domingo, 27 de septiembre de 2015

momentazo #243: me cuesta tanto olvidarte



19 días y 500 noches (Joaquín Sabina, 1999)

Ni era un recién llegado, ni estaba en su máximo apogeo vital. Por eso no deja de ser sorprendente el discazo que se marcó un Sabina ya madurito con esta obra. Su duodécimo disco en estudio apabulla por acumulación y precisión lírica. Es el disco que merecía un artista no siempre bien ponderado por la crítica y el público. Por populachero siempre ha irritado a los popes del buen gusto a la vez que era adorado por la masa. Por su afición al ripio y la rima trasnochada ha sido y es frecuentemente denostado. Pues contra todo pronóstico, y aunque suene pretencioso, decir que con "19 Días y 500 Noches" reinventa el maridaje entre literatura y música popular no es pasarse en absoluto.

En esta obra Sabina respira como Sabina y canta como Sabina. Bueno, más que cantar cuenta y lo hace como nunca porque este disco es uno de esos pocos que merecen ser escuchados por lo que narran. En su colección de historias hay espacio para lo crepuscular, el ajuste de cuentas, los ritos del amor y el desamor y alguna que otra memez, seamos inquisidores. No se me ocurre sustantivo mejor para describir algo como "Como te digo una 'co' te digo la 'o'". Puede que sea inteligente y curiosa y como ejercicio de estilo es magistral, pero soportar ese recitado sobre base chunda-chunda durante más de ocho minutos no lo veo justificable.


Solo es un detalle, que aunque feo, no consigue tapar la potencia de unos versos en los que Sabina aspira a dejar pátina en una escena, lo sabemos, demasiado analfabeta. Lo tenía fácil, por tanto, pero no restemos méritos a este ejercicio de liberación. Aunque tampoco sea perfecto. Arrastra los numerosos tics que el de Úbeda ha ido cargando en su saco durante años. No todo lo que cuenta es igual de importante, ni igual de atinado, ni igual de ferozmente hermoso. Pero decidir no embadurnarlo de brillantina se demuestra todo un triunfo.

No veo este disco como una obra de acabado cuidado y lujoso. Más bien es un ensamblaje tosco y brutal donde la voz no intenta ser melódica, sino rota y raída como un trapo viejo. Es un armazón rudimentario donde los arreglos y la melodía no tratan de superarse sino que se complementan de manera sencilla y sin pretensiones. Puede que no sea lo que el oyente casual prefiera aún contando con el pelotazo de la canción titular. No lo sé. Solo sé que es el único disco de Sabina que necesito, pero eso sí, ¡cómo lo necesito!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

la interzona #58: polinesia



Good God's Urge (Porno for Pyros, 1996)

Perry Farrell y sus obsesiones. Led Zeppelin y el rollo oriental. Los chakras y el alarido. Seis años después de finiquitar la magnificencia de Jane's Addiction, entrega la segunda parte de su nuevo proyecto. Con un título tan místico como inasible nos abofetea con este rock especiado, fresco y sugerente como la diosa de la portada.

El segundo de Porno for Pyros es un paso más en ese rock arty que el angelino de adopción siempre practicó. Quítenle la furia eléctrica que Jane's Addiction le proporcionaba y se queda un tuétano muy jugoso y de sabor exótico. Las colaboraciones de relumbrón suman, aunque no por ello esto deja de ser un disquito pretencioso que no acaba de despegar.

Aún así, puede que consiga engancharte, aunque no sea su misión. Farrell esparce las piezas por el suelo sin orden ni concierto y te atosiga mientras tratas de formar algo coherente con ellas. Así no hay quien disfrute. Y eso que todo aquí está bañado en esa luz tan hermosa que siempre ha emitido el vocalista. Una luz que puede volverse cegadora como un flash para subrayar el estruendo de una belleza tan prístina como irritante. Exactamente igual que la voz de Perry. El ladrido dorado de un ángel turbio algo perdido en sus benditas ínfulas.


domingo, 13 de septiembre de 2015

momentazo #242: kilos de hipnosis



Un gramo de fe (Pony Bravo, 2010)

Pony Bravo se intuían únicos. En sus inicios ya afloraba esa originalidad que los hacía destacar del resto. Tuvo que llegar "el difícil segundo disco" para confirmar una intuición que ya sabíamos que era ganadora. Si cuando empezaban apelaban a los popes de la movida y el rock andaluz como sus principales influencias, en este segundo disco dejan entrever la potencia con la que bandas y sonidos de otros lares les han impactado.

