domingo, 29 de mayo de 2016

momentazo #289: puesta de largo



A Night at the Opera (Queen, 1975)

No me gusta Queen. Y sin embargo me encuentro este disco en una cubeta de series medias y lo cojo. Tiene al lado el "Live at Leeds" de los Who y voy y lo cojo. Y no lo cambio. Lo manoseo, le doy la vuelta... Y ¡coño me lo acabo llevando! Trato de justificarme diciéndome que es el mejor disco de estos faraones del rock... Bueno, ¿y qué? ¿Tiene eso algún valor? Pero es que tratar de racionalizar la nostalgia es algo complicado ¿no? Llego a mi casa y me lo pongo, y no, no funciona. Me he vuelto a engañar a mí mismo. Siempre a la caza y captura del sentimiento olvidado hace tiempo. Porque eso es lo que es este disco: el disco más Queen de Queen. El más épico. El más sobreproducido. El más acaramelado y abiertamente gay.

Al día siguiente lo vuelvo a intentar. Ya más calmado empiezo a apreciar ciertos detalles que siempre me gustaron. El aire entre duro y socarrón de "Death on Two Legs", el solo de guitarra tan motero de "I'm In Love With My Car", la dulce melodía de "Lazing on a Sunday Afternoon", el teclado de "You're My Best Friend", los momentos más oscuros de "Prophet's Song" o la letra y la dulzura sin mácula de "Love of My Life". ¡Si hasta me gusta ese arpa! Bueno, parece que la reconciliación llega...


Pues no. Porque a la tercera vuelvo a marearme en las dudas. Y es que el exceso nunca ha sido lo mío. Bueno, al menos no ahora. Y entre tú y yo, siempre he odiado "Bohemian Rhapsody". La he encontrado boba e irritante con ese coro en el medio tan de mal gusto. Así con estas tengo difícil la conclusión, aunque mi madre me ha enseñado a ser generoso y no voy a complicarme la existencia. El error está en buscar un sentimiento que ya voló, porque el disco tampoco ha envejecido bien, esa es la verdad. Y no hay que darle más vueltas. Me quedo con las virtudes y lo gozo en lo que vale, que tampoco es moco de pavo.

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