viernes, 25 de noviembre de 2016

momentazo #339: when my guitar gently weeps



Songs for a Blue Guitar (Red House Painters, 1996)

Resultado de imagen de songs for a blue guitarEs bien sabido. "Songs for a Blue Guitar" es un disco en solitario de Mark Kozelek. No importa que lo firme el grupo, los créditos hablan fuerte y claro. Él lo toca y lo escribe todo aquí. El primer disco del de Ohio fuera de 4AD es fruto exclusivo de su talentosa obsesión. Algo que a muchos parece escocerles al colocar el álbum entre lo peor del canon de Kozelek y los Painters. Una injusticia sangrante en mi opinión.

El cantautor parece tomar un camino mucho más abierto y radio-friendly, alejándose del sonido tortuoso que siempre le había caracterizado. Abraza decidido tanto el pop de raigambre folk como la electricidad borboteante escuela Neil Young. Él solo con sus manitas se basta para emular a los Crazy Horse en eyaculaciones ampéricas acorazadas como "Make Like Paper" o "Silly Love Songs" que era de Paul McCartney y ahora parece sacada de lo más crudo del repertorio del canadiense.

Por lo demás habría que destacar la belleza inagotable de "Have You Forgotten" que desarma con su sencillez y su serenidad, el tono sobrio y elegantísimo de "Song for a Blue Guitar", el pop saltarín absolutamente inédito en el estilo kozelekiano, "I Feel the Rain Fall", preciosa como esa versión de The Cars llamada "All Mixed Up", la cual hace suya en un nuevo y soberbio ejercicio de apropiación, y un puñado de tonadas a pelo, acústica y voz que completan un disco sólido, emocionante y currado, muy currado.

Que el sonido del "grupo" ha cambiado enormemente, sí. Que se echan de menos los redobles precisos y espaciados de Anthony Koutsos, un sello de identidad inimitable, también. La guitarra de Gorden Mack, bueno vale. Que sobra el éxtasis eléctrico en ese par de temas mencionados, ..., bueno, .... eso no. Por ahí no paso. Y es que esto para mí es un gran disco, quizás no de los Red House Painters, pero un discazo de folk-rock. Un trabajo que exuda buenas melodías y las fantásticas letras de siempre. Poesía en la obra de madurez de un creador llamado a volar solo pocos años después de su edición. Aunque, admitámoslo, todos sabemos que el bueno de Mark lleva volando libre desde que nació. Y lo que nos gusta.

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