En este suculento "Un gramo de fe" conviven en perfecta armonía la disonancia y el ritmo obsesivo, el caos y la repetición, el mantra y el humor obtuso. El decidirse por el castellano les sienta de lujo y la colaboración de Za! es alucinante. Son dos detalles que podrían parecer nimios y resultan clave. Con las ideas claras y la libertad a todo trapo se inventan un krautrock andaluz que no hace ascos ni al free jazz, ni a la influencia africana/latina/oriental, ni a los ritmos pseudotecno más bailables.

Se veía venir. El segundo álbum de los sevillanos es un discazo. Puede que al principio nos resistamos a dejarnos seducir por la repetición de sus proclamas aparentemente simplistas y sin sentido. Tampoco voy a decir que la espesura gomosa del dub sea lo más refrescante del mundo, pero es que tampoco estamos ante un grupo pop de masas. Que se encuentren como pez en el agua asociándose con ínclitos como los mencionados Za! deja claro que no son amigos de lo fácil. Prefieren lo perdurable, aunque eso conlleve tener que dedicarle tiempo y un esfuerzo que, no lo duden, será largamente recompensado.

sábado, 12 de septiembre de 2015

momentazo #241: la magia no está muerta



Año santo (Triángulo de Amor Bizarro, 2010)

Su segundo disco es una vuelta de tuerca más viciosa, mas oscura y más furiosa que su debut. Y eso que parecía difícil. Ya que no cuentan con el efecto sorpresa se afanan en un ataque frontal blindados por la producción sin fisuras de Paco Loco. El sonido es tan brutal que anula nuestra capacidad de reacción y eso lo hace perder a los puntos con un primer disco más dinámico. Aunque no tengo tan claro que se pierda más de lo que se gana.

Este post-punk saciará al más ávido de brebajes sulfúricos. Aunque se les noten a la legua sus deudas, con una mención especial para Suicide en ese homenaje sin tapujos que es "Super Castlevania IV". Aunque el disco te mantenga con los ojos abiertos en una alerta que solo se relajará cuando llega el silencio. No llega ni a la media hora pero el segundo de Triángulo es una experiencia árida sin un momento de respiro. Hasta las canciones más pop están cargadas de una tensión casi insoportable. Estos gallegos exudan rock por cada poro y este disco es un espectáculo no apto para todos los públicos.

martes, 8 de septiembre de 2015

momentazo #240: intimidad intimidante



Closer (Plastikman, 2003)

Richie Hawtin oscurece la paleta hasta la nada y ofrece una obra blindada y brutal. "Closer" es un título sugerente y misterioso, porque ¿de qué estamos más cerca tras someternos a él? ¿Del tuétano de nuestra psique? ¿Del abismo? "Pregúntate a ti mismo", "no lo sé"... el señor Hawtin no quiere ponérnoslo fácil en una obra que se despliega majestuosa con un minimalismo absolutamente atroz.

"Closer" insinúa y ofrece una intimidad que encontramos en sus texturas casi físicas. Está preñado de unos sonidos imposibles que nos sugieren cosas rotas y que parecen hacer vibrar las membranas de los altavoces de manera antinatural. No es esta una intimidad sana como la que puedes tener con quien más quieres. Es una intimidad asocial y masturbatoria, un túnel siniestro del que no vemos el final y donde la melodía ha sido abducida sin remedio.

Este disco de tecno tétrico y duro como un búnker se nutre de pasajes inhóspitos y ariscos que asedian por repetición y alevosía. El quinto disco de Plastikman recoge todos los postulados que han hecho grande al músico canadiense. Descorazonador y adictivo por igual, lo encuentro más que interesante. A pesar de ser un vórtice frío y monocromo no apto para todos los públicos.

No estás invitado a entrar. No te quejes si sus zarpas metálicas no te dejan salir después.

"Es por mí que se va a la ciudad del llanto,
es por mí que se va al dolor eterno
y el lugar donde sufre la raza condenada,

yo fui creado por el poder divino,
la suprema sabiduría y el primer amor,
y no hubo nada que existiera antes que yo,
abandona la esperanza si entras aquí"


(Dante Alighieri, "La Divina Comedia")

lunes, 7 de septiembre de 2015

tótem #80: si el hombre es el 5...


