viernes, 28 de agosto de 2015

momentazo #237: vamos jugando a la playa



Surfer Rosa (Pixies, 1988)

Después de un EP volcánico y apasionante llega el puñetazo en la mesa de un grupo llamado a ser mítico. Con unas ideas enraizadas en la independencia más feroz, estos bostonianos llegaron para quedarse con estas catorce canciones. El disco de la gitana se hizo legendario nada más salir. Su portada ya grita una provocación inmediata. Y sus sonidos, hijos bastardos del punk y del pop más irreverente y original en que pensarse pueda, crearon escuela.

Se puede decir que a finales de los ochenta los Pixies estallaron como una supernova desde su formación y no dejaron títere con cabeza. Nada extraño si nos ponemos este disco. Y es que puede que se nos haya olvidado cómo flipábamos con la dicción del que todavía se hacía llamar Black Francis, con esa base rítmica cardíaca y virulenta y con los chispazos más imaginativos que salían de esa máquina de fuegos artificiales que era la guitarra de Joey Santiago. Puede que ya veamos lejos la media sonrisa socarrona que nos sacaban con ese chapurreo en castellano roto, con esas letras que no sabíamos si llamaban a las armas o qué coño pretendían. Hoy sabemos que nada pero que no se nos olvide que eso nunca nos importó.

Pixies, ese grupazo. Cuatro discazos largos y se acabó. Este era el primero y uno de mis dos favoritos. Puede que todo lo que se armó con ellos se nos haya olvidado un poco y que no volvamos a sentirlos como la primera vez. Pero cada vez que pongamos este disco podremos desempolvar el recuerdo. Y en algunos casos la nostalgia llena muchísimo. Aunque ya no sea lo mismo.


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