos de la historia me echo a temblar. ¡Y no es para menos! Menudo ladrillo me he tenido que tragar. Ya me esperaba solos catárticos y largos como ríos. No me ha fallado en este aspecto. Lo que sí me ha sorprendido es que eso no sea lo peor de un disco tan apoteósico como imperfecto. Y es que aguantar 80 minutos de insulsez casi continua es muy arduo. Ni la "talking guitar" (bastante caduca por otra parte) logra sacar a flote un espectáculo dirigido para un público adulto en el peor sentido del término.

No, no comulgo con este AOR, ni con el formato doble que se hace interminable, ni con las melodías simplonas, ni con la pose supuesamente dura de los temas más hormigonera. Sí que soporto y hasta disfruto a ratos "Doobie Wah", "I'll Give You Money", "Show Me the Way" o el flamígero final "Do You Feel Like We Do". Y eso es muy poco para un "clásico" del género por mucho signo de exclamación que le pongan al titulito.

martes, 2 de diciembre de 2014

tótem #75: art rock torcido


Título: The Modern Dance
Artista: Pere Ubu
Año: 1978
Productor: Pere Ubu / Ken Hamann
Sello: Blank

01  Non-Alignment Pact





03:19
02  The Modern Dance





03:20
03  Laughing





04:37
04  Street Waves





03:06
05  Chinese Radiation





03:29
06  Life Stinks





01:53
07  Real World





04:00
08  Over My Head





03:51
09  Sentimental Journey





06:08
10  Humour Me





02:44

Nos engañaron con ese acople inicial y la desbocada "Non Alignment Pact". No, no era punk, era MUUUUCHO más. Con la pretensión de arañar el arte, parieron un disco extremo en muchos sentidos. Entre Captain Beefheart y Can, entre MC5 y Ornette Coleman debía haber un hueco para la expresión y los de David Thomas lo encontraron en su obra magna.

Rock visceral, raro y apetitoso. Guitarras en el filo, gaitas beodas, ruídos de cristales que estallan en tus neuronas. Todo un arsenal de recursos para demostrar que el arte serio pude ser lo más divertido del mundo. Para ello hay que buscar el equilibrio entre abstracción y humor, entre concepto y emoción. Pere Ubu lo logran más que nunca en una obra rugosa, histérica y sutil que nos golpea una y otra vez gracias a su infinidad de capas. Un disco que eleva la carne cruda del punk a la categoría de alta cocina, sin pretensiones y con la libertad a toda máquina. Por mucho que David Thomas se empeñe, esto le acaba gustando a cualquiera.


Curiosidades

- El nombre de la banda lo sacan de la obra de teatro, "Rey Ubu" de Alfred Jarry. Cuando se estrenó en París, en 1896 provocó revueltas debido a su contenido salvaje, cómico y bizarro. Gran nombre pues para un grupo que se identifica plenamente con todos estos adjetivos.

- Este disco oscuro y abstracto ha influido e influirá a generaciones. Sus secretos no aparecen a simple vista aunque tampoco es difícil discernirlos. Una rítmica poderosa reminiscente del krautrock teutón, una guitarra chirriante o rugosa según el momento y su marca estelar, esto es, la voz histriónica, expresiva y maleducada de David Thomas y el teclado de serie B de Allen Ravenstine. Este último es especialmente alabado por su técnica heterodoxa con el instrumento. En lugar de tocarlo como lo haría un pianista, Ravenstine se dedica a extraer todo tipo de sonidos, la mayoría relacionados con los sonidos fantasmales típicos de las películas de ciencia ficción de los 50. Un estilo que puede parecer superado a día de hoy, pero que creó una escuela inmensa. Hay quien incluso lo coloca entre los mejores teclistas de todos los tiempos. Poco que añadir.