Álbum: Doolittle
Artista: Pixies
Año: 1989
Productor: Gil Norton
Sello: 4AD 

01  Debaser





02:52
02  Tame





01:56
03  Wave of Mutilation





02:05
04  I Bleed





02:35
05  Here Comes Your Man





03:22
06  Dead





02:21
07  Monkey Gone To Heaven





02:56
08  Mr. Grieves





02:06
09  Crackity Jones





01:24
10  La La Love You





02:44
11  No. 13 Baby





03:52
12  There Goes My Gun





01:50
13  Hey





03:31
14  Silver





02:25
15  Gouge Away





02:45

¡Qué difícil resulta encontrar las palabras exactas! Sobre todo para describir el gozo supino. Y eso es lo que consigue provocar este clásico de pop acorazado, de punk sin fisuras. El pináculo definitivo de la banda de los 80 y de los 90. Es lo que tiene dominar el yermo terreno de nadie. Es lo que tiene ser dueños de la melodía agreste y del desgarro algodonado, de las canciones sin solos pero llenas de matices que las hacen frescas a cada nueva escucha. Un planeta por descubrir cada vez que se explora. Resulta regocijante poner este disco y tumbarse, gritar, saltar, no parar quieto un instante.

Los Pixies lograron hacerse un nombre que causa un respeto y una devoción casi religiosos. Y lo hicieron a golpe de canciones enormes y discos angulosos y carnales. Con poco sentido lograron expresarlo todo. Un maremagnum de potencia y adhesión incondicional. Todo eso lo elevaron al cielo en una obra tan imperfecta como inmejorable. Es lo que tiene el apego emocional. El GOZO en un clásico que ya es eterno...

"¡Si el diablo es el 6...
Entonces dios es el 7!"

 
Curiosidades

-  El disco, considerado ampliamente como la obra maestra de Pixies, iba a llamarse en principio Whore. Al final el título no encajaba con la portada por lo que se decidieron por Doolittle, sacado de la letra de la canción "Mr. Grieves".

- Parece que fue durante la grabación y gira de este álbum cuando la fricción entre Black Francis y Kim Deal hirió al grupo de muerte. Francis limitó la participación y el peso de su compañera en el grupo de tal forma que en los dos discos posteriores (y últimos) él se encargaría de la composición y la voz principal de todas las canciones.



trick or trick? #59: menudeo en b



Black Market Music (Placebo, 2000)

Refinan la melancolía que soltaran sin tratar en el disco anterior y entregan un disco pimpante que podría haberse situado sin problemas en la cima de sus "tesoros". El problema es que al llegar al final nos deja la misma sensación que "Without You I'm Nothing" (98). Y eso lo lastra irremisiblemente.

Sigue habiendo momentos rabiosos. Menos, pero mejores. Así, "Days Before You Came" puede ponerse al lado de "Brick Shithouse" del anterior. Toman la fuerza del debut y la producen para que se oiga todo.

En cuanto al lado opuesto, como digo, encuentran una forma más personal de tratar la oscuridad. Le meten electrónica ("Taste in Men") o angustia ("Haemoglobin") y el resultado tiene un brillo mate como de adamantio sucio. Difícilmente podrán superar esto. Si no por bueno, por falta de capacidad. Después de tres discos… Es para estar seguro.

domingo, 6 de septiembre de 2015

viernes, 4 de septiembre de 2015

trick or trick? #58: ni contigo ni sin ti



Without You I'm Nothing (Placebo, 1998)

El difícil segundo disco. El de los hallazgos y la puesta de largo de una propuesta cuando menos interesante. Es cierto que poco más se le puede pedir a este pop que queda anquilosado en la parte final de un trabajo que quiere ser demasiado. Si se hubieran quedado en los descubrimientos de "Pure Morning", "Brick Shithouse", "You Don't Care About Us" o la impresionante pastillita pop "Every Me, Every You" y hubieran ahondado en esa llaga, estaríamos hablando de su obra maestra. Por desgracia decidieron ampliar la paleta con piezas melancólicas y "oscuras" de dudosa valía más allá de "la-cancioncilla-que-toco-para-mi-grupo-de-amigos". Ellos las apreciarán, sin duda. El público neutral... Como mucho al principio.

jueves, 3 de septiembre de 2015

la interzona #57: el niño-muñeca




Placebo (Placebo, 1996)

El primer álbum. Todo urgencia, todo bisoñez. Parte encanto, parte irritación. Pop venenoso que en el páramo de la mitad de los noventa sonó más auténtico de lo que el tiempo es capaz de concederle. Canciones soltadas con la energía adolescente, la rabia infantil de unos chicos que querían llegar para quedarse. Tienen valor. Incluso se disfruta de vez en cuando. Pensé que era el mejor disco de ese año. Luego, el mejor de ellos. Más tarde... Ni siquiera estoy seguro de eso.

