martes, 9 de agosto de 2016

momentazo #308: know your enemy



Rage Against the Machine (Rage Against the Machine, 1992)

Resultado de imagen de rage against the machine debutMenuda bomba de relojería se prepararon los angelinos para estrenarse. Y no las tenían todas consigo. Vale, su propuesta era novedosa y eso ya valía su peso en oro. Su sonido era el producto de una maquinaria apabullante y su actitud era indiscutible. Pero como digo, no las tenían todas consigo. Por un lado su militancia parecía impostada y el tiempo ha dictado que algo de eso había. Por otra parte, esa leyenda que adornaba el libreto del CD de "All sounds are the product of guitars, bass, and drums; no samples, keyboards or synthesizers were used to create this music" me parece una forma un poco forzada de buscar la autenticidad. De un modo que por un lado los emparentaba con el "A Night at the Opera" (Queen, (76)) y por otro les abría un hueco entre el ludismo decimonónico que se refleja en la actualidad en esa fobia al ordenador. Como si fuera más fácil y menos creativo sacar sonido de lo digital que de una guitarra. Esa idea ya huele, la verdad. Y lo dice un amante del rock y de lo que hacen Tom Morello y secuaces en este disco.

Porque en realidad no necesitaban emplear ningún anuncio para agrandar los efectos demoledores que puede producir esto. Con una base rítmica tan aplastante, una flama vocal tan venenosa y un guitarrista tan increíble que es capaz de darle la vuelta a la forma de tocar el instrumento creando un estilo propio, ¿qué necesidad hay de regodearse en la "autenticidad"? Ninguna. Este estreno se erige por sí solo y a pesar de todo en una obra brutal donde todos reman en la misma dirección para lograr un resultado abrumador. Prácticamente nos llevan de la mano sudando y sin dejar de saltar a través una jungla rítmica de rap y rock, de funk y metal. Enrabietados contra un sistema que a la vez los alimenta. Es cierto. No creo que hubiera mala fe en su ramalazo político, y no está mal que nos recuerden las cosas aunque ya las sepamos. El primer (¿y único?) golpe de autoridad en una carrera corta destinada a arder a lo bonzo como el monje de la portada. Too much too soon.

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