domingo, 29 de noviembre de 2015

tótem #82: ¡no tienes lo que hay que tener!

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Álbum: It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back
Artista: Public Enemy
Año: 1988
Productor: Rick Rubin / Chuck D / Hank Shocklee
Sello: Def Jam / Columbia

01  Countdown To Armageddon





01:40
02  Bring the Noise





03:46
03  Don't Believe the Hype





05:19
04  Cold Lampin' with Flavour





04:17
05  Terminator X To the Edge of Panic





04:31
06  Mind Terrorist





01:21
07  Louder Than a Bomb





03:37
08  Caught, Can We Get a Witness





04:53
09  Show 'em Whatcha Got





01:56
10  She Watch Channel Zero?!





03:49
11  Night of the Living Baseheads





03:14
12  Black Steel in the Hour of Chaos





06:24
13  Security of the First World





01:20
14  Rebel Without a Pause





05:02
15  Prophets of Rage





03:18
16  Party for Your Right To Fight





03:25
 
El segundo álbum de Public Enemy es un ataque frontal contra lo establecido. Te lo dicen claramente, "in your face". Con todo el arsenal del Bomb Squad. Bombos demoledores, bajos cataclísmicos, lírica de combate. Chuck D y Flavour Flav te leen tus derechos sobre una base restallante que hace de la agresión arte.

Es complicado encontrar palabras que hagan justicia a la obra más absoluta de los neoyorquinos. "It Takes a Nation of Millions..." sobrevivió a todas las dificultades y se ha encaramado a un altar del que nadie podrá bajarlo jamás. Desde nuestra mentalidad de blanquitos burgueses jamás podremos ponderar con justicia el poder de estas diatribas. Me imagino que este disco debe ser para una afroamericano como el "London Calling" o el "Revolver" para nosotros. Una obra definitiva, fundacional, inspiradora y eterna.

Y entre lo que me imagino y lo que sé puedo afirmar que esta obra tiene un aura indestructible. La que se ha creado a base de contundencia sónica, verbo venenoso y rotundidad absoluta. Cada alabanza que coseche será merecida. Por cómo te deja aplastado contra el sillón mientras suena, por cómo nos maravillamos ante esas bases preñadas de funk, rock y futurismo, por cómo fue el primero en elevar el sampler a la categoría de arte mayor. James Brown, estoy seguro, estará orgulloso de pasarle el testigo a un grupo que demuestra aquí estar preparado como ninguno para recogerlo.



Public Enemy es sin duda el combo de rap más tremendo que haya existido. Gracias a obras como esta en la que supieron catalizar el sentimiento y la frustración de toda una raza, un pueblo perseguido y lleno de contradicciones que encontró la salida a su escozor en un disco que es mucho más que una grabación. "It Takes a Nation of Millions..." es un retrato estremecedor, una crónica a pie de calle, un estilo de vida. Y también una excusa perfecta para maravillarse ante el alcance de la creatividad humana.

Curiosidades

-  Con este disco parece que los neoyorquinos trataron de crear el equivalente del What's Going On (Marvin Gaye, 1971) para el hip hop. Con él comparten la fuerte denuncia social aunque, como es lógico, transformaron la sutileza melódica del modelo en virulencia sónica y verbo de combate.

- Parece que todo lo que rodea al disco fue agresivo, rápido y extenuante. La prueba está en que sólo necesitaron seis semanas para completarlo. Todo un récord para un disco que se jacta de ser la biblia del collage y el sampler. De chinos.

- "Years of saved-up ideas were compiled into one focussed aural missile." - Chuck D.

- "Droning feedback, occasional shards of rock guitar, and James Brown horn samples distorted into discordant shrieks back the political rhetoric of lead rapper Chuck D and the surreality of Flavor Flav". - Peter Shapiro.