Guitarras nerviosas que punzan los nervios... Pero que pierden su efecto muy pronto.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

decíamos ayer...


http://laranra-ojosyorejas.blogspot.com.es/2011/04/gigantes-13-nobleza-indie.html

tótem #79: el ardor


Álbum: Rid of Me
Artista: PJ Harvey
Año: 1993
Productor: Steve Albini
Sello: Island

Así suena el desgarro. El deseo y el orgullo de una fiera que los convencionalismos querrían encerrar bajo siete candados. No había pasado ni un año desde "Dry" (1992) y PJ Harvey revienta todas las previsiones con una obra maestra de rock crudo como el bistec más sangriento. Este sonido primitivo y sin adulterar viene servido por todo un gourmet como Steve Albini. Un trofeo más a colocar en su vitrina de clásicos irreprochables.

Es gracias a esta falta de aditivos por lo que "Rid of Me" sigue tan crujiente como el primer día. Y gracias a la valentía de una artista al límite de la expresión, capaz de volcar en sus letras sus frustraciones, sus denuncias y su deseo. El disco es de una sexualidad que erupciona en cada gorgorito y cada gemido de guitarra. Un disco que mostró sin tapujos la rabia, la angustia y también la fuerza y la relevancia de ese lado oculto del rock en el que la mujer se limitaba, salvo excepciones, a mantenerse en un lugar más bien decorativo. Ya había habido movimientos de revuelta femenina, ya teníamos a Patti Smith y a algunas otras, pero Polly Jean toma el discurso de esta última y lo llena de púas con versos que hablan de reafirmación y aspiran a la poesía hermética de Dylan o Captain Beefheart.

De estos toma su estilo decidido y personal. Y también el beso negro del blues con el que fabrica piezas de una hondura abisal. Más que Nirvana, el grunge o Sonic Youth, encontramos aquí el eco de John Lee Hooker y Howlin' Wolf. Un eco bañado en progesterona, sangre menstrual, electricidad y violencia. En su pavoroso segundo disco la Harvey emitió su aullido más mortífero. Espectral y carnal a la vez, como una banshee vestida de licra y tacón de aguja.

Curiosidades

- "Me sorprendió la reacción positiva hacia Rid of Me. Me gustaba pero pensaba que era un... álbum muy difícil. Creí que a la gente que tenía el primer disco no le gustaría." (PJ Harvey)

- "Ningún otro artista británico está explorando el lado oscuro de la naturaleza humana de forma tan agresiva, así como su ilógico humor negro; ningún otro artista británico posee el nervio, no digamos el talento, para conjurar esta banda sonora". (Melody Maker)


- "Al principio lo que oyes te deja atónito, pero vuelves a ello hasta que se implanta en tu conciencia". (John Peel)


momentazo #239: corazón de tiza



White Chalk (PJ Harvey, 2007)

Volátil y sencillo como la tiza que le da título, este disco supone un nuevo amanecer para la de Dorset. He dicho sencillo y quizá no sea el mejor adjetivo que lo describa porque esconde una nueva complejidad, demasiado sutil para que se aprecie a simple escucha. La complejidad que aqueja a toda reinvención. Como tal tiene sus riesgos, y no digo que esta sea perfecta, pero sí que es válida y personal. También intensa, porque dentro de ese supuesto sonido acariciante se esconde la misma perversidad, el mismo deseo malsano, la impudicia... Todo lo que ha hecho grande a Polly Jean. Ha cambiado la guitarra por el piano en un movimiento que, aunque podía emparentarla en principio con su (¿ex?)adorado Nick Cave, ha resultado un viaje inmaculado a la expresión de su personalidad incomparable.

Juegos vocales en un disco que juguetea con la experimentación de "Is This Desire?" (98) pero la desnuda y concreta esa abstracción que flotaba en el mismo. La concreción, eso sí, da resultados brumosos y melodías transparentes pero esquivas. La marca de la casa.


Nanas maravillosas que necesitan varias escuchas para florecer en tu alma con una sensación de eterna insatisfacción. Nunca acaba de entenderse del todo, y eso puede resultar molesto... O maravilloso. Mucho disco para muchos años.