viernes, 27 de febrero de 2015

momentazo #214: herboristería cósmica

"SPOON"

Ege Bamyasi (Can, 1972)

Can siguen emperrados en su obsesión tras su imponente obra maestra del año anterior. Si "Tago Mago" fue un disco irrepetible y que imponía en su dificultad, este "Ege Bamyasi" ya intenta marcar algo de distancia a la vez que conserva intacta la heterodoxia y el afán investigador del supercombo de Colonia.

Desde su misma portada apela al humor autorreferencial al mostrar una lata (can) de vegetales exóticos. El título a su vez es el nombre de dicha planta en turco. Extravagancias que parecen esconder más que dilucidar de qué va la música de estos activistas del sonido. La influencia exótica, ya sea oriental o africana siempre había estado ahí, aun diluida entre las múltiples capas de Stockhausen y tradición centroeuropea. En este tercer disco (sin contar el recopilatorio de bandas sonoras) todo esto aparece claro y vivo. Una vez más.

Lo mejor del disco es cómo suena y cómo vibra. En una alianza rítmica antológica, Jaki Liebezeit y Holger Czukay gobiernan con su maquinalidad impecable. Irmin Schmidt y Michael Karoli se encargan de repartir melodías y abrasión con generosidad. Y entre todos estos pliegues, Damo Suzuki es libre para crear y destrozar con sus recitados y su flow expresionista. Parece bastante asentada la idea de que este disco era la obra más melódica y sutil de Can hasta la fecha. Lo que no quiere decir que no suene agreste por momentos y fluya vertiginosa y febril. El ritmo tiene buena culpa de ello. Y también el desarrollo de unas canciones que, al más puro estilo Can, se construyen a base de bucles y repetición pero no dejan de avanzar. Pocos estribillos encontraremos aquí, pocos frenazos y ninguna vuelta atrás. Todo es un fluir borboteante, al menos hasta los meandros ralentizados y algo farragosos de "Soup". Aparte de esto, todo el disco es una chuchería que se consume antes de llegar a los 40 minutos. Todo un triunfo en cuanto a síntesis para un grupo que siempre ha tratado de batir records de resistencia en sus minutajes.

"Ege Bamyasi" es una cumbre en la discografía de Can. Tan sólo unos meses tras la publicación de "Tago Mago" parece increíble que les quedara fuelle para mantener tamaños estándares de calidad. Y es que el quinteto teutón siempre vivió la música de una manera diferente al resto de la humanidad. Simplemente expresaban lo que les corría por las venas y les bullía en las entrañas. Sin filtros y sin corsés. Así entregan una primera parte (los primeros cuatro temas) exquisita como de funk a ritmo de reloj suizo; continúan con la libertad experimental de "Soup" que en sus 10 minutillos asusta a pocos a estas alturas; y cierran con la coda perfecta de "I'm So Green" y esa maravilla de prototecno casi pop que es "Spoon". ¿Su mejor canción? La más recordada, sin duda. Como este disco. Si no es el mejor, sí que puede ser el más querido. Palabra de Stephen Malkmus. Amén.

miércoles, 25 de febrero de 2015

momentazo #213: el negro y los psiconautas



Monster Movie (Can, 1969)

Irmin Schmidt: adminaspace and organ laser
Jaki Liebezeit: propulsion engineer and mystic space chart reader
Holger Czukay: hot from Vietnam: technical laboratory chief and red armed bass
Michael Karoli: sonar and radared guitar pilot
Malcolm Mooney: linguistic space communicator...


... Poco se puede añadir tras estos créditos que hablan por sí solos. Dejan realmente claro el estilo (o el no-estilo), el aura y lo ilimitado de su música. Un auténtico torrente de rock mental, psicótico con ramalazos arties y fiereza garage. Mooney se vacia en un exorcismo extremo pleno de fuerza que dejaría exhausta su ya deteriorada salud mental. El abandono del grupo es la consecuencia inevitable que deja algo como "You Doo Right". Repetición, atonalidad chirriante, obsesión, chispas y largos desarrollos para una música que nunca puede encorsetarse.

Excelsa presentación para una banda que puede llamarse única con todas las de la ley.

viernes, 13 de febrero de 2015

tótem #77: desde el país de las amazonas eléctricas

Título: Electric Ladyland
Artista: The Jimi Hendrix Experience
Año: 1968
Productor: Jimi Hendrix
Sello: Reprise / Track / Barclay / Polydor

 
01  And The Gods Made Love





01:26
02  Have You Ever Been (To Electric Ladyland)





02:12
03  Crosstown Traffic





02:26
04  Voodoo Chile





15:02
05  Little Miss Strange





02:54
06  Long Hot Summer Night





03:29
07  Come On (Let The Good Times Roll)





04:11
08  Gypsy Eyes





03:43
09  Burning Of The Midnight Lamp





03:41
10  Rainy Day, Dream Away





03:43
11  1983...(A Merman I Should Turn To Be)





13:41
12  Moon, Turn The Tides... Gently Gently Away





04:28
13  Still Raining, Still Dreaming





01:03
14  House Burning Down





04:34
15  All Along The Watchtower





04:02
16  Voodoo Child (Slight Return)





05:13
ROCK
PSICODELIA / ROCK & ROLL
 
Hasta este punto todo parecía haber sido demasiado fácil para Jimi Hendrix. Tras dos discos tan rupturistas que habían pillado con el pie cambiado a medio mundo, parecía imposible prever hacia dónde dirigiría sus pasos. Su debut era una obra maestra capital, posiblemente el mejor estreno de la historia. Y encima en el mismo año se sacó de la manga una continuación brutal que sólo quedaba por debajo por no contar ya con el efecto sorpresa. En plena vorágine, con la mente al rojo y con medio mundo a sus pies, su talento se encontraba en un punto difícil. En el de demostrar que su inspiración musical podía trascender y equipararse a su mítica habilidad digital. O superarla. Electric Ladyland iba a romper la baraja y elevar a Hendrix como uno de los músicos más intuitivos, inteligentes, sensibles y absolutos que hayan existido jamás. Y encima tocaba bien.


