viernes, 5 de agosto de 2016

icono #7: resurrección




Ostermorgen (Caspar David Friedrich, 1828-35) Museo Thyssen Bornemisza, Madrid.

Ese momento místico en el que algo atrae tu mirada y no sabes porqué. Paseas por el museo y no puedes evitar sentirte tocado por el misticismo de una obra pequeña en tamaño pero que merece toda tu atención. Entre el helor de sus pinceladas y el misterio de unos personajes que, como suele hacer el autor, se ven desde atrás contra el paisaje otoñal con esos árboles esqueléticos que enmarcan un sol que no calienta y casi ni ilumina.

No es el escenario ideal para una mañana de Pascua para nada jubilosa, sino más bien gris, fría, seca y brumosa. Momento en el cual las tres protagonistas del cuadro no se sabe si avanzan o permanecen estáticas en el sendero mirando algo que no alcanzamos a ver. ¿Se dirigirán a la tumba de Jesús? Sólo podemos intuirlo como un misterio que es un cuchillo cruel para la retina y el corazón y que cuenta con el equilibrio, la calma y el romanticismo exacerbado del grandioso Friedrich.

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