- "It's this feeling of constant motion, of organised chaos, that makes Nation of Millions the perfect marriage of medium and message". - Dorian Lynskey


sábado, 28 de noviembre de 2015

momentazo #253: lluvia dorada



Purple Rain (Prince, 1984)

Pop, rock, funk y hasta metal rebosan en la obra más famosa de Prince. "Purple Rain" es el santo grial para el no iniciado, el motivo perfecto para entrar en la secta, el disco que convencerá al más incrédulo. Para mí no es su obra maestra, e incluso me cuesta colocarlo inmediatamente detrás del mayestático "Sign 'O' the Times" (1987). Subjetivamente al menos, porque comparado con su rival, "1999" (1982), reconozco que este es más concreto, más directo y más brutal. Los tres mencionados empatan en eclecticismo pero este gana en frescura y cercanía por el simple hecho de no ser doble.

"Purple Rain" es la banda sonora de la película del mismo nombre. Un artefacto fílmico hortera y naif hasta la arcada que tiene su valor en la música que le da sentido. La que se incluye en estos escasos tres cuartos de hora. Toda una lección, una más, del poder de Prince como instrumentista, vocalista y compositor. Nuestro negrata favorito imparte magisterio constantemente a lo largo de un periplo turgente, voluptuoso y de una frondosidad selvática. Los teclados y sonidos sintéticos que arman su funk suenan ochenteros cosa mala y sin embargo nos llegan a nuestros modernos oídos como lo más "in" del momento. Es lo que tiene cuando creas maravillas atemporales como "The Beautiful Ones", "When Doves Cry", "Baby, I'm a Star" o "Purple Rain".



Con este disco existe la tentación de quedarse en el soniquete de la canción que lo cierra. Vale, es la más famosa, cuando te sumerges en ella no te deja salir, y es increíble. Qué poco pueden durar ocho minutos, ¿verdad? Es muy tentador pensar que es lo único que necesitamos de esta obra maestra. Un pensamiento que se volatiliza al instante. Porque el sexto disco de Prince es un asunto muy serio. A veces ocurre. Lo que nos cuentan resulta ser tan bueno como parecía.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

momentazo #252: orgía estelar



1999 (Prince, 1982)

Prince se destapa con un quinto album de título futurista como la música que lo puebla. Alegoría de soul floreado o dechado de synth-funk, "1999" es quizás la primera obra definitiva del de Minneapolis. Un trabajo que desborda carnalidad a pesar de toda su armadura sintética.

En este disco nos encontramos un anuncio del Prince definitivo de "Sign 'O' the Times" (1987). Con su formato doble, sus largos desarrollos, sus gemidos y su absolutismo melódico, el geniecillo se monta un fiestón de órdago y redondea un trabajo orgiástico que homenajea sin tapujos a los Parliament de George Clinton, al demonio de Jimi Hendrix e incluso a la obsesión metalizada de Kraftwerk.

Es esta una obra de auténtico lujo asiático ya desde su bonita portada. En una distribución epatante, nuestro principito nos golpea con una introducción a tumba abierta que nos deja sin capacidad de reacción. Me refiero a la terna inicial, que sin ser perfecta, es un ejemplo magistral de cómo empezar un disco. Una vez metidos en faena se hace irremediable gozar de joyas como "D.M.S.R." que parece no acabar nunca, ni falta que hace, la hermosa "Free", la inagotable "Lady Cab Driver", la electrificada "All the Critics Love U in New York" o ese bellezón retorcido que cierra bajo el título de "International Lover".

"1999" no puede ser engullido de un bocado. Es demasiado grande para digerirlo bien. Es un disco que necesita cariño y predisposición. Un álbum que engaña. Puede parecer que lo hemos entendido a la primera, pero sólo hemos captado su capa más externa. Con las escuchas parece que se anquilosa y que en realidad no era para tanto. Y de repente un día se nos mete en la piel para siempre. Sí, este es uno de esos que merece cada segundo que le dediques. Y no hay tantos así.

viernes, 13 de noviembre de 2015

momentazo #251: después del diluvio


And the Ass Saw the Angel (Nick Cave, 1989)

Nick Cave, el músico, el poeta y aquí el novelista irredento. De manera tan sorprendente como rigurosa construye todo un clásico del gótico sureño que invoca claramente a Faulkner y lo baña en la sangre de su propio malditisimo. El tremendismo que brota de la religión, de esa secta inventada, no puede ser más real. Religión, fanatismo, marginación, vida y muerte aparecen aquí en su máxima expresión.

