domingo, 31 de enero de 2016

momentazo #263: lluvia ácida



Eurie (Belako, 2013)

Con la insolencia y la intrepidez de la juventud se estrenan en largo estos vizcaínos. Herederos del eclecticismo que alimentó el post-punk allá por los 80, son capaces de armar un trabajo contundente y emocionante como no se escuchan todos los años por estos lares. "Eurie" (lluvia) se llama este disco salvaje llamado a quedarse con nosotros. Esperen a las listas con lo mejor de la década para comprobarlo.

Las influencias están más que claras. Joy Division y New Order en el mascarón de proa pero reinventados por la melodiosa y expresiva voz de Cris, que lo mismo juega a sonar como Billie Holiday que rinde pleitesía a Chrissie Hynde. Una voz que engarza perfectamente con esa suerte de oscuridad festiva que conjura la banda y que los emparenta en cierta forma con grupos como The xx. Es el componente pop en un grupo que ama el rock sobre todas las cosas. Véanse las lascas de punk, ska e incluso metal que saltan aquí y allá. Los de Mungía son un grupo inteligente que enriquece sus composiciones al atreverse con el micro todos sus componentes. Es en esa diversidad donde la propuesta de Belako cobra sentido como el divertimento que parece ser para ellos.

Belako demuestran en este estreno lo que son, pero sobre todo dejan un enorme interrogante acerca de lo que pueden llegar a ser. Un interrogante gozoso que les marca el límite en las estrellas. No sé si me gusta más el tratamiento noise de esas guitarras que hace Josu y la sabiduría con que las dosifica, esos teclados de helio que se reparten entre casi todos, el maravilloso bajo cardiaco de Lore, la batería metronómica y salvaje de Lander o esos conatos electrónicos que sin duda amplificarán en el futuro. Belako son tan buenos que duelen. Su música puede parecer oscura a veces, pero acaba resultando brillante y en continua eclosión. Nos divierten con su euforia. Nos enamoran con cada acorde y cada salto. Por eso es tan fácil que nos los acabemos creyendo. Estos son de verdad. Este disco así lo anuncia y su directo así lo confirma.

viernes, 29 de enero de 2016

momentazo #262: píntate la carita



Pin Ups (David Bowie, 1973)

Batiburrillo de versiones unidas por la coherencia de la voz y el estilo inconfundible del camaleón. Decir que las hace suyas podría ser un cumplido para casi cualquiera, pero es que eso a Bowie ya se le supone de serie. De ahí que se pueda tender hacia el ninguneo y no ver lo bien tocadas y mejor pensadas que están estas versiones que pasan por ser lo más glam que grabara el de Londres. Mick Ronson y sus arañas alienígenas no sólo se las apañan para adueñarse de las canciones sino que hacen de este disco algo imprescindible para completar la figura y el momento del camaleón en plena etapa gloriosa. Y si crees que Bowie tiene demasiada clase para cantar el blues, te equivocas. Lo sé, es una música demasiado rural para un urbanita de su calaña, pero aquí no se trata de mimetizar sino de restaurar. Con toda la brillantina y el pan de oro de que se disponga para redecorar que no demoler. Al final, este trabajo deja una cosa clara. Bowie puede con lo que le echen, y más en la plenitud de los 70. Una de las etapas más gloriosas de la historia del pop que él protagonizó como la estrellona inalcanzable que ha quedado para la posteridad. "Pin Ups" parece un escollo molesto en medio de un mar de perfección y acaba resultando una zambullida gozosa y refrescante que explica y clarifica las obsesiones y el gusto inimitable de un genio.

domingo, 24 de enero de 2016

tótem #86: lentejuelas de plata


Álbum: Hunky Dory
Artista: David Bowie
Año: 1971
Productor: Ken Scott / David Bowie
Sello: RCA

01  Changes





03:33
02  Oh! You Pretty Things





03:11
03  Eight Line Poem





02:52
04  Life On Mars?





