viernes, 13 de febrero de 2015

tótem #77: desde el país de las amazonas eléctricas

Título: Electric Ladyland
Artista: The Jimi Hendrix Experience
Año: 1968
Productor: Jimi Hendrix
Sello: Reprise / Track / Barclay / Polydor

 
01  And The Gods Made Love





01:26
02  Have You Ever Been (To Electric Ladyland)





02:12
03  Crosstown Traffic





02:26
04  Voodoo Chile





15:02
05  Little Miss Strange





02:54
06  Long Hot Summer Night





03:29
07  Come On (Let The Good Times Roll)





04:11
08  Gypsy Eyes





03:43
09  Burning Of The Midnight Lamp





03:41
10  Rainy Day, Dream Away





03:43
11  1983...(A Merman I Should Turn To Be)





13:41
12  Moon, Turn The Tides... Gently Gently Away





04:28
13  Still Raining, Still Dreaming





01:03
14  House Burning Down





04:34
15  All Along The Watchtower





04:02
16  Voodoo Child (Slight Return)





05:13
ROCK
PSICODELIA / ROCK & ROLL
 
Hasta este punto todo parecía haber sido demasiado fácil para Jimi Hendrix. Tras dos discos tan rupturistas que habían pillado con el pie cambiado a medio mundo, parecía imposible prever hacia dónde dirigiría sus pasos. Su debut era una obra maestra capital, posiblemente el mejor estreno de la historia. Y encima en el mismo año se sacó de la manga una continuación brutal que sólo quedaba por debajo por no contar ya con el efecto sorpresa. En plena vorágine, con la mente al rojo y con medio mundo a sus pies, su talento se encontraba en un punto difícil. En el de demostrar que su inspiración musical podía trascender y equipararse a su mítica habilidad digital. O superarla. Electric Ladyland iba a romper la baraja y elevar a Hendrix como uno de los músicos más intuitivos, inteligentes, sensibles y absolutos que hayan existido jamás. Y encima tocaba bien.


Se ve que Jimi estaba ansioso por expresarse en 1968. Necesitaba las dimensiones épicas del álbum doble. Y hay que decir que pocas veces ha estado tan justificado tal dispendio de tiempo como en este disco. Aquí Hendrix prueba las mieles de no constreñirse tocando. Toca lo que quiere y cuanto quiere. Toca como quiere y con quien quiere. Toca pianos, clavicordios eléctricos y hasta kazoos. Explora los límites de la guitarra como nunca antes, utilizando pedales y efectos novedosos, amplis raros y trasteando sin piedad el control de volumen como un elemento melódico más. Disfruta colaborando y dejándose hacer. Stevie Winwood o Al Kooper, por ejemplo, pasean sus dedos gloriosos por el disco.

Electric Ladyland iba a romper la baraja y elevar a Hendrix como uno de los músicos más intuitivos, inteligentes, sensibles y absolutos que hayan existido jamás. Y encima tocaba bien

Los efectos de esta libertad son increíbles e innumerables. Citaremos ese "Voodoo Chile" que en sus catorce minutos consigue llevarnos al éxtasis en ese continuo fundirse entre el teclado de Winwood y la guitarra de Jimi mientras Mitch Mitchell marca un ritmo explosivo y letal. Nunca un blues que en principio parecía manso había conseguido conjurar una tensión semejante. Maravillosas también, las tarareables "Crosstown Traffic" o "Gypsy Eyes". O la belleza sin lustre, como de otro tiempo de "Burning of the Midnight Lamp" y ese clavicordio eléctrico que ya es mítico en su canon. Tampoco podemos olvidar la fiereza jazz de "Rainy Day, Dream Away", "Moon Turn the Tides..." o "Still Raining, Still Dreaming" que junto al experimento expansivo e inabarcable de "1983... (A Merman I Should Turn to Be)" forman la suite más volcánica del disco. En ella Jimi sacia sus ansias experimentales. Los minutos preparatorios para el cierre más perfecto en que pensarse pueda. La terna final es demoledora y rotunda. La destilación de muchos años de práctica que se plasman con la maestría de un grandísimo artesano. Un artesano de la electricidad que es capaz de robarle al más grande y venderlo como algo suyo. Bob Dylan no volvió a tocar igual "All Along..." después de escuchar esta versión. Y "Voodoo Child (Slight Return)" es un monumento al wah-wah del que beben y beberán por siempre generaciones enteras de guitarristas.


Puede que Are You Experienced? (1967) se disfrute mejor. Es más digerible y más directo. Sin embargo, las satisfacciones que este Electric Ladyland puede proporcionar son superiores a largo plazo. Su complejidad, sus múltiples capas, lo hacen más profundo y más intenso. Un disco que nunca se acaba porque nunca se llega a conocer por completo. El disco que volteó el cerebro de todo un Miles Davis. Escuchen Bitches Brew (1970) y toda su etapa eléctrica. Entonces sabrán de qué hablo y comprenderán porqué este es un álbum abrumador y cataclísmico. Uno de entre un millón.


Curiosidades

- La más conocida tiene que ver con su tórrida portada, ese archifamoso "harén" que por supuesto no fue recibido con los brazos abiertos en la puritana Gran Bretaña. En realidad fue el único sitio en el que se publicó así el disco, cambiando pronto a la portada que la discográfica eligió para su lanzamiento mundial, una foto de la cabeza de Jimi en tonos amarillos y rojizos. Lo peor del caso es que Hendrix nunca estuvo contento con estas dos opciones pues desde la discográfica habían
desoído su petición en la que aparecía en Central Park rodeado de niños junto a la estatua de Alicia. La historia se encargó de agrandar la leyenda de un momento desafortunado pero imborrable en la iconografía del rock.


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