Pocos podíamos imaginar que el rockero australiano fuera capaz de superar lo anecdótico y digerir sus influencias sin sonar pretencioso, sin ofrecer un sencillo ejercicio de estilo en imitación de los grandes. Con "Y el asno vio al ángel", Cave se erige como creador personal y reclama su espacio dentro de la literatura seria. A pesar de su hipertrofia expresiva, o gracias a ella, consigue conjurar un espacio imaginario que, salvando las distancias, nos puede recordar a otros que ya están en la mitología norteamericana. En su Yoknapatawpha particular lo desviado no es bienvenido y cualquier conato de ruido se enfrentará a la furia más extrema. Prepárate a ser tragado por el barro de la moral, la tradición y el alcoholismo.


‘And the crows – they still wing, still wheel, only closer now – closer now – closer to me. These sly corbies are birds of death. They’ve shadowed me all mah life’

jueves, 12 de noviembre de 2015

la interzona #63: tremendismo digital



Evil Heat (Primal Scream, 2002)

Mantienen el sonido agresivo del disco anterior y lo llenan de psicodelia e incluso blues para seguir machacándonos con su punk electrónico entre la mística y la sangre. "Evil Heat" podía haber sido mucho más, aunque no nos engañemos, ninguno lo esperábamos. Quizá toque ser duro y exigente al abrigo de la seguridad que da el saber que no se puede entregar nada que se acerque a XTRMNTR (2000). No de manera tan inmediata al menos. Y aunque quizás sea lo que pegue, no deja de significar que aceptamos los prejuicios y los espoleamos.

Un disco tan agotador como el mencionado no puede permitir que gocemos como lo hacemos con pelotazos como "Miss Lucifer", "Detroit", "Rise, "The Lord Is My Shotgun", "City" o "Skull X". Y sin embargo lo hacemos. Mirando de reojo al padre, para constatar que no se molesta, disfrutamos de las cabriolas y los juegos de su hijo. Todo con la ceja enarcada y esa oscura satisfacción que da comprobar que nuestros recelos estaban fundados. Ni la rotundidad de las anteriores es novedosa ni la clase media de las no mencionadas logra llenarnos. Y eso que en frío podemos decir que ofrecen motivos más que suficientes para hacerlo. ¡Qué cabrones que somos algunos!

martes, 10 de noviembre de 2015

la interzona #62: rednecks on acid



Pork Soda (Primus, 1993)

"Pork Soda" podía haber sido el mejor disco de Primus. Así lo atestigua un grupo de temas que está entre lo mejor que saliera de la mente enferma de Les Claypool. "My Name Is Mud", "Welcome to this World", "Bob", "DMV", "The Pressman" y "Mr. Krinkle" estarán en cualquier grandes éxitos que saque la banda. Su alma circense apela a la vez a la carcajada y a la admiración más absolutas. Son bombas rítmicas hilvanadas con la locura y la precisión de unos psicópatas del ritmo.

El problema, una vez más, es la autoindulgencia o la falta de visión. El exceso de experimentación alarga el disco hasta extremos injustificables y transforma lo que pudo ser el santo grial en un asunto pedregoso y de difícil digestión.


"Pork Soda" es la locura llevada al límite. El documento que da fe de la imposibilidad de contener las ínfulas de un líder sobrepasado por su propia creatividad. No creo que Claypool sea un genio, solo un magnífico instrumentista con un mundo interior propio que se empeña en volcar en sus discos como puede. Esto es, como un vómito expresivo al que le sobra personalidad y le falta criterio. Dicho esto desde el cariño, claro.

domingo, 8 de noviembre de 2015

momentazo #250: ¡mmm, queso!



