miércoles, 25 de noviembre de 2015

momentazo #252: orgía estelar



1999 (Prince, 1982)

Prince se destapa con un quinto album de título futurista como la música que lo puebla. Alegoría de soul floreado o dechado de synth-funk, "1999" es quizás la primera obra definitiva del de Minneapolis. Un trabajo que desborda carnalidad a pesar de toda su armadura sintética.

En este disco nos encontramos un anuncio del Prince definitivo de "Sign 'O' the Times" (1987). Con su formato doble, sus largos desarrollos, sus gemidos y su absolutismo melódico, el geniecillo se monta un fiestón de órdago y redondea un trabajo orgiástico que homenajea sin tapujos a los Parliament de George Clinton, al demonio de Jimi Hendrix e incluso a la obsesión metalizada de Kraftwerk.

Es esta una obra de auténtico lujo asiático ya desde su bonita portada. En una distribución epatante, nuestro principito nos golpea con una introducción a tumba abierta que nos deja sin capacidad de reacción. Me refiero a la terna inicial, que sin ser perfecta, es un ejemplo magistral de cómo empezar un disco. Una vez metidos en faena se hace irremediable gozar de joyas como "D.M.S.R." que parece no acabar nunca, ni falta que hace, la hermosa "Free", la inagotable "Lady Cab Driver", la electrificada "All the Critics Love U in New York" o ese bellezón retorcido que cierra bajo el título de "International Lover".

"1999" no puede ser engullido de un bocado. Es demasiado grande para digerirlo bien. Es un disco que necesita cariño y predisposición. Un álbum que engaña. Puede parecer que lo hemos entendido a la primera, pero sólo hemos captado su capa más externa. Con las escuchas parece que se anquilosa y que en realidad no era para tanto. Y de repente un día se nos mete en la piel para siempre. Sí, este es uno de esos que merece cada segundo que le dediques. Y no hay tantos así.

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