sábado, 11 de julio de 2015

momentazo #225: un millón de tumbas



Cecilia 2 (Cecilia, 1973)

El segundo disco de la poetisa del fatalismo puede atragantársele a más de uno. Es un disco oscuro y nada acomodaticio. Una rareza que cuenta cosas que al seguidor medio de Cecilia van a dejar descolocado. Evangelina Sobredo se sumerge aquí en un exorcismo vital en el que canta al desamor y a la tortura, no solo interior. La autora de "Un ramito de violetas" suena dolorosa y atestigua una profundidad lírica soberbia. "Me quedaré soltera", que iba a dar título al álbum en un principio, resume toda esta angustia. Su poesía abierta y esas cuerdas delicadas se restriegan por la espina dorsal con el helor mortal de la desesperanza. Es la cúspide de uno de los mejores trabajos que se puedan escuchar en nuestro idioma.

Cecilia escribe con decisión y turbada por un dolor que se antoja antiguo y profundo. Ese "me mataría mañana sin pensar en ello" de "Si no fuera porque..." suena tan real que asusta. Ese millón de muertos, tumbas y espectros que anega "Un millón de sueños" aterra. También al decrépito régimen que la llevó a juicio por el mismo. Y eso que no lo tituló como quería, "Un millón de MUERTOS!", como la novela de José Mª Gironella, pero su letra era inequívoca. Ella se justificó declarándola un homenaje a las víctimas de la guerra del Yom Kippur y eso puede que la salvara de la cárcel, pero la verdad es que es difícil no pensar en la guerra civil española cuando se escucha.

"Cecilia 2" tampoco acaba de envejecer bien. Al menos en apariencia. Los manierismos vocales y parte de los arreglos quedan anclados en esos años 70 en los que los músicos españoles iban un poco a rebufo de las últimas innovaciones anglosajonas. A pesar de que Cecilia era claramente cosmopolita con su educación internacional y sus vivencias multilingüísticas. Todo esto trata de volcarlo en las canciones y aunque, como digo, parecen añejas, si nos paramos a escuchar percibiremos ese hálito eterno que impregna sus palabras, la auténtica atracción del disco por encima de los maravillosos arreglos de teclado de Pepe Nieto o la tabla de Abid Hossein.

Este sería el disco menos vendido de Cecilia. No es de extrañar ya que no está pensado para oyentes casuales. Eso lo hace único en su escueta discografía. Sin duda es el disco que nos llega con más fuerza y vigencia de toda su producción. A tres años escasos de su muerte trágica en accidente de tráfico, Cecilia ya había completado un testamento artístico inigualable. La tragedia del abandono prematuro de este mundo queda ampllificada por los acordes proféticos de una obra seca, escueta y estremecedora como pocas. Un tesoro escondido en equilibrio inestable entre lo kitsch y lo abisal. Algo que nadie ha podido, ha querido, repetir. We miss you!


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