03:48
05  Kooks





02:48
06  Quicksand





05:03
07  Fill Your Heart





03:07
08  Andy Warhol





03:53
09  Song For Bob Dylan





04:11
10  Queen Bitch





03:13
11  The Bewlay Brothers





05:21


No debería haber dudas al respecto. "Hunky Dory" es la primera obra maestra del camaleón. Un disco que sólo veo superado por el posterior, "Ziggy Stardust..." (1972). Una plata que en la discografía de este genio sabe a oro. En el disco que inició su etapa glam, Bowie suena por fin desatado y rotundo, sin miedo a la melodía ni a la electricidad. Así le sale lo que le sale. Un bicho hermoso y feroz tejido con el lujo del rock más glamuroso, el pop más floreado y la canción de autor más imaginativa en que pensarse pueda. Clasicismo y ruptura o iconoclastia desde la tradición zarandean al oyente en un viaje emocionante en el que no importa el destino.

"Changes" abre fuego con la insolencia de saber que nos va a colar un tema más bien extraño como el éxito más fácil del mundo. Un engaño que sirve para hacer el cuerpo para los placeres inmensos de "Oh! You Pretty Things", "Eight Line Poem", la gloria incalificable de "Life on Mars", la sonrisa instantánea de "Kooks", la pausa engalanada que es "Quicksand", la opereta medio jazz de "Fill Your Heart", la gravedad acústica irresistible de "Andy Warhol", de mis favoritas, y la gran recta final. "Song for Bob Dylan" es un semifallo delicioso que nos engaña, porque cuando parece que se ha quedado sin aliento, golpea con la dulce rabia eléctrica de "Queen Bitch" y nos remata con ese nudo corredizo en el alma que es "The Bewlay Brothers". Un cierre de apabullante lujo y oropel.


No es este un disco demasiado conocido para el fan casual que suele tirar más para el ya mencionado sucesor u otras joyas que han amasado mayor fama como "Aladdin Sane" (1973) o "Diamond Dogs" (1974). Sea por la coartada conceptual de estos últimos, por encontrarse el artista ya bien instalado en la cima o por lo que sea, es cierto que son más llamativos y pueden hacer que pasemos de largo ante este cuarto trabajo de Bowie. Un error de bulto como demuestra la calidad de unas canciones que a pesar de los años siguen copando el canon del camaleón. No, no nos importa dónde nos lleve. "Hunky Dory" es especial porque es un viaje que nunca queremos que acabe.





Curiosidades

- Trevor Bolder al bajo completa en este disco la formación de los míticos Spiders From Mars que acompañarían a Bowie en discos sucesivos.

- Las obsesiones del genio empiezan a tomar forma en este disco de manera precisa. Se pueden rastrear aquí los temas desarrollaría en futuros esfuerzos. El superhombre de Nietzsche, los tintes autobiográficos y la temática espacial se mezclan con ídolos como Bob Dylan, Andy Warhol y The Velvet Underground.

-  Bowie siempre ha considerado este disco como uno de los más importantes de su carrera, el primero en el que sintió el aprecio del público. Tras tres esfuerzos previos más bien irregulares, fue aquí donde empezó a oir valoraciones más que positivas respecto al álbum y las canciones. Estas sí eran buenas sin paliativos.

- "A kaleidoscopic array of pop styles, tied together only by Bowie's sense of vision: a sweeping, cinematic mélange of high and low art, ambiguous sexuality, kitsch, and class". (Stephen T. Erlewine respecto a Hunky Dory).






sábado, 23 de enero de 2016

la interzona #69 / trick or trick? #63: un mundo de saldo



The Man Who Sold the World (David Bowie, 1971)

Para muchos el primer disco de enjundia de Bowie. Para mí lo más destacable del álbum, además del tema titular, está en su curiosa premonición del glam a la que contribuyó cosa mala el estreno de Mick Ronson como guitarrista del camaleón. Feroz e incisivo, no siempre puede ajustarse a unas composiciones demasiado oscuras. Así las cosas, el primer álbum de rock de Bowie se salda con una interrogante. Encontramos momentos de proto-glam primigenio, heavy metal y opereta hard. Un terreno en el que se podrían refocilar perfectamente Black Sabbath, Led Zeppelin o Queen. Invitados como mínimo extraños para los fastos de nuestro ídolo.


