lunes, 25 de abril de 2016

momentazo #282: al borde de la vida



Near Life Experience (Come, 1996)

El tercer disco de Come es el mejor, su obra cumbre. Porque encapsula en algo más de media hora el espíritu ardoroso de la banda. Esa tensión bullente y nunca resuelta, ese juego de guitarras zurciendo pespuntes y arabescos infinitos, el carraspeo venenoso de la Zedek, la desolación que se les escapa en cuanto levantan el pie del acelerador. Todas las señas de identidad de un grupo con personalidad que ha sido salvajemente ninguneado.

"Hurricane" impacta con brutalidad para demoler nuestras defensas y que se cuele el lirismo deslavazado y poderosísimo de "Weak As the Moon". "Secret Number", el single de presentación, no rebaja el tono y "Bitten" es lo que anuncia, una fiera peligrosa que muerde y araña. "Shoot Me First", cantada por Brokaw, es puro Sonic Youth. "Walk On's" es una medianía con una cierta gracia, mientras que "Half Life" contiene la dosis de rabia necesaria para enfrentarnos a la dulzura del cierre con una "Sloe-Eyed" atípica y deliciosa.

Curiosamente, la obra magna de Come surgió tras el abandono de la base rítmica habitual del grupo. En el disco, bajos y baterías fueron tocados por multitud de manos, lo que no ha dañado la coherencia de su sonido sino que más bien les añadió una potencia masiva. La pareja O'Brien-Johnson marcaron a fuego el sonido del grupo, por eso da algo de pena que no estén en su momento de mayor gloria. Y que además no se les eche de menos. Cosa que tampoco extraña. Zedek y Brokaw eran el alma del grupo, su motor en todos los aspectos. Y aquí demuestran su grandeza en toda su extensión.

miércoles, 20 de abril de 2016

momentazo #281: grabaciones americanas III



American III: Solitary Man (Johnny Cash, 2000)

El Johnny Cash enorme que encontramos en estas American Sessions aparece aquí algo más diluido. Excelso en su interpretación, algo hace que este trabajo no acabe de igualar las glorias del resto de la serie. ¿La selección? No debería, cuando tenemos temazos de órdago tanto clásicos como de repertorios ajenos al country. ¿Los músicos? Por Dios, ¡no! El caso es que a pesar de abrirnos en canal con barbaridades como "Solitary Man", "I See a Darkness" o "Wayfaring Stranger", el saborcillo que nos queda no es tan redondo como en las dos entregas anteriores. Y con todo, creo que en estas palabras hay demasiado achaque para una obra de una sinceridad tajante e incuestionable. Me pongo tonto, lo sé, pero este último Johnny Cash sabía lo que se hacía y su leyenda obliga a la exigencia. Notable y sobrado pero tú das para más.

lunes, 18 de abril de 2016

momentazo #280: our favourite monster

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Scary Monsters... and Super Creeps (David Bowie, 1980)




ROCK
AUTOR - art rock
 
Bowie entra en la década de los 80 magullado pero pletórico. Los arañazos recibidos tras ese enfrentamiento frontal con el arte que significó su tríada en Berlín parecen espolearlo ante los nuevos retos a los que se enfrenta. De todo este desorden surge "Scary Monsters", su disco más claro en un lustro. Una obra no exenta de crudeza que coquetea con la comercialidad sin perder un ápice del filo que había hecho del Camaleón el artista definitivo acreedor de toda la admiración del mundo.


Una obra que no te va a entrar tan fácil como te han dicho, pero que va a acabar convirtiéndose en una de las buenas de Bowie. Un disco que pretendía ser liviano, o eso queríamos, y acaba restallando eterno en su profundidad

La verdad es que el fan llevaba años pidiendo a gritos un disco como este. Un disco en el que Robert Fripp y Carlos Alomar vuelven a herirnos con la iconoclastia de sus guitarras. Un disco que contiene una joya pop de brillo raro y eterno como "Ashes to Ashes". Uno en el que incluso se atreve a meter a una tía recitando en japonés. Un álbum en el que todo esto funciona, incluso lo último. Una obra que no te va a entrar tan fácil como te han dicho, pero que va a acabar convirtiéndose en una de las buenas de Bowie. Un disco que pretendía ser liviano, o eso queríamos, y acaba restallando eterno en su profundidad.


Así ha sido siempre el Duque. Difícil de domar, imposible de encasillar.

lunes, 11 de abril de 2016

momentazo #279: está que da bocaos

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Malamarismo (Mala Rodríguez, 2007)
RAP

Directa, feliz y saludablemente exuberante. Así aparece la Mala en su tercer disco. Con todo el derecho del mundo a explicarse con claridad meridiana. Cristalina. Con la sutileza intacta y con lo más burro como nuevo ingrediente. Aquí María Rodríguez se lo permite todo. Se permite hasta retar a su séquito más jarcor para dejarles claro quién manda.





