domingo, 7 de junio de 2015

momentazo #219: tricotando



Tapestry (Carole King, 1971)

El segundo disco de la King siempre ha amasado loas unánimes que no por sospechosas dejan de ser ciertas. En esencia es una obra magistral que reúne un puñado de clásicos inmarchitables escritos básicamente por la cantautora. Son piezas de pop de dormitorio que juguetean con un soul delicado y casi siempre atinado en las melodías.

"Tapestry" supera el tópico que lo sitúa como disco melancólico para tardes lluviosas y se alza dominante por encima de ideas reduccionistas. Es cierto que sus arreglos delicados se prestan al encasillamiento pero no podemos olvidar la voz de Carole. Cercana, cálida, ciertamente dotada, pero imperfecta a la vez. No me cabe la menor duda de que abrió brecha para las cantantes femeninas que la siguieron. Es el mejor conservante para una obra de calado como esta. Una voz que no solo canta, también cuenta. Podría haber recargado los arreglos, haberlos ahogado con una orquesta filarmónica pero también tuvo la sabiduría de no caer en eso. Porque cuando los textos merecen ser oidos no hay mayor crimen que enterrarlos en el ruido infame. Ese mismo que esta obra aparta como las ondas de un estanque.

No diré que siempre me haya gustado este disco. Aunque siempre me ha parecido interesante, a la vez le achacaba una falta de brío que ahora sé que es solo una apreciación apresurada e injusta. Fruto de estos tiempos caóticos y de algún ansia profunda de ser vapuleado sin piedad. Algo que no deja de sorprenderme, porque nunca he sido de pedernal ni impermeable al sutil encanto de lo cercano. No me importa reconocerlo. He vuelto al redil para proclamarlo por fin: ¡grande, grande! ¡Aleluya!

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