lunes, 29 de febrero de 2016

la interzona #70: poesía soy yo



What's Words Worth? (Motörhead, 1983)

Grabado en 1978 pero no editado hasta cinco años más tarde, esto es un documento interesante porque es el único directo oficial que recoge la primera época del trío. Un disco de sonido aceptable que captura con fidelidad aunque con demasiada frialdad quizás los primeros escarceos de la máquina más ruidosa del planeta. Siempre es un placer constatar la fuerza sobria y ruda de unas grabaciones que tenían más de rhythm & blues y rock & roll que del metal que acabaría por engullirlos. Por eso, como defensor a ultranza de los Motörhead más primigenios, no puedo más que recomendar una obra que, lo sé, sólo podrá satisfacer a completistas y fanáticos pero que de alguna manera romántica consigue hacerse querer. Y eso a pesar de que al lado de futuras grabaciones en directo suena apagada y mate. Lo-fi, seamos modernos. Nada que no se arregle subiendo el volumen. Como Lemmy nos enseñó.

sábado, 27 de febrero de 2016

momentazo #270: la carne en llamas



Human Flesh (Bala, 2015)

Estreno de este dúo gallego que se maneja como una apisonadora. Guitarra y batería. Dos chicas con las entrañas inflamadas que se turnan al micro tratando la una de superar la bestialidad de la anterior. El resultado, un brebaje sulfúrico en vaso corto no apto para mojigatos. Bala es un grupo visceral. Uno de esos que sólo encuentra sentido a la vida abusando de amplis hirviendo y reventando baterías hasta la extenuación.

Esto es una pequeña muestra del poder que pueden conjurar Ánxela Baltar y Violeta Mosquera. La destilación de la esencia de algo imposible. Encerrar entre surcos o bits el sonido ardiente de Bala es simplemente una utopía. Una utopía que han conseguido acercar con "Human Flesh". El sonido brutal de este trabajo nos recuerda cosas duras. Cosas como Melvins o Kyuss. Cosas como lo más oscuro del sludge y el stoner. Post-grunge hay quien lo ha llamado. No es lo más inmediato que sugiere pero con las escuchas sí se puede apreciar cierta relación con bandas como Mudhoney o los primeros Soundgarden.


Al final sobran las palabras. Lo mejor es someternos a estos escasos veinte minutos que concentran el poder y la rabia del rock más bruto y más básico. Como una hostia. ¿Hace falta más?

viernes, 26 de febrero de 2016

momentazo #269: sólo cuervos negros



Bele beltzak baino ez (Belako, 2014)

"Sólo cuervos negros", sólo intensidad encapsulada en disparos certeros de teclado directos al corazón. Cuatro canciones que son una progresión hacia terrenos más introspectivos. Manejan lo volátil con tacto quirúrgico y se reinventan a la hora de enfrentarse a la sacudida y el calambre. Puede que ellos necesitaran este experimento para expresarse, puede que para soltar lastre. Puede que sea innecesario incluir dos canciones que acabarán en su siguiente largo. Puede, quizás. Y también es posible que acabemos rendidos con la boca hecha agua y el espíritu incendiado pidiendo una continuación que pueda saciarnos. Que ya sabemos que no podrá. Cuervos negros, nada más.

jueves, 25 de febrero de 2016

momentazo #268: la música es sagrada



Hamen (Belako, 2016)

Soberanos. El mejor grupo estatal que ha asaltado mis oídos desde Triángulo de Amor Bizarro se confirma como apuesta segura con su segundo disco, un "Hamen" dispuesto a maravillarte con todas sus novedades y todas sus deudas. La evolución es clara, aunque el impacto de "Eurie" sea imposible de igualar. Este segundo es un disco que a veces suena más retorcido y otras más directo que el anterior, a ratos es más electrónico y a ratos más cálido, por momentos golpea más duro y también sabe acariciar con mayor delicadeza. Unos contrarios que bullen en un disco elaborado, pensado y soberbiamente ejecutado. Debe ser eso que llaman madurez.

No se espanten. Estos jovenzuelos están muy lejos de su techo, seguro, pero también a años luz del adocenamiento y el conformismo que trae consigo la edad. Las ideas siguen frescas y más claras si cabe. Joy Division están más que disueltos en su mezcla ya, de tal manera que se intuye el aroma pero no ahoga el resto de sabores. Tampoco es que lo hiciera antaño pero aquí parece que los vizcaínos han cogido la autopista hacia delante sin un atisbo de duda acerca de su destino.