"Malamarismo" tiene muchos puntos atractivos. Tiene un gancho melódico indiscutible. Eso que muchos confunden con la comercialidad de mercadillo. Además está producido con esmero y cuenta con colaboradores de lujo que no son ninguna excusa vacua, sino que dan enjundia y contribuyen a realzar unas composiciones más que notables. Y en cuanto a la temática, la artistaza se permite ponerse tierna, reivindicativa y mostrar una sensibilidad que desarma. Que se le va la mano con ese exabrupto que es "Miedo", creo que sí. Un traspiés que algunos podrán incluso llamar oda antirracista, pero al que yo le saco la amarilla por ese tono un pelín misógino.


"Malamarismo" es muy valioso porque en un momento en el que se suele mostrar síntomas de agotamiento consigue demostrar lo contrario merced a un posicionamiento fresco que consigue engatusar al oyente casual y mantener al de toda la vida

Sin alcanzar la grandeza de sus dos hermanos mayores, "Malamarismo" es muy valioso porque en un momento en el que se suele mostrar síntomas de agotamiento consigue demostrar lo contrario merced a un posicionamiento fresco que consigue engatusar al oyente casual y mantener al de toda la vida. La elección de "Nanai" para presentar el álbum es todo un acierto aún no siendo lo mejor que contiene. Engancha y muestra el vitriolo de la rapera atacando un problema actual y lamentable. No creo que la Mala se haya vendido. Más bien demuestra que sabe mucho y me parece genial que no lo esconda.

viernes, 8 de abril de 2016

momentazo #278: el amor infinito



Les amants de Teruel (Édith Piaf, 1962)

Resultado de imagen de piaf amants teruelUno de los últimos álbumes de su carrera. Podríamos esperar a una Piaf cansada, hundida en la efermedad y la adicción, pero no. Era demasiado grande para mostrar su debilidad. En este disco nos la encontramos esplendorosa, con esa entrega que nunca supo dosificar. Una Édith Piaf torrencial y dominadora, con la sabiduría de la experiencia. Una Piaf que nos hace trizas nada más abrir la boca en esa "Les amants de Teruel" que abre el disco. Imposible no quedar arrasado por la negrura y la profundidad de esta interpretación. Y tras esta rendición abisal, la vivacidad que parecía devolverla a su juventud con un "Quatorze Juillet" espectacular. Un palo que dominaba como también hacía con el canalleo cabaretero que vuelve a rememorar en la prodigiosa "Polichinelle". Tres razones de peso para quedar atrapado para siempre. Así no se puede fallar en un disco que suena vivo y que invita a soñar. Y no se puede decir esto siempre de una de las artistas más mayúsculas de la historia, poseedora de un cancionero espectacular pero que no salía siempre bien parada en un formato tan denostado en la época como el LP.


No hay manera de encontrar la información en internet. No sé si este es el último disco largo que grabara en vida la parisina, pero sería bonito que así fuera porque como despedida suena brutal. Triste y salvajemente brutal.

jueves, 7 de abril de 2016

momentazo #277: soy lo que toco


Lodger (David Bowie, 1979)
EXPERIMENTAL / ROCK
AUTOR / FUNK - art krautrock

No sé por qué hay una cierta unanimidad en calificar este álbum como "el accesible" de la trilogía berlinesa. El punto final de la etapa teutona de Bowie cosecha loas por su inmediatez, idea extraída seguramente del hecho de contener canciones convencionales que lo diferencian de los dos trabajos anteriores. Lo cierto es que, para mí, "Lodger" es un disco problemático, un constructo hermético y ruín dominado por un sonido venenoso y vertebrado por unas melodías aceradas y en las antípodas del pop de consumo. Vale, no hay instrumentales aquí. Tampoco bocetos ni canciones a medio hacer, pero si la apertura "Fantastic Voyage" se considera el epítome de lo cercano, que se pare el mundo, que me bajo.

Se agradece que Bowie entregara por fin un disco de canciones sin coartada conceptual ni disfraz alguno. Eso es totalmente loable. Y bienvenida sea también la guitarra esquizofrénica y bestial de ese genio que es Adrian Belew

Todo esto puede sonar a queja cuando es todo lo contrario. Es cierto que se agradece que Bowie se dejara de zarandajas y entregara por fin un disco de canciones sin coartada conceptual ni disfraz alguno. Eso es totalmente loable. Y bienvenida sea también la guitarra esquizofrénica y bestial de ese genio que es Adrian Belew. Nunca será suficientemente ponderada su aportación en temas como "Red Sails" o "Boys Keep Swinging". Las lleva a otro nivel. Así de simple.






Con todo, el decimotercer álbum de Bowie gana con los años y se sitúa sin problemas entre los discos del artista que mejor han envejecido. Este es uno de esos que dan la razón a todos los que vemos a David como un visionario que siempre va dos pasos por delante del resto. Interpretaciones vocales dramáticas hasta la muerte, experimentos keniatas y turcos, el avant-funk que ya llevaba años destilando, esta vez con la mirada puesta en Talking Heads, e incluso una canción que compusiera junto a Carlos Alomar y cuya base le quitó Iggy Pop para abrir "The Idiot" (1977).


