miércoles, 12 de agosto de 2015

momentazo #233: magia negra







Led Zeppelin [IV] (Led Zeppelin, 1971)
ROCK
METAL / ROCK & ROLL - hard rock / proto-metal

Resultado de imagen de led zeppelin ivLed Zeppelin IV. El disco. El mito. Es bueno hacer esta diferenciación antes de enfrentarse a la obra magna del que fuera grupo de hard rock por excelencia durante un par de lustros. Tampoco voy a decir que la opinión sea unánime. Nunca lo ha sido ni lo será con el mejor álbum de uno de los grupos más adorados y vilipendiados de la historia. Dicho esto me gustaría aclarar que Led Zeppelin ha caído bastantes peldaños en los últimos años en mi escalafón personal de leyendas.

 Led Zeppelin IV. El disco. El mito. Es bueno hacer esta diferenciación antes de enfrentarse a la obra magna del que fuera grupo de hard rock por excelencia durante un par de lustros

Sin embargo todavía me resulta irresistible someterme a esa carga sexual de la descoyuntada "Black Dog", a ese infierno percutivo y guitarrero de "Rock and Roll" (¿su canción más sencilla? Sin duda de las más efectivas), o a ese mastodonte que es "When the Levee Breaks". Pura dinamita. Y ya lo sé... En el ínterim hay que sufrir las especias algo rancias de "The Battle of Evermore" o el exceso desproporcionado de "Stairway to Heaven". Para bien o para mal, el corazón del disco en todos los sentidos. Suena añeja, ha perdido vigencia (si es que alguna vez la tuvo) y ya no epata como antes. Es cierto que me ha gustado mucho. Incluso aprendí a tocarla con la guitarra (más o menos). Tampoco puedo decir que esté sobrevalorada. Como no puede estar sobrevalorada una obra de Mozart. Lo que sí es cierto es que oyéndola me entran ganas de agarrar la guitarra y desgañitarme al ritmo de "Anarchy in the UK". Contradictoria, linda... Por favor que deje de coronar las listas de mejores canciones de historia.



Disco sólido y rotundo. Fiel reflejo de cómo se hacían las cosas en esos años. Se pulían las mejores melodías de las que uno era capaz y se hacían carne por medio de instrumentistas sobrehumanos. Para ese servicio estaba el martillo mayestático de John Bonham; los devaneos delicados, mántricos o a degüello del hacha de Jimmy Page; el bajo pionero y servicial de John Paul Jones; y la voz andrógina, avasalladora o caricaturesca de Robert Plant. Un lujo. Así, muy pocos peros se le pueden poner a esto.



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