Cuando un disco es bueno por lo que anuncia más que por lo que contiene es para sospechar. Y eso acaba pasándole a este. Que la jugada no acabó siendo del gusto de Bowie es más que evidente. No hubo herederos para esta obra decadente, carnosa y llamada a empachar al más pintado. No recomendaría tal atiborre cuando la materia prima no me parece de primera. Absténganse oyentes casuales atraídos por la versión que popularizara Nirvana. Esto requiere paciencia, un estómago a prueba de bomba y un kilo de sal de frutas. Puede que adores a David Bowie, pero dudo mucho que sea por su tercer disco.

viernes, 22 de enero de 2016

trick or trick? #62: pasitos de bebé



David Bowie (David Bowie, 1967)

Que el primer disco que edites sea ya un punto y aparte en tu discografía dice mucho de un artista. Y no me refiero a que reinventara un género ni nada de eso. Lo que quiero decir es que si uno espera rastrear al Bowie que todos conoceríamos más tarde a través de esta obra, lo lleva claro. Aquí hay folk, música de cabaret y entreguerras y POP!, mucho pop. El pop desquiciado de Syd Barrett y de los Beach Boys. Y de los Beatles, por supuesto. Un pop cocinado con la insolencia de la juventud más desprejuiciada, lo que lo acaba haciendo un disco más intrigante que bueno. Un disco que en muchos números suena inexperto y sólo en unos pocos emotivo. No, a pesar de la maravillosa "Little Bombardier", no hay aquí casi nada del gran Bowie. Esto es una isla desierta en una discografía inigualable, y eso acaba rociándolo con unas gotas de encanto. Y eso, para lo que conoceríamos después, es demasiado poco.

lunes, 18 de enero de 2016

la interzona #68: muerte en el barro



1916 (Motörhead, 1991)

No debía estar muy contento Lemmy después del semifallo de "Rock 'n' Roll" (1987) y hubo que esperar cuatro años para disfrutar de nuevo material de estudio. "1916" titularon al disco llamado a reactivar a unos Motörhead hambrientos como lobos. El resultado fue una huida hacia adelante en la que ese estilo inmovilista que siempre se les ha achacado buscaba aquí puntos de fuga como nunca hasta entonces.

A estas alturas de la película no se les podía pedir ya un clásico inapelable pero sí un disco nutritivo con un par de temazos a la altura de su mito. Lo más destacable volvemos a encontrarlo en el revolcón eléctrico de toda la vida, en chupinazos como "Make My Day", ese homenaje que es "R.A.M.O.N.E.S.", o "Shut You Down". Y por encima de eso destacan las novedades, ignotos hallazgos para un grupo nada habituado a cosas como usar teclados, cuerdas o trompetas, o relajar el tempo. Replantearse lo que hasta no hacía nada era innegociable resulta un riesgo que acaba mereciendo la pena. Puede que cosas como la elegía que da título al álbum o el vértigo industrial de "Nightmare / The Dreamtime" no puedan aspirar a la unanimidad, pero siempre consiguen que te acerques a escuchar con interés. No digamos ya la balada ardiente que es "Love Me Forever". Tremebunda en toda su extensión.


Lemmy se dio cuenta aquí del poder de las dinámicas y la variedad estilística. Sin renunciar a su sello personal, el grupo entregó aquí un disco a la vez arriesgado y continuista. ¿La innovación máxima de la que son capaces o simplemente un "más-de-lo-mismo" maquillado y vestido para impresionar? Este homenaje a los caídos en la gran guerra no puede pretender poblar las vitrinas de la comercialidad pero sus detalles y sus riesgos siguen sonando sinceros y acertados. Ya lo decían en las notas interiores "... para la gente que dejamos atrás – no queríamos abandonaros pero, de verdad, ¡teníamos que irnos!". No hay alternativa. O los amas para siempre o no lo haces en absoluto.

viernes, 15 de enero de 2016

momentazo #267: ... y además canta



The Best of Chet Baker Sings (Chet Baker, 1989)

Chet Baker calentando el aire de la habitación con esa voz tan inexperta, tan ingenua y tan cálida a la vez. Esa voz que es como su trompeta, todo expresión, todo entrega al arte de la canción, al enigma del pellizco. Una voz que parece darse a cada oyente para ser suya para la eternidad.

El título ya lo grita con contundencia en este recopilatorio de momentos esenciales del Baker cantarín, ese que muchos ningunean porque simplemente les gusta más cuando toca la trompeta. Creo que se equivocan, ya que no sólo podemos disfrutar aquí de esas dos facetas, sino que una no se entiende sin la otra. Sólo en esa concentración terminal en la esencia misma de la melodía se puede sacar el alma de estos temas inmortales. Muchos los han cantado. Algunos con mayor técnica, precisión o potencia que Chet. Pocos con la pulcritud maravillosa que sale del sentimiento más verdadero y más profundo. El de aquél que más que cantar las tonadas, las vive.