Sailing the Seas of Cheese (Primus, 1991)

Cima en su sonido. Difícil superar la adicción rítmica de bombazos como "Jerry Was a Race Car Driver", "Is It Luck" o la mayestática "Tommy the Cat". No tiene los "hits" de su predecesor pero sí una factura más convincente, más rotunda y más primitiva. James Brown aprobaría este entregarlo todo al ritmo por encima de cualquier consideración melódica. Para mí es lo mejor que han hecho junto a la primera parte de "Pork Soda" (93). En su disco punk siguen abrazando lo progresivo pero valiéndose de temas más monocordes y aparentemente simplones. Y siguen jugueteando con el funk-rock en puras cabalgadas rítmicas de una nota, eso sí, a todo trapo. La impresión que dejan es extenuante. Esa incómoda sensación de que no acabas de captar los entresijos de un trabajo que nunca podrá dejarte completamente satisfecho.


Por otro lado, el disco también se convierte en la prueba irrefutable de la imposibilidad del grupo en entregar una obra maestra. Con planteamientos tan bizarros y dispersos eso no es posible. Tampoco es que importe demasiado. Sobre todo al abrigo de los temas señalados y algún otro. Y cuando se ponen bizarritos… Bueno, todo depende de tu estado de ánimo. Un disco que vence a los peros y merece mucho la pena.

"Say baby do you wanna lay down by me?"
… Difícil resistirse.

sábado, 7 de noviembre de 2015

la interzona #61: fritanga



Frizzle Fry (Primus, 1990)

Es difícil describir el sonido de esta banda. Está lleno de referentes claros, pero los han combinado a su modo. Y les ha salido una cosa que podrá gustar más o menos pero no se le puede negar que es original. Ahí se perciben aromas funk-metal, riffs setenteros e incluso bluesy, algo de jazz y toques de rock progresivo. Claro que todos los estilos están integrados entre sí por un cachondeo que no ayuda a tomarse en serio a esta banda y que los hacen casi indescifrables. El cerebro de la misma, Les Claypool, siempre se ha declarado marxista, pero de Groucho y no de Karl. Y siempre ha sido un grupo que veneraba a sus influencias.

Con la ya mencionada vena humorística y el resto de referentes se las apañan para estrenarse en el estudio con un disco de rock poderoso. Estas canciones estaban más que puestas a prueba en directo como demuestra el disco anterior y están plenas de una fuerza bizarra. Una potencia que no parece convencional. Porque la fuerza de este rock no hay que buscarla en lo grueso de la distorsión, ni en la guturalidad del cantante. Es otra cosa la que hace poderoso este sonido. Esa cosa que bulle en unas canciones tensas como cuerdas de arco gracias a esos ritmos truncados y frenéticos, los chispazos mágicos de un psicópata del bajo llamado Les Claypool y los no menos sobresalientes devaneos de sus lugartenientes Herb y LaLonde.

¿Y es esto suficiente en uno de sus mejores discos? Bueno, al menos es más que decente y disfrutable. Por definición les será imposible facturar una obra maestra, así que este es uno de los que deberías tener si estás interesado en esta banda. La clase media es necesaria.

viernes, 6 de noviembre de 2015

momentazo #249: tú tienes el dinero, yo el alma



XTRMNTR (Primal Scream, 2000)

Si "Screamadelica" mostró el lado hedonista y despreocupado de la electrónica, este "XTRMNTR" muestra otra faceta de la misma. Mientras el primero nos sume en un contoneo aletargado y lisérgico, este se presenta agresivo y acerado como una cuchilla. Los dos tienen en común más de lo que parece. Alargan la fiesta cuando la mayoría habría parado. Y, lo más importante, son dos discazos de agárrate y no te menees.

Justo cuando parecía que el grupo tenía ya poco que ofrecer erupcionan una vez más con una rabia y una violencia sónica inesperada y noqueante. Este es el disco que marca a fuego su abandono del placer en pos de un posicionamiento político irreductible. No es un secreto la inclinación del grupo y su líder Bobby Gillespie hacia los más débiles. Llamémoslo izquierdismo, radicalismo o humanidad, pero está claro que bombazos como "Swastika Eyes" cobran todo su sentido con estas premisas. Lo mismo que "Kill All Hippies", "Accelerator" o "Exterminator", verdaderas joyas de ruído, perturbación y tecno chungo.

