domingo, 21 de agosto de 2016

la interzona #87: el ariete



Herzeleid (Rammstein, 1995)

Resultado de imagen de herzeleidRammstein nacen como una hipérbole absoluta. Sus distorsiones, su guturalidad, su cualidad operística los hacen tan teutones que es inevitable relacionarlos con cosas demasiado obvias y que ellos niegan a la vez que con su actitud las alimentan. Este "corazón roto" con el que se estrenan era por tanto algo imposible de pasar por alto. Rammstein llamaron la atención desde el principio. Sin sutilezas, con toda una fanfarria filofascista con la que pretenden arrasar todo a su paso.

Resultado de imagen de herzeleidSu música coquetea claramente con el metal. Uno de corte más bien industrial en el que priman las guitarras pero siempre acompañadas o tratadas por sintetizadores. La voz masculina hasta el infinito de Till Lindemann es quizá su cualidad más distintiva y sus letras descarnadas y brutales en ese temible alemán que volvieron a poner en el mapa les han granjeado miles de seguidores torturados y un buen puñado de polémicas.


Este fue el primero de una carrera tan rutilante como discutible. Es un buen debut. Uno de esos que pica la curiosidad del melómano. A pesar de todo ese maquillaje recargado y caricaturesco. Un artificio que aceptamos y casi deseamos. Y es que esto sólo tiene sentido si es un chiste. Y me imagino preguntándoselo a nuestros protagonistas mientras nos devuelven una mirada neutra de sorpresa. "Ah, ¿no es un chiste?", pensamos. Y ahí es cuando empezamos a acojonarnos. Sólo un momento porque enseguida nos damos cuenta de que todo forma parte de la pose, del juego y en realidad todo es una fachada irónica, o jocosa, o... ¿Verdad que sí?

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