miércoles, 2 de noviembre de 2016

momentazo #332: montaña rusa a las profundidades



Red House Painters [Rollercoaster] (Red House Painters, 1993)

Resultado de imagen de red house painters rollercoasterLa música de Mark Kozelek nunca ha sido fácil ni complaciente. Tampoco en sus áridos comienzos con los míticos Red House Painters. A mí me gusta calificarla como música profunda, abisal, una música que debe ser desentrañada para poder disfrutarse. Si es que esto es posible. Este efecto se agudiza en el segundo disco de los de San Francisco, el mejor quizás, la fosa abisal más profunda dentro de su escasa e insondable discografía.

Kozelek es un tipo hosco y difícil. De esos que no pierden el tiempo con tonterías. Tonterías como poner título a un disco. Es normal que los artistas entreguen una obra sin titular, sólo con el nombre del grupo, pero es que Red House Painters hacen esto con este disco y el siguiente en un ejercicio de pereza que no deja de casar a la perfección con su música solemne y morosa. Por supuesto, los fans se han encargado de bautizarlos. De alguna forma hay que referirse a ellos. Así, este es conocido tanto por "Red House Painters [I]" como por "Rollercoaster", en alusión a su maravillosa portada.

Zarandajas que sólo sirven para distraernos de lo fundamental, la música, diría uno que yo me sé. Y con razón o sin ella, admitiremos el poder devastador de unas composiciones temblorosas y sanguinarias a la vez. La rotura emocional que narra Mark supura dolor y veneno a partes iguales. Canciones desoladas florecen y se alargan hasta los límites que permite el formato digital, llenando una obra que se regodea en el desgarro como nunca, lo cual es decir mucho. Los cánones de devastación del grupo son rebasados aquí con creces para firmar un momento inigualable capaz de poner del revés al oyente más avezado. Siempre que este se encuentre capacitado para llegar a la meta de una travesía agotadora hasta la extenuación.


A pesar de las dificultades, los motivos de celebración son numerosos y hay agua por doquier si se tiene la paciencia necesaria. Y si se sabe buscar, claro. En este caso será posible regocijarse con la atmósfera aérea de "Grace Cathedral Park", el nudo en la garganta de la espectacular "Katy Song", esa deliciosa "Mistress" que enamora en sus dos versiones, la rotura ampérica que resquebraja "Funhouse" o "Mother" en sendas codas de soberbia emoción, o esa "Strawberry Hill" que juguetea eufórica a dos pasos del abismo. Muchas razones y de peso suficiente para elevar al segundo disco de esta banda legendaria a los altares de la mejor música alternativa. Una obra hermosa, densa, magistral. Extraordinaria.

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