Estos son los ingredientes más llamativos de un disco excepcional que no tuvo una buena acogida en su momento. Brian Eno empezaba a alejarse del Camaleón y no metió las manos aquí tan de lleno como en los dos anteriores. Tenga que ver o no, este disco cerró una época irrepetible y preparó al genio británico para su entrada triunfal en unos años 80 que no iban a ser lo mismo pero que también tendrían su miga. ¡Cómo no!

domingo, 3 de abril de 2016

momentazo #276: ¿jugamos a los médicos?



Tejido de felicidad (Chucho, 1999)

Fernando Alfaro comanda a sus huestes en esa huída que inició en 1995 y que culmina en este clásico del pop patrio. "Tejido de felicidad" se coloca en la cima del canon del albaceteño en todas sus encarnaciones, Surfin Bichos incluidos. Este y "Hermanos carnales" (1992) pueden ser considerados sus obras maestras (más) indiscutibles.

El porqué habría que buscarlo en la depuración lírica que alcanza Alfaro tras las explosiones gore con las que rompía lazos con el pasado y que le sirvieron para afilar la pluma más que nunca. La entrepierna y la religión siguen presentes en su imaginario, un panteón tan personal como evocador. Lo que hace aquí es diluir la violencia para alcanzar una madurez esplendorosa en temazos que lo mismo colean entre latigazos eléctricos que se visten de una belleza casi camp. Chucho consigue esa alianza imposible entre los Stooges y la banda sonora de "Vacaciones en el mar", y de una forma tan natural y hermosa que da miedo.



Chucho ha escrito algunas de las páginas más brillantes de nuestra música popular. Y de ellas, "Tejido de felicidad" es de las más relucientes. Un discazo que huele a clásico y se revaloriza con los años. Un álbum lleno de música valiente, sensible y brutal. Con esa foto de portada tan grandiosa que no hace sino aumentar su leyenda. Sexo y Dios en una alianza escalofriante. Fernando Alfaro te lo pregunta con insolencia: ¿jugamos a los médicos?, mientras exorciza sus demonios entre espasmos de miedo, gozo y dolor. Un placer adulto que te va a hacer sentir muy culpable por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 2 de abril de 2016

trick or trick? #65: la sangre nos nubla la vista



A Rush of Blood to the Head (Coldplay, 2002)

En el segundo Coldplay parece que golpean con más decisión. Después del entrenamiento lujoso pero algo anémico que fue "Parachutes" (2000) se las arreglan para sonar más decididos y con una dosis extra de energía. Les sienta bien, no hay duda, aunque como todo en este grupo no me parece que todo eso sea la panacea.

Este álbum de título largo y portada horrenda ofrece ganchos más que suficientes para el fan acérrimo que llorara de emoción con los pelotazos sentimentales del anterior. Y además se las arregla para mostrar a la banda mejor armada en lo eléctrico y con un mayor dominio de una sutileza que aún así se les acaba yendo de las manos. Otra vez. Y no sería ni la última ni la más escandalosa. Lo que estaba por venir superaría con creces el almíbar y la pornografía melodramática de estas canciones.


Aquí encontraremos algunos de los momentos más memorables de los londinenses. "The Scientist", "God Put a Smile Upon Your Face", "Clocks" o el tema titular pueden pelear sin miedo alguno con los grandes éxitos anteriores, y "In My Place" puede aspirar al título de mejor canción de su historia. Así las cosas creo que este podría haber sido su mejor disco a pesar de no contener jitazos del calibre de "Yellow", "Trouble" o "Viva la Vida", canciones que tampoco creo que sean para tanto, la verdad sea dicha. Si acaba naufragando es por una sucesión de estrepitosas desdichas que lo acaban hundiendo sin remedio. No es que sea el único motivo pero el cuarteto que va de la pista 6 a la 9 es demasiado endeble para que el disco se sostenga, y eso lo acaba hiriendo de muerte.

Coldplay señoras y señores, esa hipérbole que aquí era todavía un proyecto con un encanto más que evidente, con mucha gloria y mucha inmundicia.

trick or trick? #64: anemia épica



Parachutes (Coldplay, 2000)

No busquéis debajo, que lo que véis es lo que hay. No hay nada más, porque lo que tienen lo exponen a la luz del día con orgullo y sin ocultarse. Declaran a los cuatro vientos su amor por los U2 de October (1982) (¡que tiene cojones!) y también es perceptible el hálito de Jeff Buckley respirando en cada inflexión vocal de Chris Martin, sobre todo en la voladora "Shiver", donde al menos dejan una cosa bien clara: emular a Jeff es peligroso, sobre todo, cuando él era un volcán y tú una cerilla mojada. No es que no aprecie el trazo pop de "Spies" o "Yellow", o la otoñal "Trouble", es que de ahí a creérmelo va un mundo. Incluso se permiten el lujo de ponerse sarcásticos - "Don't Panic" -, pero no se pone el que quiere sino el que puede... Y hay que ser más sutil.