sábado, 19 de noviembre de 2016

momentazo #337: rocosos



Deep Purple in Rock (Deep Purple, 1970)
ROCK
METAL - hard rock / proto-metal

Resultado de imagen de deep purple in rock"Deep Purple in Rock", el primer disco de estudio con la formación mítica de Deep Purple, ese legendario Mk II, es un frenesí de rock & roll metálico, un festín de proto-heavy que te deja tiritando. Toda una demostración de fuerza y poder que encuentra en los solos histriónicos de Ritchie Blackmore el motivo perfecto para que el recién llegado Ian Gillan grite como un poseso enseñando el camino a infinidad de cantantes heavies. Su trabajo en "Child in Time" y "Bloodsucker" es para enmarcar aunque a mí me llega más ese bramido rajado que ofrece en "Speed King". Un rango de posibilidades infinitas para la voz definitiva del combo. Mención especial también para el teclado lisérgico y salvaje de un Jon Lord que vuelve al redil después de su aventura sinfónica ("Concerto for Group & Orchestra" (1970)) y esa apisonadora que es la batería de Ian Paice, aquí más que nunca. La incorporación de Roger Glover al bajo es también notable aunque tomando un papel más bien discreto, lo cual me parece un acierto indudable.



El cuarto aspira claramente al título de disco más crudo y salvaje de los británicos. Posteriormente darían lustre a su sonido y entregarían joyas más relucientes como "Machine Head" (1971), lo que está muy bien, pero este disco es especial precisamente por ser diferente, por sonar como un puñetazo. Tanto la entrada de "Speed King" como el teclado que revienta en mil pedazos ese cierre estratosférico que se llama "Hard Lovin' Man" son de lo más poderoso que el rock nos ha ofrecido en toda su historia. No digamos ya esa obra de arte que es "Child in Time", capaz de elevarse por encima del topicazo y la sobredosis de épica sobre la que se construye. Este álbum monumental manda al carajo cualquier prejuicio y nos recuerda que las raíces del heavy están en lo atávico y lo primario del ser humano. En el instinto y el hambre por encima de recreaciones más o menos virtuosas y constructos gangrenados por el artificio y la pompa. No está de más que lo recordemos rindiendo pleitesía a un disco de un grupo que nunca va a estar en las revistas de tendencias, una obra que puede no haber envejecido bien, aunque yo no me atrevería a afirmar eso después de someterme a su escucha. No hay huevos.

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