Se ve que Jimi estaba ansioso por expresarse en 1968. Necesitaba las dimensiones épicas del álbum doble. Y hay que decir que pocas veces ha estado tan justificado tal dispendio de tiempo como en este disco. Aquí Hendrix prueba las mieles de no constreñirse tocando. Toca lo que quiere y cuanto quiere. Toca como quiere y con quien quiere. Toca pianos, clavicordios eléctricos y hasta kazoos. Explora los límites de la guitarra como nunca antes, utilizando pedales y efectos novedosos, amplis raros y trasteando sin piedad el control de volumen como un elemento melódico más. Disfruta colaborando y dejándose hacer. Stevie Winwood o Al Kooper, por ejemplo, pasean sus dedos gloriosos por el disco.

Electric Ladyland iba a romper la baraja y elevar a Hendrix como uno de los músicos más intuitivos, inteligentes, sensibles y absolutos que hayan existido jamás. Y encima tocaba bien

Los efectos de esta libertad son increíbles e innumerables. Citaremos ese "Voodoo Chile" que en sus catorce minutos consigue llevarnos al éxtasis en ese continuo fundirse entre el teclado de Winwood y la guitarra de Jimi mientras Mitch Mitchell marca un ritmo explosivo y letal. Nunca un blues que en principio parecía manso había conseguido conjurar una tensión semejante. Maravillosas también, las tarareables "Crosstown Traffic" o "Gypsy Eyes". O la belleza sin lustre, como de otro tiempo de "Burning of the Midnight Lamp" y ese clavicordio eléctrico que ya es mítico en su canon. Tampoco podemos olvidar la fiereza jazz de "Rainy Day, Dream Away", "Moon Turn the Tides..." o "Still Raining, Still Dreaming" que junto al experimento expansivo e inabarcable de "1983... (A Merman I Should Turn to Be)" forman la suite más volcánica del disco. En ella Jimi sacia sus ansias experimentales. Los minutos preparatorios para el cierre más perfecto en que pensarse pueda. La terna final es demoledora y rotunda. La destilación de muchos años de práctica que se plasman con la maestría de un grandísimo artesano. Un artesano de la electricidad que es capaz de robarle al más grande y venderlo como algo suyo. Bob Dylan no volvió a tocar igual "All Along..." después de escuchar esta versión. Y "Voodoo Child (Slight Return)" es un monumento al wah-wah del que beben y beberán por siempre generaciones enteras de guitarristas.


Puede que Are You Experienced? (1967) se disfrute mejor. Es más digerible y más directo. Sin embargo, las satisfacciones que este Electric Ladyland puede proporcionar son superiores a largo plazo. Su complejidad, sus múltiples capas, lo hacen más profundo y más intenso. Un disco que nunca se acaba porque nunca se llega a conocer por completo. El disco que volteó el cerebro de todo un Miles Davis. Escuchen Bitches Brew (1970) y toda su etapa eléctrica. Entonces sabrán de qué hablo y comprenderán porqué este es un álbum abrumador y cataclísmico. Uno de entre un millón.


Curiosidades

- La más conocida tiene que ver con su tórrida portada, ese archifamoso "harén" que por supuesto no fue recibido con los brazos abiertos en la puritana Gran Bretaña. En realidad fue el único sitio en el que se publicó así el disco, cambiando pronto a la portada que la discográfica eligió para su lanzamiento mundial, una foto de la cabeza de Jimi en tonos amarillos y rojizos. Lo peor del caso es que Hendrix nunca estuvo contento con estas dos opciones pues desde la discográfica habían
desoído su petición en la que aparecía en Central Park rodeado de niños junto a la estatua de Alicia. La historia se encargó de agrandar la leyenda de un momento desafortunado pero imborrable en la iconografía del rock.


domingo, 1 de febrero de 2015

icono #3: tan duro y romántico como la ciudad que amaba

Todo el mundo conoce Nueva York. No hace falta haber ido. Sus calles, sus rascacielos, su nervio, han estado tan omnipresentes en el cine que es reconocible a primera vista. Nadie como Woody Allen ha retratado la ciudad de sus amores. Y nunca como en esa oda a Nueva York que es Manhattan (1979).


 Con pulso vibrante y ese fluir líquido que marcan el ritmo de los amores y desamores retrata el caos existencial del ser humano moderno. Y entre tanta indecisión y falta de comunicación hay algún instante para declarar amor eterno. Una pausa eterna junto al puente de Brooklyn. Un instante único en lo pictórico y en lo poético. Una declaración de amor a una ciudad, sus habitantes y a una forma imperfecta y única de ver las cosas.