Incluso las remezclas finales tienen sentido y encandilan, y esto, viniendo de un enemigo acérrimo del remix, quiere decir algo. Amigos, no lo duden, una de las obras esenciales del cambio de siglo. Posiblemente la última obra maestra de una banda increíble.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

la interzona #60: ¡chúpate esa!



Suck On This (Primus, 1994)

Estreno en directo que adolece de cierta frialdad a pesar de su pegada. Pegada que se relaciona con lo bien que tocan y lo bien que lo hacen juntos, y con la extraordinaria tensión que exuda la obra. Podemos verlo como una puesta a punto para su primer disco de estudio, "Frizzle Fry" (90). Todo está, como digo, muy bien tocado, la banda está perfectamente engrasada, bien. Sin embargo, toda esa profesionalidad deja poco para el desbarre que se espera en un concierto de estos "descerebrados".

Confiar todo a la magia de los dedos de Claypool y LaLonde y a los brazos cataclísmicos de Alexander puede parecer una garantía. Y hasta cierto punto lo es. Lo es como gran introducción al sonido personal del grupo, esa combinación de funk obtuso, metal freaky y jazz atolondrado. Otra cosa es querer que un recorrido de más de cuarenta minutos por los desvaríos de psiquiátrico del trío se convierta en algo 100% entretenido. Me temo que no lo es. Buenos momentos, buenas maneras y poca emoción. Estrenos en directo ya los hicieron antes MC5 o Jane's Addiction. Y esa losa pesa.


En realidad, y para hacerles justicia, tampoco es que todo esto importe tanto porque al final el disco es tremendamente sólido y hasta convincente. Esto es una banda de directo y siempre es loable cualquier planteamiento mínimamente arriesgado. Admitamos que no es demasiado común estrenarse con un disco en directo. Y hacerlo con éxito está solo al alcance de algunos grandes. Primus no llegan a ese estatus pero podían permitirse el reto porque, sencillamente, tenían muy poco que temer. Así queda patente en este aperitivo que les queda bastante sabroso. ¿Excelente incluso? No lo sé, lo reconozco.

domingo, 1 de noviembre de 2015

la interzona #59: eco, ecoooooooooooo!!!!!!!!



 

Echo Dek (Primal Scream, 1997)

Remezclas con gracia de temas de "Vanishing Point" (1997). Adrian Maxwell Sherwood lleva a cabo una deconstrucción del disco madre apenas unos meses después de su edición. Su objetivo, un magma obsesivo de dub con leves pinceladas jazz y funk que arroja un resultado denso e intrigante. Creo que era lo que perseguía. Cada cual que otorgue a esta obra la valía, enjundia y pertinencia que crea conveniente. Eso sí, malo no es.

momentazo #248: cuarto creciente



Entre el cielo y el suelo (Mecano, 1986)

Cuarto disco de una carrera frenética. El momento culminante para un grupo que a pesar de todo puede llamarse único. "Entre el cielo y el suelo" supone la sublimación de una forma de ver el pop. La urgencia y la ingenuidad adolescente les queda un poco lejos ya, aunque da sus últimos coletazos en pildorazos hormonados que agitan un trabajo de tono maduro, sereno e inteligente.

La médula espinal de esta obra es una parte esencial de nuestra historia. Los tres temas que todo el mundo conoce son los momentos clave no solo del disco, sino quizás de todos los 80. Por más que las escuchemos no podremos cansarnos de sus múltiples detalles. Su eternidad nos subyuga con sus historias trágicas y perfectamente narradas, con ese crescendo de cuerdas majestuoso en "Hijo de la luna", ese piano mágico en "Me cuesta tanto olvidarte" o ese estribillo estremecedor en "Cruz de navajas". Tres canciones que elevan a José María Cano directamente al altar de los clásicos.


A estos tres momentos impagables habría que equiparar las algo más leves pero igualmente disfrutables "Ay qué pesado", "Esta es la historia de un amor" o "No es serio este cementerio". Ejemplos que muestran el monstruoso estado de forma de los madrileños. Piezas que van sumando y hacen que te olvides de otros temas no tan buenos que no acaban de dañar el estatus de un disco legendario. O no lo que en principio deberían. Cima. ¿Y a partir de aquí?...