El disco empieza muy bien pero es a la altura de "Off Your Shoes" cuando rompe en un reventón estelar. De ahí hasta el final no hay forma de encontrarle un pero. "Key", "Nomad", "Track sei", las ya conocidas "Mum" y "Crime", y la recreación alucinante de "Sinnerman" que popularizara y canonizara Nina Simone pueden ser las joyas del disco, pero el resto tiene una enjundia que no está al alcance de todos. Por eso no deja de sorprender que estos chavales sean capaces no sólo de emplearse a fondo en unos directos demoledores, sino que además muestran un instinto compositivo, un manejo de las dinámicas y una sabiduría musical que muchos otros no consiguen en toda una vida. Son músicos y fans. Saben de música y la disfrutan como el juego maravilloso que es. Por el sagrado Ian Curtis, que les dure muchos años.

jueves, 18 de febrero de 2016

momentazo #267: el poder y la gloria



The Complete Verve Master Takes (Charlie Parker, 2003)

Aquí está todo lo que Verve publicó de Charlie Parker. Una compilación rigurosa y de un caudal inagotable. Los últimos años del saxofonista se detallan aquí minuciosamente. Sus escarceos orquestales, sus coqueteos con los ritmos latinos y los últimos rescoldos de su bebop irredento. Según los puristas, su etapa en esta discográfica suponen una domesticación de sus instintos primarios. No seré yo quien los contradiga. Es cierto que aquí encontramos a un Parker más relajado y contenido. Como también es justo señalar la insondable profundidad que alcanza en lirismo y atmósfera.

Puede que las drogas y el alcohol influyeran en este viraje. Es difícil aseverarlo sin dudar. Lo cierto es que Parker supo sobreponerse a todos sus demonios (al menos en sus grabaciones). Supo incluso usarlos en su beneficio. Sólo hay que detenerse ante la mayestática interpretación de "Loverman" incluida en el segundo disco. Beodo, tambaleante, requiriendo ayuda para acertar con el micrófono. Todo eso está ahí, y a pesar de su enfado, es una gozada que la discográfica se decidiera por esa toma. Ahí suena auténtico, sincero, terminal. Y es sólo un detalle que no sirve para explicar esta caja. En el grueso de composiciones nos encontramos al saxofonista con una perfección que apabulla. Su encaje con el resto de instrumentos es de una precisión que aturde.

Estamos ante un documento esencial para disfrutar y comprender lo que Charlie Parker significa para la música. Este colofón en su carrera nos lo muestra en toda su sabiduría e intuición. Aquí está el saxofonista en sus múltiples encarnaciones. El demiurgo con la mirada inyectada en sangre, el de aliento de crooner alcohólico y el intelectual adorador de Stravinsky. No se dejen avasallar por la inasible duración de estos tres CDs. Si adoran la música esto es im-pres-cin-di-ble. Si adoran el jazz sobran todas mis palabras. Simple y llanamente un grande escribiendo algunas de las páginas más emocionantes de la historia.

domingo, 14 de febrero de 2016

momentazo #266: quemando etapas

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Station to Station (David Bowie, 1976)
ROCK / SOUL
AUTOR / FUNK - krautrock

Este disco contempla el nacimiento del "Delgado Duque Blanco" que surge del hielo como una figura totalitaria, insensible y brutal en una obra que está entre lo más sabroso del canon del camaleón.


La falta de humanidad de una figura semejante se traduce en una frialdad cristalina que congela hasta el tuétano el funk que empezara a urdir en el disco anterior. "Station to Station" aparece todavía preñado de negritud aunque está mucho más disimulada bajo capas de sintetizador, electricidad y el helor mortuorio de una maquinalidad que gana terreno de forma clara. Así lo atestiguan himnos sintéticos como "Station to Station" o "TVC 15" que por sí solos casi aglutinan la mitad del minutaje. Son los ejemplos más claros del viraje artístico de Bowie. Ese que culminará en la inminenente etapa berlinesa de la que este disco es el prólogo perfecto, el oráculo definitivo.

"Station to Station" aparece todavía preñado de negritud aunque está mucho más disimulada bajo capas de sintetizador, electricidad y el helor mortuorio de una maquinalidad que gana terreno de forma clara

Por si fuera poco, no son estos temas los únicos que succionan el calor a esta obra. "Stay" es un funk/rock cargado de amperios y fiereza que adolece de todo rastro de empatía. Y en cuanto a las maravillosas baladas que son "Golden Years" o "Wild Is the Wind", es en la desesperanza y en el anhelo implorante donde encuentran su sentido.






Así las cosas, resulta infructuoso encontrar algo de calor en el décimo disco de Bowie. No está pensado para eso. Ya tenemos nuestros "Astral Weeks" (Van Morrison, 1969) o "Solid Air" (John Martyn, 1973). Con ellos podremos arroparnos. Este es para otra cosa. Para deleitarnos en ese otro tipo de belleza que el londinense se empeñó en mostrarnos. Para refocilarnos en nuestros deseos malsanos. Para creer que otro mundo es posible. Uno más allá de los convencionalismos. Uno en el que podamos sentirnos como lo que somos. Seres de otro planeta.

sábado, 13 de febrero de 2016

momentazo #265: ¡rueda, fortuna!