Aquí nos encontramos a Baker en su plenitud, en unas sesiones que cubren el periodo entre 1953 y el 56, a tope de salud vocal. Un momento para enmarcar en el que sacó lo mejor de las composiciones más clásicas de Rodgers & Hart, Carmichael, Gershwin y Kern. Nada de marcianadas, por tanto, sólo clasicismo y el corazón en la boca en un instante único de la historia de la música.

domingo, 10 de enero de 2016

la interzona #67 / trick or trick? #61: a punto de descarrilar



Orgasmatron (Motörhead, 1986)

"Orgasmatron" fue el resultado de los numerosos cambios que sufrió la banda en la tumultuosa mitad de los 80. Cambiaron de discográfica, el grupo fue desmantelado por completo y se decidieron por un productor como Bill Laswell, fino estilista especializado en jazz y funk. No es de extrañar que el resultado fuera tan bizarro y tan diferente a todo lo que haya hecho Motörhead.

Lemmy no se cansa de repetir lo bueno que era el disco antes de las mezclas finales. Laswell se esforzó en aportar su personalidad como productor y el resultado no acabó de empastar. "Orgasmatron" es un disco de sonido metalizado y sintético, en las antípodas del calambrazo crujiente que siempre ha caracterizado a la banda. Choca muchísimo porque suena a ratos industrial y a ratos a lata. Impacta porque se le ha dado al sonido una cualidad tridimensional llena de detalles a los que el fan no estaba para nada acostumbrado. Aquí hay baterías y solos de guitarra que sobresalen y se esconden, bullen y producen un efecto llamativo y perturbador pero un pelín engolado. Demasiado barroquismo y efectos especiales para un grupo tan adusto. Salvo notables excepciones se pierde la fuerza primitiva de Motörhead.

No obstante tampoco creo que sea como para tirarlo a la basura. Hay buenos momentos que se sobreponen a todos estos obstáculos, como "Deaf Forever" o "Doctor Rock", dos de los clásicos del álbum. Y hay momentos que incluso se benefician de toda esta parafernalia sónica. Destacaría la fuerza metalúrgica de una "Mean Machine" absolutamente aplastante, y sobre todo el noise pseudopsicodélico y brutal de "Orgasmatron", la canción. Motivos insuficientes pero motivos para seguir adorando a la bestia.

sábado, 9 de enero de 2016

la interzona #66: daños colaterales



Bomber (Motörhead, 1979)

Todas las dudas que pudieran surgir en la escucha de este tercer intento tras las algo sosas "Lawman" y "Sharpshooter" quedan erradicadas de raíz con la rotundidad sin parangón del solo final que desintegra "Stone Dead Forever", el blues dejado y pegajoso de "Step Down" y el clásico por antonomasia del disco, "Bomber". No, no han perdido fuerza. Todavía es pronto para eso. El disco es algo más irregular que "Overkill" (79) pero es que ese era un pepino. Este no lo es pero se defiende... Y también ataca, no se crean que no.


jueves, 7 de enero de 2016

momentazo #260: made in japan



At Budokan (Cheap Trick, 1979)

Cheap Trick se lanzan a la conquista de Japón y casi conquistan el mundo merced a la grabación de estos gloriosos conciertos en el mítico Budokan de Tokio. Lo mágico de este disco es que te lo crees. Sabe y huele a directo y hace que te sumerjas en el ambiente casi físico que conjura en tu cabeza.

El secreto de su maravilloso encanto no reside en las melodías, a veces pastelosas, sino en una ejecución precisa y contundente, un sonido de guitarra a la vez nítido y arisco con unos solos brillantes y salvajes, y el entusiasta público japonés que aparece en la grabación como un instrumento más. Es este último aspecto el que dota a la obra de una fuerza inimitable, ayudando con su entrega sin apenas dosificar a crear la montaña rusa que es "At Budokan".


El cuarto disco de Cheap Trick es uno de los grandes directos de la historia, uno de esos que dignifican un tipo de grabación a menudo denostada por ser usada para rellenar momentos de escasa inspiración. No parece este el caso, creo, tras someterme a este alud de hard rock y power pop volcánico que, otra virtud, se esfuma en un decir jesús. Aprendan, semidioses pretenciosos, amantes de discos dobles y triples. Las cosas bien dichas y en el tiempo justo.