martes, 21 de abril de 2015

miércoles, 8 de abril de 2015

supertrax #116: el eco ultraterreno



El aire se inflama y reverbera cuando esa guitarra traza sus pinceladas sutiles. Leves en un lienzo hecho de eco. "Stone of Head" es la excusa perfecta para reactivar una sección al borde de la extinción. Ella sola hace necesario volver a detenerse en el detalle de la canción, un trabajo que se me antojaba demasiado puntilloso. Sin peso específico si lo comparamos al grosor de todo un disco. Esta canción cambia los esquemas porque te sacude el alma y te voltea las entrañas. A pesar de ser una redoma sedante inesperada en el canon de un grupo eléctrico y brutal.

"Stone of Head" se beneficia del misterio de una letra impenetrable y poética y del sonido escalofriante de un teclado sinuoso, una guitarra arpegiante y un slide de belleza galáctica. Es el "Planet Caravan" (Black Sabbath) mezclado con el "Marquee Moon" (Television) y tocado por los dedos del Ry Cooder de "Paris, Texas". Un espacio onírico en el que el silencio se contamina y acentúa su presencia. Un viaje único perfumado por el cosmos que deja secuelas imborrables.

"Accustomed to my friend
A shoulder in my hand
Drink me slow
And say bye, bye, bye..."

martes, 7 de abril de 2015

momentazo #218: espanto zodiacal



Moor Room (Cancer Moon, 1994)

Que Cancer Moon fue un grupo maldito es algo bien sabido. Después de dos discos colosales se inmolaron en su obra magna. Un ejercicio de madurez que aglutinó las influencias y el aprendizaje de estos vascos para destilar sus mejores esencias con sutileza y una seguridad abrasiva.

El disco comienza con una templanza inédita. La de una guitarra acústica que no deja de sonar insolente ofreciendo una melodía que destella y sacude. Nada acomodaticio ni dulce, sino emocionante y fuerte. Como el resto de una obra donde se cuelan los calambrazos de The Stooges y el noise colea pero no se desborda como en discos anteriores. Permanece contenido en un bramido que se te cuela en la piel y los huesos. "Moor Room" es un ejemplo más de los beneficios de dominar la tensión. Y por mucho que se noten las influencias, su personalidad arrolla sin ambages ni circunloquios. Es un directo al estómago brutal, por mucho que lo suavicen con maravillas ultraterrenas como "Stone of Head". Una canción para la que no hay palabras.

No habría continuación para esta joya. El gran Josetxo Anitua, que puso voz, carisma y creatividad en el combo fallecería en 2008, pero el grupo estaba ya en dique seco hacía muchos años. Una pena y una injusticia para la eternidad.

miércoles, 1 de abril de 2015

momentazo #217: fruta madura



Love and Theft (Bob Dylan, 2001)

Resultado de imagen de love and theft dylanDylan continúa ese glorioso viaje de madurez que iniciara con el mayestático "Time Out of Mid" (97) y entrega una flamante colección de canciones nuevas a la altura del mito. Pocos de los que abandonaron al bardo en ese desierto que fue la década de los 80 creerían la genialidad que derraman estos surcos. No hay que esperar ni un instante para quedar atrapado por el bucle blues de "Tweedle Dee & Tweedle Dum", la maravilla melódica de "Mississippi" o el rhythm & blues primitivo de "Summer Days". "Bye and Bye" es casi jazz, "Lonesome Days Blues" o "Cry a While" son blues de toda la vida y "Floater" es una foto en sepia que retrata otros tiempos con sutileza y emoción. "High Water" retoma la tensión de "Cold Irons Bound" para homenajear al gran Charley Patton. "Po' Boy" y "Moonlight" están hechos de jazz delicioso que parece venir de las profundidades de los tiempos, mientras que "Honest With Me" corta como una cuchilla. Y por último, el cierre con "Sugar Baby" supura delicadeza y apaga el disco como la llama de una vela.

"Love and Theft" es una obra cocinada a fuego lento en tiempos de prisas y caos. Por eso para disfrutarla debemos cambiar el chip. Simplemente hay que sentarse a escuchar, aunque la buena noticia es que el disco va a incitarnos a hacerlo. No requiere de esfuerzo extra por nuestra parte. Si en la obra anterior Dylan parecía tener las ideas claras, aquí confirma que se ha dejado ya de marcianadas y es consciente de que lo mejor que puede hacer a estas alturas de su vida es sacar de la mina, agotar esa veta que él mismo ayudó a desenterrar. Dylan abandona esa idea tan equivocada de la modernez y se concentra en sacar el disco más clásico, tradicional y rajado que pueda. Unas canciones en las que su voz derruída se acomoda como nunca. Por fin ha descubierto que eso es lo que mejor se le da. Una actitud a la que yo llamo respeto. Por la música y por la humanidad.