sábado, 5 de noviembre de 2016

momentazo #333: apurando la luz



Time Out of Mind (Bob Dylan, 1997)

Resultado de imagen de time out of mindMomento clave para el bardo. Después de entrenarse con sendos discos de versiones enraizadas en la tradición como "Good As I Been to You" (1992) y "World Gone Wrong" (1993), tocaba volver a la creación propia. El resultado es brillante, un disco arrollador que retoma la inspiración como no hacía desde mediados de los 70. Para ello toma buena nota de la dupla de álbumes mencionados y hurga en la tradición para crear tonadas inmarchitables preñadas de blues y rock.

"Time Out of Mind" es la obra maestra de la época de madurez de Dylan, de su última hornada. Inaugura una serie de álbumes fantásticos que se espejan en ella y hunde sus tentáculos hasta el reciente "Tempest" (2012). Tal es su influencia y su importancia en el canon dylaniano. Marcó las formas y los tics compositivos que iban a marcar el devenir de la obra postrera de Dylan al detalle. Las canciones, largas, los ritmos, morosos y repetitivos, las guitarras, cortantes y los teclados, profundos. Todo al servicio de una lírica apasionada, potente y cegadora en la que la culpa, la redención, el ajuste de cuentas y la serenidad ante lo inevitable marcan la tónica. Un Dylan poderoso que suena aquí como nunca había sonado, con los materiales más evidentes y manoseados de su repertorio.


Tardó en entenderlo pero ¡oh, maravilla! vio la luz al fin. Ya lo hizo en el 89 con ese grandioso "Oh Mercy", pero aquí incluso amplifica el efecto y convence al mundo una vez más. Después de maravillas de atmósfera densa como "Love Sick" o "Not Dark Yet", baladones escandalosos como "Standing in the Doorway" o "Make You Feel My Love", blues saltarines ("Dirt Road Blues") o acerados ("Cold Irons Bound"), se permite la licencia de cerrar con diecisiete minutazos de meditaciones en doce compases con "Highlands". Una frivolidad maravillosa en la que se recrea en el cansancio y la nostalgia de cosas que no van a volver. Y para ello nos canturrea soberano sobre una tonada en bucle que acaba clavándose en el corazón. Tampoco hacía falta tanta insistencia, pero a ver quién es el guapo que se lo dice. Como si le importara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario