domingo, 14 de febrero de 2016

momentazo #266: quemando etapas



Station to Station (David Bowie, 1976)

Este disco contempla el nacimiento del "Delgado Duque Blanco" que surge del hielo como una figura totalitaria, insensible y brutal en una obra que está entre lo más sabroso del canon del camaleón.

La falta de humanidad de una figura semejante se traduce en una frialdad cristalina que congela hasta el tuétano el funk que empezara a urdir en el disco anterior. "Station to Station" aparece todavía preñado de negritud aunque está mucho más disimulada bajo capas de sintetizador, electricidad y el helor mortuorio de una maquinalidad que gana terreno de forma clara. Así lo atestiguan himnos sintéticos como "Station to Station" o "TVC 15" que por sí solos casi aglutinan la mitad del minutaje. Son los ejemplos más claros del viraje artístico de Bowie. Ese que culminará en la inminenente etapa berlinesa de la que este disco es el prólogo perfecto, el oráculo definitivo.

Por si fuera poco, no son estos temas los únicos que succionan el calor a esta obra. "Stay" es un funk/rock cargado de amperios y fiereza que adolece de todo rastro de empatía. Y en cuanto a las maravillosas baladas que son "Golden Years" o "Wild Is the Wind", es en la desesperanza y en el anhelo implorante donde encuentran su sentido.

Así las cosas, resulta infructuoso encontrar algo de calor en el décimo disco de Bowie. No está pensado para eso. Ya tenemos nuestros "Astral Weeks" (Van Morrison, 1969) o "Solid Air" (John Martyn, 1973). Con ellos podremos arroparnos. Este es para otra cosa. Para deleitarnos en ese otro tipo de belleza que el londinense se empeñó en mostrarnos. Para refocilarnos en nuestros deseos malsanos. Para creer que otro mundo es posible. Uno más allá de los convencionalismos. Uno en el que podamos sentirnos como lo que somos. Seres de otro planeta.

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