Wheels of Fire (Cream, 1968)

BLUES / ROCK
PSICODELIA - blues ácido

No sé si este fue el primer disco en combinar grabaciones en estudio y directo. Sí que fue el primer álbum doble en alcanzar el disco de platino con sus ventas y, en cierta forma, fue el paradigma en el que se miraron, con mayor o menor fortuna, otras grabaciones "insignes" como "Ummagumma" (Pink Floyd, 1969), "Rattle & Hum" (U2, 1988) o "New Adventures in Hi-Fi" (R.E.M., 1996), por decir unas cuantas.

Es este formato un asunto a menudo problemático. En primer lugar, casi obliga a llenar un LP doble, y todos sabemos que eso puede acabar resultando pesadete en grado sumo para el oyente. Lo cierto es que pocas veces se ha dado tan bien en el clavo como en este clásico que nos ocupa. Ninguno de los discos mencionados anteriormente alcanza a rozarlo ni en calidad, ni en aura, ni en perdurabilidad.

"Wheels of Fire" está entre los favoritos de siempre para el fan de Cream. No me extraña. Tiene una fuerza mastodóntica que fluye borboteante a partir de un sonido inmenso. Yo prefiero la concreción de "Disraeli Gears" (1967), pero reconozco la valía de estas piezas de blues máximo. "White Room", "Sitting on Top of the World", "Deserted Cities of the Heart" son clasicazos por derecho, y están entre lo mejor que compusiera/adaptara la banda británica.

En cuanto al disco en directo, no tiene desperdicio, a pesar de pecar de exceso. Cuatro canciones para llenar un LP no me parece el colmo de la síntesis, cierto, pero no reconocer la fuerza atávica de "Crossroads" o la suprema "Spoonful" siempre será injusto. Como también hay que reconocer que a la dupla final llego algo cansado ya. Disfruto en lo que vale el ejercicio visceral a la armónica por parte de Jack Bruce que es "Traintime" y me cuesta bastante más ese leviatán que surge de las profundidades de la batería de Ginger Baker con el que echan la persiana. No, cerrar un disco con dieciséis minutos de solo de batería no refresca ni deja ganas de repetir.

Tiene sus peros pero "Wheels of Fire" es un disco genial. Una obra que merece el aura que el tiempo le ha otorgado. Un clásico esencial si te gusta el blues bestia que se fabricaba en las islas a finales de los 60. Ese rock psicodélico de raíz negroide que no acabará de maravillar al purista pero que ha escrito páginas imborrables en la cultura popular. Esta es una de ellas y conviene revisarla de vez en cuando porque Cream fue un grupazo y obras como esta contribuirán a que eso no se olvide jamás.

jueves, 11 de febrero de 2016

momentazo #264: soul plástico

Resultado de imagen de YOUNG AMERICANS ARTWORK 
 
Young Americans (David Bowie, 1975)
ROCK / SOUL
AUTOR - soul plástico

Llegó "El Duque", el primer boceto de lo que luego se convertiría en "The Thin White Duke", personaje en el que Bowie se reencarnaría en "Station to Station" (1976). Ahora era simplemente una primera aproximación, menos desagradable, menos engreída y no sé si menos envenenada. Este "Duque" es un Bowie obsesionado por el soul y los sonidos negroides. Un Bowie dispuesto a entregar a toda costa su versión del R&B y el sonido Philadelphia. Una labor titánica a priori, sobre todo viniendo de un londinense de pura cepa.

"Young Americans" es su aproximación más directa a estos sonidos y es un logro certero gracias a la personalidad inagotable del artista. Tampoco esperen gospel canónico aquí. Más bien lo que él llamó acertadamente "soul plástico"

"Young Americans" es su aproximación más directa a estos sonidos y es un logro certero gracias a la personalidad inagotable del artista. Tampoco esperen gospel canónico aquí. Estaba claro que el camaleón tenía que añadir su toque y lo que le sale lo calificó él mejor que nadie. Soul plástico, sí. Y de una frialdad cegadora. ¿Qué esperaban?



Para armar esta obra, Bowie se trasladó a la misma Philadelphia donde reunió un equipo de ensueño formado por músicos locales curtidos en los vericuetos del soul y el funk. El equipo perfecto para fabricar una música que se percibe negra por peso y categoría pero que al final resulta en un sonido de blancura glacial. No es de extrañar, cuando el guitarrista Carlos Alomar describió a Bowie como "el hombre más blanco" que había visto jamás. Si esto importó algo, seguro que fue para dotar a su noveno disco de estudio de un aura sintética que ha hecho que perdure.


Tampoco quiero insinuar que esto sea gloria. Poniendo las cosas en su sitio puedo afirmar que este es un gran disco, uno de esos especiales y diferentes en la discografía del maestro. Y no sólo por "Young Americans" o "Fame". Aquí hay música vibrante que puede no llegar a reventar pero que calienta como el primer día. Está claro que no resiste las comparaciones con las obras maestras anteriores ni con las joyas posteriores, cosa que no debería importar tanto si lo tomamos como lo que es; una pequeña perla para que la espera no se haga tan larga.